El objetivo de toda enseñanza y todo aprendizaje en el Evangelio es profundizar la conversión y llegar a ser más como Jesucristo. Por esta razón, cuando estudiamos el Evangelio, no estamos buscando simplemente nueva información, sino que queremos llegar a ser una “nueva criatura” (2 Corintios 5:17). Eso significa confiar en el Padre Celestial y en Jesucristo y depender de Ellos para cambiar nuestro corazón, nuestra visión, nuestras acciones y nuestra naturaleza misma.
Sin embargo, el tipo de aprendizaje del Evangelio que fortalece nuestra fe y conduce al milagro de la conversión no ocurre en forma inmediata, sino que se extiende más allá del salón de clases hasta el corazón y el hogar de las personas. Exige esfuerzos diarios y constantes por entender y vivir el Evangelio. La verdadera conversión requiere la influencia del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo nos guía a la verdad y da testimonio de ella (véase Juan 16:13). Nos ilumina la mente, nos vivifica el entendimiento y nos toca el corazón mediante la revelación de Dios, que es la fuente de toda verdad. El Espíritu Santo nos purifica el corazón. Inspira en nosotros el deseo de vivir conforme a la verdad y nos susurra maneras de hacerlo. Ciertamente, “el Espíritu Santo […] [nos] enseñará todas las cosas” (Juan 14:26).
Por estas razones, en nuestros esfuerzos por vivir, aprender y enseñar el Evangelio, debemos ante todo procurar la compañía del Espíritu. Ese objetivo debe regir nuestras decisiones y guiar nuestros pensamientos y acciones. Debemos procurar todo lo que invite a tener la influencia del Espíritu y rechazar cualquier cosa que aleje dicha influencia, pues sabemos que si somos dignos de la presencia del Espíritu Santo, también podemos ser dignos de vivir en la presencia del Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo.
Ven, sígueme es para cualquiera que desee aprender de las Escrituras, ya sea en forma individual, en familia o en las clases de la Iglesia. Si no has estudiado las Escrituras con regularidad anteriormente, este material te ayudará a comenzar. Si ya tienes el buen hábito de estudiar las Escrituras, este material te ayudará a tener experiencias más significativas.
El lugar ideal para aprender el Evangelio es el hogar. Tus maestros de la Iglesia pueden apoyarte, y otros miembros del barrio pueden alentarte, pero para sobrevivir espiritualmente, tu familia y tú necesitan ser nutridos a diario por “la buena palabra de Dios” (Moroni 6:4; véase también Russell M. Nelson, “Observaciones iniciales”, Liahona, noviembre de 2018, págs. 6–8).
Utiliza este material de cualquier manera que te resulte útil. Las reseñas recalcan algunas verdades eternas que se encuentran en el Antiguo Testamento, y proponen ideas y actividades para ayudarte a estudiar las Escrituras de forma individual, con tu familia o con amigos. Al estudiar, sigue la guía del Espíritu para hallar las verdades eternas que sean significativas para ti. Presta atención a los mensajes que Dios tenga para ti y sigue las impresiones que recibas.
Ven, sígueme — Para el hogar y la Iglesia es el curso de estudio para las clases dominicales de la Primaria, la Escuela Dominical para jóvenes y adultos, las clases de las Mujeres Jóvenes y las reuniones de cuórum del Sacerdocio Aarónico. Si enseñas en cualquiera de esas clases, se te alienta a utilizar las reseñas de este material para tu estudio personal y al prepararte para enseñar. Comienza por tener tus propias experiencias con las Escrituras. Tu preparación más importante tendrá lugar al escudriñar las Escrituras y al procurar la inspiración del Espíritu Santo. Busca verdades eternas que te ayuden a llegar a ser más semejante al Padre Celestial y a Jesucristo. Ven, sígueme puede ayudarte a reconocer algunas de esas verdades y a comprender el contexto de las Escrituras.
Ten en cuenta que, en su máxima expresión, el aprendizaje del Evangelio se centra en el hogar y cuenta con el apoyo de la Iglesia. En otras palabras, tu mayor responsabilidad es apoyar a quienes enseñas en sus esfuerzos por aprender y vivir el Evangelio en el hogar. No te preocupes por tener un contenido singular que ofrecerles en clase; en cambio, concédeles oportunidades de compartir sus experiencias, pensamientos y preguntas sobre los pasajes de las Escrituras que leyeron en el hogar. Invítalos a hablar de las verdades eternas que hayan encontrado. Eso es más importante que abarcar cierta cantidad de material determinada.
Una de las principales razones por las que nos reunimos en clases de la Escuela Dominical es para apoyarnos y alentarnos el uno al otro a medida que nos esforzamos por seguir a Jesucristo. Una manera sencilla de hacerlo es preguntar algo como “¿Qué les ha enseñado el Espíritu Santo esta semana al estudiar las Escrituras?”. Las respuestas a esta pregunta podrían dar pie a conversaciones significativas que edifiquen la fe en Jesucristo y Su Evangelio.
Luego, podrías comenzar un análisis basado en las sugerencias para el estudio de Ven, sígueme. Por ejemplo, una idea para el estudio podría sugerir examinar Isaías 53 en busca de palabras que describan la misión del Salvador. Podrías pedir a los miembros de la clase que compartan ideas o sentimientos que les hayan inspirado esas palabras, o bien dedicar tiempo a buscar estas palabras como clase.
Cuando los cuórums del Sacerdocio Aarónico y las clases de las Mujeres Jóvenes se reúnen los domingos, tienen un propósito un tanto diferente al de las clases de la Escuela Dominical. Además de ayudarse mutuamente a aprender el Evangelio de Jesucristo, estos grupos también se reúnen para deliberar en consejo sobre cómo llevar a cabo la obra de salvación y exaltación (véase Manual General, 1.2). Lo hacen con la dirección de las presidencias de clase y de cuórum.
Por esa razón, al comienzo de cada reunión de cuórum o clase, un miembro de la presidencia de cuórum o clase dirige un análisis sobre los esfuerzos por, por ejemplo, vivir el Evangelio, ministrar a los necesitados, compartir el Evangelio, o participar en la obra del templo y de historia familiar.
Luego de ese tiempo de deliberación en consejo, un maestro dirige a la clase o al cuórum para aprender juntos el Evangelio. Se puede asignar la enseñanza a líderes adultos o a miembros de la clase o del cuórum. En consulta con los líderes adultos, la presidencia de clase o de cuórum hace esas asignaciones.
Las personas que reciban la asignación de enseñar deben prepararse utilizando las sugerencias para el aprendizaje que aparecen en la reseña semanal de Ven, sígueme. En cada reseña, este ícono indica las actividades que son especialmente relevantes para los jóvenes. Sin embargo, cualquiera de las sugerencias de la reseña puede utilizarse como actividad de aprendizaje para los jóvenes.
Para ver un ejemplo de agenda para las reuniones de cuórum o clase, consulta el apéndice D.
Tu preparación para enseñar en la Primaria comienza al estudiar las Escrituras de forma personal y con tu familia. Al hacerlo, presta atención a las impresiones espirituales y a la inspiración del Espíritu Santo con respecto a los niños de tu clase de la Primaria. Ora al respecto y el Espíritu podrá inspirarte con ideas para que los ayudes a aprender el Evangelio de Jesucristo.
En tu preparación para enseñar, podrías recibir inspiración adicional al examinar las ideas para la enseñanza que se hallan en Ven, sígueme — Para el hogar y la Iglesia. Cada reseña de este recurso tiene una sección titulada “Ideas para enseñar a los niños”. Considera esas ideas como sugerencias para invitar la inspiración. Tú conoces a los niños de tu clase de la Primaria, y los conocerás todavía más al relacionarte con ellos en la clase. Dios también los conoce, y Él te inspirará con las mejores maneras de enseñarles y bendecirlos.
Es posible que los niños de tu clase ya hayan realizado algunas de las actividades de Ven, sígueme con sus familias, pero está bien. La repetición es algo bueno. Considera invitar a los niños a hablar entre sí de lo que hayan aprendido en el hogar, pero también deberías planificar maneras de que los niños participen aun cuando no estén aprendiendo en casa. Los niños aprenden las verdades del Evangelio con más eficacia cuando esas verdades se enseñan repetidamente mediante diferentes actividades. Si observas que una actividad de aprendizaje es eficaz para los niños, considera repetirla, en especial, si enseñas a los niños más pequeños. Quizás también desees repasar alguna actividad de alguna lección anterior.
En los meses que tienen cinco domingos, se alienta a los maestros de la Primaria a reemplazar la reseña programada de Ven, sígueme del quinto domingo por una o más de las actividades de aprendizaje del “Apéndice B: Para la Primaria: Cómo preparar a los niños para toda una vida en la senda de los convenios de Dios”.
Al estudiar el Evangelio del Salvador en el hogar y en la Iglesia, considera las siguientes preguntas:
¿Cómo puedes invitar al Espíritu durante tu estudio?
¿Cómo puedes centrarte en el Salvador durante tu estudio?
¿Cómo puedes aprovechar los momentos de aprendizaje diarios?
¿Cómo puedes alentar a los miembros de la clase y de la familia a estudiar las Escrituras por su cuenta y compartir lo que están aprendiendo?
Se ofrecen a continuación algunas maneras sencillas de mejorar el estudio de la palabra de Dios.
Las Escrituras son la palabra de Dios, así que pídele ayuda a Él para entenderlas.
Todas las cosas testifican de Cristo (véanse 2 Nefi 11:4; Moisés 6:63), así que considera anotar o marcar versículos que testifiquen del Salvador, profundicen tu amor por Él y enseñen cómo seguirle. Algunas veces, las verdades acerca del Salvador y Su Evangelio se declaran de modo directo; otras veces, están implícitas en algún ejemplo o relato. Pregúntate: “¿Qué verdades eternas se enseñan en estos versículos? ¿Qué me enseñan estas verdades acerca del Salvador?”.
Presta atención a tus pensamientos y sentimientos, aun cuando no se relacionen con lo que estás leyendo. Esas impresiones pueden ser lo que el Padre Celestial quiere que aprendas.
Hay muchas maneras de anotar las impresiones que recibes mientras estudias. Por ejemplo, tal vez descubras que ciertas palabras y frases de las Escrituras te conmueven; podrías marcarlas y escribir tus pensamientos a modo de nota en tus Escrituras. También podrías llevar un diario personal de tus reflexiones y sentimientos, y de las impresiones que recibas.
Analizar las ideas que hayas tenido durante tu estudio personal es una buena manera de enseñar a otras personas y fortalece tu comprensión de lo que has leído. Comparte lo que estás aprendiendo con familiares y amigos (en persona o de forma digital) e invítalos a hacer lo mismo.
Piensa en cómo los relatos y las enseñanzas que estás leyendo se aplican a tu vida. Por ejemplo, podrías preguntarte: “¿Qué experiencias he tenido que sean similares a lo que estoy leyendo?”.
Al estudiar las Escrituras, puede que te surjan preguntas. Esas preguntas podrían relacionarse con lo que estás leyendo o con tu vida en general. Medita en dichas preguntas y busca respuestas a medida que continúes estudiando las Escrituras.
Para obtener conocimiento adicional sobre los versículos que lees, consulta las notas al pie de página, la Guía para el Estudio de las Escrituras y otras ayudas para el estudio.
Puedes descubrir conocimientos significativos acerca de un pasaje de las Escrituras al considerar su contexto, que incluye las circunstancias o el entorno de donde procede. Por ejemplo, conocer las circunstancias y las creencias de las personas a las que Dios habló te ayudará a entender mejor la intención de Sus palabras.
Lee lo que los profetas y apóstoles de los últimos días han enseñado sobre los principios que encuentras en las Escrituras.
El estudio de las Escrituras no debe solamente inspirarnos, sino también conducirnos a cambiar la manera en que vivimos. A medida que lees, escucha lo que el Espíritu te inspira a hacer y luego actúa en consecuencia.
A lo largo de Ven, sígueme, encontrarás sugerencias de himnos y canciones para los niños. Utiliza música sagrada para invitar al Espíritu y profundizar tu fe y testimonio de las verdades del Evangelio.
Escoge un pasaje de las Escrituras que sea significativo para ti, tu familia o clase, y memorízalo; para ello, repítelo diariamente o utiliza juegos de memorización.
Busca objetos que se relacionen con los capítulos y versículos que estás leyendo. Considera la forma en que cada objeto se relaciona con las enseñanzas de las Escrituras.
Lee algunos versículos y luego dibuja algo que se relacione con lo que leíste, o bien podrías buscar alguna imagen en el Libro de obras de arte del Evangelio o en cualquier otro lugar de la Biblioteca del Evangelio. También podrías tomar alguna foto que ilustre lo que aprendiste.
Después de leer un relato, invita a familiares o miembros de la clase a que hagan una dramatización de este. Luego, hablen sobre la forma en que el relato se relaciona con las cosas que están viviendo.
Si hay familiares que no están dispuestos a participar en el estudio de las Escrituras, busca otras maneras de establecer una conexión con ellos. Por ejemplo, ¿podrías compartir alguna verdad eterna de forma natural en tus conversaciones, o algún pasaje de las Escrituras que te parezca significativo de una manera que no tenga un tono de sermón ni suene autoritaria? El estudio de las Escrituras no tiene que ser igual en cada familia. Algunos hijos quizá respondan mejor a estudiar las Escrituras solo con uno de sus padres. Ora y sigue la inspiración del Espíritu.
Reuniones de consejo de maestros para padres. Si deseas obtener ayuda adicional en tus esfuerzos por enseñar a tus hijos, averigua si tu barrio realiza reuniones de consejo de maestros para padres (véase Manual General, 17.5). Estas reuniones son una oportunidad para que los padres deliberen y aprendan juntos sobre cómo mejorar su enseñanza. Pueden analizar los principios de Enseñar a la manera del Salvador, las ideas de estas páginas para mejorar el estudio de las Escrituras en familia, así como las sugerencias de aprendizaje y enseñanza que se encuentran en Ven, sígueme.
La lectura del Antiguo Testamento
Cuando Nefi quiso inspirar a sus hermanos a confiar en el Señor, compartió relatos sobre Moisés y enseñanzas de Isaías. Cuando el apóstol Pablo quiso alentar a los primeros cristianos a tener fe en las promesas de Dios, les recordó acerca de la fe de Noé, Abraham, Sara, Rahab y otras personas del Antiguo Testamento. Y cuando Jesucristo dijo a los líderes de los judíos que “escudriña[ran] las Escrituras”, explicando que ellas “dan testimonio de mí” (Juan 5:39), se refería a los escritos que nosotros llamamos el Antiguo Testamento.
En otras palabras, cuando lees el Antiguo Testamento, estás leyendo palabras que han inspirado, consolado y alentado al pueblo de Dios durante literalmente miles de años.
Pero, ¿puede algo que se escribió hace tanto tiempo realmente ayudarte a encontrar soluciones a los problemas actuales? ¡Claro que sí! Especialmente si recuerdas de quién trata en verdad el Antiguo Testamento.
Cualesquiera que sean los desafíos que tú y tu familia estén afrontando, la respuesta siempre es Jesucristo; así que, para hallar respuestas en el Antiguo Testamento, búscalo a Él. No siempre será fácil, es posible que tengas que meditar con paciencia y procurar guía espiritual. En ocasiones, las referencias a Él son muy directas, como en la declaración de Isaías: “Un niño nos es nacido, hijo nos es dado […]; y se llamará su nombre […] Príncipe de paz” (Isaías 9:6). En otros pasajes, se representa al Salvador de una forma más sutil, por medio de símbolos y semejanzas; por ejemplo, mediante las descripciones de los sacrificios de animales, o el relato de cuando José perdonó a sus hermanos y los salvó de la hambruna.
Si procuras hallar una mayor fe en el Salvador al estudiar el Antiguo Testamento, la hallarás. Quizás ese pueda ser el objetivo de tu estudio este año. Pide en oración que el Espíritu te guíe para encontrar pasajes, relatos y profecías que te acercarán más a Jesucristo, y para centrarte en ellos.
No esperes que el Antiguo Testamento presente la historia del género humano de modo exhaustivo y preciso; eso no es lo que los autores y compiladores originales trataban de crear. Su mayor preocupación era enseñar algo sobre Dios: Su plan para Sus hijos, lo que significa ser Su pueblo del convenio, y cómo hallar la redención cuando fallamos. En ocasiones, lo hacían relatando acontecimientos históricos tal como ellos los entendían, inclusive relatos sobre la vida de grandes profetas. El libro de Génesis es un ejemplo de ello, al igual que lo son libros tales como Josué, Jueces, y 1 y 2 Reyes. No obstante, hubo otros escritores del Antiguo Testamento que no buscaban reflejar el aspecto histórico en lo absoluto. Más bien, enseñaban mediante obras artísticas como la poesía y la literatura. Los Salmos y los Proverbios pertenecen a dicha categoría. Y luego están las preciadas palabras de los profetas, tales como Isaías y Malaquías, quienes comunicaban la palabra de Dios al antiguo Israel y, a través del milagro de la Biblia, aún nos hablan a nosotros hoy en día.
¿Sabían todos aquellos profetas, poetas y compiladores que habría personas en todo el mundo, miles de años después, que leerían sus palabras? No lo sabemos; no obstante, nos maravillamos de que eso sea lo que precisamente ha sucedido. Hubo naciones que surgieron y cayeron, hubo ciudades que fueron conquistadas, hubo reyes que vivieron y murieron, mas el Antiguo Testamento ha sobrevivido a todos ellos, de generación en generación, de escriba a escriba, de traducción a traducción. Por supuesto que se modificaron o perdieron algunas cosas, pero a pesar de eso, de alguna manera, ha habido muchísimo que se ha preservado milagrosamente.
Estas son solo algunas de las cosas a tener en cuenta al leer el Antiguo Testamento este año. Dios ha preservado estos antiguos escritos porque te conoce y sabe por lo que estás pasando. Él ha preparado un mensaje espiritual para ti en estas palabras, algo que te acercará más a Él y edificará tu fe en Su plan y en Su Hijo Amado. Es posible que te guíe a algún pasaje o alguna reflexión que bendiga a alguien que conozcas; algún mensaje que puedas compartir con un amigo, un familiar o un miembro de la Iglesia. Hay muchas posibilidades. Es emocionante pensar al respecto, ¿no es así?
Nefi escribió: “Mi alma se deleita en las Escrituras” (2 Nefi 4:15). Tal vez te sientas de la misma manera al leer muchas de las mismas palabras que leyó Nefi, lo que ahora llamamos el Antiguo Testamento.
Los libros del Antiguo Testamento
En la mayoría de las versiones cristianas del Antiguo Testamento, los libros están organizados de forma diferente al modo en que se organizaron al compilarse por primera vez en un solo volumen. De modo que, mientras que la Biblia hebrea agrupa los libros en tres categorías: la ley, los profetas y los escritos, la mayoría de las Biblias cristianas los organizan en cuatro categorías: La ley (Génesis–Deuteronomio), los Libros Históricos (Josué–Ester), los libros poéticos (Job–Cantar de los Cantares de Salomón), y los profetas (Isaías–Malaquías).
¿Por qué son importantes tales categorías? Porque el saber qué clase de libro estudias puede ayudarte a entender cómo estudiarlo.
Lo siguiente es algo que debes tener presente cuando comiences a leer “la ley”, es decir, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Es probable que esos libros, los cuales se atribuyen tradicionalmente a Moisés, hayan pasado por las manos de numerosos escribas y compiladores con el transcurso del tiempo. Sabemos que, a lo largo de los siglos, “muchas partes que son claras y sumamente preciosas” fueron quitadas de la Biblia (véase 1 Nefi 13:23–26). Aun así, los libros de Moisés son la inspirada palabra de Dios, a pesar de que estén sujetos a las imperfecciones humanas tal como cualquier obra de Dios que se transmita por medio de seres mortales (véanse Moisés 1:41; Artículos de Fe 1:8). Las palabras de Moroni en referencia al sagrado registro del Libro de Mormón, que él ayudó a compilar, nos resultan de ayuda al respecto: “Si hay faltas, estas son equivocaciones de los hombres; por tanto, no condenéis las cosas de Dios” (Portada del Libro de Mormón). En otras palabras, los libros de Escrituras no necesitan estar libres de errores humanos para ser la palabra de Dios.
Introducción al Antiguo Testamento
Al considerar la oportunidad de estudiar el Antiguo Testamento este año, ¿cómo te sientes? ¿Ansioso? ¿Inseguro? ¿Temeroso? Todas estas emociones son comprensibles. El Antiguo Testamento es uno de los conjuntos de escritos más antiguos del mundo, y eso puede despertar entusiasmo y temor al mismo tiempo. Estos escritos provienen de una cultura antigua que podría parecernos ajena y, en ocasiones, extraña o incluso incómoda. Sin embargo, en esos escritos vemos a personas pasar por experiencias que nos resultan familiares. Reconocemos temas del Evangelio que dan testimonio de la divinidad de Jesucristo y de Su Evangelio. Es cierto, las personas como Abraham, Sara, Ana y Daniel, por ejemplo, llevaron vidas que, en cierta forma, eran muy diferentes a las nuestras. No obstante, también experimentaron el gozo que produce la familia, así como también discordias familiares, momentos de fe y momentos de incertidumbre, y éxitos y fracasos, al igual que todos nosotros. Lo que es más importante, ejercieron fe, se arrepintieron, hicieron convenios, tuvieron experiencias espirituales y nunca se dieron por vencidos en cuanto a la promesa de un Salvador. A medida que aprendemos cómo actuó Dios en sus vidas, también lo vemos en la nuestra, y decimos, junto con el salmista: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz a mi camino […]. Y la ama tu siervo” (Salmo 119:105, 140).
Una manera de encontrar abundante alimento espiritual en el Antiguo Testamento es buscar al Pan de Vida, Jesucristo (véase Juan 6:48). Por ejemplo, ¿de qué modo ves al Salvador en lo siguiente?
El maná (Éxodo 16:4, 11–15; Juan 6:35)
El cordero del sacrificio (Éxodo 12:3–5; Juan 1:29)
La serpiente de bronce (Números 21:4–10; Juan 3:14)
Jonás (Jonás 1:4–17; Mateo 12:38–41)
¿Qué enseñan estos ejemplos acerca de Él? ¿Con qué otras referencias a Jesucristo conoces en el Antiguo Testamento?
En su mensaje “Jesucristo es el tesoro”, el élder Dale G. Renlund nos animó a “recordar a Jesucristo y a centrar[nos] siempre en Él” (Liahona, noviembre de 2023, pág. 98). Considera leer su mensaje y buscar cosas que puedes hacer para encontrar a Jesucristo no solo en el Antiguo Testamento, sino también en tu vida.
Véanse también “Simbolismos o símbolos de Jesucristo” en la Guía para el Estudio de las Escrituras, “Jesucristo”, Biblioteca del Evangelio; “Buscaré al Señor”, Canciones para los niños, pág. 67.
Buscar los símbolos que testifican de Jesucristo. El Señor dijo a Adán: “Todas las cosas tienen su semejanza, y se han creado y hecho todas las cosas para que den testimonio de mí” (Moisés 6:63). Ya sea que estés estudiando o enseñando, centrarte en Jesucristo puede ayudarte a encontrar significado en las Escrituras y aumentar tu amor y fe en Él (véase Enseñar a la manera del Salvador, pág. 7).
El presidente Dallin H. Oaks enseñó: “A partir de ese momento, el Padre presentó a Su Hijo Unigénito, Jesucristo, como nuestro Salvador y Redentor, y nos dio este mandato: ‘¡Escúchalo!’. De esta indicación, llegamos a la conclusión de que los anales de las Escrituras con las palabras pronunciadas por ‘Dios’ o el ‘Señor’ son casi siempre las palabras de Jehová, nuestro Señor resucitado, Jesucristo” (“Las enseñanzas de Jesucristo”, Liahona, mayo de 2023, pág. 102).
Cuando los líderes de los judíos cuestionaron a Jesús acerca de Su identidad, Él declaró: “Antes que Abraham fuese, yo soy”. Esas palabras conmocionaron a las personas que escucharon a Jesús, y se prepararon para apedrearlo (véase Juan 8:58–59). Considera leer Éxodo 3:13–15; 6:3–5 para ver por qué algunos judíos estaban tan molestos por lo que Jesús había dicho.
¿Por qué es importante para ti saber que Jesucristo es Jehová?
En una visión, el Señor le mostró a Nefi la salida a luz de la Biblia, y le explicó que se le quitarían “muchas cosas claras y preciosas”. Considera leer 1 Nefi 13:21–29, 38–42 en busca de la manera en que el Señor planeaba “da[r] a conocer las cosas claras y preciosas”. Según 2 Nefi 3:12, ¿cómo se complementan la Biblia y el Libro de Mormón?
A medida que estudies el Antiguo Testamento este año, también estudiarás algunos de los “otros libros” que Nefi vio. Estos incluyen:
El libro de Moisés, que es parte de la traducción de la Biblia que hizo José Smith y restaura verdades y relatos que no se encuentran en el texto actual de Génesis 1–6.
El libro de Abraham, que fue revelado a José Smith mientras examinaba papiros egipcios antiguos (véase Temas y preguntas, “Libro de Abraham”, Biblioteca del Evangelio).
Varios pasajes de la Traducción de José Smith, algunos de los cuales aparecen en las notas al pie de página, en el Apéndice de la Biblia y en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Estos son algunos ejemplos de relatos del Antiguo Testamento restaurados por medio de José Smith: la ciudad de Sion de Enoc (Moisés 7:18–19), la visión de Abraham del concilio de los cielos (Abraham 3:22–28) y el ministerio de Melquisedec (Traducción de José Smith, Génesis 14:25–40). ¿Por qué son esos relatos “claros y preciosos” para ti?
El Antiguo Testamento es la historia de cómo Dios busca convertirnos en Su “especial tesoro” por convenio (Éxodo 19:5). Por esa razón, una buena manera de prepararse para leer el Antiguo Testamento es aprender acerca de los convenios, específicamente el convenio sempiterno que Dios ofreció a profetas de la antigüedad como Abraham, Isaac, Jacob y su posteridad; y una excelente forma de aprender acerca de los convenios es estudiar el mensaje del presidente Russell M. Nelson “El convenio sempiterno” (Liahona, octubre de 2022, págs. 4–11).
A medida que leas, pregúntate: ¿Por qué los convenios son importantes para mí? ¿Qué “tipo especial de amor y misericordia” recibo de Dios cuando guardo los convenios que hice con Él? A medida que leas el Antiguo Testamento este año, presta atención a las cosas que Dios quiere enseñarte en cuanto a tu relación por convenio con Él.
Véase también Jeremías 31:31–34.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Las palabras y la cultura del Antiguo Testamento pueden ser difíciles de entender para los niños, pero tú puedes ayudarles a ver a Jesucristo en los símbolos y los relatos. Tal vez los niños y tú podrían observar la imagen siguiente: The Prophet Isaiah Foretells Christ’s Birth [El profeta Isaías predice el nacimiento de Cristo]. Permite que señalen los detalles que vean, y dirige su atención especialmente hacia el pequeño Jesús. Luego, podrías leer con ellos lo que Isaías escribió acerca del nacimiento del Salvador en Isaías 7:14; 9:6. Comparte con ellos lo que sientes respecto a buscar al Salvador en el Antiguo Testamento durante este año.
Los niños y tú también podrían leer el Salmo 23 o Isaías 53:3–9 y buscar las palabras que les recuerden a Jesucristo. ¿Qué nos enseñan esas palabras acerca de Su vida y Su Expiación?
Los convenios son un importante tema recurrente en el Antiguo Testamento. Para presentar ese tema a los niños, podrías hablar con ellos sobre las promesas que hacen y cumplen con familiares o amigos, y sobre por qué es importante cumplirlas. Luego, podrían mirar alguna imagen de un bautismo y hablar sobre la promesa o convenio que hacemos con Dios cuando somos bautizados (véase Mosíah 18:10, 13). También podrías mostrar una imagen del templo y compartir tus sentimientos acerca de los convenios que hacemos allí.
La hoja de actividades de esta semana podría ayudar a los niños a sentir entusiasmo por hacer y guardar convenios con el Padre Celestial. También podrían entonar una canción que hable de guardar convenios, tal como “Cuando me bautice” (Canciones para los niños, pág. 53).
¿Conocen los niños a alguien que tenga diferentes nombres en diferentes entornos? Es posible que a un padre o a un maestro se le llame de manera diferente en el trabajo, en el hogar y en la Iglesia. Hablen de esos nombres; luego lean juntos Éxodo 6:3 e invite a los niños a encontrar los nombres por los que se conocía a Jesucristo antes de que Él naciera (véase también la Traducción de José Smith en la nota b al pie de página).
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
La Biblia empieza con las palabras: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Pero, ¿qué había antes de ese “principio”? ¿Y por qué creó Dios todo eso? El Señor ha clarificado estas preguntas por medio del profeta José Smith.
Por ejemplo, el Señor nos ha dado el registro de una visión en la cual Abraham vio nuestra existencia como espíritus “antes que existiera el mundo” (véase Abraham 3:22–28). También nos ha dado la traducción o revisión inspirada de los primeros seis capítulos de Génesis, denominado el libro de Moisés, que no empieza con “en el principio”. En lugar de ello, comienza con una experiencia que tuvo Moisés, la cual proporciona algo de contexto al relato de la Creación. Juntas, esas Escrituras de los últimos días son un buen punto de partida para comenzar nuestro estudio del Antiguo Testamento, ya que tratan algunas preguntas fundamentales que nuestra lectura puede plantear: ¿Quién es Dios? ¿Quiénes somos nosotros? ¿Cuál es la obra de Dios y qué lugar ocupamos en ella? Los primeros capítulos de Génesis podrían verse como la respuesta del Señor a la solicitud de Moisés: “Sé misericordioso para con tu siervo, oh Dios, y dime acerca de esta tierra y sus habitantes, y también de los cielos” (Moisés 1:36).
“Si el Señor estuviera hablándoles directamente”, enseñó el presidente Russell M. Nelson, “la primera cosa que se aseguraría de que entendieran es cuál es su verdadera identidad” (“Decisiones para la eternidad”, devocional mundial para jóvenes adultos, mayo de 2022, Biblioteca del Evangelio). De ello se deduce que Satanás trataría de confundirte en ese mismo aspecto. Busca ese patrón en el mensaje de Dios a Moisés en Moisés 1:4, 6 y en los mensajes de Satanás en Moisés 1:12. ¿Qué aprendes de estos versículos en cuanto a las diferencias entre Dios y Satanás?
El Presidente Nelson también enseñó: “Y, sin embargo, la manera en la que piensan sobre quiénes son realmente ustedes afecta a casi toda decisión que tomarán” (“Decisiones para la eternidad”). Considera hacer una lista de las decisiones que tomas debido a que tu identidad como hijo o hija de Dios está por encima de otras etiquetas.
¿Qué otros versículos o frases de Moisés 1 te ayudan a comprender tu valor divino? También podrías leer la sección titulada “Primero, conozcan la verdad de quiénes son”, en el mensaje del presidente Nelson “Decisiones para la eternidad”. ¿Qué te sientes inspirado a hacer para que tu identidad como hijo o hija de Dios sea tu identificador más importante?
Véanse también “Soy un hijo de Dios”, Himnos, 1992, nro. 196; “Nuestra verdadera identidad” (video), Biblioteca del Evangelio; Temas y preguntas, “Hijos de Dios”, Biblioteca del Evangelio.
Tal como se ve con claridad en Moisés 1, el tener grandes experiencias espirituales no significa que nunca volveremos a ser tentados. De hecho, una de las tácticas de Satanás es tentarnos a dudar de tales experiencias. Al leer la respuesta de Moisés a Satanás, la cual se halla en los versículos 12–26, ¿qué aprendes que te ayude a mantenerte fiel al testimonio que has recibido? ¿Qué fue lo que finalmente ayudó a Moisés a vencer a Satanás?
Otra lección que aprendemos de la experiencia que tuvo Moisés es que Satanás nos tienta con falsas imitaciones de la verdad y del poder de Dios. Piensa en algunas versiones falsas de cosas, como una planta artificial o una muñeca bebé. ¿Cómo puedes distinguir que son cosas falsas? Luego piensa en las falsas imitaciones que Satanás utiliza hoy en día para tentarte. ¿Qué aprendes en Moisés 1:13–18 sobre cómo reconocer y rechazar sus falsas imitaciones? ¿Cómo puede ayudarte el Señor? (Véase Moisés 1:24–26).
Véanse también Mateo 4:1–11; Gary E. Stevenson, “No me engañes”, Liahona, noviembre de 2019, págs. 93–96; “Soy un hijo de Dios” (video), Biblioteca del Evangelio.
El aprendizaje en el hogar se puede planificar, pero también puede ser espontáneo. “Las oportunidades de enseñar en la familia con frecuencia surgen en momentos informales y cotidianos, mientras comen, hacen tareas, juegan, van al trabajo o a la escuela” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 31). Por ejemplo, además de leer acerca de cómo Moisés resistió a Satanás en Moisés 1, podrían dedicar unos momentos a la hora de la cena a hablar en familia sobre cómo resistieron la influencia del adversario.
Tras contemplar una visión sobre las creaciones de Dios, Moisés pidió al Señor: “Te ruego que me digas, ¿por qué son estas cosas así […]?” (Moisés 1:30). ¿Qué te llama la atención de la respuesta del Señor, que está en Moisés 1:31–39? ¿Cuál es la diferencia entre la inmortalidad y la vida eterna? (Véase Temas y preguntas, “Vida eterna”, Biblioteca del Evangelio). ¿De qué modo ayuda Jesucristo a llevar a cabo ambas? Abraham también tuvo una visión, la cual se registra en Abraham 3. ¿Qué hallas en los versículos 24–26 que podría contribuir a responder la petición de Moisés?
Sabemos muy poco acerca de nuestra vida preterrenal, pero mucho de lo que sabemos proviene de la visión de Abraham en Abraham 3:22–28. A medida que leas estos versículos, haz una lista de las verdades que encuentres, incluidas las verdades sobre ti mismo y sobre Jesucristo. ¿Por qué esas verdades son de valor para ti? ¿Qué diferencia marcan en tu vida?
Véase también Temas y preguntas, “La vida preterrenal”, Biblioteca del Evangelio.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Después de leer juntos el mensaje de Dios a Moisés en Moisés 1:4, considera dejar que los niños vean su reflejo en un espejo y se digan a sí mismos un mensaje similar: “Soy un hijo de Dios”. Luego, podrían comunicarse el mismo mensaje el uno al otro: “Eres un hijo de Dios”. Incluso podrías buscar imágenes de diferentes personas e invitarlos a señalar cada una de ellas y decir: “Él es un hijo de Dios”. Compartan el uno con el otro por qué se alegran de saber que son hijos de Dios. ¿Cómo cambia este conocimiento la manera en se tratan a ustedes mismos y a los demás?
Los niños y tú podrían comparar el mensaje de Dios a Moisés en Moisés 1:4 con el mensaje de Satanás en el versículo 12. ¿Cómo puedes ayudar a los niños a distinguir entre los mensajes de Dios para ellos y los de Satanás?
Mientras lees Moisés 1:6 con los niños, podrías hablarles de la “obra” que Dios tenía para Moisés. Considera utilizar el Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 13–16; o Relatos del Antiguo Testamento, páginas 64–84, para ayudar a los niños a ver lo que Moisés logró con la ayuda del Padre Celestial. ¿Cuál es la obra que Dios tiene para que hagamos? (Véase, por ejemplo, Doctrina y Convenios 11:20).
A medida que estudies Moisés 1:12–26 con los niños, ayúdalos a descubrir lo que hizo Moisés para resistir a Satanás (véanse los versículos 13, 15, 18, 20–22, 26). Podría ser divertido para ellos actuar las cosas que pueden hacer para resistir la tentación (tales como orar, alejarse o pedir ayuda).
Saber sobre nuestra vida preterrenal puede inspirar a los niños a tomar decisiones basadas en verdades eternas. Para ayudarlos a aprender al respecto, podrías darles algunas palabras y frases clave para que las busquen en Abraham 3:22–28, tales como “antes que existiera el mundo”, “espíritus”, “haremos una tierra” y “probaremos”. ¿Qué nos enseñan estos versículos acerca de la razón por la que el Padre Celestial nos envió a la tierra?
Alguna canción como “El plan de Dios puedo seguir” (Canciones para los niños, págs. 86–87) podría recalcar lo que se enseña en Abraham 3. Tal vez podrías invitar a los niños a hacer dibujos que se correspondan con la letra de la canción.
Ayuda a los niños a pensar en situaciones en las que tengan que elegir si hacer o no lo que Dios les ha pedido que hagan (véase Abraham 3:25; véase también Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones). Permite que practiquen posibles maneras de responder ante esas situaciones. ¿Cómo puede el Salvador ayudarnos cuando tomamos una mala decisión?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Génesis 1–2; Moisés 2–3; Abraham 4–5
Ya que el mundo que nos rodea es tan bello y majestuoso, es difícil imaginar la tierra cuando estaba “desordenada y vacía”, y “vacía y desolada” (Génesis 1:2; Abraham 4:2). Una de las cosas que nos enseña el relato de la Creación es que Dios puede, con el tiempo, hacer algo magnífico a partir de lo que no está organizado. Es útil recordar eso cuando la vida parece caótica. Nuestro Padre Celestial y Jesucristo son Creadores, y Su obra de creación para con nosotros no está terminada. Ellos pueden hacer que brille la luz en los momentos oscuros de nuestra vida; pueden llenar nuestro vacío con vida. Pueden transformarnos en los seres divinos que por designio habríamos de ser. Eso es lo que significa ser creados a la imagen de Dios, conforme a Su semejanza (véase Génesis 1:26). Tenemos el potencial de llegar a ser semejantes a Él: exaltados, glorificados y celestiales.
Para consultar una reseña del libro de Génesis, véase “Génesis” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Génesis 1:1–25; Moisés 2:1–25; Abraham 4:1–25
Si bien no sabemos todo acerca de cómo se creó el mundo, es interesante prestar atención a lo que Dios ha decidido revelar acerca de la Creación. ¿Qué te enseña Dios al respecto en Génesis 1:1–25; Moisés 2:1–25; y Abraham 4:1–25? ¿Por qué desea Él que sepas estas cosas? Al meditar en estos relatos, también podrías considerar lo que te enseñan acerca del Padre Celestial, de Jesucristo, del mundo y de ti mismo.
Para enriquecer tu estudio, considera leer estos versículos mientras estás al aire libre entre las creaciones de Dios o mientras escuchas un himno como “Oh, creaciones del Señor” (Himnos, nro. 31). Podrías buscar imágenes de Sus creaciones que te ayuden a sentir reverencia por el Creador. Considera compartir con otras personas estas imágenes, junto con tu testimonio.
Véase también Doctrina y Convenios 101:32–34.
Génesis 1:26–27; Moisés 2:26–27; Abraham 4:26–27
Al leer Génesis 1:26–27; Moisés 2:26–27; y Abraham 4:26–27, medita en lo que significa ser creados a “imagen” o “semejanza” de Dios, varón y mujer. ¿Por qué es importante que conozcas las verdades que se hallan en estos versículos? Por ejemplo, ¿de qué manera influyen esas verdades en la forma en que te ves a ti mismo, a los demás y a Dios? ¿Cómo pueden ayudarte cuando tengas sentimientos negativos sobre ti mismo?
Para ayudarte a pensar en estas preguntas, intenta completar una oración como esta: “Debido a que sé que fui creado a la imagen de Dios, elijo …”. Podría serte útil repasar “Tu cuerpo es sagrado” en Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones (páginas 22–29). Considera escoger algo que harás para demostrarle a Dios que sabes que tu cuerpo es sagrado.
En el video “La más grande creación de Dios” (Biblioteca del Evangelio), el presidente Russell M. Nelson da testimonio del milagroso cuerpo humano. Mientras miras este video, pregúntate: “¿Cómo desea el Padre Celestial que me sienta con respecto a mi cuerpo?”. ¿En qué se diferencia eso de lo que podrías escuchar de otras personas?
Algunas personas podrían decir que ser creados a imagen de Dios significa que todos nuestros pensamientos, sentimientos y deseos son aprobados por Él y que no necesitamos (o no podemos) mejorar. ¿Qué responderías a eso? ¿Qué aprendes en Mosíah 3:19 y Éter 12:27?
Véase también Russell M. Nelson, “El cuerpo: Un don magnífico que debemos apreciar”, Liahona, agosto de 2019, págs. 50–55.
Génesis 1:27–28; 2:18–25; Moisés 3:18, 21–24; Abraham 5:14–18
“Adán y Eva fueron unidos en matrimonio por esta vida y por la eternidad por el poder del sacerdocio sempiterno” (Russell M. Nelson, “Lecciones que aprendemos de Eva”, Liahona, enero de 1988, págs. 86–87). Medita en ello mientras lees Génesis 1:27–28; 2:18–25; Moisés 3:18, 21–25; y Abraham 5:14–19. ¿Cómo puedes tratar al matrimonio con la santidad que Dios le ha dado?
Véanse también 1 Corintios 11:11; “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio.
Génesis 1:28; Moisés 2:28; Abraham 4:28.
¿Qué indican Génesis 1:28; Moisés 2:28; y Abraham 4:28 acerca de nuestra responsabilidad para con las creaciones de Dios? ¿Qué aportan Doctrina y Convenios 59:16–21 y 104:13–18 a tu comprensión sobre este tema?
Véase también Gérald Caussé, “Nuestra mayordomía terrenal”, Liahona, noviembre de 2022, págs. 57–59; Temas y preguntas, “Responsabilidad y conservación medioambiental”, Biblioteca del Evangelio.
Génesis 2:2–3; Moisés 3:2–3; Abraham 5:2–3
Dios ha santificado el día de reposo y nos pide que mantengamos su carácter santo. Al leer Génesis 2:2–3; Moisés 3:2–3; y Abraham 5:2–3, piensa en lo que hace que el día de reposo sea “bendi[to]” para ti.
Véanse también Doctrina y Convenios 59:9–13; “El día de reposo es una delicia” (video), Biblioteca del Evangelio.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Génesis 1:1–25; Moisés 2:1–25; Abraham 4:1–25
¿Cómo lograrás que aprender sobre la Creación sea entretenido para los niños? Podrían realizar una búsqueda al aire libre de las clases de cosas que se crearon en cada período de la Creación. Los niños también podrían ver imágenes de cosas que Jesús creó (véase “La creación de la Tierra” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 8–12). Luego, podrían hablar sobre lo que sienten por Jesucristo después de haber leído acerca de la Creación.
Consideren cantar una canción que hable de nuestro hermoso mundo, tal como “Mi Padre Celestial me ama” (Canciones para los niños, págs. 16–17). Tal vez los niños podrían agregar a la canción otras cosas que Dios ha creado que les ayudan a sentir Su amor.
Ayuda a los niños a expresar su creatividad. “Cada vez que invita a los niños a dibujar, construir, colorear o escribir algo relacionado con un principio del Evangelio, les ayuda a comprender mejor ese principio y les brinda un recordatorio tangible de lo que han aprendido” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 32).
Génesis 1:26–27; Moisés 2:26–27; Abraham 4:26–27
Los niños pueden desarrollar un sentido de reverencia y respeto por su propio cuerpo y por el de los demás a medida que aprenden que todos fuimos creados a imagen de Dios. Para ayudarles a entender lo que eso significa, podrías pedirles que miren su imagen en un espejo o en una fotografía mientras les lees Moisés 2:26–27. También podrías mostrarles que los animales cuando son pequeñitos suelen ser “semejantes” a sus padres (véase la imagen de esta reseña, por ejemplo). Eso podría conducir a una conversación sobre por qué es importante para ti saber que has sido creado a imagen de tu Padre Celestial.
Es posible que los niños y tú disfruten dibujar un cuerpo humano y recortar los dibujos como piezas de un rompecabezas [puzle]. A medida que los niños arman sus rompecabezas, podrían hablar sobre las maneras en que pueden demostrarle al Padre Celestial que están agradecidos por sus cuerpos.
Génesis 2:2–3; Moisés 3:2–3; Abraham 5:2–3
Al leer Moisés 3:2–3, pide a los niños que presten atención para saber lo que hizo Dios en el séptimo día. Ayuda a los niños a buscar cosas o a dibujar cosas que puedan hacer el domingo para que sea un día santo y diferente de los otros días. Comenten entre todos por qué es importante para ustedes santificar el día de reposo.
Ayuda a los niños a hacer una representación de cómo explicarían a un amigo por qué deciden hacer cosas que honran al Padre Celestial y a Jesús los domingos. Sugiéreles que utilicen Génesis 2:2–3 en sus explicaciones. ¿De qué manera el santificar el día de reposo demuestra el amor que sentimos por el Padre Celestial y por Jesucristo?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Adam and Eve [Adán y Eva], por Douglas M. Fryer
Al principio, la historia de la caída de Adán y Eva podría parecernos una tragedia. A Adán y a Eva se les expulsó del hermoso Jardín de Edén y fueron enviados a un mundo de dolor, pesar y muerte (véase Génesis 3:16–19). Además, fueron separados de su Padre Celestial. Sin embargo, las verdades restauradas por medio del profeta José Smith en el libro de Moisés nos dan una perspectiva singular de la Caída.
Es cierto, el Jardín de Edén era hermoso, pero Adán y Eva necesitaban más que un bello entorno. Necesitaban, así como todos nosotros, la oportunidad de progresar. Dejar el Jardín de Edén era el primer paso que se necesitaba para regresar a Dios y, con el tiempo, llegar a ser semejantes a Él. Aquello significaba afrontar oposición, tomar decisiones, cometer errores, aprender a arrepentirse y confiar en el Salvador, cuya Expiación hace posible el progreso y “el gozo de nuestra redención” (Moisés 5:11). De modo que, al leer acerca de la caída de Adán y Eva, no te centres en la aparente tragedia sino, más bien, en las posibilidades; ni tampoco en el paraíso que Adán y Eva perdieron, sino en la gloria que podemos recibir debido a su decisión.
Es cierto que la decisión de Adán y Eva condujo a muchas de las dificultades que experimentamos en la vida terrenal, pero eso no significa que tengamos que lamentar su decisión. Al leer Génesis 3 y Moisés 4, podrías preguntarte: ¿Por qué fue importante la Caída en el plan de Dios?
Según Moisés 5:9–12, ¿cómo se sintieron Adán y Eva respecto a la Caída? ¿Cómo puedes aplicar las palabras de ellos a tus experiencias en este mundo caído? ¿Qué más aprendes de 2 Nefi 2:19–25?
Véanse también Mosíah 3:19; Alma 12:21–37; y Doctrina y Convenios 29:39–43.
Génesis 3:1–7; Moisés 4:22–31; 5:4–15
La historia de Adán y Eva es una historia de esperanza y redención por medio de Jesucristo. Para ver por qué, podrías comenzar por buscar las consecuencias de la Caída en Génesis 3:1–7 y Moisés 4:22–31 y marcar o anotar lo que encuentres. ¿En qué te afectan a ti estas consecuencias? Luego podrías examinar Moisés 5:4–15 en busca del plan de Dios para redimirnos de esos efectos. ¿Por qué Adán y Eva “se regocij[aron]” después de que el ángel los visitó? ¿Qué aprendes de ellos sobre el plan del Padre Celestial?
Véase también “Gracias a Él” (video), Biblioteca del Evangelio.
En ocasiones, ese pasaje de las Escrituras se ha malinterpretado diciendo que el esposo está justificado al tratar a la esposa de manera poco amable. En nuestros días, los profetas del Señor han enseñado que el esposo y la esposa deben verse el uno al otro como compañeros iguales en el cumplimiento de sus responsabilidades divinas en la familia (véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Biblioteca del Evangelio). El élder Dale G. Renlund y la hermana Ruth Lybbert Renlund explicaron que el esposo recto “procurará ministrar; reconocerá los errores y buscará el perdón; será pronto en elogiar; será considerado ante las preferencias de los miembros de la familia; sentirá el gran peso de la responsabilidad de proveer ‘las cosas necesarias de la vida para su familia y […] proporcionarle protección’; tratará a su esposa con el máximo respeto y deferencia” […]. El esposo] bendecirá a su familia” (The Melchizedek Priesthood: Understanding the Doctrine, Living the Principles, 2018, pág. 23).
El élder Dale G. Renlund ha enseñado: “La meta de nuestro Padre Celestial en la crianza de los hijos no es hacer que Sus hijos hagan lo correcto, sino que elijan hacer lo correcto y finalmente lleguen a ser como Él” (“Escogeos hoy”, Liahona, noviembre de 2018, pág. 104). ¿Por qué es tan importante en el plan del Padre Celestial que elijamos hacer lo correcto?
Al leer Moisés 4:1–4, busca lo que el Padre Celestial y Jesucristo hicieron para proteger tu derecho a elegir, es decir, tu albedrío. ¿Cómo puedes acceder a Su poder protector? Para obtener ideas, considera estudiar la sección “Toma decisiones inspiradas” en Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones (págs. 4–5).
También podrías leer lo que Lehi enseñó acerca del albedrío en 2 Nefi 2:11–20, 25–30. ¿Por qué es necesaria la oposición para el albedrío? ¿Cómo puedes mostrar tu agradecimiento a Jesucristo por hacerte “libr[e] para escoger”? (2 Nefi 2:27).
Véanse también Dallin H. Oaks, “Oposición en todas las cosas”, Liahona, mayo de 2016, págs. 114–117; Temas y preguntas, “Albedrío y responsabilidad”, Biblioteca del Evangelio; “Haz el bien”, Himnos, nro. 155.
Aumentar la participación. Muchas actividades para aprender pueden hacerse en forma individual, en familia, o como clase; en grupos pequeños o de a dos. Utiliza diversos métodos para permitir que participen aquellas personas que, de otro modo, no tendrían la oportunidad. Para esta actividad, podrías invitar a una persona o a un grupo a leer Moisés 4 y la guía Para la Fortaleza de la Juventud mientras otro grupo estudia los versículos de 2 Nefi 2. Luego, podrían enseñarse los unos a los otros lo que aprendieron en sus respectivas secciones.
Al leer Moisés 4:4–12; 5:13–33, considera enumerar las maneras en que Satanás trató de tentar a Adán, a Eva, y a sus hijos. ¿De qué manera intenta esas mismas cosas en la actualidad? ¿De qué modo te ayuda el Padre Celestial a resistir los engaños de Satanás?
Después de comer del fruto prohibido, Adán y Eva trataron de cubrir su desnudez. Más tarde, el Señor ofreció vestirlos. Al leer Moisés 4:13–16, 27, considera lo siguiente:
Medita en lo que la desnudez y la vestimenta pueden representar en las Escrituras (véanse, por ejemplo, Apocalipsis 7:9, 13–15; 2 Nefi 9:14; Doctrina y Convenios 109:22–26, 76). ¿Qué aprendes de la experiencia de Adán y Eva con la desnudez y la vestimenta?
Si has sido investido en el templo, piensa en lo que Adán y Eva podrían decirte acerca de lo significativo de tu gárment del templo y lo que representa.
Véase también “La ropa sagrada del templo” (video), Biblioteca del Evangelio.
Al estudiar Moisés 5:4–9, 16–26, considera las actitudes de Adán; Eva; y sus hijos, Caín y Abel, en cuanto a los sacrificios. ¿Por qué aceptó el Señor el sacrificio de Abel pero no el de Caín?
¿Qué te pide el Señor que hagas sacrificios? ¿Hay algo en estos versículos que influya en lo que piensas respecto a esos sacrificios?
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Para ayudar a los niños a comprender mejor la caída de Adán y Eva, podrías hacer fotocopias de las imágenes de “Adán y Eva” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 13–16) y recortarlas. Luego, todos juntos, podrían organizar las imágenes en el orden correcto, mientras hablan sobre las experiencias que tuvieron Adán y Eva. Al hacerlo, hablen de por qué era importante, en el plan del Padre Celestial, que Adán y Eva salieran del Jardín de Edén.
Los niños pueden sentir gratitud por la Expiación de Jesucristo a medida que comprendan cómo Él vence los efectos de la Caída. Al leer juntos Moisés 4:25; 6:48; Romanos 5:12 y 2 Nefi 2:22–23, ayuda a tus hijos a buscar maneras de completar esta oración: “Por motivo de la Caída, yo …”. Luego, al leer juntos Moisés 5:8–11, 14–15; 6:59 y Alma 11:42, podrían completar esta oración: “Gracias a Jesucristo, yo …”. Cuéntense el uno al otro acerca de su gratitud por Jesucristo.
Considera emplear una lección práctica sencilla a fin de presentar el principio del albedrío: invita a los niños a colorear la hoja de actividades de esta semana, pero dales solo un color para hacerlo. ¿Por qué sería mejor tener opciones? Luego, podrían leer juntos Moisés 4:1–4 y hablar de por qué Dios desea que podamos escoger entre el bien y el mal. ¿De qué manera nos ayudan el Padre Celestial y Jesucristo a tomar buenas decisiones?
Ayuda a tus hijos a pensar en las buenas decisiones que pueden tomar para seguir a Jesucristo y a dibujarlas. O bien, podrían entonar juntos una canción que hable de tomar buenas decisiones, tal como “Escojamos lo correcto” (Canciones para los niños, pág. 82). Podrían hablar entre todos sobre alguna ocasión en la que hayan tomado una buena decisión y describir cómo se sintieron después.
Cuando Adán y Eva tuvieron que dejar el Jardín de Edén, ya no pudieron estar con el Padre Celestial. Lee Moisés 5:4, 8 con los niños y ayúdales a descubrir lo que Adán y Eva hicieron para sentirse cerca de Él y escucharlo. ¿Cuáles son algunas cosas que podemos decirle al Padre Celestial en nuestras oraciones?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Better Than Paradise [Mejor que el paraíso], por Kendal Ray Johnson
La mayor parte de Génesis 5 es una lista de las generaciones entre Adán y Eva, y Noé. Leemos muchos nombres de personas, pero no aprendemos mucho en cuanto a ellas. Luego leemos estas curiosas palabras, pero ninguna explicación: “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque lo llevó Dios” (Génesis 5:24). ¡Sin duda, ese versículo encierra una historia! Sin embargo, sin más explicaciones, se reanuda la lista de las generaciones.
Afortunadamente, Moisés 6 revela los detalles de la historia de Enoc, ¡y qué historia tan interesante! Aprendemos sobre la humildad de Enoc, sus inseguridades y el potencial que Dios vio en él, así como la gran obra que realizó como profeta de Dios. También se nos brinda una perspectiva más clara en cuanto a la familia de Adán y Eva, conforme esta progresaba a través de las generaciones. Leemos sobre el “gran dominio” de Satanás, pero también sobre padres que enseñaron a sus hijos “las vías de Dios” (Moisés 6:15, 21). Resulta de especial valor lo que aprendemos acerca de la doctrina que enseñaban dichos padres: la fe en Jesucristo, el arrepentimiento, el bautismo y la recepción del Espíritu Santo (véase Moisés 6:50–52). Tal doctrina, al igual que el sacerdocio que la acompaña, “existió en el principio, [y] existirá también en el fin del mundo” (Moisés 6:7).
Al estudiar Moisés 6:26–36, ¿qué aprendes sobre los efectos del pecado? ¿Has visto esos efectos? ¿Qué atributos tenía Enoc que le ayudaron a superar esos efectos? ¿De qué modo lo bendijo Dios como resultado de ello?
Si alguna vez te sientes abrumado por lo que el Señor te haya llamado a hacer, no eres el único. Incluso Enoc se sintió de ese modo cuando el Señor lo llamó como profeta. Al leer Moisés 6:26–36, busca los motivos por los que Enoc se sentía agobiado, así como lo que el Señor le dijo para darle valor.
En los versículos 37–47, podrías buscar las formas en las que el Señor apoyó a Enoc y lo invistió de poder para efectuar Su obra (véase también Moisés 7:13). Podrías comparar la experiencia de Enoc con la de otros profetas que se sentían incapaces, tales como Moisés (véase Éxodo 4:10–16), Jeremías (véase Jeremías 1:4–10), Nefi (véase 2 Nefi 33:1–4), y Moroni (véase Éter 12:23–29). ¿Qué crees que Dios quiere que aprendas de esos pasajes de las Escrituras sobre la obra que Él te ha encomendado hacer?
Muchos profetas y apóstoles de la actualidad han expresado sentimientos similares a los de Enoc al describir cómo se sintieron cuando recibieron su llamamiento. Por ejemplo, véase el testimonio del élder Ulisses Soares en “Los profetas hablan por el poder del Santo Espíritu” (Liahona, mayo de 2018, págs. 98–99).
¿Qué puedes aprender de estos profetas y apóstoles en cuanto a tus sentimientos de ineptitud? ¿En qué ocasiones has sentido que el Salvador te ayudó luego de pedirte que hicieras cosas difíciles? Considera anotar algunas experiencias que tendrás en el futuro para las cuales necesitarás confiar en la ayuda del Salvador. ¿Cómo puedes afrontar esos acontecimientos con fe en Jesucristo?
Véanse también David A. Bednar, “Permanec[e] en mí, y yo en ti; por tanto, anda conmigo”, Liahona, mayo de 2023, págs. 123–126; “A donde me mandes iré”, Himnos, nro. 175.
Debido a que tenemos el libro de Moisés, sabemos que Dios ha enseñado a Sus hijos cómo buscar la redención desde Adán y Eva. Al estudiar Moisés 6:48–68, busca lo que debemos saber y hacer para ser redimidos. Nota la pregunta de Adán en el versículo 53. ¿Alguna vez te has preguntado eso? ¿Qué aprendes de la respuesta del Señor en los versículos 53–65? Podrías pensar en esos versículos como el mensaje que pronunció el Señor en el servicio bautismal de Adán. ¿Qué aprendes acerca del bautismo en Su mensaje? ¿Por qué crees que Él comparó el bautismo con “nacer otra vez”? (Versículo 59). ¿Qué puedes hacer para continuar “nac[iendo] otras vez” a lo largo de tu vida?
Buscar los símbolos. En las Escrituras, los objetos o acontecimientos a menudo pueden representar o simbolizar verdades espirituales, especialmente verdades sobre el Salvador (véase Enseñar a la manera del Salvador, pág. 7). Esos símbolos pueden ampliar tu comprensión de Él y de Su doctrina. Por ejemplo, ¿qué aprendes de los símbolos de corazones y oídos en Moisés 6:27, ojos y barro en Moisés 6:35, o agua en Moisés 6:59–60?
Después de enseñarle a Adán verdades del Evangelio de Jesucristo, en Moisés 6:51–63, el Señor le dijo a Adán que se las enseñara a las generaciones futuras. Considera hacer una lista de esas verdades (podría resultar útil dividir el pasaje en grupos más pequeños de versículos, por ejemplo: versículos 51–52, 53–57, 58–60, 61–63). ¿Por qué estas verdades son de valor para la nueva generación de la actualidad? ¿Qué más puedes aprender de las instrucciones que el Señor dio a los padres en Mosíah 4:14–15 y Doctrina y Convenios 68:25–28; 93:40–50?
Leer en cuanto al “libro de memorias” que llevaba la familia de Adán y Eva puede inspirarte a ti o a tu familia a llevar su propio libro de memorias. ¿Qué crees que el Señor querría que incluyas? Si lo deseas, puedes guardar información de tu libro de memorias en FamilySearch.org.
Véanse también Dieter F. Uchtdorf, “Jesucristo es la fortaleza de los padres”, Liahona, mayo de 2023, págs. 55–59; “Tocar el corazón de nuestros jóvenes”, “But Why?” [“Pero, ¿por qué?”] (videos), Biblioteca del Evangelio.
Para ver más ideas, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Cuando Enoc fue llamado a predicar el Evangelio, le preocupaba fracasar, pero Dios lo ayudó. Lean juntos este relato en Moisés 6:26–34 (véase también “Enoc el profeta” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 19–21). ¿Por qué sentía Enoc que no podía predicar el Evangelio? (Véase Moisés 6:31). ¿Cómo ayudó Dios a Enoc? (Véanse Moisés 6:32–34; 7:13).
Los niños podrían disfrutar compartiendo o representando otros ejemplos de ocasiones en que Dios ayudó a las personas a hacer cosas difíciles: por ejemplo, Noé, David, Ammón o Samuel el Lamanita (véase Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 7, 19, 78, 81). También podrías relatar una experiencia propia y permitir que hablen de cómo Dios los ayuda a hacer cosas difíciles.
Dios le enseñó a Adán lo que debemos hacer para regresar a Él: tener fe en Jesucristo, arrepentirnos, ser bautizados y recibir el don del Espíritu Santo. Ayuda a los niños a encontrar esos principios en Moisés 6:52, 57. Luego podrías ayudarlos a escribir un breve discurso sobre uno de los principios. Cada discurso podría incluir un pasaje de Moisés 6, una experiencia y un testimonio. Permite que compartan sus discursos unos con otros.
También podrías mostrar imágenes que representen los primeros principios del Evangelio (véase el cuarto Artículo de Fe). Colócalas en línea de modo que conduzcan hasta una lámina de Jesucristo. A medida que leas Moisés 6:52, los niños podrían ponerse de pie junto a la lámina o dibujo correspondiente cuando escuchen las palabras que esa ilustración representa.
A los niños podría gustarles entonar canciones que enseñen los principios que se enseñan en Moisés 6:52, tales como “La fe”, “Cuando me bautice” y “El Espíritu Santo” (Canciones para los niños, págs. 50–51, 53, 56). Ayúdales a encontrar estos principios en Moisés 6:52.
A fin de alentar a los niños a apoyar a sus padres en su función de maestros del Evangelio, considera pedir a un niño que lea Moisés 6:58 y busque el mandamiento que Dios dio a los padres. Luego podrías mostrar una imagen de Adán y Eva enseñando a sus hijos (como la que se encuentra al final de esta reseña) y permitir que los niños hablen sobre lo que ven en la imagen. Los niños podrían hacer dibujos de sus familias leyendo las Escrituras, orando y jugando juntos.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Enoch Sees the Meridian of Time [Enoc ve el meridiano de los tiempos], por Jennifer Paget
A lo largo de la historia, las personas han tratado de lograr lo que Enoc y su pueblo lograron: establecer una sociedad ideal en la que no haya pobreza ni violencia. Como pueblo de Dios, nosotros también tenemos ese deseo; lo llamamos establecer Sion, e incluye —además de cuidar de personas necesitadas y promover la paz— el hacer convenios, el vivir juntos en rectitud, y el llegar a ser uno con los demás y con Jesucristo, “el Rey de Sion” (Moisés 7:53). Si el mundo, tu comunidad o tu familia no son exactamente lo que quieres que sean, es útil preguntar: ¿Cómo lo lograron Enoc y su pueblo? ¿Cómo llegaron a ser “uno en corazón y voluntad” (Moisés 7:18) a pesar de la contención que los rodeaba? Entre los muchos detalles que Moisés 7 nos brinda sobre Sion, hay uno que podría ser particularmente valioso para los Santos de los Últimos Días: Sion no es solo una ciudad, es una condición del corazón y del espíritu. Sion, tal como lo ha enseñado el Señor, es “los puros de corazón” (Doctrina y Convenios 97:21). Por lo tanto, quizás la mejor manera de edificar Sion sea comenzar a hacerlo en nuestro propio corazón y en nuestro hogar.
Cuando el profeta José Smith supo por primera vez acerca de Enoc y su Ciudad de Santidad, se sintió inspirado. Él “sup[o] que había llegado el día en que el Señor volvería a establecer Sion sobre la tierra” (Santos. tomo I, pág. 110) y comenzó una cruzada de toda la vida para edificar Sion. Leer Moisés 7 puede inspirarte a continuar este esfuerzo hoy en día.
Podrías comenzar por examinar las preguntas “¿Qué es Sion?” y “¿En qué se diferencia del resto del mundo?”. Considera anotar las respuestas que recibas al estudiar Moisés 7, en particular los versículos 16–21, 27, 53, 62–69.
Tus respuestas a estas preguntas podrían dejar en claro que todavía tenemos mucho trabajo por hacer para edificar Sion. Entonces, ¿cómo lo hacemos? Podría serte útil pensar en ocasiones en las que hayas sentido que eras “uno en corazón y en voluntad” con alguien (Moisés 7:18). Tal vez fue en un barrio, en tu familia o en un grupo del trabajo o la escuela. ¿Qué hicieron las personas para crear una unidad en rectitud?
Estos son algunos otros recursos que podrías examinar para encontrar ideas e inspiración. Escoge uno o más para estudiarlos y luego escribe lo que te sientas inspirado a hacer para edificar Sion:
Filipenses 2:1–4; 4 Nefi 1:15–18; Doctrina y Convenios 97:21; 105:5.
Ulisses Soares, “Hermanos y hermanas en Cristo”, Liahona, noviembre de 2023, págs. 70–73.
D. Todd Christofferson, “Uno en Cristo”, Liahona, mayo de 2023, págs. 77–80.
“We Come Together and Unite as One” (video), Biblioteca del Evangelio.
¿Qué significa para ti tener a Jesucristo como tu rey? Fíjate en otros títulos de Jesucristo en este versículo. ¿Qué te enseñan acerca de Él? ¿Qué crees que significa entrar “por la puerta y sub[ir] por medio de [Él]”?
Véase también “Oh Rey de reyes, ven”, Himnos, nro. 27.
Algunas personas ven a Dios como un ser distante a quien no le afecta emocionalmente aquello que nos sucede. Enoc vio una perspectiva diferente de Dios en la visión registrada en Moisés 7. ¿Qué aprendió él acerca de Dios y qué aprendes tú en los versículos 28–40? ¿Por qué crees que Enoc se sorprendió al ver llorar a Dios? ¿Por qué es importante para ti saber que Él llora?
Al continuar la visión, Enoc también lloró, pero Dios también compartió con él razones para regocijarse. Búscalas en Moisés 7:41–69. ¿Qué aprendes de la visión de Enoc que pueda ayudarte a “an[imar] tu corazón [y] regoc[ijarte]” a pesar de la “amargura” en tu vida (versículo 44)?
Véase también Jeffrey R. Holland, “La grandiosidad de Dios” ,Liahona, noviembre de 2003, págs. 70–73.
La visión de Enoc, en especial lo que está registrado en Moisés 7:59–67, es una de las primeras profecías de la historia sobre la Segunda Venida del Salvador. ¿Qué te llama la atención de la forma en que esos versículos describen los últimos días? Por ejemplo, piensa en la forma en que sientes que se están cumpliendo las profecías del versículo 62. ¿Qué te enseñan esas expresiones sobre la obra de Dios en los últimos días?
Véase también Henry B. Eyring, “Hermanas en Sion”, Liahona, noviembre de 2020, págs. 67–69.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Para ayudar a los niños a aprender acerca de Enoc y de Sion, podrías utilizar “Enoc el profeta” en Relatos del Antiguo Testamento (págs. 19–21) o la segunda estrofa de “Sigue al Profeta” (Canciones para los niños, págs. 58–59). Luego podrías pedir a los niños que te ayuden a volver a contar la historia con sus propias palabras. Las ilustraciones de Enoc de esta reseña podrían ayudarlos.
La siguiente es una manera de ayudar a los niños a entender lo que significa ser “uno en corazón y voluntad” (Moisés 7:18): haz un corazón de papel y córtalo en partes suficientes de modo que cada niño tenga una. Pídeles que escriban su nombre en su trocito del corazón y ármenlo juntos. A medida que lo hagan, podrías mencionar cosas que te gusten mucho de cada niño.
Ayuda a los niños a contar cuántas veces aparece la palabra “Sion” en Moisés 7:18–21, 62–63, 68–69. Cada vez que encuentren la palabra, ayúdalos a descubrir lo que dice el versículo acerca de Sion (véase también la Guía para el Estudio de las Escrituras, “Sion”, Biblioteca del Evangelio). ¿Cómo podemos ser más como las personas que se describen en esos versículos?
Aliéntalos a estudiar las Escrituras a diario. Ya sea que estés enseñando a tu familia en casa o dando una clase el domingo, una de las mejores maneras de ayudar a los demás a edificar una fe duradera en Jesucristo es ayudarles a establecer el hábito de procurar tener experiencias personales con las Escrituras. Comparte las experiencias que estés teniendo con las Escrituras y anima a los miembros de la familia o de la clase a compartir sus experiencias. Cuando escuchamos acerca de cómo la lectura de las Escrituras bendice a los demás, a menudo nos sentimos inspirados a buscar esas mismas bendiciones del Señor (véase Enseñar a la manera del Salvador, pág. 25).
Para presentar Moisés 7:32–33 a los niños, podrías hablarles de alguna decisión que hayan tenido que tomar recientemente. Luego, podrían leer juntos los versículos para averiguar lo que el Padre Celestial desea que prefiramos. ¿Qué decisiones podemos tomar para mostrar que lo preferimos a Él? Tal vez los niños podrían turnarse para representar una de esas decisiones mientras los demás adivinan lo que la acción representa.
En Moisés 7:59, Enoc le hace una pregunta al Señor. Invita a los niños a buscarla y luego pídeles que encuentren la respuesta en el versículo 60. También podrías hablar con ellos sobre alguna ocasión en la que esperaban que alguien regresara a casa. Pregúntales cómo se sintieron y qué hicieron para prepararse. ¿Cómo podemos prepararnos para el regreso de Jesús?
Considera mostrar imágenes de ocasiones en que el Salvador se haya aparecido a personas (véase Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 60, 82, 83 y 84). ¿Qué están haciendo las personas de las imágenes? ¿Cómo se habrán sentido cuando estuvieron con Jesús? También podrían entonar una canción sobre la Segunda Venida del Salvador, tal como “Cuando venga Jesús” (Canciones para los niños, págs. 46–47), y podrías preguntar a los niños cómo creen que será cuando Jesús venga de nuevo. Invita a los niños a compartir lo que sienten en cuanto a ver a Jesús cuando venga de nuevo.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Jehovah Keeps a Promise [Jehová cumple la promesa], por Sam Lawlor
Al vivir en los últimos días, tenemos una razón especial para prestar atención al relato del Diluvio. Cuando Jesucristo enseñó cómo debemos velar en espera de Su Segunda Venida, dijo: “Como fue en los días de Noé, así también será en la venida del Hijo del Hombre” (José Smith—Mateo 1:41). Además, las palabras que describen la época de Noé como “corrompida” y “llen[a] de violencia” bien podrían describir nuestros tiempos (Génesis 6:12–13; Moisés 8:28). El relato sobre la torre de Babel también parece aplicarse a nuestros días, pues describe cómo tras el orgullo surgen la confusión y luego la división.
Dichos relatos de la antigüedad son valiosos no solo porque nos demuestren que la iniquidad se repite a lo largo de toda la historia; lo que es más importante aun es que nos enseñan qué hacer ante la iniquidad. Noé “halló gracia ante los ojos del Señor” (Moisés 8:27). Asimismo, las familias de Jared y de su hermano acudieron al Señor y se las protegió de la confusión y la división que había en Babel (véase Éter 1:33–43). Si nos preguntamos cómo mantenernos a nosotros mismos y a nuestras familias a salvo en tiempos de corrupción y violencia, los relatos que hay en estos capítulos tienen mucho para enseñarnos.
¿Ves algo en la descripción de los días de Noé que se parezca a las condiciones de nuestros días? En particular, fíjate en Moisés 8:15–24, 28. ¿Qué temas ves que se repitan?
Una similitud importante que verás es que Dios llamó a Noé a ser profeta, y también ha llamado a un profeta hoy en día. Si lo deseas, haz una lista de las verdades que aprendas sobre los profetas en Moisés 8:13–30. ¿En qué se asemeja nuestro profeta viviente a Noé? Por supuesto, el profeta del Señor en la actualidad no nos está advirtiendo de un diluvio ni nos está invitando a ayudar a construir un arca. Pero, ¿sobre qué nos advierte? ¿Y qué nos está invitando a hacer? Para ayudar a responder estas preguntas, podrías repasar un capítulo de Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Russell M. Nelson, en la Biblioteca del Evangelio, en especial, la sección “Invitaciones y promesas”. Tal vez podrías elegir alguna advertencia y alguna invitación que a ti te parezcan especialmente importantes.
El élder Allen D. Haynie enseñó: “Un Padre Celestial perfecto y amoroso ha escogido el modelo de revelar la verdad a Sus hijos mediante un profeta” (“Un profeta viviente para los últimos días”, Liahona, mayo de 2023, pág. 25). Considera estudiar el mensaje del élder Haynie y buscar las razones por las que tener un profeta es una señal del amor del Padre Celestial. ¿De qué manera el seguir al profeta del Señor te ha ayudado a sentirte seguro al vivir en los últimos días?
Véase también Temas y preguntas, “Profetas”, Biblioteca del Evangelio; ¿Por qué necesitamos profetas? (video), Biblioteca del Evangelio.
Algunas personas cuestionan la justicia de Dios al enviar el Diluvio con el fin de “rae[r] de sobre la faz de la tierra a los hombres” (Génesis 6:7). El élder Neal A. Maxwell explicó que en la época del Diluvio “la corrupción llegó a destruir el albedrío a tal punto que, en justicia, no se podían enviar espíritus aquí” (We Will Prove Them Herewith, 1982, pág. 58). También podrías considerar la manera en que el Diluvio fue un acto de misericordia. ¿Qué encuentras en Génesis 6:5–13 que demuestre la tierna misericordia del Señor y Su amor por las personas?
Según Génesis 9:8–17, ¿qué puede recordarte el arco iris? ¿Qué conocimiento adicional te brinda la Traducción de José Smith, Génesis 9:21–25 (en el Apéndice de la Biblia)? También podrías considerar hacer una lista de otras cosas (como símbolos, objetos o cualquier otra cosa) que Dios te ha dado para recordarte tus convenios. ¿Qué te enseñan esas cosas? ¿Cómo te ayudan a recordar?
Véase también Gerrit W. Gong, “Recordarle siempre”, Liahona, mayo de 2016, págs. 108–111; “Mansos, reverentes hoy”, Himnos, nro. 118.
El relato del pueblo de Babel que construyó una torre ofrece un interesante contraste con el relato de Enoc y su pueblo, quienes edificaron Sion, el cual estudiaste la semana pasada. Ambos grupos de personas trataban de llegar al cielo, aunque de maneras diferentes. ¿Cómo obtuvo el pueblo de Sion el cielo? (Véase Moisés 7:18–19, 53, 62–63, 69). ¿Qué aprendes de Génesis 11:1–9 y de Helamán 6:26–28 sobre el pueblo de Babel? ¿Qué nos enseña eso sobre nuestros esfuerzos por regresar a la presencia de Dios? ¿Qué nos ha proporcionado Dios para ayudarnos a “lleg[ar] al cielo”? (Génesis 11:4; véase también Juan 3:16).
Aprender activamente. Aprender puede implicar más que solo leer o escuchar. Por ejemplo, al aprender acerca de la Torre de Babel, tú y tu familia o clase podrían escribir cosas que nos alejan de Dios en tiras de papel. Luego, en otras tiras de papel, podrían escribir cosas que nos acercan más a Dios. Acomoden el primer grupo de tiras de papel para formar una torre y el segundo para formar un templo.
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Génesis 6:14–22; 7–8; Moisés 8:16–24
A la mayoría de los niños les encanta la historia de Noé y el arca. Considera darles oportunidades de compartir lo que sepan al respecto. A fin de ayudarles, podrías utilizar las imágenes de esta reseña, “Noé y su familia” en Relatos del Antiguo Testamento (págs. 22–25), y la tercera estrofa de “Sigue al Profeta” (Canciones para los niños, págs. 58–59). Los niños podrían disfrutar hacer una dramatización de algunas partes del relato; por ejemplo, podrían hacer de cuenta que utilizan alguna herramienta para construir el arca o caminar como animales que van entrando en esta.
A medida que hablen sobre Noé, ayuda a los niños a ver cuán bendecidos somos de tener un profeta de Dios en la actualidad. Ayuda a los niños a buscar en Moisés 8:16–24 cosas que Noé enseñó que nuestros líderes de la Iglesia todavía enseñan en la actualidad. ¿En qué forma somos bendecidos cuando obedecemos esas enseñanzas?
Es posible que a los niños les resulte entretenido dibujar o colorear un arcoíris mientras tú hablas sobre lo que este representa (véase también Traducción de José Smith, Génesis 9: 21–25 [en el Apéndice de La Biblia]). ¿En qué quería Dios que pensaran Noé y su familia cada vez que vieran el arcoíris?
También podrías mostrarles a los niños algo que tengas que te recuerde algo importante de tu vida, tal como el anillo de matrimonio, alguna fotografía o un diario personal. Permite que los niños compartan sus propios ejemplos. Esto podría llevar a una conversación acerca de las cosas que nos ayudan a recordar nuestros convenios, como, por ejemplo, la Santa Cena, la cual nos ayuda a recordar nuestro convenio bautismal de seguir a Jesucristo (véase Doctrina y Convenios 20:75–79).
Podría ser divertido construir una torre con bloques de juguete u otros objetos con los niños. Al hacerlo, explica que el pueblo de Babel pensaba que podría llegar al cielo construyendo una torre alta. Luego, podrían mirar juntos una imagen del Salvador y podría preguntarle a los niños cómo nos ayuda Él a llegar al cielo. Después podrían conversar sobre las cosas que pueden hacer para seguir al Salvador.
Además de leer el relato de la torre de Babel en Génesis 11:1–9, los niños y tú podrían leer Helamán 6:28. Según este versículo, ¿por qué edificó la torre el pueblo de Babel? ¿Por qué edificar esa torre era la manera incorrecta de llegar al cielo? Podrían buscar en 2 Nefi 31:20–21 y en Helamán 3:28 la manera correcta de llegar al cielo. ¿Qué consejo le daríamos al pueblo de Babel?
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El convenio
A lo largo de todo el Antiguo Testamento, a menudo leerás la palabra convenio. Hoy en día, por lo general, vemos los convenios como promesas sagradas con Dios, pero en el mundo antiguo los convenios también eran una parte importante de las interacciones de las personas entre sí. Para su seguridad y supervivencia, las personas necesitaban poder confiar la una en la otra, y los convenios eran una forma de garantizar dicha confianza.
De modo que, cuando Dios hablaba a Enoc, a Noé, a Moisés y a otras personas en cuanto a los convenios, los estaba invitando a entablar una relación de confianza con Él. Llamamos a dicho convenio el nuevo y sempiterno convenio, o el convenio abrahámico, que es una referencia al convenio que Dios hizo con Abraham y Sara, y que luego renovó con sus descendientes Isaac y Jacob (también llamado Israel). En el Antiguo Testamento, se lo conocía simplemente como “el convenio”. Notarás que el Antiguo Testamento es, en esencia, la historia de las personas que se veían a sí mismas como las herederas de ese convenio: el pueblo del convenio.
El convenio de Abraham sigue siendo importante en la actualidad, en especial para los Santos de los Últimos Días. ¿Por qué? Porque nosotros también somos el pueblo del convenio, ya sea que seamos descendientes directos de Abraham, Isaac y Jacob, o no. Por ese motivo, es importante entender qué es el convenio de Abraham y cómo se aplica a nosotros hoy en día.
Abraham quería “ser un seguidor más fiel de la rectitud” (Abraham 1:2), por lo que Dios lo invitó a entablar una relación por convenio con Él. Abraham no fue el primero en tener ese deseo, ni fue el primero en recibir convenios. Después de todo, se trataba de un convenio sempiterno. Abraham buscó “las bendiciones de los padres” (Abraham 1:2): las bendiciones que se ofrecieron por convenio a Adán y a Eva, y de allí en más, a quienes procuraran dichas bendiciones diligentemente.
El convenio de Dios con Abraham prometía magníficas bendiciones: ciertas tierras por herencia, una gran posteridad, el acceso a las ordenanzas del sacerdocio y un nombre que las generaciones venideras honrarían. Sin embargo, la esencia de tal convenio no se centraba solo en las bendiciones que Abraham y su familia recibirían, sino también en la bendición que ellos serían para el resto de los hijos de Dios. Dios declaró: “Serás una bendición […] y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:2–3).
¿Ponía el convenio a Abraham, a Sara y a sus descendientes en una situación privilegiada entre los hijos de Dios? Solo en el sentido de que el bendecir a los demás es un privilegio. La familia de Abraham debía “llev[ar] este ministerio y sacerdocio a todas las naciones” y compartir “las bendiciones del evangelio, que son las bendiciones de salvación, sí, de vida eterna” (Abraham 2:9, 11). Ser el pueblo del convenio de Dios no significaba que fueran mejores que los demás; sino que tenían el deber de ayudar a los demás a ser mejores.
Ese convenio era la bendición que Abraham anhelaba. Tras recibirlo, Abraham dijo en su corazón: “Tu siervo te buscó diligentemente; ahora te he hallado” (Abraham 2:12).
Aquello fue hace miles de años, pero el convenio se ha restaurado en nuestros días, y actualmente se está cumpliendo en la vida del pueblo de Dios. El cumplimiento del convenio genera impulso en los últimos días conforme la obra de Dios progresa, bendiciendo a las familias en todo el mundo; y cualquiera que, al igual que Abraham, quiera ser un seguidor más fiel de la rectitud, cualquiera que busque al Señor con sinceridad, puede ser parte de dicho cumplimiento.
Tú eres hijo o hija del convenio. Conciertas un convenio con Dios cuando eres bautizado y cuando tomas la Santa Cena, y recibes la plenitud del convenio con las sagradas ordenanzas del templo.
Mediante esos convenios y ordenanzas, llegamos a ser el pueblo de Dios. Estamos ligados en unión a Él “con lazos sempiternos”. “Cuando hacemos un convenio con Dios”, enseñó el presidente Russell M. Nelson, “abandonamos el terreno neutral para siempre. Dios no abandonará Su relación con aquellos que han forjado tal vínculo con Él. De hecho, todos los que han hecho convenio con Dios tienen acceso a un tipo especial de amor y misericordia […]. Debido a nuestro convenio con Dios, Él jamás cejará en Sus esfuerzos por ayudarnos, y nunca agotaremos Su misericordiosa paciencia para con nosotros”. Verás esto en la historia del pueblo del convenio de Dios en el Antiguo Testamento, y lo verás en tu propia vida como uno de Sus hijos del convenio.
Ese es el preciado conocimiento que se nos ha concedido gracias a la restauración del convenio de Abraham mediante el profeta José Smith. De modo que, cuando leas en cuanto a convenios en el Antiguo Testamento, no te limites a pensar solamente en la relación de Dios con Abraham, Isaac y Jacob; piensa también en la relación de Él contigo. Cuando leas acerca de la promesa de una posteridad innumerable, no pienses solo en los millones de personas que hoy en día consideran que Abraham es su padre; piensa también en la promesa que Dios te hace en cuanto a familias eternas y aumento eterno. Cuando leas sobre la promesa de tierras por herencia, no pienses solo en la tierra prometida a Abraham; piensa también en el destino celestial de la tierra misma: una herencia prometida a los “mansos” que “esperan en Jehová” (Mateo 5:5; Salmo 37:9, 11). Y cuando leas acerca de la promesa de que el pueblo del convenio de Dios bendecirá a “todas las familias de la tierra” (Abraham 2:11), no pienses solo en el ministerio de Abraham o de los profetas que descendieron de él; piensa también en lo que tú puedes hacer, como discípulo de Jesucristo por convenio, a fin de ser una bendición para las familias que te rodean.
Melchizedek Blesses Abram [Melquisedec bendice a Abram], por Walter Rane (detalle)
Debido al convenio que Dios hizo con Abraham, este ha sido llamado “el padre de los fieles” (Doctrina y Convenios 138:41) y “amigo de Dios” (Santiago 2:23). Hoy en día, hay millones de personas que lo honran como su antepasado directo, mientras que otras han sido adoptadas en su familia por medio de la conversión al Evangelio de Jesucristo. No obstante, Abraham provenía de una familia problemática: su padre, que se había apartado de la adoración del Dios verdadero, intentó sacrificar a Abraham a los dioses falsos. A pesar de ello, el deseo de Abraham era ser un “seguidor más fiel de la rectitud” (Abraham 1:2), y la historia de su vida demuestra que Dios honró ese deseo. La vida de Abraham es un testimonio de que, sin importar cuáles hayan sido los antecedentes de la familia de una persona, el futuro de esta puede rebosar de esperanza.
“Todos estamos influenciados por nuestra familia [y] nuestra cultura”, enseñó el élder Neil L. Andersen, “y sin embargo, creo que hay un lugar dentro de nosotros que controlamos y creamos exclusiva e individualmente […]. Con el tiempo, nuestros deseos internos cobran vida, y se manifiestan en nuestras decisiones y en nuestras acciones” (“Educate Your Desires, Elder Andersen Counsels”, LaIglesiadeJesucristo.org). Considera cómo Abraham 1:1–19 demuestra lo que enseñó el élder Andersen. Algunas de las siguientes preguntas podrían resultar útiles:
¿Qué deseaba Abraham? ¿Cómo se evidenciaban sus deseos en sus acciones? ¿Cómo apoyó Dios sus deseos?
¿Cuáles son tus deseos? ¿Cómo se evidencian en tus acciones? ¿Cómo te apoya Dios?
¿Qué mensaje contienen estos versículos para aquellas personas cuyos familiares no deseen la rectitud?
Uno de los mayores deseos de Abraham y Sara, tener un hijo, no se cumplió durante muchos años (véase Génesis 15:1–6). ¿Qué aprendes en Hebreos 11:8–13 sobre la manera en que Abraham y Sara afrontaron esa prueba? ¿De qué modo te ayuda el Salvador a “acepta[r]” Sus promesas, aun cuando estén “lejos”?
Véase también “La liberación de Abraham” (video), Biblioteca del Evangelio.
Génesis 12:1–3; 13:15–16; 15:1–6; 17:1–8, 15–22; Abraham 2:6–11
¿Por qué es importante que sepas acerca del convenio que Dios hizo con Abraham? Porque Dios quiere hacer un convenio similar contigo. Él prometió que dicho convenio continuaría en la posteridad de Abraham o en su “descendencia”, y que “cuantos reciban este Evangelio […] serán considerados tu descendencia” (véase Abraham 2:10–11). En otras palabras, el convenio continúa en ti, cuando te bautizas y cuando haces convenios más plenamente en el templo (véase Gálatas 3:26–29; Doctrina y Convenios 132:30–32).
Por esa razón, tal vez desees estudiar Abraham 2:6–11 y hacer una lista de lo que Dios prometió exactamente a Abraham y a Sara (véanse también Génesis 12:1–3; 13:15–16; 15:1–6; 17:1–8, 15–22). ¿Cómo podrían aplicarse esas bendiciones a ti?
Algunas de esas promesas tienen paralelismos eternos. ¿De qué manera se cumplen de forma eterna promesas como la de una tierra por herencia o una gran posteridad? (Véanse Doctrina y Convenios 131:1–4; 132:20–24, 28–32).
Además de prometerle bendiciones, Dios dijo a Abraham: “S[é] una bendición” (Génesis 12:2; cursiva agregada). ¿Qué crees que significa eso? ¿De qué manera serás tú una bendición? (Véase Abraham 2:11).
Para enseñar sobre los convenios, el élder Dale G. Renlund habló de un gran oleaje en el río Amazonas, y la presidenta Emily Belle Freeman habló de caminar por un sendero con peñas con un tobillo roto (véanse “Cómo acceder al poder de Dios a través de los convenios”, Liahona, mayo de 2023, págs. 35–38; “Caminar con Cristo en una relación por convenio”, Liahona, noviembre de 2023, págs. 76–79). Busca en uno o en ambos mensajes frases que ayuden a responder la pregunta: “¿Por qué quiere Dios que haga convenios con Él?”.
Invita a las personas a enseñarse unas a otras. Si estás enseñando a tu familia o una clase de la Iglesia acerca de los convenios, considera entregar a cada persona una parte del mensaje del élder Renlund o de la presidenta Freeman para que la estudien. Después podrían hablar con el resto de la familia o de la clase sobre lo que aprendieron. Esto permite que las personas testifiquen y aprendan unas de otras, lo cual invita al Espíritu (véase Enseñar a la manera del Salvador, pág. 26).
Véanse también Temas y preguntas, “Convenio abrahámico”, Biblioteca del Evangelio; “Ideas a tener presentes: El convenio”, en este material.
Génesis 14:18–19; Traducción de José Smith, Génesis 14:25–40
Imagina que le estás presentando a Melquisedec a alguien que no lo conoce. ¿Qué dirías? Busca ideas en Traducción de José Smith, Génesis 14:26–27, 33–38 (en el Apéndice de la Biblia); Alma 13:13–19; y Doctrina y Convenios 107:1–4. ¿Qué cualidades semejantes a las de Cristo encuentras en esas descripciones de Melquisedec? ¿Cómo influye tu estudio de la vida de Melquisedec en la forma en que ves el Sacerdocio de Melquisedec?
Génesis 14:18–24; Traducción de José Smith, Génesis 14:36–40
¿Qué aprendes acerca de la actitud de Abraham hacia las riquezas de Génesis 14:18–24 y en la Traducción de José Smith, Génesis 14:36–40 (en el Apéndice de la Biblia)? Por ejemplo, fíjate en su respuesta al rey de Sodoma en Génesis 14:23. ¿De qué manera el obedecer la ley del diezmo ha influido en el modo en que ves el dinero?
Al leer Génesis 16, podrías pensar en alguna ocasión en la que sentiste que se te estaba tratando injustamente, como le sucedió a Agar. Ten en cuenta que “Ismael” significa “Dios escucha”. ¿De qué manera te ha mostrado Dios que te ha escuchado?
Véase también “Secreta oración”, Himnos, nro. 80.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Lee a los niños Abraham 1:18 y 2:8 e invítalos a prestar atención a fin de detectar cuál es la parte del cuerpo que se menciona en ambos versículos. Tal vez podrían jugar un juego en el que un niño cierre los ojos y tú lo lleves de la mano a algún lugar. Luego, podrían hablar de lo que se siente cuando Jesucristo nos lleva de la mano o nos protege.
Quizás a los niños les resulte entretenido representar el relato de Génesis 13:5–12, haciendo de cuenta que son Abraham, Lot y los pastores. ¿Cómo podemos seguir el ejemplo de Abraham de ser pacificadores con nuestros familiares o amigos? Pueden hacer una dramatización de sus respuestas.
Génesis 13:16; Génesis 15:1–6; 17:1–8; Abraham 2:9–11
Considera mostrar a los niños un recipiente con arena, las estrellas del cielo nocturno o la imagen que se encuentra al final de esta reseña. Eso podría ayudarles a entender las promesas de Dios que se encuentran en Génesis 13:16; 15:1–6. Habla sobre la manera en que has aprendido a confiar en las promesas de Dios, aun cuando parecían imposibles.
A fin de enseñar a los niños acerca de los convenios, pídeles que te hablen de alguna ocasión en la que hayan hecho una promesa o alguien les haya hecho una promesa a ellos. Si te resulta útil, comparte algunos ejemplos propios, incluso los convenios que has hecho con Dios al bautizarte o en el templo. ¿Cómo han influido tus convenios en tu relación con Dios? Elige algunas frases de Génesis 15:1–6; 17:1–8 y Abraham 2:9–11 a fin de compartir algunas de las bendiciones que Dios les prometió a Abraham y a Sara.
Para ayudar a los niños a prepararse para hacer un convenio con Dios cuando sean bautizados, podrías utilizar algunas de las ideas de actividades que se sugieren en el apéndice A o en el apéndice B.
Abraham 1:12–17; Génesis 16:7–11
Cuando la vida de Abraham estuvo en peligro, clamó a Dios. Cuando Agar estuvo sola en el desierto, aprendió que Dios la escuchaba. Considera compartir estas dos historias con los niños: “Abraham y Sara” y “Agar”, en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 28–31, 32–33. ¿Qué aprendemos acerca de Dios en esas historias? A continuación, podrían compartir unos con otros experiencias en las que hayan sentido que Dios los escuchó. Alguna canción como “Oración de un niño” (Canciones para los niños, págs. 6–7) podría recalcar este principio.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Sarah and Isaac [Sara e Isaac], por Scott Snow
La vida de Abraham y Sara, que rebosó de acontecimientos tanto desgarradores como conmovedores, evidencia una verdad que él aprendió en una visión, a saber, que estamos en la tierra a fin de ser probados “para ver si har[emos] todas las cosas que el Señor [nuestro] Dios [nos] mandare” (Abraham 3:25). ¿Demostrarían Abraham y Sara ser fieles? ¿Seguirían teniendo fe en la promesa de Dios de que tendrían una posteridad numerosa, aun cuando ellos todavía no tenían hijos y ya eran de edad avanzada? Y una vez que hubo nacido Isaac, ¿soportaría la fe de ambos lo inimaginable: el mandamiento de sacrificar al hijo por medio del cual Dios había prometido cumplir el convenio, precisamente?
Abraham y Sara confiaban en Dios, y Él confiaba en ellos (véanse Génesis 15:6; Romanos 4:3). En Génesis 18–23, hallamos ejemplos de la vida de Abraham, de Sara y de otras personas que pueden inspirarnos a pensar en nuestra propia disposición a creer en las promesas de Dios, de huir de la iniquidad sin mirar atrás jamás y de confiar en Dios a pesar de los sacrificios. Al probarnos, Dios también nos ayuda a mejorar.
El Señor ha hecho promesas gloriosas a los fieles, pero a veces las circunstancias de nuestra vida pueden hacer que nos preguntemos cómo sería posible que se cumplan dichas promesas. Es posible que Abraham y Sara se hayan sentido de esa manera. ¿Qué aprendes de las vivencias de ellos? Tal vez sea útil comenzar tu estudio repasando lo que el Señor había prometido en Génesis 17:4, 15–22. ¿Cómo reaccionaron Abraham y Sara? (Véanse Traducción de José Smith, Génesis 17:23 [en Génesis 17:17, nota a al pie de página] y Génesis 18:9–12). ¿Cómo respondió el Señor para ayudarlos a tener más fe en Sus promesas? (Véase Génesis 18:14).
¿Qué hallas en estos versículos que fortalezca tu fe? ¿Qué otras experiencias, tanto en tu vida como en la vida de otras personas, han fortalecido tu fe en que el Señor cumplirá las promesas que ha hecho en Su propio tiempo y a Su propia manera? También podrías meditar sobre cómo puedes conservar tu fe cuando las bendiciones prometidas no se reciben en esta vida. ¿Qué consejo encuentras en Hebreos 11:8–13 y en el mensaje del presidente Russell M. Nelson “Cristo ha resucitado; La fe en Él moverá montes”? (Liahona, mayo de 2021, págs. 101–104).
Véase también Doctrina y Convenios 88:68.
¿Qué lecciones aprendes en cuanto a huir de la iniquidad al leer sobre Lot y su familia? Por ejemplo, ¿qué te llama la atención de lo que dijeron e hicieron los ángeles para ayudar a Lot y a su familia a escapar de la destrucción? (Véase Génesis 19:12–17). ¿De qué modo te ayuda el Señor a ti y a tu familia a huir o a buscar protección de las influencias malignas que hay en el mundo? Piensa en situaciones en las que podrías sentirte tentado a “mir[ar] atrás” (versículo 26) cuando deberías estar mirando hacia adelante con fe en el Salvador. ¿Qué aporta Lucas 9:62 a tu entendimiento de ese concepto?
Véase también la Traducción de José Smith, Génesis 19:9–15 (en la Guía para el Estudio de las Escrituras).
El élder Jeffrey R. Holland enseñó lo siguiente:
“Aparentemente, lo malo que hizo no fue solo mirar atrás, sino que lo que su corazón deseaba era volverse atrás. Parece que aun cuando ya había salido de los límites de la ciudad, echaba de menos lo que Sodoma y Gomorra le habían ofrecido […].
“Es posible que la esposa de Lot haya mirado atrás con resentimiento hacia el Señor por lo que Él le mandaba dejar tras de sí […]. Así que no se trata de que ella mirara atrás, sino de que haya mirado con ansia de volver; en suma, su apego al pasado tuvo en ella una influencia mayor que su confianza en el futuro. Aparentemente, eso fue al menos parte de su pecado […].
Les ruego que no insistan en el recuerdo de los días que no volverán ni en un vano anhelo del ayer, por muy bueno que ese ayer haya sido. El pasado es para aprender de él, pero no para vivir en él. Miramos atrás con el deseo de reclamar las brasas de las experiencias radiantes, pero no las cenizas. Y una vez que hayamos aprendido lo que tengamos que aprender y que guardemos con nosotros lo mejor de lo que hayamos experimentado, entonces miremos adelante y recordemos que la fe siempre señala hacia el futuro […].
“Esa insistencia en volver a la vida pasada, incluso a los errores cometidos tiempo atrás, simplemente no es buena. No es el Evangelio de Jesucristo […].
“A los de toda generación […] les digo: ‘Acordaos de la mujer de Lot’ [Lucas 17:32]. La fe es para el futuro. La fe pone los cimientos en el pasado pero nunca anhela quedarse allá. La fe confía en que Dios tiene grandes cosas reservadas para cada uno de nosotros y en que Cristo es en verdad el ‘sumo sacerdote de las cosas buenas por venir’ (Hebreos 9:11)” (véase “Lo mejor aún está por venir”, Liahona, enero de 2010, págs. 17–18, 20, 21).
Aunque no conocemos todas las razones por las que Dios mandó a Abraham que ofreciera a Isaac en sacrificio, sí sabemos que fue una prueba a su fe en Dios. También sabemos que fue “una semejanza de Dios y de su Hijo Unigénito” (Jacob 4:5). Al leer Génesis 22:1–19, podrías buscar símbolos o semejanzas entre la ofrenda de Isaac de Abraham y la ofrenda del Padre de Su Hijo, Jesucristo. Si lo deseas, escribe lo que encuentres en un cuadro como el siguiente:
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Abraham e Isaac |
El Padre Celestial y Jesucristo |
|---|---|
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Isaac era el hijo unigénito de Abraham y Sara (Génesis 22:2; véase también Hebreos 11:17) |
Jesús es el Unigénito del Padre (Juan 3:16) |
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Abraham debía ofrecer a Isaac en lugar de un cordero (Génesis 22:7–9) |
Jesucristo es el Cordero de Dios (Juan 1:29) |
¿Qué símbolos o semejanzas con el sacrificio expiatorio del Salvador te parecen más significativas? Considera cantar o leer la letra de un himno que demuestre el amor del Padre Celestial por nosotros, tal como “El Padre tanto nos amó”, Himnos, nro. 112. También podrías anotar tus sentimientos acerca del Padre Celestial y Jesucristo y del sacrificio que Ellos hicieron por ti.
Si deseas estudiar más acerca del sacrificio de nuestro Salvador, considera leer el mensaje del presidente Jeffrey R. Holland titulado “He aquí el Cordero de Dios” (Liahona, mayo de 2019, págs. 44–46). ¿Por qué el cordero es un símbolo tan elocuente del Hijo de Dios? ¿Qué enseñó el presidente Holland que aumente tu reverencia por la dádiva del Padre Celestial?
Véase también “Akedah (La atadura)” (video), Biblioteca del Evangelio.
Utiliza ayudas visuales para enseñar. Para agregar diversidad en la enseñanza y el aprendizaje, podrías utilizar una o más de las imágenes de esta reseña a medida que estudies los relatos de Génesis 18–23. Por ejemplo, tú y tu familia o clase podrían observar los detalles de las láminas de Abraham e Isaac. Hablen acerca de por qué esos detalles son importantes para el relato y búsquenlos en las Escrituras. ¿Cómo recalcan los detalles el simbolismo sobre el sacrificio del Hijo de Dios que contiene el relato?
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Génesis 17:15–21; 18:14; 21:1–7
Para aprender acerca de la confianza de Abraham y Sara en las promesas de Dios, los niños y tú podrían hablar de alguna ocasión en la que hayan tenido que esperar algo que deseaban mucho. A continuación, podrían mirar la imagen de Sara e Isaac que se encuentra al comienzo de esta reseña y hablar sobre la promesa que Dios les hizo a ella y a Abraham (véase también “Abraham y Sara”, en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 28–31). Ayuda a los niños a pensar en cosas que Dios nos ha prometido si somos fieles. Anímalos a ser pacientes y a confiar en que Dios cumplirá Sus promesas.
A fin de ayudar a los niños a aprender la importante verdad de Génesis 18:14, podrías escribir cada palabra de la primera oración de ese versículo en diferentes trozos de papel. Luego mezcla los papeles e invita a los niños a poner en orden las palabras. Los niños y tú podrían leer Génesis 17:15–21; 21:1–7 para ver un ejemplo de algo que parecía imposible que el Señor haya hecho. Comparte con los niños tu fe en que el Señor cumplirá Sus promesas, aunque parezcan imposibles o lleven mucho tiempo.
Pregunta a los niños en cuanto a situaciones en las que alguien podría invitarlos a hacer algo que saben que no está bien. ¿Cómo “huiríamos” de esas situaciones? Para resumir Génesis 19:15–26, explica que la familia de Lot vivía en una ciudad muy inicua y que unos ángeles les advirtieron que partieran. Mientras los niños y tú leen juntos los versículos 15–17, 26, pregúntales qué podría significar para nosotros en la actualidad “escapa[r]” del mal y “no mir[ar] tras [nosotros]” (versículo 17).
Utilizar imágenes de Abraham e Isaac y de la Crucifixión (véase Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 9, 57) puede ser útil para los niños a fin de comparar el relato de Génesis 22 con el sacrificio del Salvador (véase Mateo 27:26–37). ¿Qué podemos aprender sobre el Padre Celestial y Jesucristo por medio de los relatos de Abraham e Isaac y de la Crucifixión? (Véase también “Abraham e Isaac”, en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 34–37).
¿Se te ocurre algún juego sencillo para jugar con los niños en el que tengan que seguir indicaciones? Las indicaciones podrían conducir a alguna imagen del Salvador que hayas ocultado. El juego podría dar pie a una conversación sobre las cosas que el Padre Celestial nos ha mandado hacer para poder vivir con Él y con Jesucristo de nuevo. Consideren cantar juntos alguna canción como “Siempre obedece los mandamientos” (Canciones para los niños, págs. 68–69). La hoja de actividades de esta semana podría ser útil también.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
La Casa de Israel
En algún lugar del desierto al este de Canaán, Jacob aguardaba nerviosamente el encuentro con su hermano mellizo, Esaú. La última vez que Jacob había visto a Esaú, unos veinte años antes, este quería matarlo. Jacob había pasado toda la noche suplicando a Dios, en busca de una bendición. Como resultado de su fe, persistencia y determinación, Dios contestó sus oraciones. Aquella noche, el nombre de Jacob se cambió a Israel, que significa “él persevera con Dios” (Génesis 32:28, nota b al pie de página).
Esta es la primera ocasión en que el nombre Israel aparece en la Biblia, pero luego su uso es constante a lo largo del libro, y también a lo largo de la historia. Pronto, el nombre se convirtió en algo más que la referencia a tan solo un hombre. Israel tuvo doce hijos, y a sus descendientes se les conoció colectivamente como la “Casa de Israel”, las “tribus de Israel”, los “hijos de Israel” o los “israelitas”.
A lo largo de la historia, para los hijos de Israel cobró gran importancia su linaje en alguna de las doce tribus de Israel. El linaje era una parte importante de su pertenencia al convenio. El apóstol Pablo proclamó que pertenecía a “la tribu de Benjamín” (Romanos 11:1). Cuando Lehi envió a sus hijos a Jerusalén para obtener las planchas de bronce, una de las razones era que las planchas contenían “la genealogía de sus padres” (1 Nefi 5:14). Lehi descubrió que era descendiente de José; y el que su posteridad comprendiera su relación con la Casa de Israel demostró ser algo importante para ellos en los años venideros.
En la Iglesia hoy en día, es posible que escuches en cuanto a Israel en expresiones como “el recogimiento de Israel”. Cantamos: “Oh Dios de Israel”, “Juventud de Israel” y “Oh élderes de Israel”. En tales casos, no nos referimos ni cantamos sobre el antiguo reino de Israel, como así tampoco a la nación actual llamada Israel. Más bien, nos referimos a las personas que han sido recogidas de las naciones del mundo en la Iglesia de Jesucristo. Nos referimos a las personas que perseveran con Dios, que buscan fervientemente sus bendiciones y que, por medio del bautismo, han llegado a ser Su pueblo del convenio. En palabras del Presidente Russell M. Nelson, ser de Israel significa “dejar que Dios prevalezca en nuestras vidas […], dejar que Dios sea la influencia más poderosa en nuestras vidas”.
Tu bendición patriarcal declara tu vínculo con una de las tribus de la Casa de Israel, lo cual es más que un curioso dato de historia familiar; también tiene que ver con tu presente y tu futuro. Ser parte de la casa de Israel significa que tienes una relación por convenio con el Padre Celestial y con Jesucristo. Significa que tú, al igual que Abraham, has de “se[r] una bendición” para los hijos de Dios (Génesis 12:2; Abraham 2:9–11). Significa, en palabras de Pedro, que “sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Significa que tú “deja[s] que Dios prevalezca”, que eres alguien que “persevera con Dios” al honrar sus convenios con Él.
Esau Sells His Birthright [Esaú vende su primogenitura], por Glen S. Hopkinson (detalle)
¿Cómo procuramos recibir alguna bendición de Dios? Se podría decir que el relato de Jacob, nieto de Abraham y Sara, es el relato de un hombre que aprendió la respuesta a esa pregunta. En una cultura en la que el primogénito recibía la bendición de la primogenitura, Jacob nació en segundo lugar, tomado del talón de su hermano mellizo, Esaú. El nombre “Jacob” significa “suplantador”, alguien que reemplaza a otra persona. Jacob hizo honor a ese nombre al intentar, más de una vez, suplantar a Esaú como heredero de la bendición de la primogenitura porque Esaú no era digno de ella (véase Génesis 25:30–34; 26:34–35; 27:36). Como resultado hubo discordia en la familia, y Jacob tuvo que huir al desierto para salvar su vida.
Años más tarde, Dios mandó a Jacob que regresara a casa. En el camino, Jacob, con humildad, buscó de nuevo una bendición de Dios. Las Escrituras describen ese momento como una “luch[a]” para Jacob, y él declaró que no se daría por vencido “si no me bendices” (Génesis 32:26). Entonces vino la lección y la bendición. Dios cambió el nombre de Jacob a Israel, que significa, entre otras cosas, “que Dios prevalezca”. Israel aprendió que para recibir las bendiciones más valiosas de Dios, las bendiciones de Sus convenios, no es necesario suplantar a otra persona. Sus bendiciones no se compran, ni se arrebatan, ni se ganan. Él las da liberalmente a todos los que viven a la altura del nombre de Israel, quienes permiten que Dios prevalezca en sus vidas.
Mientras lees Génesis 24, pregúntate por qué Abraham consideraba que el matrimonio de su hijo Isaac era tan importante. ¿Por qué el matrimonio es importante para Dios?
¿Qué cualidades encuentras en Rebeca que contribuirían a tener un matrimonio y una familia fuertes? (Véanse especialmente los versículos 15–28, 57–61).
Véase también Temas y preguntas, “Matrimonio”, Biblioteca del Evangelio.
En la cultura de Isaac y Rebeca, el hijo mayor recibía la primogenitura, lo que significaba una herencia más grande, junto con mayores responsabilidades en el cuidado de la familia. Al leer Génesis 25:29–34, medita en la razón por la que Esaú pudo haber estado dispuesto a renunciar a su primogenitura a cambio de comida. ¿Qué lecciones encuentras en este relato que sean útiles para ti? Podría ser útil hacer dos listas: (1) Bendiciones eternas que Dios desea darte y (2) Cosas del mundo que podrían distraerte de ello. Después, podrías leer el pasaje, reemplazando la palabra “primogenitura” por algo de la primera lista, y la palabra “potaje” y “guisado” por algo de la segunda. ¿Qué harás para centrarte en el Salvador y en las bendiciones eternas de Su Evangelio?
Véanse también Mateo 6:19–33; M. Russell Ballard, “Recuerden lo más importante”, Liahona, mayo de 2023, págs. 105–107.
Mientras dormía sobre una almohada de piedras, Jacob tuvo un sueño que le cambió la vida. Fue una experiencia tan sagrada que Jacob llamó al lugar Bet–el, es decir, “casa de Dios”, y declaró: “Ciertamente Jehová está en este lugar” (Génesis 28:16).
Al leer Génesis 28, podrías preguntarte qué hizo que esa experiencia fuera tan sagrada para Jacob. ¿Qué situaciones estaba atravesando en ese momento? ¿Cómo se habría estado sintiendo? También podrías buscar palabras y frases en los versículos 10–22 que te recuerden la Casa del Señor. ¿Qué impresiones recibes en cuanto a Dios, Su casa y Sus convenios?
Al final de esta reseña hay una pintura que representa el sueño de Jacob; podrías observarla a medida que leas. Si tuvieras que crear tu propia representación artística de su sueño, ¿qué harías? ¿Qué verdades del relato tratarías de representar?
El himno “Más cerca, Dios, de ti” (Himnos, nro. 50) se basó en la experiencia de Jacob. ¿Qué relación ves entre este himno y Génesis 28:10–22? ¿Cómo nos ayuda el templo a sentirnos más cerca de Dios? Considera buscar respuestas a esta pregunta en el mensaje del presidente Russell M. Nelson titulado “El templo y el cimiento espiritual de ustedes” (Liahona, noviembre de 2021, págs. 93–96). Si lo deseas, también puedes repasar los convenios y las bendiciones de la Casa del Señor en el Manual General, 27.2 (Biblioteca del Evangelio). ¿De qué manera el guardar estos convenios trae el poder de Dios a tu vida?
Sé creativo. Hay muchas maneras de aprender de las Escrituras además de simplemente leerlas. Algunas personas descubren que entienden mejor las Escrituras si hacen dibujos de los relatos. Otros encuentran conocimiento espiritual en la música sagrada relacionada con las Escrituras. No te limites a una sola forma de aprender; mantente dispuesto a probar diversos métodos.
Al leer Génesis 29:31–35 y 30:1–24, busca palabras que describan la misericordia de Dios para con Raquel y Lea. Medita en la manera en que “ha mirado Jehová [tu] aflicción” y “se [ha] acord[ado] Dios de” ti (Génesis 29:32; 30:22).
Al regresar a Canaán, Jacob “tuvo gran temor y se angustió” al pensar en cómo lo recibiría Esaú, su hermano (Génesis 32:7). Al leer Génesis 32–33, medita en tus propias relaciones familiares, quizás especialmente en aquellas que necesiten sanación. Es posible que este relato te inspire a acercarte a alguien. Algunas preguntas como las siguientes podrían orientarte en tu lectura:
¿Cómo se preparó Jacob para encontrarse con Esaú?
¿Qué te llama la atención de la oración de Jacob que se halla en Génesis 32:9–12?
¿Qué aprendes del ejemplo de Esaú en cuanto al perdón?
¿De qué manera puede ayudarnos el Salvador a sanar las relaciones familiares?
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
A fin de resaltar el impresionante ejemplo de bondad de Rebeca, podrías mostrar a los niños la imagen que aparece a continuación o la hoja de actividades de esta semana mientras resumes el relato que se encuentra en Génesis 24:10–21. Es posible que a los niños les resulte entretenido representar la historia. Eso podría conducir a una conversación sobre actos de bondad que los niños y tú hayan visto.
Consideren entonar juntos una canción que hable de la bondad, tal como “La bondad por mí empieza” (Canciones para los niños, pág. 83). Los niños podrían prestar atención a fin de detectar la palabra “bondad” (o una palabra similar) y ponerse de pie cuando la escuchen. ¿Cómo podemos ser bondadosos como Rebeca?
Considera utilizar “Jacob y Esaú” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 38–41) para ayudar a los niños a entender el relato de Génesis 25:21–34. Tal vez los niños podrían imaginar que Esaú les pide un consejo a ellos en cuanto a si debería cambiar su primogenitura por el guisado. ¿Qué le dirían a Esaú?
¿Qué cosas tienen importancia eterna para ti y para los niños? Tal vez podrían buscar imágenes u objetos que representen esas cosas. ¿Cómo podemos mostrarle al Señor que esas cosas son importantes para nosotros?
Al leer juntos Génesis 28:10–22, podrías utilizar una escalera o peldaños (o una imagen como la que se encuentra al final de esta reseña) para hablar de cómo nuestros convenios son semejantes a una escalera. Quizás los niños podrían hacer de cuenta que están subiendo una escalera y en cada escalón, podrían hablar de ocasiones en las que prometemos obedecer a Dios, tal como cuando nos bautizamos, tomamos la Santa Cena o vamos al templo. ¿De qué manera nuestros convenios nos acercan más a Dios?
Para presentar esos versículos, podrías explicar que después de muchos años de resentimientos, Jacob iba a encontrarse de nuevo con Esaú. Lean juntos Génesis 32:6–11. ¿Cómo se sentía Jacob? ¿Qué hizo él para recibir ayuda? Lean juntos Génesis 33:1–4 a fin de descubrir cómo respondió el Señor la oración de Jacob. Si Jacob y Esaú pudieran hablarnos hoy, ¿qué nos dirían para ayudarnos cuando hay contención en nuestra familia?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Joseph and His Brothers [José y sus hermanos], por Sam Lawlor
Sabemos que Dios bendice a las personas que confían en Él y guardan Sus mandamientos, pero a veces no lo parece. A veces las personas que confían en Dios son maltratadas y abandonadas por los miembros de su familia. A veces, las personas que se niegan valientemente a quebrantar la ley de castidad de igual manera son acusadas falsamente. Cuando nos suceden cosas así, podríamos sentirnos tentados a enojarnos con Dios. Tal vez nos preguntemos: “¿Qué sentido tiene tratar de hacer lo correcto si solo parece complicarnos la vida?”.
José, hijo de Jacob, podría haberse preguntado eso. A veces, este hombre fiel prosperaba; en otras ocasiones, parecía que cuanto más fiel era, más dificultades enfrentaba. Pero José nunca dejó al Señor, y el Señor nunca lo dejó a él. Eso no significa que el Señor evitó que le sucedieran cosas malas a José, pero durante todas ellas, “Jehová est[uvo] con él” (Génesis 39:3).
Una y otra vez, la buena fortuna parecía abandonar a José, mas el Señor nunca lo abandonó. Al leer sobre la historia de José, medita en preguntas como estas: ¿Qué hizo José para mantenerse cerca del Señor? ¿De qué manera estaba el Señor “con él”? (Véanse Génesis 39; 40:1–19; 41:9–45). ¿Qué aprendes del relato de José que podría ayudarte a reconocer la presencia del Señor en tu vida?
Podrías hacerte las mismas preguntas en cuanto a tu vida. ¿Qué evidencias has tenido de que el Señor no te ha abandonado en los momentos de prueba? Considera cómo puedes compartir tus experiencias con los miembros de tu familia y con las generaciones futuras (véase 1 Nefi 5:14).
Por supuesto, tendrás otras pruebas en el futuro. ¿Qué puedes hacer ahora para asegurarte de que esas pruebas no te alejen del Señor? Considera escribir una carta para animarte a ti mismo en el futuro a permanecer cerca de Él, pase lo que pase. Podrías incluir ideas de la vida de José o del mensaje del élder D. Todd Christofferson titulado “Nuestra relación con Dios” (Liahona, mayo de 2022, págs. 78–81).
Véanse también Juan 14:18; Romanos 8:28; Alma 36:3; Doctrina y Convenios 121:7–8; “Acompáñame,” Himnos, nro. 99.
José tenía el don de discernir los mensajes del Señor que se transmitían en sueños. ¿Qué aprendes de Génesis 37:5–11; 40:5–8 y 41:14–25, 37–38 en cuanto a recibir revelación del Señor y entenderla? Por ejemplo, ¿qué puedes aprender del ejemplo de José cuando la revelación parece difícil de entender? (Véase Génesis 40:8; 41:16).
Medita en la manera en que el Señor te revela Su voluntad. ¿Qué estás haciendo para actuar de conformidad con la revelación que Él te ha dado? ¿De qué manera estás procurando obtener más guía de Él?
Si José diera consejos sobre cómo resistir la tentación de cometer pecados sexuales, ¿qué crees que diría? Piensa en esto al leer acerca de su experiencia en Génesis 39. Por ejemplo, considera cómo respondería José a inquietudes como estas:
Si nadie más sabe lo que estoy haciendo, ¿cuál es el problema? (Véanse los versículos 8–9).
Trato de resistirme, pero la tentación no parece cesar (véase el versículo 10).
¿Qué debo hacer cuando me encuentro en una situación en la que la tentación es fuerte? (Véase el versículo 12).
¿Cómo explicarías por qué es importante obedecer la ley de castidad? (Véase Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones, págs. 22–29).
El ejemplo de José, por supuesto, se puede aplicar a otros tipos de tentación. Con el ejemplo de José presente, considera hacer un plan para evitar y resistir la tentación. Por ejemplo, podrías pensar en alguna tentación y escribir las situaciones que debas evitar y cómo “huirás” cuando surja la tentación.
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Tentación |
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Situaciones a evitar |
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Plan sobre cómo reaccionar |
Estos son algunos pasajes de las Escrituras que podrían servir de base para tu plan. ¿Qué aprendes de cada uno de ellos sobre cómo el Salvador puede ayudarte a resistir la tentación? Mateo 4:1–11; 1 Corintios 10:13; 1 Nefi 15:23–24; 3 Nefi 18:17–18.
Al trazar tu plan, también podría serte útil pensar en ocasiones del pasado en las que hayas evitado o resistido la tentación con éxito. ¿De qué manera te ayudó el Salvador? (Véase 2 Nefi 4:18–33).
La interpretación que hizo José del sueño de Faraón condujo a algunos consejos muy sabios y prácticos para sobrevivir a una hambruna (véase Génesis 41:15–57). Considera qué mensajes espirituales podría tener el Señor para ti en este relato. ¿Cómo crees que Él desea que te prepares para las dificultades del futuro?
Véase también David A. Bednar, “Con esto los probaremos”, Liahona, noviembre de 2020, págs. 8–11.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Leer acerca de los resentimientos que había en la familia de José podría dar pie a un análisis sobre cómo debemos tratar a los miembros de la familia. Para contar la historia de José y sus hermanos que se encuentra en Génesis 37, podrías utilizar las imágenes de esta reseña o de “Los sueños inspirados de José” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 47–51). Permite que los niños cuenten los detalles que conozcan en cuanto al relato. Podrías pedirles que imaginen que pertenecen a la familia de José. ¿Qué habrían dicho o hecho para ser pacificadores en la familia? Por ejemplo, ¿qué significa “habla[r] pacíficamente” en nuestra familia? (Versículo 4). ¿De qué manera es Jesucristo un pacificador en la familia de Dios?
Génesis 37:18–28; 39:20–23; 41:38
Cuando los niños afronten tiempos difíciles, necesitan saber que el Señor estará con ellos, como estuvo con José. Tal vez podrías ayudarles a hacer una lista de las cosas difíciles que le sucedieron a José (véanse Génesis 37:23–28; 39:20; o “Los sueños inspirados de José” y “José en Egipto”, en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 47–51, 52–56). Después de cada dificultad que encuentren, invita a los niños a repetir: “Jehová estaba con José” (Génesis 39:2).
Tal vez los niños podrían examinar Génesis 39:1–3, 20–23 en busca de todas las veces que aparecen las palabras “Jehová estaba con José” o palabras similares. Déjalos compartir lo que piensan que significa esa frase. ¿Cómo sabemos que el Señor está con nosotros? Compartan unos con otros cómo sintieron que Dios estaba con ustedes durante algún momento difícil.
Esta es una lección práctica que puede ayudar a los niños a seguir el ejemplo de José cuando huyó de la esposa de Potifar: usa dos imanes para representar a Jesucristo y a Satanás. Utiliza un objeto metálico pequeño, como un clip, para representarnos a nosotros y permite que los niños vean cómo la influencia de un imán sobre un objeto metálico es más fuerte cuando acercan el objeto. ¿De qué modo se ilustra esa verdad mediante la experiencia de José que se encuentra en Génesis 39:7–12? ¿Qué podemos hacer para alejarnos del pecado y acercarnos más a Jesús? El video “La tentación se desvanece al buscar a Cristo en todo pensamiento” (Biblioteca del Evangelio) y algún himno como “Señor, te necesito” (Himnos, nro. 49) pueden ayudar con el análisis.
Utilizar música. “Los himnos y otras canciones sagradas pueden ayudar a los niños a sentir el amor de Dios, a sentir el Espíritu y a aprender las verdades del Evangelio. Las melodías, los ritmos y las rimas sencillas les pueden ayudar a recordar verdades del Evangelio en el futuro. Al cantar con los niños, ayúdelos a descubrir y a comprender los principios que se enseñan en las canciones” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 32).
Ayuda a los niños a pensar en las tentaciones que podrían afrontar. Permite que hagan una dramatización de cómo podrían “huir” de esas tentaciones.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Forgiveness [El perdón], por Megan Rieker
Habían pasado unos veintidós años desde que los hermanos de José lo habían vendido como esclavo. José había sufrido muchas pruebas, incluso falsas acusaciones y encarcelación. Cuando por fin volvió a ver a sus hermanos, José era señor de toda la tierra de Egipto y solo el Faraón lo superaba en autoridad. Podría haberse vengado de ellos con facilidad y, teniendo en cuenta lo que le habían hecho a él, aquello hubiera sido comprensible. Sin embargo, José los perdonó. No solo eso, sino que también los ayudó a ver el propósito divino de su sufrimiento. “Dios lo encaminó a bien” (Génesis 50:20), les dijo, ya que el sufrimiento lo colocó en posición de salvar a “toda la casa de su padre” (Génesis 47:12) de la hambruna.
En muchos sentidos, José fue como Jesucristo. A pesar de que nuestros pecados le causaron a Jesús gran sufrimiento, Él nos ofrece el perdón y nos libera a todos de un destino mucho peor que el hambre. Ya sea que necesitemos recibir el perdón o perdonar —en algún momento, todos tenemos que hacer ambas cosas—, el ejemplo de José nos señala al Salvador, la verdadera fuente de sanación y reconciliación.
¿Has notado alguna similitud entre la vida de José y la misión expiatoria de Jesucristo? Para ver algunos ejemplos de estas similitudes, compara:
Génesis 37:3 con Mateo 3:17.
Génesis 45:5–7 con Lucas 4:18.
Génesis 47:12 con Juan 6:35.
¿Qué impresiones recibes sobre el Salvador y Su misión al leer esos pasajes?
Leer en cuanto a cómo José perdonó a sus hermanos las cosas terribles que habían hecho puede inspirarte a pensar en alguien a quien estés luchando por perdonar actualmente. Las siguientes preguntas pueden ayudarte en tanto te esfuerces por poner en práctica este principio:
¿Por qué debe haber sido difícil para José perdonar a sus hermanos? (Para repasar lo que le hicieron, véase Génesis 37). ¿Qué experiencias o actitudes pudieron haberle dado la fuerza a José para perdonar? (Véanse, por ejemplo, Génesis 45:1–15 o 50:15–21).
¿Qué bendiciones se produjeron a raíz de que José perdonó a sus hermanos? Por ejemplo, compara cómo eran las relaciones en la familia de Jacob al comienzo de la historia (véase, por ejemplo, Génesis 37:3–11) con sus relaciones hacia el final de la historia (véanse Génesis 45:9–15; 50:15–21). ¿Qué rumbo distinto habrían tomado las cosas si José no hubiera estado dispuesto a perdonar?
Considera escribir el nombre de alguien que pueda necesitar tu perdón, ya sea que lo haya pedido o no. ¿Qué puedes hacer para invitar el poder sanador del Salvador en esa situación? Si perdonar pareciera demasiado difícil, considera repasar el consejo del élder Gerrit W. Gong en los últimos seis párrafos de su mensaje “Felices y para siempre” (Liahona, noviembre de 2022, pág. 85). ¿Qué encuentras allí que te dé esperanzas de que puedes perdonar?
Véanse también Doctrina y Convenios 64:9–11; “El perdón aligeró mi carga” (video), Biblioteca del Evangelio.
Las bendiciones de Jacob a su posteridad contienen vívidos simbolismos, pero no son fáciles de entender. Afortunadamente, el Evangelio restaurado nos ofrece cierta ayuda. Cuando leas la bendición dada a José, que está en Génesis 49:22–26, lee los siguientes versículos también y presta atención al conocimiento que te proporcionan: 1 Nefi 15:12; 2 Nefi 3:4–5; Jacob 2:25; Doctrina y Convenios 50:44.
Al leer acerca de la bendición de Judá en Génesis 49:8–12, recuerda que Jesucristo era descendiente de Judá. ¿Qué encuentras en estos versículos que te recuerde al Salvador? (Véanse también Apocalipsis 5:5–6, 9; 1 Nefi 15:14–15; Doctrina y Convenios 45:59; 133:46–50).
Leer estas bendiciones podría inspirarte a repasar tu bendición patriarcal o, si no la tienes aún, a recibirla. ¿Qué palabras y frases de tu bendición dirigen tus pensamientos hacia Jesucristo?
Véase también Randall K. Bennett, “La bendición patriarcal: Dirección inspirada del Padre Celestial”, Liahona, mayo de 2023, págs. 42–44.
Aunque tal vez no lo haya visto de forma clara cuando lo estaba atravesando, con el tiempo José pudo contemplar en retrospectiva la adversidad que afrontó en Egipto y ver que “Dios lo encaminó a bien” (Génesis 50:20). Si hubieses podido visitar a José mientras estaba en el foso o en la cárcel, ¿cómo lo habrías consolado? ¿Cómo puede ayudarte Génesis 50:19–21 en los momentos de prueba?
Véanse también Doctrina y Convenios 122; “Qué firmes cimientos”, Himnos, nro. 40.
Al leer Génesis 50:24–25 y la Traducción de José Smith, Génesis 50:24–38 (en el Apéndice de la Biblia), medita por qué habría sido importante para José saber acerca de Moisés y de José Smith con tantos siglos de anticipación. ¿Cómo cumplió José Smith las profecías de José sobre él? (Véanse Doctrina y Convenios 1:17–23; 20:7–12; 39:11; 135:3).
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Podría ser entretenido para los niños representar la historia de cuando José se reencontró con su familia (véase Génesis 42–44). O bien, podrían utilizar “José y la hambruna” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 57–60) o las imágenes de esta reseña para enseñarse el relato el uno al otro. Estas son algunas preguntas que podrían ayudar a los niños a aprender de la historia:
¿Qué hizo José para mostrar amor por su familia? (Véase Génesis 45:4–15).
¿Por qué crees que José perdonó a sus hermanos?
¿Cómo crees que se sintieron los hermanos de José cuando se enteraron de que los había perdonado? ¿Quién hay en tu vida que necesite ser perdonado? ¿Cómo puedes mostrar amor y perdonar?
Al prepararte para enseñar, pregúntate: “¿Qué harán los niños para aprender?”. Por ejemplo, en esta actividad los niños están representando un relato o volviendo a narrarlo. Hacer eso les ayudará a recordar tanto lo que sucedió, como los principios del Evangelio que contiene el relato.
Si lo deseas, tú o los niños podrían compartir alguna experiencia en la que hayan perdonado a alguien o en la que alguien los haya perdonado a ellos. Luego, podrían entonar una canción como “Amad a otros” (Canciones para los niños, pág. 74) o “Saber perdonar” (Canciones para los niños, pág. 52).
Los niños y tú podrían ver la imagen de Jacob bendiciendo a sus hijos al final de esta reseña y analizar lo que está sucediendo (véase Génesis 48:8–9). De ser necesario, explica que Jacob, el padre de José, deseaba dar bendiciones del sacerdocio a su familia. Tal vez podrían compartir unos con otros cualquier experiencia que hayan tenido al recibir ayuda de Dios por medio de una bendición del sacerdocio. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que podríamos pedir una bendición del sacerdocio?
¿Cómo puedes ayudar a los niños a ver al Salvador en el relato de cuando José salvó a su familia de la hambruna? Considera hacer un cuadro con dos columnas tituladas José y Jesucristo. Ayuda a los niños a buscar los siguientes grupos de pasajes de las Escrituras y a llenar el cuadro con lo que José y Jesús tienen en común: Génesis 37:3 y Mateo 3:17; Génesis 37:26–28 y Mateo 26:14–16; Génesis 45:5–7 y Lucas 4:18; Génesis 47:12 y Juan 6:35.
Pregunta a los niños qué significa salvar o rescatar a alguien. Si alguno de ellos tuviera alguna experiencia relacionada con ser salvado o rescatado del peligro, invítalo a compartirla. ¿De qué manera salvó José a sus hermanos? (Véanse Génesis 42:1–3; 45:5–7). A continuación, podrían ver juntos una imagen del Salvador y pedirles a los niños que hablen sobre cómo Jesús nos salva.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Moses and the Burning Bush [Moisés y la zarza ardiente], por Jerry Thompson
La invitación a vivir en Egipto salvó a la familia de Jacob. No obstante, tras cientos de años, sus descendientes fueron esclavizados y aterrorizados por un nuevo faraón “que no conocía a José” (Éxodo 1:8). Habría sido natural que los israelitas se preguntaran por qué Dios permitía que les sucediera eso a ellos, Su pueblo del convenio. ¿Se acordaba Él del convenio que había hecho con ellos? ¿Eran ellos todavía Su pueblo? ¿Podía ver Él lo mucho que estaban padeciendo?
Es posible que haya ocasiones en las que te plantees preguntas similares. Tal vez te preguntes: “¿Sabe Dios por lo que estoy pasando?, ¿escucha mis súplicas de ayuda?”. La liberación de Israel de Egipto contesta esas preguntas con claridad: Dios no olvida a Su pueblo. Él recuerda Sus convenios con nosotros y los cumplirá en Su propio tiempo y a Su propia manera. El Señor declara: “Os redimiré con brazo extendido y con grandes juicios” […]. “Yo soy Jehová vuestro Dios, que os sac[a] de debajo de [vuestras] pesadas cargas” (Éxodo 6:6–7).
Para consultar una reseña del libro de Éxodo, véase “Éxodo” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
¿Qué te llama la atención de las mujeres descritas en Éxodo 1–2? ¿Cómo ayudaron a cumplir el plan de Dios para Su pueblo? ¿Qué te enseñan sus esfuerzos sobre el servicio en la obra de Dios?
Antes de comenzar a leer Éxodo, podrías pensar en alguna dificultad por la que estés pasando, algo de lo que esperas que el Señor te libere. ¿Qué palabras y frases de Éxodo 1–3 se comparan con el cautiverio espiritual u otras cosas que afrontamos en la actualidad? Observa también la forma en que los hijos de Israel procuraron ser liberados y cómo respondió el Señor (véanse, por ejemplo, Éxodo 2:23–25; 3:7–8). ¿De qué modo ha “descendido para librar[te]” el Señor?
A lo largo del libro de Éxodo, también podrías notar algunas similitudes entre Moisés y Jesucristo (véanse Deuteronomio 18:18–19; 1 Nefi 22:20–21). Por ejemplo, ¿qué similitudes ves entre Éxodo 1:22; 2:1–10 y Mateo 2:13–16? ¿O entre Éxodo 24:18 y Mateo 4:1–2? ¿Qué sientes que el Señor desea que comprendas en cuanto a Él mismo y a Su poder?
Buscar los símbolos que testifican de Jesucristo. “Puede encontrar paralelismos entre la vida del Salvador y la vida de los profetas y de otros hombres y mujeres fieles de las Escrituras […]. [Al hacerlo] se revelan verdades acerca del Salvador en lugares que de otro modo habría pasado por alto” (véase Enseñar a la manera del Salvador, pág. 7; véase también Oseas 12:10).
¿Recuerdas alguna ocasión en la que algo te llenó de asombro y te maravillaste? ¿Cómo reaccionaste? ¿Cómo describirías las emociones que sentiste?
Con eso presente, lee Éxodo 3:1–6. ¿Qué te impresiona sobre la experiencia inspiradora de Moisés? ¿Qué hizo Moisés para mostrar reverencia por Dios? ¿qué relación ves entre sus acciones y la reverencia por las cosas sagradas?
La lectura de estos versículos podría inspirarte a pensar en las cosas y los lugares santos en tu vida. ¿Por qué son sagrados para ti? ¿En qué se diferencia la forma en que los tratas de cómo tratas las cosas que son comunes? Para guiarte al reflexionar, podrías consultar la sección titulada “Recordar las promesas” del mensaje del élder David A. Bednar “Preciosas y grandísimas promesas” (Liahona, noviembre de 2017, págs. 91–93). También podrías cantar o escuchar un himno que te inspire a maravillarte, tal como “Asombro me da” (Himnos, nro. 118), y meditar sobre qué es lo que te maravilla del Evangelio.
Por supuesto, aun cuando hayamos tenido experiencias espirituales maravillosas, existe el peligro de actuar frecuentemente demasiado a la ligera en cuanto a las cosas sagradas. ¿Cómo evitas que suceda eso? Estos son dos mensajes que abordan este problema. Elige uno y busca declaraciones que te ayuden: Ulisses Soares, “Maravillado por Cristo y Su Evangelio” (Liahona, mayo de 2022, págs. 115–118); Gérald Caussé, “¿Sigue siendo maravilloso para ustedes?” (Liahona, mayo de 2015, págs. 98–100).
Véanse también Doctrina y Convenios 6:10–12; 63:64.
Hoy en día, nosotros vemos a Moisés como un gran profeta y líder; no obstante, él no se veía a sí mismo de esa manera cuando el Señor lo llamó en un principio. A medida que leas Éxodo 3–4, haz una lista de las preocupaciones de Moisés y la forma en que Jehová respondió a cada una de ellas. ¿Qué encuentras en estos capítulos que pueda inspirarte cuando te sientas poco capaz? ¿En qué ocasiones has visto que Dios te ha dado poder a ti o a otras personas para hacer Su obra?
Véase también “The Church Gives Us Opportunities to Assist in God’s Work” en “Church Organization” en Topics and Questions, Biblioteca del Evangelio.
Puede ser desalentador cuando nuestros esfuerzos sinceros por hacer el bien no parecen funcionar, cuando tratamos de hacer la voluntad del Señor, pero no vemos los resultados que esperábamos. Para conocer una experiencia similar que tuvo Moisés, lee Éxodo 5:4–9, 20–23. ¿Cómo ayudó el Señor a Moisés a superar sus sentimientos de desánimo? (Véase Éxodo 6:1–13). ¿De qué modo te ha ayudado el Señor a persistir en hacer Su voluntad?
Véase también Jeffrey R. Holland, “Esperar en el Señor”, Liahona, noviembre de 2020, págs. 115–117.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Debido a que este domingo es el quinto domingo del mes, se alienta a los maestros de la Primaria a que utilicen las actividades de aprendizaje del “Apéndice B: Cómo preparar a los niños para toda una vida en la senda de los convenios de Dios”.
Moisés desempeñó un papel importante en la liberación de Israel del cautiverio, pero no habría podido lograrlo si su madre, su hermana, la hija de Faraón y otras mujeres fieles no lo hubieran protegido y cuidado. Ayuda a los niños a aprender acerca de esas mujeres en Éxodo 1:15–20; Éxodo 2:2–10 (véase también Números 26:59); y Éxodo 2:16–21. También podrías utilizar la hoja de actividades de esta semana y “El bebé Moisés” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 61–63) para narrar sus historias. ¿De qué manera aquellas mujeres ayudaron a llevar a cabo el plan de Dios? Hablen el uno con el otro sobre otras personas a las que admiren y que ayuden en la obra de Dios, incluso de maneras pequeñas y sencillas. ¿Cómo podemos seguir su ejemplo?
Después de leer juntos Éxodo 3:1–5, pide a los niños que resuman esos versículos con sus propias palabras (véase también “Moisés el profeta” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 64–66). ¿Cómo mostró reverencia Moisés en la presencia del Señor? ¿Cómo desea el Señor que mostremos reverencia? También podrías pedir a los niños que te ayuden a buscar (o dibujar) imágenes de actividades o lugares sagrados en los que deberíamos ser reverentes. ¿Qué podemos hacer para que nuestro hogar sea un lugar sagrado?
Entonen juntos una canción que hable sobre la reverencia, tal como “La reverencia es amor” (Canciones para los niños, pág. 12). Al hacerlo, los niños podrían buscar palabras o frases que expliquen lo que significa ser reverente. Si lleváramos a un amigo a la Iglesia por primera vez, ¿cómo le explicaríamos lo que significa ser reverente?
Básense en el relato que se encuentra en Éxodo 3; 4:1–17, y permite que los niños se turnen para hacer de cuenta que son Moisés. Podría ser entretenido incluir objetos o elementos sencillos, como una linterna y una planta para representar la zarza ardiente, por ejemplo. Ayuda a los niños a descubrir cómo se sintió Moisés en cuanto a la labor que el Señor le dio (véanse Éxodo 3:11; 4:1, 10). Tal vez podrían compartir entre ustedes momentos en los que hayan tenido sentimientos similares. ¿Qué consejo podríamos dar a Moisés para ayudarle? Lee sobre la forma en que el Señor alentó a Moisés (véanse Éxodo 3:12; 4:2–9, 11–12). Cuéntales a los niños sobre la manera en que el Salvador te ha ayudado a cumplir con algún llamamiento, a seguir alguna impresión o a hacer otra cosa que te haya resultado difícil.
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Pascua de Resurrección
Ilustración del sepulcro vacío
La vida de Jesucristo “es fundamental para toda la historia de la humanidad” (“El Cristo Viviente: El Testimonio de los Apóstoles”, Biblioteca del Evangelio). ¿Qué significa eso? En parte, significa que la vida del Salvador influye en el destino eterno de todo aquel que haya vivido o que vivirá. También podría decirse que la Resurrección de Jesucristo, en ese primer Domingo de Pascua de Resurrección, conecta a todo el pueblo de Dios a lo largo de la historia, quienes nacieron antes de Su Resurrección miraron anhelosamente y con fe hacia ella (véase Jacob 4:4), y quienes nacieron después, miraron en retrospectiva hacia ella con fe. Al leer los relatos y las profecías del Antiguo Testamento, jamás vemos el nombre Jesucristo, pero sí vemos la evidencia de la fe de los creyentes de antaño en su Mesías y Redentor, y el anhelo que sentían por Él. De modo que nosotros, a quienes se nos invita a recordarlo a Él, podemos sentir el vínculo con quienes lo esperaban a Él. Pues ciertamente Jesucristo ha cargado “la iniquidad de todos nosotros” (Isaías 53:6; cursiva agregada), y “en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:22; cursiva agregada).
Muchos pasajes del Antiguo Testamento señalan al ministerio y al sacrificio expiatorio del Salvador. La siguiente tabla enumera algunos de dichos pasajes. Al leer estos versículos, ¿qué impresiones recibes sobre el Salvador?
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Antiguo Testamento |
Nuevo Testamento |
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Las profecías sobre el Salvador son aún más abundantes y claras en el Libro de Mormón. Piensa en cómo se fortalece tu fe mediante pasajes como estos: 1 Nefi 11:31–33; 2 Nefi 25:13; Mosíah 3:2–11; Alma 7:10–13.
Los profetas de los últimos días continúan dando testimonio especial de Jesucristo y de Su misión expiatoria. Al escuchar la conferencia general este fin de semana de Pascua de Resurrección, presta atención a los testimonios de Cristo que escuches. ¿Qué te enseñan acerca de Él?
La Pascua de Resurrección es una época de gozo, porque es una época para celebrar la Expiación y Resurrección del Salvador. Sin embargo, incluso durante la Pascua de Resurrección, hay muchas personas que no se sienten alegres por diversas razones. ¿Qué puedes hacer para difundir la paz y el gozo del Salvador en esta Pascua de Resurrección?
Una idea consiste en buscar mensajes en las Escrituras sobre la paz y el gozo que Jesucristo ofrece, como estos: Salmo 16:8–11; 30:2–5; Isaías 12; 25:8–9; 40:28–31; Juan 14:27; 16:33; Alma 26:11–22. Considera cómo podrías compartir estos mensajes con otras personas. Por ejemplo, tal vez podrías crear tarjetas de Pascua de Resurrección para compartir, basadas en esos mensajes. Ora para saber quién necesita recibir tu saludo de Pascua de Resurrección. También podrías decidir compartir tus mensajes en las redes sociales, donde muchas personas puedan verlos.
Himnos sobre Cristo y la Resurrección, como “Himno de la Pascua de Resurrección” (Himnos, nro. 121), también pueden ayudarnos a sentir paz y gozo durante la Pascua de Resurrección. Busca frases en el himno que, en tu opinión, comuniquen el gozo de la Pascua de Resurrección.
Véanse también Jeffrey R. Holland, “No como el mundo la da”, Liahona, mayo de 2021, págs. 35–38; S. Mark Palmer, “Nuestra tristeza se convertirá en gozo”, Liahona, mayo de 2021, págs. 88–90.
Esta es una actividad que puede ayudarte a ver las muchas bendiciones que se reciben por medio de Jesucristo y de Su Expiación. Lee los siguientes pasajes de las Escrituras acerca de lo que Jesucristo nos ayuda a vencer. Trata de clasificar los pasajes en estas categorías: pecado, muerte, pruebas y debilidades (algunos pasajes pueden ir en más de una categoría). Al leer, ¿qué impresiones tienes en cuanto al poder del Salvador?
¿Cómo explicarías a un amigo que no sea cristiano por qué Jesucristo es importante para ti? El mensaje del élder Ahmad S. Corbitt “¿Sabe usted por qué yo, como cristiano, creo en Cristo?” (Liahona, mayo de 2023, págs. 119–121).
Véanse también Reyna I. Aburto, “No hay victoria para el sepulcro”, Liahona, mayo de 2021, págs. 85–86; Temas y preguntas, “Expiación de Jesucristo”, “Resurrección”, Biblioteca del Evangelio.
¿Qué aprendes de los siguientes versículos acerca del precio que pagó Jesucristo por tu salvación: Isaías 53:3–5; Mosíah 3:7; Doctrina y Convenios 19:16–19? ¿Qué precio pagó el Padre Celestial? (Véase Juan 3:16).
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
La semana de la Pascua de Resurrección es un buen momento para enseñar a los niños lo que el Salvador hizo por nosotros en Getsemaní y en la cruz. Podrías comenzar mostrándoles las imágenes que aparecen a continuación y pedirles que hablen sobre lo que está sucediendo en ellas. Mientras los niños miran las imágenes, podrías leer versículos que describan esos acontecimientos (véanse Mateo 26:36–46; 27:35–50; Lucas 22:39–46; Juan 19:16–30). Los niños podrían señalar detalles en las imágenes sobre lo que escuchan en los versículos.
¿De qué manera somos bendecidos gracias al sacrificio de Jesús por nosotros? Ayuda a los niños a buscar palabras y frases que respondan esa pregunta en Isaías 53:4–12; Alma 7:11–13; y Doctrina y Convenios 19:16–19. Compartan unos con otros lo que sienten hacia el Salvador luego de haber leído estos pasajes.
Podrías utilizar la hoja de actividades de esta semana u otras imágenes de esta reseña para narrar a los niños el relato de la Resurrección (véase también “Jesús resucita”, en Relatos del Nuevo Testamento, págs. 139–144). Después permite que los niños te cuenten el relato a ti.
Considera cómo ayudarás a los niños a hallar gozo en Cristo en esta Pascua de Resurrección. Por ejemplo, podrían cantar juntos uno de sus himnos favoritos de Pascua de Resurrección, tales como “Cristo ha resucitado” (Himnos, nro. 122) o “Getsemaní” (Himnos — Para el Hogar y la Iglesia, nro. 1009). Para buscar otros himnos o canciones sobre la Resurrección, consulta el índice de temas de Himnos y de Canciones para los niños. Los niños y tú podrían hablar de por qué les gustan esas canciones y cómo se sienten cuando las cantan. ¿Qué nos enseñan estas canciones en cuanto al Padre Celestial y Jesucristo?
Los niños pueden sentir el Espíritu, pero tal vez necesiten ayuda para reconocer Su influencia “Enseñe a los niños acerca de las diferentes maneras en que el Espíritu se comunica con nosotros. Ayúdeles a reconocer Su voz a medida que Él les habla. Esto les ayudará a desarrollar el hábito de buscar y actuar de acuerdo con la revelación personal a lo largo de sus vidas” (Enseñar a la manera del Salvador, págs. 32–33). Por ejemplo, al entonar canciones sobre el Salvador con los niños, miren imágenes de Él o lean relatos sobre Él, compartan unos con otros los sentimientos espirituales que tengan.
La Biblioteca del Evangelio tiene una serie de videos sobre la Pascua de Resurrección que los niños podrían disfrutar. Quizás podrías permitirles que elijan uno para verlo. Pregúntales qué aprenden acerca de Jesucristo en el video. También podrías pedirles que resuman el mensaje del video en una sola oración.
Cuando tú y tus hijos vean juntos la conferencia general este fin de semana de Pascua de Resurrección, ayúdalos a notar cuándo los testigos especiales del Salvador dan testimonio de la Resurrección. Tal vez podrías hacer de ello un juego: invítalos a ponerse de pie cada vez que escuchen palabras como Pascua, Expiación o Resurrección. Compartan el uno con el otro por qué están agradecidos por los testimonios del Salvador de los profetas vivientes.
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Ilustración de Moisés y Aarón en la corte de Faraón, por Robert T. Barrett
Aunque a Egipto lo asolaba una plaga tras otra, Faraón aún se negaba a liberar a los israelitas. Sin embargo, Dios siguió demostrando Su poder y brindó oportunidades a Faraón de aceptar “que yo soy Jehová” y “que no hay otro como yo en toda la tierra” (Éxodo 7:5; 9:14). Mientras tanto, Moisés y los israelitas deben haber observado con asombro aquellas manifestaciones del poder de Dios a su favor. Ciertamente, esas constantes señales confirmaban su fe en Dios y fortalecían su disposición a seguir al profeta de Dios. Entonces, después de que nueve plagas terribles no hubieran logrado liberar a los israelitas, la décima plaga, la muerte de los primogénitos, incluso el primogénito de Faraón, fue lo que puso fin a la cautividad; lo cual parece apropiado, ya que en todo caso de cautiverio espiritual solo existe una manera de escapar. Es solo el sacrificio de Jesucristo, el Primogénito, la sangre del Cordero sin mancha, lo que nos salvará.
Ojalá tu voluntad nunca se oponga a la voluntad de Dios, como la de Faraón. Aun así, todos tenemos momentos en los que nuestro corazón no es tan blando como debería ser. ¿Qué te llama la atención de las respuestas de Faraón a las plagas en Éxodo 7:14–25; 8:5–32; 9:1–26; 10:12–29; 12:29–33? Observa la aclaración en la Traducción de José Smith de Éxodo 7:3, 13; 9:12. en las notas al pie.
¿Por qué la palabra “endurecer” describe bien el corazón de Faraón? Piensa en lo que aprendes de estos versículos acerca de tener un corazón blando: 1 Nefi 2:16; Mosíah 3:19; Alma 24:7–8; 62:41; Éter 12:27. Al leer acerca de las consecuencias de la dureza de corazón de Faraón, medita en la condición de tu corazón. ¿Qué cambios te sientes inspirado a hacer?
La única manera de que los israelitas se salvaran de la décima plaga, la cual se describe en Éxodo 11:4–5, era seguir con exactitud las instrucciones que el Señor dio a Moisés en Éxodo 12, que constituyen un rito que se conoce como la Pascua judía. La Pascua judía nos enseña por medio de símbolos que, tal como el Señor libró a los israelitas de la servidumbre en Egipto, también puede librarnos a nosotros del cautiverio del pecado. Para examinar ese simbolismo en Éxodo 12:1–42, podrías utilizar un cuadro como el siguiente:
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Símbolo |
Posibles significados |
El mensaje de Dios para mí |
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El principio de los meses (versículo 2; el Señor mandó a los israelitas que utilizaran ese acontecimiento para marcar el comienzo de su calendario). |
Ese sería un nuevo comienzo para Israel. Ellos debían “nacer de nuevo”. |
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El cordero (versículos 3–5). |
Véanse Juan 1:29; 6:54; 1 Pedro 1:19. |
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La sangre del cordero en los postes y dinteles de las puertas (versículos 7, 13, 23). |
Véanse Mosíah 4:2; Apocalipsis 12:11. |
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Pan sin levadura (versículos 8, 15, 19–20). |
La levadura puede ser un símbolo de corrupción, porque se echa a perder fácilmente. Véanse Mateo 16:6–12; Juan 6:35. |
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Hierbas amargas (versículo 8). |
Un recordatorio de la amargura del pecado y del cautiverio. Véanse Éxodo 1:14; Moisés 6:55. |
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Comer apresuradamente, vestidos para salir (versículo 11). |
Un simbolismo de la urgencia por salir de la cautividad del pecado. Véase Génesis 39:12; 2 Timoteo 2:22. |
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El heridor (versículos 13, 23). |
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Los israelitas fueron liberados (versículos 29–32). |
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¿Qué más encuentras en las instrucciones y los símbolos de la Pascua judía que te recuerden a Jesucristo y a Su Expiación? ¿Qué te dan a entender esos símbolos sobre cómo recibir las bendiciones de Su Expiación?
Venir a Cristo al reconocer los símbolos que testifican de Él. “Se han creado y hecho todas las cosas para que den testimonio de mí”, declaró el Señor (véase Moisés 6:63; véase también 2 Nefi 11:4). En Éxodo 12, símbolos como el cordero, la sangre, los panes sin levadura, los milagros y la liberación señalan a Cristo. “Una vez que entendamos cómo se relacionan con el Salvador, esos objetos pueden enseñarnos acerca de Su poder y Sus atributos” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 7).
Éxodo 12:14–17, 24–27; 13:1–16
El Salvador mandó a los israelitas que observaran la Pascua cada año para ayudarles a recordar que Él los había liberado, incluso después de que su cautiverio se convirtiera en un recuerdo lejano. Al leer Sus instrucciones, que están en Éxodo 12:14–17, 24–27 y 13:1–16, piensa en lo que estás haciendo para recordar las bendiciones de Dios para ti. ¿Cómo puedes preservar ese recuerdo “durante [tus] generaciones”? (Véase Éxodo 12:14, 26–27).
¿Qué similitudes ves entre la festividad de la Pascua judía y la Santa Cena? ¿Qué puedes hacer para “recorda[r] siempre” a Jesucristo? (Moroni 4:3; 5:2).
Si lo deseas, puedes reflexionar sobre otras cosas que el Señor desea que recuerdes; véanse, por ejemplo, Helamán 5:6–12; Moroni 10:3; Doctrina y Convenios 3:3–5, 10; 18:10; 52:40.
Véanse también Kevin W. Pearson, “¿Aún están dispuestos?”, Liahona, noviembre de 2022, págs. 67–69; “Nos reunimos, Padre, hoy”, Himnos, nro. 115.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Las plagas que se describen en Éxodo 7–11 mostraron a los egipcios y a los israelitas que el Señor tiene gran poder. El Señor ayudará a los niños a lo largo de sus vidas cuando tengan fe en Su poder. Para ayudarles a aprender de este relato, podrías entregar a cada niño una hoja de papel dividida en diez secciones e invitarlos a dibujar las plagas que se describen en estos versículos: Éxodo 7:17–18; 8:1–4; 8:16–17; 8:20–22; 9:1–6; 9:8–9; 9:22–23; 10:4–5; 10:21–22; 11:4–7 (véase también “Las plagas de Egipto” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 67–69). Lean juntos Éxodo 7:5 y 9:14 para explicar por qué el Señor envió las plagas.
Expresa a los niños de qué manera el Señor te ha mostrado “que no hay otro como [Él] en toda la tierra” (Éxodo 9:14). Permite que ellos expliquen cómo saben que el Señor es poderoso.
Para ayudar a los niños a visualizar lo que significa tener un corazón blando, podría ser entretenido mostrarles un objeto que sea duro, como una piedra, y otro que sea suave y absorbente, como una esponja. También podrías verter agua sobre esos objetos para demostrar cuán fácilmente el corazón blando recibe la palabra del Señor. Luego podrían leer juntos algunos versículos que describan cómo reaccionó Faraón a las plagas enviadas por el Señor (véanse Éxodo 8:28–32; 9:7). ¿Cuál de los objetos representa mejor el corazón o la actitud de Faraón? ¿Qué significa tener un corazón blando? (Véase Mosíah 3:19).
Los niños y tú podrían hacer una lista de algunas acciones que podrían demostrar cuando tenemos el corazón endurecido (por ejemplo, usar palabras descorteses o no estar dispuestos a compartir). ¿Cómo podemos demostrarle al Señor que deseamos tener un corazón blando?
La Pascua enseñó a los israelitas a esperar anhelosamente al Salvador y Su sacrificio por nosotros. A medida que examinen juntos Éxodo 12:1–13, ayuda a los niños a ver las conexiones entre los detalles de la Pascua judía y la Expiación de Jesucristo (véase también “La Pascua” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 70–74). Por ejemplo, ¿en qué sentido Jesús es como el cordero que se describe en el versículo 5?
En la actualidad, tomamos la Santa Cena para recordar el sacrificio de Jesús. Podrías mostrar a los niños una imagen de la Santa Cena y hablar de cómo esa ordenanza nos ayuda a recordar a Jesucristo. También podrías ayudarles a encontrar la palabra “recordarle” en las oraciones sacramentales (véanse Moroni 4–5). O bien, canten juntos algún himno que les guste sobre la Santa Cena y ayuda a los niños a notar el sentimiento de paz que tienen cuando piensan en el Salvador. ¿Cómo podemos procurar ese sentimiento cuando tomamos la Santa Cena?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Los israelitas estaban atrapados; tenían el mar Rojo a un lado y al ejército de Faraón que avanzaba por el otro. En apariencia, su escape de Egipto duraría poco tiempo. No obstante, Dios tenía un mensaje para los israelitas que deseaba que recordaran durante generaciones: “No temáis […]; Jehová peleará por vosotros” (Éxodo 14:13–14).
Desde entonces, cuando el pueblo de Dios ha necesitado fe y valor, ha contado esta historia. Cuando Nefi quiso inspirar a sus hermanos, dijo: “Seamos fuertes como Moisés; porque él de cierto habló a las aguas del mar Rojo y se apartaron a uno y otro lado, y nuestros padres salieron de su cautividad sobre tierra seca” (1 Nefi 4:2). Cuando el rey Limhi quiso que su pueblo cautivo “levanta[ra] [la] cabez[a] y [se] regocija[ra]”, les recordó ese mismo relato (Mosíah 7:19). Lo mismo hizo Alma cuando quiso testificar a su hijo del poder de Dios (véase Alma 36:28). Y cuando nosotros nos sintamos atrapados, cuando necesitemos un poco más de fe para ver “la salvación que Jehová hará”, podemos recordar cómo “salvó Jehová aquel día” (Éxodo 14:13, 30).
Al leer Éxodo 14:1–10, imagina cómo se habrán sentido los israelitas al ver que se acercaba el ejército de Faraón. Quizás sientas que necesitas de un milagro para sobrevivir a algún desafío difícil que estés afrontando. ¿Qué aprendes en Éxodo 14:13–31 que te inspire a buscar el poder de Dios en tu vida? Medita sobre el modo en que has visto Su poder en el pasado. ¿Qué aprendiste sobre Él de esas experiencias?
Éxodo 15:1–19 es un cántico de alabanza que los israelitas cantaron después de que el Señor dividió el mar Rojo. ¿Qué frases de este cántico te parecen especialmente significativas? Quizás haya un himno que sientas deseos de cantar cuando el Señor ha hecho algo asombroso por ti, tal como “Oh Dios de Israel” (Himnos, nro. 5). Considera cantarlo o escucharlo como parte de tu estudio y tu adoración el día de hoy.
Véase también Doctrina y Convenios 8:2–3.
Éxodo 15:22–27, 16:1–15; 17:1–7
Leer acerca del viaje de Israel podría hacerte pensar en cosas de tu vida que te hayan parecido “amargas”, como las aguas de Mara (véase Éxodo 15:23–27). ¿De qué manera ha hecho el Señor que las cosas amargas de tu vida sean dulces? ¿Qué valor han tenido esas experiencias en tu vida?
Verás más ejemplos de experiencias amargas para los israelitas en Éxodo 16 y 17. Es tentador criticar sus murmuraciones o quejas, pero al leer, piensa si alguna vez has hecho lo mismo. ¿Qué aprendes de las experiencias de los israelitas que pueda ayudarte a murmurar menos y confiar más en Dios? ¿Qué te enseñan estos versículos sobre Dios?
Véase también 1 Nefi 2:11–12.
Dado que todos necesitamos comer, el Señor a menudo compara las cosas espirituales con la comida. Busca Sus lecciones espirituales en las experiencias de los israelitas con el maná en Éxodo 16. Por ejemplo, ¿qué ves en las instrucciones del Señor que se encuentran en Éxodo 16:16, 19, 22–26 que se apliquen a tu nutrición espiritual?
Para descubrir otras lecciones que el Señor tal vez desee que aprendas de este milagro, medita en preguntas como las siguientes:
¿Qué me da el Señor que es como el maná diario que dio a los israelitas?
¿Qué puedo hacer que sea similar a recoger maná?
Puedes encontrar ideas adicionales en uno o más de estos videos: “El pan de cada día: Modelos”, “El pan de cada día: Experiencia” y “El pan de cada día: Cambio” (Biblioteca del Evangelio).
Piensa en otras cosas que haces todos los días, además de comer. ¿Por qué ciertas cosas tienen que hacerse a diario para que sean eficaces? ¿Qué te sientes inspirado a hacer para procurar tener experiencias espirituales a diario?
Véanse también Dieter F. Uchtdorf, “La restauración diaria”, Liahona, noviembre de 2021, págs. 77–80; “Restauración diaria” (video), Biblioteca del Evangelio.
Piensa en el Salvador mientras lees Éxodo 17:1–7. ¿En qué sentido es Jesucristo como una roca para ti? (Véanse Salmo 62:6–7; Helamán 5:12). ¿En qué sentido es como el agua? (Véanse Juan 4:10–14; 1 Corintios 10:1–4; 1 Nefi 11:25).
Busca objetos físicos que testifiquen de Cristo. Siempre que las Escrituras describen cosas que podrían ser símbolos de Jesucristo, como lo hace Éxodo 17:1–7, podría ser una oportunidad para una lección práctica. Mirar o tocar una roca o el agua puede hacer que sea más fácil entender en qué se asemejan esos objetos a Jesucristo. Si puedes incluir a varios de los sentidos en el aprendizaje, este será más memorable y de mayor impacto.
Es posible que haya momentos en tu vida en los que puedas identificarte con Moisés, momentos en los que otras personas dependan de ti pero te “pes[en] las manos” (Éxodo 17:12). Otras veces, podrías ser más como Aarón, Hur y Jetro, quienes sostuvieron a Moisés. Ponte en el lugar de cada una de esas personas mientras lees Éxodo 17:8–16; y 18:13–26, y ve lo que el Señor te enseña acerca de Su obra.
Véanse también Mosíah 4:27; 18:8–9.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Cuando el Señor dividió el mar Rojo, Moisés y los israelitas vieron cuán poderoso es Él. Permite que los niños te ayuden a pensar en una manera divertida de representar el relato de Éxodo 14:5–22 (véase también “La Pascua” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 70–74). Tal vez podrías colocar sillas o mantas y “dividirlas” como el Mar Rojo, y luego podrían compartir unos con otros cómo han visto el poder de Dios en sus vidas.
¿Qué aporta Doctrina y Convenios 8:2–3 a nuestra comprensión de la historia que está en Éxodo 14? Considera contarles en cuanto a alguna experiencia en la que el Espíritu Santo te haya dicho algo en la mente o en el corazón, e invítalos a hablar de sus propias experiencias. También podrían cantar una canción sobre el Espíritu Santo, tal como “Deja que el Espíritu te enseñe” (Himnos, nro. 77).
Tal vez los niños y tú podrían beber algo dulce y algo amargo mientras estudian juntos Éxodo 15:22–25. ¿De qué manera el Salvador ha hecho que las experiencias “amargas” de nuestras vidas sean “dulces”?
Éxodo 15:23–25; 16:14–15; 17:1–6
A medida que los niños y tú lean Éxodo 15:23–25; 16:14–15; 17:1–6, permite que te ayuden a encontrar objetos que contribuyan a relatar cada historia, como una rama (para sanar las aguas de Mara), un frasco o una olla (para llenarlo de maná) y una roca (para el agua de Horeb). ¿Qué nos recuerdan esos relatos acerca de lo que Jesucristo hace por nosotros? Como parte del análisis, podrían leer Mateo 7:24–27; Juan 4:10–14; 6:29–35, 48–51; Helamán 5:12; Doctrina y Convenios 20:77, 79.
Mientras leen Éxodo 17:8–16, podrías invitar a un niño a sostener las manos en alto. Cuando el niño se canse, otros niños podrían ayudar, tal como Aarón y Hur ayudaron a Moisés. ¿Qué nos enseña esta historia sobre cómo podemos ayudar a que el Reino de Dios logre el éxito? También podrían leer Éxodo 18:13–26 y hablar sobre las grandes responsabilidades que tienen las personas que prestan servicio en su barrio. ¿Qué podemos hacer en la actualidad para ayudar a los líderes de la Iglesia, tal como Aarón y Hur ayudaron al profeta Moisés?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Moses and the Tablets [Moisés y las tablas], por Jerry Harston (detalle)
Aunque los hijos de Israel habían murmurado y flaqueado en el pasado, cuando Moisés leyó la ley al pie del monte Sinaí, hicieron este convenio: “Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho y obedeceremos” (Éxodo 24:7). Entonces Dios llamó a Moisés al monte, y le mandó que construyeran un tabernáculo para que “yo habit[e] entre ellos” (Éxodo 25:8).
No obstante, mientras Moisés estaba en la cima del monte aprendiendo cómo los israelitas podrían gozar de la presencia de Dios entre ellos, los israelitas, a su vez, estaban al pie del monte haciendo un ídolo de oro para adorarlo. Poco después de haber prometido “no ten[er] dioses ajenos”, “se […] aparta[ron]” de los mandamientos de Dios (Éxodo 20:3; 32:8; véase también Éxodo 24:3). Fue un sorprendente giro de los acontecimientos, pero sabemos por experiencia que, en ocasiones, la impaciencia, el temor o la duda pueden superar a la fe y al compromiso. Al procurar la presencia del Señor en nuestra vida, resulta alentador saber que Jehová no se dio por vencido con el antiguo Israel y que tampoco se dará por vencido con nosotros ni con las personas que amamos, puesto que es “misericordioso y piadoso, tardo para la ira y abundante en benignidad y verdad” (Éxodo 34:6).
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “En el Antiguo Testamento [en inglés se usa el adjetivo ‘peculiar’ en lugar de ‘especial’], el término hebreo del cual se tradujo la palabra peculiar es segullah, que significa ‘propiedad apreciada’ o ‘tesoro’ […]. Para nosotros, el hecho de que los siervos del Señor nos describan como Su pueblo peculiar es un excelso cumplido” (véase “Los hijos del convenio”, Liahona, julio de 1995, pág. 38). ¿Cómo influyen las palabras del presidente Nelson en la forma en que entiendes Éxodo 19:3–6? ¿En qué forma te ha mostrado el Señor que te atesora?
El Señor dijo a Moisés que los hijos de Israel debían estar preparados antes de poder “recibir a Dios” (Éxodo 19:10–11, 17) y guardar un convenio hecho con Él (véase Éxodo 19:5). ¿Cómo te preparas para las experiencias espirituales, incluidas la Santa Cena y las ordenanzas del templo? ¿Cómo puedes ayudar a otras personas a prepararse? ¿Qué aprendes sobre la preparación en Lucas 6:12–13; Enós 1:2–6 y Alma 17:2–3?
Mientras los israelitas estaban reunidos al pie del monte Sinaí, oyeron la voz de Dios dar los Diez Mandamientos (véase Deuteronomio 4:12–13). Estos, por supuesto, no son los únicos mandamientos de Dios. Hay muchos otros en las Escrituras. Así que, al leer Éxodo 20:1–17, pregúntate por qué Dios hizo hincapié en esos diez en particular. A continuación se presenta una tabla de ejemplo que podrías utilizar al meditar sobre la importancia de los Diez Mandamientos en tu vida:
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Mandamiento |
En otras palabras, el Señor me está pidiendo … |
Bendiciones que se reciben al vivir este mandamiento |
|---|---|---|
¿De qué manera el guardar estos Diez Mandamientos te ayuda a guardar los dos grandes mandamientos que Jesús dio en Mateo 22:34–40?
¿Qué cosas podrías sentirte tentado a poner por encima de Dios? ¿Qué bendiciones has recibido por poner a Dios en primer lugar?
¿Qué le dirían a alguien que diga que los Diez Mandamientos se dieron hace mucho tiempo y no se aplican a nosotros en la actualidad? ¿Qué ejemplos de tu vida compartirías como parte de tu respuesta? ¿Cómo podría el himno “Cuán dulce la ley de Dios” (Himnos, nro. 66) influir en la forma en que explicas los mandamientos de Dios a los demás?
¿De qué manera ha cumplido el Salvador la promesa de Éxodo 20:6 en tu vida?
Véanse también “El gran mandamiento: Amar al Señor”, en Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Ezra Taft Benson, 2014, págs. 41–50; Dallin H. Oaks, “No tendrás dioses ajenos”, Liahona, noviembre de 2013, págs. 72–75; Temas y preguntas, “Mandamientos”, Biblioteca del Evangelio.
Al leer Éxodo 24:3–8, piensa en los convenios que has hecho con Dios. Aunque el convenio de Israel incluía ritos que son diferentes de los que Dios requiere en la actualidad, es posible que notes algunas similitudes. Por ejemplo, en los versículos 4, 5 y 8 se mencionan un altar, el sacrificio de animales y sangre. ¿Qué podrían representar tales cosas y cómo se relacionan con tus convenios?
Trata de ponerte en el lugar de los israelitas: estás en el desierto, Moisés se ha ido por cuarenta días y en tu futuro habrá una confrontación con los cananeos por la tierra prometida (véase Éxodo 32:1–8). ¿Por qué crees que los israelitas querían un ídolo de oro? ¿Qué te resulta inspirador del ruego que Moisés hace a Jehová en Éxodo 33:11–17?
Aunque el pecado de los israelitas era grave, este relato también contiene un mensaje sobre la misericordia y el perdón de Dios. ¿Qué te enseña Éxodo 34:1–10 acerca del Salvador? (Véanse Éxodo 32:30–32; Mosíah 14:4–8; 15:9; Doctrina y Convenios 45:3–5).
El presidente Russell M. Nelson explicó: “En mi juventud estudiaba las listas que otras personas habían recopilado de lo que se podía y lo que no se podía hacer en el día de reposo. No fue sino hasta más adelante que aprendí de las Escrituras que mi conducta y mi actitud en el día de reposo constituían una señal entre mi Padre Celestial y yo [véanse Éxodo 31:13; Ezequiel 20:12, 20]. Con ese entendimiento, ya no necesité más listas de lo que se podía y no se podía hacer. Cuando tenía que tomar una decisión en cuanto a si una actividad era o no era apropiada para el día de reposo, simplemente me preguntaba a mí mismo: ‘¿Qué señal quiero darle a Dios?’. Esa pregunta hizo que mis opciones respecto al día de reposo fueran bien claras” (“El día de reposo es una delicia”, Liahona, mayo de 2015, pág. 130). Medita en qué señal quieres darle a Dios con tu observancia del día de reposo.
Cuando Moisés descendió del monte, traía consigo la ley escrita en tablas de piedra. Tras hallar que los israelitas habían quebrantado su convenio, Moisés quebró las tablas (véanse Éxodo 31:18; 32:19). Luego, Dios mandó a Moisés que hiciera otro juego de tablas de piedra y que las llevara al monte (véase Éxodo 34:1–4). En Traducción de José Smith, Éxodo 34:1–2 (en el Apéndice de la Biblia), se aclara que el primer juego de tablas de piedra contenía las ordenanzas del “santo orden” de Dios, o sea, del Sacerdocio de Melquisedec. El segundo juego de tablas contenía “la ley de un mandamiento carnal”. Se trataba de una ley menor, que era administrada por el “sacerdocio menor” (véase Doctrina y Convenios 84:17–27), la cual tenía como propósito preparar a los israelitas para la ley mayor y para el sacerdocio mayor, a fin de que pudieran entrar en la presencia de Dios.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
¿Cómo podrías hacer que aprender sobre los Diez Mandamientos sea entretenido para los niños? Mientras leen juntos Éxodo 20:3–17, permite que los niños te ayuden a buscar o dibujar una imagen que represente cada uno de los Diez Mandamientos. Luego, los niños podrían turnarse para escoger una imagen y hablar sobre cómo pueden vivir ese mandamiento. A continuación, compartan el uno con el otro cómo el vivir ese mandamiento les brinda felicidad.
También podrían entonar juntos una canción como “Siempre obedece los mandamientos” (Canciones para los niños, págs. 68–69). Ayuda a los niños a encontrar palabras en la canción que les enseñen por qué Dios desea que guardemos Sus mandamientos.
Cuando los niños comparten experiencias espirituales, su testimonio crece. Las preguntas que hagas pueden alentar a los niños a compartir lo que sienten por el Salvador y a expresar en qué forma el vivir el Evangelio los ha bendecido (véase Enseñar a la manera del Salvador, pág. 32). Cuando lo hacen, están dando testimonio Considera cómo pueden hacerlo mientras analizan las bendiciones que se reciben al vivir los Diez Mandamientos.
Ayuda a los niños a aprender las palabras “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12). Podrías explicar que “honrar” a alguien puede significar demostrarle respeto o brindarle felicidad. ¿Qué hizo Jesús para honrar a Su madre terrenal y a Su Padre Celestial? (Véanse Lucas 2:48–51; Juan 19:26–27). Quizás los niños podrían turnarse y representar mediante la actuación maneras en que pueden honrar a sus padres, mientras los demás adivinan lo que estén haciendo.
Es posible que los niños disfruten ver ejemplos de señales, tales como señales de tránsito o carteles en un edificio. ¿Cuáles son los propósitos de esas señales? Luego, los niños podrían buscar la palabra “señal” en Éxodo 31:13, 16–17. ¿Qué dijo el Señor que es una señal entre nosotros y Él? Cuéntale a los niños algunas de las formas en que tú y tu familia tratan de demostrar el amor que le tienen al Señor durante el día de reposo.
Considera utilizar “Moisés en el monte Sinaí” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 77–82) para ayudar a los niños a aprender el relato que se encuentra en Éxodo 32:1–8, 19–24. ¿Por qué estaba mal que los israelitas adoraran una estatua en vez de a Dios?
Podría ser entretenido crear un camino en el suelo (o buscar uno cerca de tu casa) para ilustrar estas palabras de Éxodo 32:8: “Pronto se han apartado del camino”. Mientras andan por el camino, los niños podrían hablar sobre las tentaciones que afrontamos para apartarnos de Dios. ¿Qué nos ayuda a permanecer en el camino de Dios y regresar a él si nos hemos desviado? (Véase Éxodo 34:6–7).
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
El tabernáculo y el sacrificio
Al leer el Antiguo Testamento, a veces encontramos pasajes extensos sobre cosas que claramente eran importantes para el Señor, aunque quizá no nos parezcan relevantes para nosotros de inmediato hoy en día. En Éxodo 25–30; 35–40; Levítico 1–9 y 16–17 vemos algunos ejemplos. Esos capítulos describen en detalle el tabernáculo de Israel en el desierto y los sacrificios de animales que se habían de realizar allí. El tabernáculo era un templo portátil, el lugar de morada de Jehová entre Su pueblo.
Nuestros templos actuales comparten similitudes con el tabernáculo de Israel, pero ciertamente no concuerdan con la descripción que se da de él en Éxodo. Tampoco matamos animales en nuestros templos. La Expiación del Salvador, hace unos dos mil años, terminó con el sacrificio de animales. Sin embargo, a pesar de esas diferencias, hoy en día resulta de gran provecho leer acerca de las formas de adoración del antiguo Israel, especialmente si las vemos como lo veía el pueblo de Dios en el Libro de Mormón: como una manera de “fortalecer su fe en Cristo” (Alma 25:16). Cuando comprendemos el simbolismo del tabernáculo y del sacrificio de animales, podemos obtener entendimiento espiritual que también fortalecerá nuestra fe en Cristo.
Dios declaró el propósito del tabernáculo cuando mandó a Moisés que construyera un tabernáculo en el campamento de los israelitas: para que “yo habit[e] entre ellos” (Éxodo 25:8). En el interior del tabernáculo, el arca del convenio representaba la presencia de Dios; era una caja de madera recubierta de oro que contenía el registro escrito del convenio de Dios con Su pueblo. El arca se guardaba en la sala más sagrada, que estaba en la parte más interna del tabernáculo, separada del resto del lugar por un velo. Este velo puede simbolizar nuestra separación de la presencia de Dios a causa de la Caída, así como nuestro camino de regreso a Él, por medio del Salvador.
Solo sabemos de una sola persona, aparte de Moisés, que podía entrar en el “lugar santísimo” (Éxodo 26:34): el sumo sacerdote. Al igual que los demás sacerdotes, este primero tenía que ser lavado y ungido, y llevaba unas vestiduras sagradas que simbolizaban su oficio. Una vez al año, en el que se llamaba el Día de la Expiación, el sumo sacerdote ofrecía sacrificios a favor del pueblo, antes de entrar él solo en el tabernáculo. En el velo, él quemaba incienso. La nube de humo aromático que ascendía al cielo representaba las oraciones del pueblo elevándose a Dios. Luego el sumo sacerdote pasaba a través del velo llevando la sangre del sacrificio de un animal y se acercaba al trono de Dios, que era simbolizado por el arca del convenio.
Considerando el conocimiento que tienes sobre Jesucristo y Su función en el plan de nuestro Padre Celestial, ¿puedes ver la manera en que el tabernáculo dirige nuestra atención al Salvador? Tal como el tabernáculo y el arca en su interior representaban la presencia de Dios entre Su pueblo, Jesucristo fue la presencia de Dios entre Su pueblo. Al igual que el sumo sacerdote, Jesucristo es el Mediador entre nosotros y Dios el Padre. Atravesó el velo para hacer intercesión por nosotros en virtud de la sangre de Su propio sacrificio.
Algunos aspectos del tabernáculo de Israel pueden parecerte familiares, sobre todo si has ido al templo a recibir tus ordenanzas personales. El templo es la Casa del Señor, Su morada entre Su pueblo. Tal como el Lugar Santísimo del tabernáculo, el salón celestial del templo representa la presencia de Dios. A fin de entrar, primero debemos ser lavados y ungidos. Vestimos prendas sagradas. Hacemos convenios. Oramos en un altar desde el cual las oraciones ascienden a Dios. Y finalmente pasamos a través de un velo a la presencia de Dios.
Quizá la similitud más importante entre los templos modernos y el antiguo tabernáculo es que ambos, si se los entiende correctamente, fortalecen nuestra fe en Jesucristo y nos llenan de gratitud por Su sacrificio expiatorio. Dios quiere que todos Sus hijos entren en Su presencia; quiere “un reino de sacerdotes” y sacerdotisas (Éxodo 19:6). No obstante, nuestros pecados impiden que obtengamos esa bendición, pues “ninguna cosa impura puede morar con Dios” (1 Nefi 10:21). De modo que Dios el Padre envió a Jesucristo, quien es nuestro “sumo sacerdote de las cosas buenas por venir” (Hebreos 9:11). Él nos descorre el velo y faculta a todos los del pueblo de Dios para que puedan “acer[carse] […] confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia” (Hebreos 4:16).
En la actualidad, el propósito de los templos es más que obtener la exaltación para nosotros mismos. Después de recibir nuestras ordenanzas personales y hacer convenios con Dios, podemos representar a nuestros antepasados y recibir las ordenanzas a favor de ellos. En cierto sentido, podemos llegar a ser semejantes al sumo sacerdote de la antigüedad —y al Gran Sumo Sacerdote— al abrirle camino a otras personas hacia la presencia de Dios.
Los principios de la expiación y la reconciliación se enseñan elocuentemente en la antigua práctica del sacrificio de animales, que existía mucho tiempo antes de la ley de Moisés. Adán y Eva ofrecieron sacrificios. Ellos entendieron su referencia simbólica al sacrificio del Salvador y se la enseñaron a sus hijos.
Al parecer, en el Israel de antaño, el simbolismo del sacrificio de animales era especialmente conmovedor durante el Día de la Expiación (“Yom Kippur”, en hebreo). En Levítico 16:30, se indica la necesidad de realizar aquella ceremonia anual: “En este día se hará expiación por vosotros para limpiaros; y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová”. Esto permitía que la presencia de Dios permaneciera entre el pueblo. Aquella Expiación se llevaba a cabo por medio de diversas ceremonias. En una de ellas, se mataba un macho cabrío como ofrenda por los pecados del pueblo, y el sumo sacerdote llevaba la sangre de este al Lugar Santísimo. Después, el sumo sacerdote ponía las manos sobre un macho cabrío vivo y confesaba los pecados de los hijos de Israel, mediante lo cual transfería simbólicamente los pecados al macho cabrío. Luego se expulsaba al animal fuera del campamento de Israel.
En estos ritos, los machos cabríos simbolizaban a Jesucristo, tomando el lugar de las personas pecaminosas. El pecado no se ha de permitir en la presencia de Dios; pero en vez de destruir o expulsar a los pecadores, Dios proporcionaba otra vía: se mataban o se expulsaban machos cabríos en su lugar. “Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades” (Levítico 16:22).
Esos ritos hacían referencia a la forma que Dios ha provisto para llevarnos de regreso a Su presencia: Jesucristo y Su Expiación. El Salvador ha “llev[ado] […] nuestras enfermedades y sufri[do] nuestros dolores”, aun “la iniquidad de todos nosotros” (Isaías 53:4, 6). Él tomó nuestro lugar, dio Su vida para pagar el castigo del pecado y luego conquistó la muerte por medio de Su Resurrección. El sacrificio de Jesucristo fue el “gran y postrer sacrificio; sí, no un sacrificio de hombre, ni de bestia”, sino, más bien, “un sacrificio infinito y eterno” (Alma 34:10). Él fue el cumplimiento de todo aquello a lo que hacían referencia los sacrificios de la antigüedad.
Por esa razón, tras haber terminado Su sacrificio, dijo: “Ya no me ofreceréis más el derramamiento de sangre; sí, vuestros sacrificios […] cesarán […]. Y me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito” (3 Nefi 9:19–20).
Así que, cuando halles pasajes del Antiguo Testamento sobre los sacrificios y el tabernáculo (o el templo, posteriormente) —y verás que hay muchos de ellos—, recuerda que el propósito principal de todo aquello es fortalecer tu fe en el Mesías, o sea, en Jesucristo. Relaciona lo que leas y aprendas con tu adoración en Su casa. Deja que tu corazón y tu mente se tornen a Él. Reflexiona sobre lo que Él ha hecho para llevarte de regreso a la presencia de Dios, y sobre lo que tú harás para seguirlo.
Éxodo 35–40; Levítico 1; 4; 16; 19
Salir de Egipto, aunque fue muy importante, no trajo a efecto de forma plena los propósitos que Dios tenía para los hijos de Israel. Incluso que tuvieran una vida cómoda en la tierra prometida no era el objetivo principal que Dios quería para ellos. Aquellos eran tan solo pasos hacia lo que Él verdaderamente deseaba para Su pueblo: “Santos seréis, porque santo soy yo, Jehová, vuestro Dios” (Levítico 19:2). ¿De qué modo pensaba Dios santificar a Su pueblo luego de haber vivido en cautiverio durante generaciones? Les mandó que establecieran un lugar de santidad en el desierto: un tabernáculo. Les dio convenios y leyes para guiar sus acciones y cambiarles el corazón y les mandó que hicieran sacrificios de animales para enseñarles acerca de la Expiación por sus pecados. Todo aquello tenía el propósito de dirigirles la mente, el corazón y la vida en dirección al Salvador. Él es el verdadero camino a la santidad, tanto para los israelitas como para nosotros. Todos hemos pasado algún tiempo en la cautividad del pecado y a todos se nos invita a dejar atrás el pecado y seguir a Jesucristo, quien ha prometido: “Puedo haceros santos” (Doctrina y Convenios 60:7).
Para consultar una reseña del libro de Levítico, véase “Levítico” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Éxodo 35–40 describe los esfuerzos de los israelitas para construir un tabernáculo, donde las ordenanzas sagradas los ayudarían a llegar a ser un pueblo santo. A medida que leas esos capítulos, busca las cosas que el Señor pidió a Su pueblo que colocaran en el tabernáculo. ¿Qué podrían representar esos objetos? ¿Qué te sugieren en cuanto a aumentar en santidad? Piensa especialmente en el modo en que aquellos objetos dirigen tus pensamientos hacia el Salvador. Quizás este cuadro te sea de ayuda:
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¿Qué objeto encontraste? |
¿Qué podría representar ese objeto? |
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El arca del convenio (Éxodo 37:1–9; 40:20–21) |
(Véase Éxodo 25:20–22; Guía para el Estudio de las Escrituras, “Arca del convenio”) |
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El altar del incienso (Éxodo 40:26–27; véase también Éxodo 30:1, 6–8) |
(Véase Apocalipsis 8:3–4) |
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El candelabro (Éxodo 37:17–24) |
(Véanse Mateo 5:14–16; Juan 8:12) |
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El altar del holocausto (Éxodo 38:1–7; véanse también Éxodo 27:1; 29:10–14) |
(Véase la Guía para el Estudio de las Escrituras, “Sacrificio”) |
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La fuente (lavatorio o pila) de agua (Éxodo 30:17–21) |
(Véanse 2 Crónicas 4:6; Isaías 1:16; Jeremías 33:8) |
Por supuesto que el tan solo estar en lugares santos no nos santifica. En Levítico 19 se describen las leyes y los mandamientos que Jehová dio para ayudar a los israelitas a aumentar en santidad. ¿Qué encuentras en dichos mandamientos que pueda ayudarte a procurar la santidad de parte del Señor? ¿Qué te sientes inspirado a hacer para vivir más cabalmente esos principios?
Véanse también Henry B. Eyring, “La santidad y el plan de felicidad”, Liahona, noviembre de 2019, págs. 100–103; “El Tabernáculo” (video), Biblioteca del Evangelio.
Utilizar música sagrada. La música tiene gran poder para invitar a la influencia del Espíritu y edificar la fe en Jesucristo. Los mensajes que transmiten los himnos usualmente reafirman la doctrina que se encuentra en las Escrituras. Por ejemplo, cantar un himno como “Más santidad dame” (Himnos, nro. 71) puede recalcar algunos de los mensajes que se enseñan en Levítico 19. También puede ayudarte a pensar en lo que significa llegar a ser más santo como el Salvador y a meditar en cómo Él te está ayudando a aumentar en santidad.
En el año posterior a la salida de Egipto, la relación de los hijos de Israel con Jehová podría describirse como inconstante. Sin embargo, cuando leas Éxodo 35:4–35 y 36:1–7, observa cómo respondieron los israelitas al mandamiento de construir el tabernáculo. ¿Qué aprendes de los israelitas que podría ayudarte a servir mejor al Señor?
Puede ser que Él no te pida metales preciosos, lino ni madera para un tabernáculo. ¿Qué te ha dado el Señor y qué te pide que ofrezcas? ¿En qué ocasiones tu “[te] movió a venir a la obra para trabajar en ella”?
Véase también Temas y preguntas, “Sacrificio”, Biblioteca del Evangelio.
Éxodo 40:12–14 hace referencia a las antiguas ordenanzas que también se administran en nuestros días en la Casa del Señor. A continuación, se presentan algunos versículos adicionales que pueden ayudarte a aprender sobre la forma en que esas ordenanzas testifican de Jesucristo:
Lavamiento: Salmo 51:2; Ezequiel 36:25–27
Ponerse vestiduras sagradas: Isaías 61:10; Mateo 22:11–14; Apocalipsis 19:7–8
Unción: Lucas 4:18–19; Hechos 10:38
Es posible que gran parte del libro de Levítico nos parezca extraño a nosotros: sacrificios de animales, ritos relacionados con la sangre y el agua, y leyes que regían pequeños aspectos de la vida. No obstante, tales ritos y leyes tenían como fin enseñar principios con los que estamos familiarizados: el arrepentimiento, la santidad y la Expiación del Salvador. Para buscar esos principios al leer Levítico 1:1–9; 4; 16, considera preguntas como estas:
¿Qué palabras o frases encuentro que me recuerden a Jesucristo y a Su sacrificio expiatorio?
¿Qué aprendo de estos sacrificios sobre el sacrificio del Salvador?
¿Qué tengo en común con las personas que hacían esos sacrificios?
El Señor ya no requiere que se hagan sacrificios de animales, pero el sacrificio sigue siendo un principio importante del Evangelio. Para aprender acerca de los tipos de sacrificios que el Señor sí requiere, estudia 3 Nefi 9:19–20; Doctrina y Convenios 64:34. ¿De qué manera ofreces este tipo de sacrificios? ¿Qué te enseña Moisés 5:7 sobre cómo debes ver tus sacrificios?
Véase también “Ideas a tener presentes: El tabernáculo y el sacrificio”
Al final de esta reseña hay una imagen del tabernáculo de los israelitas en el desierto. Si lo deseas, puedes verla con los niños y preguntarles qué materiales se habrían necesitado para construir el tabernáculo. Luego, podrían leer juntos Éxodo 35:20–29 para averiguar cómo se proporcionaron esos materiales. ¿De qué manera nos ha invitado el Señor a contribuir a la edificación de Su reino?
Considera leer Éxodo 36:1 con los niños a fin de averiguar lo que el Señor dio a Bezaleel y a Aholiab para ayudar a construir el tabernáculo. Luego podrías hablar con los niños sobre lo que sientes que el Señor les ha dado a ellos para ayudar a edificar Su reino. ¿Cómo podemos utilizar eso para bendecir a los demás?
En Éxodo 40:17–34 se enumeran cosas que formaban parte del tabernáculo de los israelitas. Tal vez los niños y tú podrían buscarlas en estos versículos y en la imagen del tabernáculo que está al final de esta reseña. Hablen sobre la forma en que cada parte del tabernáculo podría enseñar en cuanto al Salvador y al Padre Celestial. Por ejemplo, el arca del testimonio podría recordarnos los mandamientos de Dios, el altar podría recordarnos el sacrificio de Jesucristo, etc.
¿Qué lugares santos tenemos en la actualidad que nos ayudan a acercarnos a Jesucristo? Como parte de esa conversación, podrían ver juntos el video “Templos” (Biblioteca del Evangelio). También podrían cantar una canción como “Holy Places” [Lugares santos] (Biblioteca del Evangelio). Compartan qué sienten respecto a los lugares sagrados como el templo.
Los sacrificios de animales que se describen en el Antiguo Testamento tenían como objetivo enseñar a los hijos de Israel en cuanto al perdón por medio de Jesucristo. Considera cómo el leer acerca de esos sacrificios podría enseñar lo mismo a los niños. Podrías mostrar imágenes de Jesucristo en Getsemaní y en la cruz (véanse Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 56, 57) mientras lees Levítico 1:1–4 con los niños. Ayúdales a encontrar palabras o frases que les recuerden el sacrificio de Jesucristo.
También podrían leer juntos 3 Nefi 9:19–20 para averiguar qué se nos manda sacrificar en vez de animales. ¿Qué significa ofrecer al Señor un corazón quebrantado y un espíritu contrito? Véase la Guía para el Estudio de las Escrituras, “Corazón quebrantado” (Biblioteca del Evangelio) para obtener ayuda para responder esta pregunta.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Desierto cerca de la península del Sinaí
Ni siquiera andando a pie se necesitarían cuarenta años para viajar del desierto de Sinaí a la tierra prometida, en Canaán. Sin embargo, ese es el lapso de tiempo que necesitaron los hijos de Israel, no para recorrer la distancia geográfica, sino para recorrer la distancia espiritual; es decir, la distancia entre quiénes eran y quiénes podían llegar a ser como pueblo del convenio de Dios.
El libro de Números describe parte de lo que sucedió durante esos cuarenta años, incluso las lecciones que los hijos de Israel tuvieron que aprender antes de entrar en la tierra prometida. Aprendieron en cuanto a ser fieles a los siervos del Señor (véase Números 12). Aprendieron en cuanto a confiar en el poder del Señor, aunque pareciera que el futuro carecía de toda esperanza (véase Números 13–14). Además, aprendieron que el no tener fe ocasiona daños en lo espiritual, pero también que podían arrepentirse y recurrir al Salvador para ser sanados (véase Números 21:4–9).
Todos somos como los israelitas, en algún aspecto. Sabemos lo que se siente estar en un desierto espiritual, y las lecciones que ellos aprendieron pueden ayudarnos a nosotros a prepararnos para entrar en nuestra tierra prometida: la vida eterna con nuestro Padre Celestial.
Para consultar una reseña sobre el libro de Números, véase “Números” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
En Números 11:11–17, 24–29, observa el problema al que se afrontaba Moisés y la solución que Dios propuso. ¿A qué crees que se refería Moisés al decir: “¡Ojalá que todos los del pueblo de Jehová fuesen profetas […]!”? (Versículo 29). Al meditar en esa pregunta, busca posibles respuestas en el mensaje del presidente Russell M. Nelson titulado “Revelación para la Iglesia, revelación para nuestras vidas” (Liahona, mayo de 2018, págs. 93–96).
Sin embargo, decir que todos podemos recibir revelación no significa que todos podamos liderar al pueblo de Dios como lo hizo Moisés. El evento que se menciona en Números 12 lo deja en claro. ¿Qué advertencias encuentras en este capítulo? ¿Qué crees que el Señor desea que tú comprendas en cuanto a la revelación personal y en cuanto a seguir a Su profeta?
Véanse también 1 Nefi 10:17; Doctrina y Convenios 28:1–7; Dallin H. Oaks, “Dos líneas de comunicación”, Liahona, noviembre de 2010, págs. 83–86.
Céntrate en lo que es más importante. Algunas personas se sienten agobiadas ante las sugerencias de lectura semanal de Ven, sígueme. Al repasar las reseñas, sigue al Espíritu. Considera tus propias necesidades y las de las personas a las que estés enseñando. Comprender y aplicar plenamente un principio en una semana podría ser más útil que leer varios capítulos solo superficialmente.
Algunas personas se sorprenden al saber que Moisés, un líder tan poderoso, quien estuvo delante de Faraón y realizó milagros asombrosos con el poder del Señor, también era “muy manso” (Números 12:3). ¿Qué significa ser manso? Quizá desees estudiar la explicación del élder David A. Bednar en su mensaje: “Mansos y humildes de corazón” (Liahona, mayo de 2018, págs. 30–33); o en “Mansedumbre, manso”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras (Biblioteca del Evangelio).
¿Qué aprendes de los ejemplos de mansedumbre de Moisés en Éxodo 18:13–25; Números 11:26–29; Números 12; Hebreos 11:24–27; y Moisés 1:10–11? También podrías analizar la forma en que el Salvador demostró mansedumbre (véanse Mateo 11:29; 27:11–14; Lucas 22:41–42; Juan 13:4–5). ¿Qué te enseñan estos ejemplos?
Mientras lees Números 13–14, intenta ponerte en el lugar de los israelitas. ¿Por qué crees que querían “volver[se] a Egipto”? (Números 14:3). ¿Cómo describirías al “otro espíritu” que hubo en Caleb? (Números 14:24). ¿Qué te llama la atención sobre la fe de Caleb y Josué, y cómo podrías aplicar sus ejemplos a las situaciones que afrontas?
Los profetas del Libro de Mormón conocían el relato de Números 21:4–9 y entendían su significado espiritual. Lee sus enseñanzas acerca de este relato en 1 Nefi 17:40–41; Alma 33:18–22; y Helamán 8:13–15. Aquí hay algunas preguntas para que medites mientras estudias:
¿Qué podría representar la serpiente de bronce?
¿Qué pueden representar las mordeduras de serpiente?
Los israelitas tenían que “mir[ar] a la serpiente de bronce” (Números 21:9) para ser sanados. ¿Por qué crees que algunas personas se rehusaron a mirar? ¿Alguna vez te ha pasado algo similar?
¿Qué te sientes inspirado a hacer a fin de “mira[r] al Hijo de Dios con fe” más plenamente? (Helamán 8:15).
La lectura de estos pasajes podría recordarte otras ocasiones en las Escrituras en las que las personas necesitaron mantener la mira en Cristo. Por ejemplo, compara el mensaje de Números 21:4–9 con Mateo 14:25–31 y 1 Nefi 8:24–28 (véanse también las ilustraciones al final de la reseña de esta semana). ¿Qué tiende a alejarnos de Cristo? ¿De qué modo bendice Él a las personas que se mantienen centradas en Él?
Véase también: “Tan solo con pensar en Ti”, Himnos, nro. 76.
Cuando Balac, rey de Moab, se enteró de que los israelitas se acercaban, llamó a Balaam, un hombre que era conocido por pronunciar bendiciones y maldiciones. Balac quería que él maldijera a los israelitas. Observa el modo en que Balac trató de persuadir a Balaam (véase Números 22:5–7, 15–17) y piensa en las tentaciones a obrar en contra de la voluntad de Dios que podrías afrontar. ¿Qué te llama la atención de las respuestas de Balaam que se encuentran en Números 22:18, 38; 23:8, 12, 26 y 24:13? Lamentablemente, Balaam finalmente cedió a las presiones y traicionó a Israel (véanse Números 31:16; Judas 1:11). Medita en cómo puedes mantenerte fiel al Señor a pesar de las presiones de los demás.
Pregunta a los niños si recuerdan algunos de los milagros que el Señor efectuó para ayudar a los israelitas (véase “Las plagas de Egipto” y “La Pascua” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 67–74). Luego podrías resumirles Números 11:4–10, haciendo hincapié en que los israelitas habían olvidado sus bendiciones y se quejaban. ¿Qué bendiciones olvidamos a veces?
Mientras cantan o escuchan una canción que hable de la gratitud, tal como “Cuenta tus bendiciones” (Himnos, nro. 157), los niños podrían hacer dibujos de bendiciones que el Señor les ha dado.
Para presentar Números 12, podrías decir a los niños que Jehová estaba descontento con Aarón y María, hermanos de Moisés. Invítalos a leer Números 12:1–8 para averiguar la razón. Considera utilizar el Libro de obras de arte del Evangelio para ayudar a los niños a encontrar ejemplos de personas de las Escrituras que respetaron al profeta del Señor y fueron bendecidas. ¿En qué forma somos bendecidos cuando seguimos al profeta del Señor?
Podrías utilizar “Moisés y la serpiente de bronce” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 83–84, para ayudar a los niños a aprender lo que sucedió en Números 21:6–9. ¿De qué manera la serpiente de bronce es como Jesucristo? (Véase Juan 3:14–15). Es posible que los niños disfruten hacer una serpiente de papel y escribir en ella algunas cosas sencillas que pueden hacer para “mira[r] al Hijo de Dios con fe” (Helamán 8:15).
Los niños más grandes podrían elegir uno de los siguientes pasajes de las Escrituras y compartir cómo amplía su entendimiento del relato: 1 Nefi 17:41; Alma 33:18–20; Helamán 8:13–15; Doctrina y Convenios 6:36.
Resume Números 22:1–18 a los niños, haciendo hincapié en la forma en que Balaam rehusó maldecir al pueblo de Dios, aun cuando Balac, el rey de Moab, le ofreció honra y riquezas. Luego podrías ayudarles a buscar frases que crean que muestran que Balaam quería seguir a Dios en los siguientes versículos: Números 22:18; 23:26; 24:13. Podrían elegir una frase que les guste y escribirla en una tarjeta a fin de ayudarles a recordar obedecer al Señor.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Deuteronomio 6–8; 15; 18; 29–30; 34
Moses on Mount Nebo [Moisés en el monte Nebo], por John Steel, © Providence Collection/bajo licencia de goodsalt.com
El ministerio terrenal de Moisés comenzó en una montaña, cuando Dios le habló desde una zarza ardiente (véase Éxodo 3:1–10). También finalizó en una montaña, más de cuarenta años después, cuando Dios permitió que viera la tierra prometida desde la cumbre del monte Nebo (véase Deuteronomio 34:1–4). Moisés había pasado su vida preparando a los hijos de Israel para entrar en la tierra prometida, y el libro de Deuteronomio contiene sus instrucciones, recordatorios, exhortaciones y súplicas finales para los israelitas. Al leer sus palabras queda en claro que el verdadero objetivo del ministerio de Moisés, es decir, de la preparación que necesitaba el pueblo, no era la supervivencia en el desierto, la conquista de enemigos ni el establecimiento de una nación. Se trataba de aprender a amar a Dios, obedecerle y mantenerse fiel a Él; esa es la preparación que todos necesitamos a fin de entrar en la tierra prometida de la vida eterna. Así que, aunque Moisés nunca pisó la “tierra que fluye leche y miel” (Éxodo 3:8), debido a su fe y su fidelidad sí entró en la tierra prometida que Dios ha preparado para todos los que lo siguen.
Para consultar una reseña de Deuteronomio, véase “Deuteronomio” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Deuteronomio 6:4–7; 8:2–5, 11–17; 29:18–20; 30:6–10, 14–20
La ley de Moisés comprendía muchas ceremonias y ritos exteriores. Como verás en el consejo que da Moisés en Deuteronomio, el Señor también estaba preocupado por el estado interior de Su pueblo: la condición espiritual de su corazón.
En los siguientes pasajes, busca la palabra corazón y medita en lo que podría simbolizar. Podrías pensar en estos pasajes como una especie de revisión espiritual de tu corazón. ¿Qué diagnóstico te darías a ti mismo? ¿Qué tratamientos te recetarías para mejorar la salud espiritual de tu corazón? Anota tus impresiones:
Una manera de organizar tus pensamientos podría ser dibujar un corazón y escribir dentro de él las cosas que el Señor dice que debes tener en el corazón. Luego podrías escribir fuera de él las cosas que deberías mantener fuera de tu corazón.
¿Cómo demuestras que amas a Dios con todo tu corazón? Estudia la sección “Ama a Dios y ama a tu prójimo”, en Para la fortaleza de la juventud: Una guía para tomar decisiones, págs. 10–14.
M. Russell Ballard, “¿Me amas más que estos?”, Liahona, noviembre de 2021, pág. 51–53.
Procura recibir entendimiento espiritual. Ven, sígueme sugiere centrarse en algunos pasajes y principios que se encuentran en las Escrituras, pero no dejes que ello limite tu estudio. Al leer Deuteronomio, tal vez descubras un principio que no se recalque aquí. Permite que el Espíritu te guíe hacia lo que tú necesites aprender.
La mayoría de los israelitas que entrarían en la tierra prometida no había visto las plagas de Egipto ni había cruzado el mar Rojo. Moisés sabía que ellos, y las generaciones futuras, necesitarían recordar los milagros y las leyes de Dios para seguir siendo el pueblo de Dios.
¿Qué consejo encuentras en Deuteronomio 6:4–12, 20–25 que podría ayudarte a recordar las grandes cosas que Dios ha hecho por ti? ¿Qué te sientes inspirado a hacer para que la palabra del Señor “est[é] sobre tu corazón” a diario? (Versículo 6).
También podrías estudiar el mensaje del hermano Jan E. Newman titulado “Preservar la voz del pueblo del convenio en la nueva generación” (Liahona, noviembre de 2023, págs. 36–38) y considerar cómo transmitirás tu fe en Cristo a las generaciones futuras.
Véanse también Deuteronomio 11:18–21; Dale G. Renlund, “Considerad la bondad y la grandeza de Dios”, Liahona, mayo de 2020, págs. 41–44.
Todavía no hemos llegado al día en el que “no habrá mendigo en medio de ti” (Deuteronomio 15:4), así que los principios sobre ayudar a los pobres que se encuentran en Deuteronomio 15 aún tienen relevancia, aunque las prácticas hayan cambiado. Fíjate en lo que los versículos 1–15 enseñan acerca de por qué ayudamos a las personas necesitadas y cuál debe ser nuestra actitud al respecto.
¿Qué significa “abri[r] […] tu mano” a las personas necesitadas? (Versículos 8, 11). ¿Qué aprendes del ejemplo del Señor en cuanto a ayudar a las personas necesitadas? (Véase el versículo 15).
Véase “¿En el mundo he hecho bien?”, Himnos, nro. 141.
Pedro, Nefi, Moroni y el Salvador mismo se han referido a la profecía que está en Deuteronomio 18:15–19 (véanse Hechos 3:20–23; 1 Nefi 22:20–21; José Smith—Historia 1:40; 3 Nefi 20:23). ¿Qué aprendes en cuanto al Salvador en esos versículos? Piensa en lo que has leído acerca de Moisés en las últimas semanas. ¿En qué sentido es Moisés “como” a Jesucristo?
Podría ser interesante comparar las palabras de Moisés en Deuteronomio 29:9 y 30:15–20 con algunas de las últimas enseñanzas que Lehi compartió con su familia en 2 Nefi 2:26–29; 4:4. ¿De qué manera amplió Lehi lo que enseño Moisés? ¿Qué encuentras en esos versículos que te inspire a “escoge[r] […] la vida”? (Deuteronomio 30:19).
Para ayudar a los niños a entender Deuteronomio 6:5, podrías dibujar un corazón, el contorno de un cuerpo y un brazo fuerte. Ellos podrían señalar las ilustraciones cuando tú leas las palabras “corazón”, “alma” y “fuerzas”. ¿Cómo le demostramos al Señor que lo amamos con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas?
Lee con los niños el consejo del Señor a los israelitas de colocar pasajes de las Escrituras donde los puedan ver todos los días (véase Deuteronomio 6:6–9). Esto podría inspirarte a ti y a los niños a pensar en maneras de asegurarse de no “olvidar[se] de Jehová” (versículo 12) y de recordar lo que Él ha hecho por ustedes.
Podrías señalar que Deuteronomio 6:13, 16 y 8:3 ayudaron al Salvador durante un momento importante de Su vida. Para ver cómo, lean juntos Mateo 4:1–10. Luego, podrían compartir unos con otros algunos pasajes de las Escrituras que les hayan ayudado en momentos de necesidad.
A medida que lean juntos Deuteronomio 18:18, ayuda a los niños a entender que el profeta como Moisés de ese versículo es Jesucristo. Tal vez podrían ver ilustraciones de cosas que hizo Moisés y de cosas que hizo Jesucristo, y permitir que los niños las relacionen (véase Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 15, 16, 38, 39). ¿Qué nos ha enseñado nuestro profeta hoy en día acerca del Salvador?
Deuteronomio 29:12–13; 30:8–10
Hablar sobre Deuteronomio 29:12–13 ofrece la oportunidad de que los niños y tú analicen los convenios que harán o que hayan hecho con el Padre Celestial. ¿Qué significa ser el pueblo de Dios? ¿De qué manera nuestras promesas nos convierten en el pueblo de Dios? (Véase el versículo 13; véase también Mosíah 18:8–10).
Si los niños necesitan ayuda para entender lo que es un convenio, sugiéreles que busquen una definición en “Convenio” en la Guía para el Estudio de las Escrituras (Biblioteca del Evangelio). ¿Qué promesas se hicieron Dios y los israelitas el uno al otro en Deuteronomio 30:8–10? ¿Qué promesas hemos hecho nosotros a Dios y qué nos ha prometido Él? (Véase Doctrina y Convenios 20:37, 77). ¿Cómo nos conectan esas promesas con Él? Podrían cantar juntos una canción que hable de los convenios, tal como “Standing on the Promises” [Firme en las promesas] (Biblioteca del Evangelio).
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Los Libros Históricos del Antiguo Testamento
Los libros desde Josué hasta Ester se conocen tradicionalmente como los “Libros Históricos” del Antiguo Testamento. No obstante, eso no significa que no haya otros libros del Antiguo Testamento que tengan valor histórico. Más bien, a los Libros Históricos se les llama así porque el objetivo principal de sus escritores era mostrar la mano de Dios a lo largo de la historia del pueblo de Israel. Su propósito no era explicar la ley de Moisés, como lo hacen Levítico y Deuteronomio. Tampoco era expresar alabanzas ni lamentaciones de forma poética, como sucede en los Salmos y en Lamentaciones. Ni se trataba de registrar las palabras de los profetas, como ocurre en los libros de Isaías y de Ezequiel. En vez de ello, los Libros Históricos narran relatos.
Naturalmente, estas historias se cuentan desde un cierto punto de vista. Así como resulta imposible observar una flor, una roca o un árbol desde varios ángulos a la misma vez, es inevitable que un relato histórico determinado refleje la perspectiva de la persona o del grupo de personas que lo escribe. Dicha perspectiva comprende los aspectos relacionados con la nacionalidad o la etnia del escritor, así como las normas sociales y las creencias propias de su cultura. Comprender eso nos ayuda a entender el que los escritores y compiladores de los Libros Históricos se hayan centrado en algunos detalles determinados, mientras omitían otros. Es probable que hayan llegado a presunciones que otras personas no habrían supuesto, y que hayan arribado a determinadas conclusiones basándose en esos detalles y suposiciones. Incluso podemos ver diferentes perspectivas a lo largo de los libros de la Biblia (y a veces dentro del mismo libro). Cuanto más conscientes seamos de estas perspectivas, mejor podremos entender los Libros Históricos.
Una perspectiva que todos los Libros Históricos del Antiguo Testamento tienen en común es la de los hijos de Israel, el pueblo del convenio de Dios. Su fe en el Señor los ayudó a ver la mano de Él en sus vidas y en los asuntos de su nación. Aunque los libros de historia secular no tienden a ver las cosas de esa manera, dicha perspectiva espiritual es parte de lo que hace que los Libros Históricos del Antiguo Testamento sean tan valiosos para las personas que procuran edificar su propia fe en Dios.
Los Libros Históricos comienzan desde el punto en que termina el libro de Deuteronomio, cuando los años de errar por el desierto de los israelitas estaban por concluir. El libro de Josué narra cómo los hijos de Israel se hallaban listos para entrar en Canaán, su tierra prometida, y describe cómo la toman. Los libros que le suceden, desde Jueces hasta 2 Crónicas, relatan las vivencias de los hijos de Israel en la tierra prometida, desde el momento en que se establecieron allí, hasta la época en que fueron conquistados por Asiria y por Babilonia. Los libros de Esdras y de Nehemías narran el regreso de varios grupos de israelitas a su capital, Jerusalén, décadas después. Por último, el libro de Ester nos da una relación sobre los israelitas que vivían en el exilio bajo el dominio persa.
Y en ese punto es donde termina la cronología del Antiguo Testamento. Quienes leen la Biblia por primera vez, en ocasiones se sorprenden al descubrir que, en efecto, ya han terminado de leer la narración que nos brinda el Antiguo Testamento antes de haber leído poco más de la mitad de sus páginas. Después de Ester, no tenemos mucha información sobre la historia de los israelitas. En lugar de ello, los libros que siguen —en especial los libros de los profetas— transcurren dentro del lapso de tiempo que abarcan los Libros Históricos. Por ejemplo, el ministerio del profeta Jeremías tiene lugar durante los acontecimientos que están registrados en 2 Reyes 22–25 (así como el relato correspondiente que se narra en 2 Crónicas 34–36). Entender eso influirá en el modo en que leerás tanto las narraciones históricas como los libros proféticos.
Al leer el Antiguo Testamento, tal como sucede con cualquier otra narración, es probable que leas sobre personas que hacen o dicen cosas que, desde nuestro punto de vista moderno, parecen extrañas o incluso inquietantes. Es muy factible que así sea, pues los autores del Antiguo Testamento veían el mundo desde una perspectiva que, en muchas formas, es muy diferente de la nuestra. La violencia, las relaciones étnicas y el rol de la mujer son solo algunas de las cuestiones que los escritores de la antigüedad pueden haber visto de manera diferente de como las vemos hoy en día.
Entonces, ¿qué debemos hacer al encontrar pasajes de las Escrituras que parezcan causarnos inquietud? Primero, podría resultar útil considerar el pasaje en un contexto más amplio: ¿cómo se relaciona con el plan de salvación de Dios?, ¿cómo se relaciona con lo que usted sabe sobre la naturaleza del Padre Celestial y de Jesucristo?, ¿de qué modo concuerda con las verdades reveladas en otras Escrituras o con las enseñanzas de los profetas vivientes?, y ¿de qué modo concuerda con lo que el Espíritu te susurra al corazón y a la mente?
En algunos casos, puede suceder que el pasaje parezca no concordar con ninguna de esas cosas; a veces, podría ser como una pieza de rompecabezas [puzle] que, al parecer, no encaja con ninguna de las piezas que ya has armado. No se puede tratar de encajar la pieza por la fuerza, pero tampoco hay que darse por vencido con el rompecabezas. Más bien, es posible que tengas que dejar la pieza a un lado por un tiempo y, a medida que aprendas más y completes más el rompecabezas, podrás ver mejor cómo encajan las piezas.
También puede ser útil recordar que, además de limitarse a una perspectiva particular, los relatos de las Escrituras están sujetos a errores humanos. Por ejemplo, a lo largo de los siglos “se han quitado muchas cosas claras y preciosas de [la Biblia]”, incluso algunas verdades importantes sobre la doctrina, las ordenanzas y los convenios (1 Nefi 13:28; véanse también los versículos 26, 29, 40). Al mismo tiempo, debemos estar dispuestos a admitir que nuestra propia perspectiva también es limitada: siempre habrá cosas que no comprendamos plenamente y preguntas que aún no podamos responder.
Mientras tanto, las preguntas sin responder no tienen por qué evitar que hallemos los preciados tesoros de verdad eterna que se encuentran en el Antiguo Testamento, aun cuando a veces dichos tesoros estén escondidos entre pedregales de vivencias extrañas y de malas decisiones que han tomado personas imperfectas. Es posible que los tesoros más preciados sean los relatos y pasajes que testifiquen del amor de Dios, en especial, aquellos que nos hacen pensar en el sacrificio de Jesucristo. Vistos desde cualquier perspectiva, tales tesoros brillan con tanta luz hoy en día como brillaban en el pasado. Y puesto que estos relatos nos hablan sobre el pueblo del convenio de Dios —es decir, sobre hombres y mujeres que tenían debilidades humanas y, a pesar de ello, amaban y servían al Señor— en los Libros Históricos del Antiguo Testamento abundan los tesoros de verdades.
Moses Ordaining Joshua [Moisés ordena a Josué], por Darrell Thomas (detalle)
Había sido necesario que transcurrieran varias generaciones, pero la promesa de Jehová pronto se cumpliría: los hijos de Israel finalmente heredarían la tierra prometida. No obstante, se les interponían el río Jordán, los muros de Jericó y un poderoso pueblo que había rechazado al Señor (véase 1 Nefi 17:35); y tendrían que afrontar todo eso sin su amado líder Moisés. Tal vez la situación haya hecho que algunos israelitas se sintieran débiles y temerosos, pero Jehová dijo: “Te mando que te esfuerces y seas valiente”. ¿Qué razón tenían para ser valientes? No era debido a su propia fuerza, ni a la fuerza de Moisés ni a la de Josué, sino porque “Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas” (Josué 1:9). Pueden suceder cosas maravillosas cuando en nuestra vida haya ríos que cruzar y muros que derribar, ya que “Jehová hará […] maravillas entre [nosotros]” (Josué 3:5).
Para consultar una reseña del libro de Josué, véase “Josué” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Imagina cómo pudo haber sido para Josué el ser llamado a reemplazar a Moisés. Observa lo que Jehová dijo en Josué 1:1–9 a fin de alentarlo. Piensa en los problemas difíciles que afrontas, ¿qué te da valor en estos versículos?
El nombre Josué (Yehoshua o Yeshua en hebreo) significa “Jehová salva”; y el nombre Jesús proviene de Yeshua. De modo que, al leer acerca de Josué, piensa en su función de guiar a los hijos de Israel a cruzar el río Jordán hacia la tierra prometida. ¿En qué se asemeja su misión a lo que Cristo hace por nosotros?
Al animar a Josué, el Señor le dio consejos en Josué 1:8 acerca de las Escrituras, es decir, el “libro de la ley”. Teniendo en cuenta la gran responsabilidad de Josué, ¿por qué podría haber sido especialmente útil este consejo?
Cuando el Señor nos invita a leer las Escrituras, a menudo utiliza palabras que van más allá de tan solo leerlas. También promete grandes bendiciones. La siguiente tabla puede ayudarte a descubrir esas invitaciones y las bendiciones prometidas:
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Invitación |
Bendiciones prometidas |
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Meditar de día y de noche |
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Prosperar en la tierra |
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Russell M. Nelson, “Escúchalo”, Liahona, mayo de 2020, primer párrafo de la página 90. |
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¿De qué maneras ha cumplido el Señor estas promesas en tu vida? Ahora puede ser un buen momento para evaluar tus hábitos de estudio de las Escrituras. ¿Qué está marchando bien? ¿Qué te sientes inspirado a hacer para tener experiencias más significativas con la palabra de Dios?
Véase también “Al leer las Escrituras”, Himnos, nro. 180.
Los primeros cristianos veían a Rahab como un ejemplo del poder tanto de la fe como de las obras (véanse Hebreos 11:31; Santiago 2:25). Conforme leas Josué 2, piensa en la función que cumplieron la fe y las obras de Rahab para que se salvaran ella, su familia y los espías israelitas. ¿Qué te enseña aquello sobre la forma en que tu fe en Cristo y tus obras pueden influir en ti mismo y en otras personas?
El Señor obró maravillas entre Su pueblo al guiarlo a la tierra prometida, y puede hacer lo mismo por ti. A continuación, figuran algunas preguntas para guiar tu estudio de Josué 3–4:
¿Por qué crees que los israelitas tenían que santificarse antes de cruzar el río Jordán? (Véase Josué 3:5).
Observa que el río se dividió solo después de que “los pies de los sacerdotes […] se mojaron a la orilla del agua” (Josué 3:13, 15). ¿Por qué es importante eso?
Muchos otros acontecimientos significativos ocurrieron en el río Jordán, véanse 2 Reyes 2:6–15; 5:1–14; y Marcos 1:9–11. ¿Qué conexiones ves entre esos acontecimientos?
¿De qué modo el Señor ha obrado “maravillas” en tu vida? (Josué 3:5). ¿Cómo puedes experimentar o reconocer dichas maravillas con más frecuencia? (Por ejemplo, véase Josué 3:17).
Josué 6–8 trata sobre las batallas por las tierras de Jericó y Hai. Mientras lees estos capítulos, piensa en el modo en que luchas contra la tentación en tu vida (por ejemplo, véase Josué 7:10–13). ¿Qué aprendes sobre la manera en que Dios puede ayudarte y sobre lo que tú debes hacer para tener acceso a Su poder? Por ejemplo, ¿qué te llama la atención acerca de las instrucciones de Jehová para tomar Jericó? (Véase Josué 6:1–5). Es probable que el relato que está en Josué 7 te inspire a determinar si hay algún “anatema” en tu vida que debas eliminar (Josué 7:13).
Las enseñanzas finales de Josué a los israelitas que se encuentran en Josué 23–24 incluyen importantes amonestaciones, consejos y bendiciones prometidas. Tal vez podrías hacer una lista de lo que encuentres. Considerando todo lo que los israelitas habían pasado, ¿por qué crees que Josué decidió decirles estas cosas al final de su vida? ¿Qué has encontrado que te inspire a “aferrar[te]” a Jehová? (Josué 23:8).
Véase también Dale G. Renlund, “Escogeos hoy”, Liahona, noviembre de 2018, págs. 104–107.
La siguiente es una manera de ayudar a los niños a “esf[orzarse] y s[er] valientes” (Josué 1:6) por medio de Jesucristo. Invítalos a buscar una frase que se repite en Josué 1:6, 9 y 18, y a escribirla o memorizarla. Ayúdalos a pensar en razones por las que podríamos necesitar ese mensaje, tal como Josué lo necesitó. También podrían repasar juntos algunos de los relatos de Josué 1–4; 6 (véanse también “Josué el profeta” y “Rahab y los espías” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 85–91). ¿Cómo demostraron las personas de esos relatos su valentía y fuerza en el Señor?
Leer Josué 1:8 podría inspirar a los niños a leer las Escrituras por su cuenta. Ayúdalos a encontrar palabras en ese versículo que les enseñen cómo y por qué debemos leer las Escrituras. Podrían buscar esto mismo en 1 Nefi 15:23–24; 2 Nefi 31:20; 32:3; Jacob 4:6 y Helamán 3:29–30. También podrías ayudarlos a idear y poner en práctica un plan para leer las Escrituras.
Podrías utilizar el relato de cuando los israelitas cruzaron el río Jordán como símbolo del bautismo: renunciar a nuestra vida anterior en el desierto y comenzar una nueva en una relación de convenio con Dios. De modo que, al leer juntos Josué 3–4 (o “Josué el profeta” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 85–89), podrían ver una imagen del bautismo de Jesús y explicar que Él fue bautizado en el mismo río que cruzaron los israelitas. Luego, podrían cantar una canción como “El bautismo” (Canciones para los niños, págs. 54–55). Compartan unos con otros cómo el ser bautizado es como comenzar una nueva vida en el reino de Jesucristo.
¿Qué podrías hacer para ayudar a los niños a aprender a escoger seguir a Jesucristo, tal como Josué invitó a los israelitas a hacerlo? Podrías invitarlos a:
Memorizar alguna frase corta de Josué 24:15. Trata de que sea entretenido para los niños. La cantidad de palabras que memoricen puede depender de su edad.
Buscar relatos sobre personas que escogieron servir a Jesucristo. Podrían buscar en la revista El Amigo, en el Libro de obras de arte del Evangelio, o en Relatos del Antiguo Testamento y otros libros de relatos de las Escrituras.
Dramatizar situaciones en las que puedan elegir seguir y servir al Salvador.
Usar una variedad de actividades. “Todos los niños son diferentes y, a medida que crecen, sus necesidades van cambiando. Variar sus métodos de enseñanza les ayudará a satisfacer esas necesidades diversas” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 31).
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
“I Will Surely Go with Thee”—Deborah the Prophetess [“Iré contigo” —Débora, la profetisa], por Des Leavitt
Todos sabemos lo que es cometer un pecado, sentirnos mal por ello, y luego arrepentirnos y tomar la determinación de cambiar nuestro proceder; pero con demasiada frecuencia olvidamos nuestra resolución anterior y, cuando llega la tentación, nos encontramos cometiendo el mismo pecado. Este patrón de conducta aparece con frecuencia en el libro de Jueces. Ante la influencia que ejercían las creencias y costumbres de adoración de los cananeos, a quienes los israelitas tenían el mandato de expulsar de la tierra, estos quebrantaron sus convenios con Jehová y dejaron de adorarlo. Como resultado, perdieron Su protección y cayeron en la servidumbre. Sin embargo, cada vez que aquello ocurría, Jehová le daba a Su pueblo del convenio la oportunidad de arrepentirse y designar un libertador, es decir, un líder militar al que se lo llamaba “juez”. No todos los jueces del libro de Jueces fueron rectos, pero algunos de ellos ejercieron gran fe para liberar a los hijos de Israel y restaurarlos a su relación por convenio con el Señor. Estos relatos nos recuerdan que, independientemente de lo que nos haya apartado de Jesucristo, Él es el Redentor de Israel y siempre está dispuesto a liberarnos y recibirnos de nuevo en tanto nosotros regresemos a Él.
Para consultar una reseña del libro de Jueces, véase “Jueces, libro de los”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
El libro de Jueces puede servir tanto para amonestar como para alentar. Busca esas amonestaciones y ese aliento a medida que leas Jueces 2:1–19; 3:5–12. ¿Cómo crees que se aplican a ti las amonestaciones y el aliento que se brinda?
Por ejemplo, si Jueces 2:19 se refiriera a ti y a tus tentaciones en lugar de a los israelitas de la antigüedad, ¿qué diría? Si Jueces 3:9 hablara de lo que el Señor ha hecho para librarte, ¿qué diría?
Considera leer la pregunta y la respuesta de la página 9 de Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones. ¿Cómo crees que se aplica eso a la experiencia de los israelitas en el libro de Jueces? ¿Qué te enseña en cuanto a Jesucristo?
A veces, la fe de una persona puede inspirar la fe de muchas otras. En Jueces 4, esa persona fue Débora. Lee en cuanto a ella en Jueces 4:1–15 y observa la influencia que tenía en quienes la rodeaban. Estas preguntas son para ayudarte a considerar cómo la experiencia de ella podría aplicarse a tu vida:
¿Cómo describirías las condiciones en las que se encontraban los israelitas en ese momento? (Véanse los versículos 1–3). ¿Qué semejanzas ves con las condiciones actuales, tanto en las personas como en la sociedad?
¿Qué palabras o acciones de Débora te demuestran que tenía fe en Jehová? ¿De qué modo la fe de ella ejerció influencia en otras personas? ¿Qué más te llama la atención de ella?
¿Qué piensas que Débora quiso decir al preguntar: “¿No ha salido Jehová delante de ti?” en el versículo 14? ¿En qué forma sale el Señor “delante de ti”? (Véase también Doctrina y Convenios 84:87–88).
Medita en cómo tu fe en Jesucristo podría bendecir a los demás de la manera en que la fe de Débora bendijo a Barac y a los demás israelitas. A fin de ayudarte a pensar al respecto, podrías estudiar el mensaje del élder Neil L. Andersen titulado “Hablamos de Cristo” (Liahona, noviembre de 2020, págs. 88–91). Busca en el mensaje (1) razones para hablar más abiertamente sobre el Salvador y (2) maneras de hacerlo.
Luego podrías hacer una lista de cosas que sabes acerca de Jesucristo por medio de las Escrituras, de las palabras de los profetas vivientes y de tu experiencia personal. ¿Quién necesita saber esto? ¿Cómo lo compartirás?
Véanse también Mateo 5:14–16; 1 Pedro 3:15; “Quienes nos brindan su amor”, Himnos, nro. 188.
Invitar a compartir. Si eres maestro, ya sea en tu hogar o en la Iglesia, “d[a] a los alumnos oportunidades de compartir entre ellos lo que están aprendiendo acerca del Salvador y Su Evangelio. Eso les ayudará a incorporar y a expresar las verdades que se les enseñen” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 26). Por ejemplo, al estudiar juntos Jueces 4, podrías dar a cada persona a quien enseñes algo específico que deba buscar en el capítulo y luego invitarlas a compartir entre ellas lo que encuentren.
Al leer Jueces 6–8, presta atención a las ocasiones en las que el Señor pidió a Gedeón que creyera algo que podría haber parecido improbable. ¿Alguna vez te ha pedido algo similar a ti?
¿Qué sientes que el Señor está intentando enseñarte con este relato? ¿En qué oportunidades has visto al Señor efectuar Su obra de maneras que parecían improbables?
Sansón perdió tanto su fuerza física como su fortaleza espiritual porque transgredió sus convenios con Dios, incluso los que correspondían específicamente a los nazareos (para obtener información sobre los nazareos, véanse Números 6:1–6; Jueces 13:7). Al leer acerca de Sansón en Jueces 13–16, busca los versículos que muestren que Jehová estaba con Sansón, así como los versículos que muestren que el compromiso de Sansón para con el Señor no era total.
También podrías meditar sobre los convenios que tú has hecho con el Señor. ¿De qué manera esos convenios han traído Su poder a tu vida? ¿Qué aprendes de las experiencias de Sansón que te inspire a mantenerte fiel a tus convenios con Dios?
La hermana Ann M. Dibb enseñó: “Sansón nació con un gran potencial. A su madre se le prometió: ‘él comenzará a librar a Israel de manos de los filisteos’ [Jueces 13:5]. Pero al crecer, Sansón prestó más atención a las tentaciones del mundo que a la guía de Dios; tomó decisiones más bien por lo que ‘agrada[ba] a [sus] ojos’ [Jueces 14:3] que por lo correctas que fuesen esas decisiones. En repetidas ocasiones, las Escrituras usan la palabra ‘descendió’ [Jueces 14:7] al relatar los viajes, las acciones y las decisiones de Sansón. En lugar de levantarse y brillar para cumplir con su gran potencial, Sansón fue vencido por el mundo, perdió el poder que Dios le había dado y murió una muerte trágica y prematura” (“Levantaos y brillad”, Liahona, mayo de 2012, pág. 118).
Véanse también Dallin H. Oaks, “Convenios y responsabilidades”, Liahona, mayo de 2024, págs. 93–96; Ulisses Soares, “Confianza en los convenios por medio de Jesucristo”, Liahona, mayo de 2024, págs. 17–21.
Debido a que este domingo es el quinto domingo del mes, se alienta a los maestros de la Primaria a que utilicen las actividades de aprendizaje del “Apéndice B: Cómo preparar a los niños para toda una vida en la senda de los convenios de Dios”.
En Jueces 3, se describe un modelo que enseña acerca del poder del Salvador para librarnos del pecado. A fin de ayudar a los niños a reconocer ese modelo, podrías escribir estas frases: “hicieron […] lo malo”, “clamaron […] a Jehová” y “levantó un libertador”. Luego, los niños podrían buscar esas frases en Jueces 3:7–9 y Jueces 3:12–15. ¿Qué aprendemos de ese modelo en cuanto al Señor?
Para hacer hincapié en que Jesucristo es nuestro Libertador, podrías reunir varias imágenes de personas, incluso una de Jesús, y colocarlas boca abajo. Permite que los niños se turnen para dar vuelta las imágenes. Cuando encuentren la lámina de Jesús, entonen alguna canción que hable de Él, tal como “Mandó a Su Hijo” (Canciones para los niños, págs. 20–21), y cuéntales cómo Él te ha librado a ti.
Puedes utilizar “Débora la profetisa”, en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 92–95, para narrar a los niños el relato que se encuentra en Jueces 4. Compartan unos con otros lo que admiran de Débora. ¿De qué manera su fe en el Señor bendijo a las personas que la rodeaban? ¿Qué podemos hacer para tener más fe en Jesucristo?
Utiliza Jueces 7:4–7, la hoja de actividades de esta semana o “El ejército de Gedeón” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 96–99, para enseñar a los niños cómo el Señor redujo el tamaño del ejército de Israel. ¿Por qué deseaba Jehová que el ejército de Gedeón fuera tan pequeño? (Véase Jueces 7:2).
Los niños podrían dibujar una espada, un escudo, una trompeta, una antorcha y un cántaro, y hablar sobre cuál de esos objetos querrían en una batalla. Luego, podrían leer Jueces 7:16 para conocer lo que el Señor mandó al ejército de Gedeón que utilizara. A medida que lean acerca de la batalla en Jueces 7:19–21, compartan el uno con el otro lo que aprendan acerca del Señor en este relato.
Los convenios de Sansón con Jehová le daban fuerza física, tal como nuestros convenios nos dan fortaleza espiritual. Es posible que los niños disfruten hacer algunos ejercicios físicos y analizar cómo dichos ejercicios nos ayudan a fortalecer el cuerpo. ¿De qué manera el guardar nuestros convenios fortalece nuestro espíritu? (Véanse Mosíah 18:8–10; Doctrina y Convenios 20:77, 79).
Para conocer más, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Whither Thou Goest [Adondequiera que tú fueres], por Sandy Freckleton Gagon
A veces imaginamos que nuestra vida debe ser un camino sin ningún obstáculo de principio a fin. Después de todo, la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta. Sin embargo, con frecuencia la vida está colmada de demoras y desvíos que nos conducen en direcciones inesperadas.
Rut y Ana ciertamente comprendieron eso. Rut no era israelita, pero se había casado con uno de ellos. Y al morir su esposo, tenía que tomar una decisión: ¿Había de volver con su familia, a su anterior vida familiar, o había de aceptar la fe de los israelitas y un nuevo hogar con su suegra? (Véase Rut 1:4–18). Ana había planificado una vida con hijos, pero no podía tenerlos y eso la dejó “con amargura de alma” (véase 1 Samuel 1:1–10). Conforme leas sobre Rut y Ana, considera la fe que deben haber tenido para andar el inesperado camino que tuvieron que recorrer. Luego, podrías pensar en tu propio camino. Es diferente al de Rut y al de Ana, y al de cualquier otra persona. No obstante, a lo largo de las pruebas y sorpresas que habrá desde aquí hasta tu destino eterno, podrás aprender a decir, juntamente con Ana: “Mi corazón se regocija en Jehová” (1 Samuel 2:1).
Véase también la Guía para el Estudio de las Escrituras para consultar una reseña de los libros de Rut y 1 Samuel.
La vida es difícil para una viuda en cualquier época; pero cuando el esposo de Rut murió, su situación fue especialmente difícil. En la cultura israelita de ese tiempo, las mujeres que no tenían ni esposo ni hijos no tenían derecho a la propiedad y tenían muy pocas formas de ganarse la vida. Al leer la historia de Rut, nota el modo en que el Señor convirtió la tragedia en grandes bendiciones. ¿Qué observas en cuanto a Rut que puede haberla ayudado? ¿Cómo redimió Booz a Rut de su situación de gran necesidad? (Véase Rut 4:4–10). ¿En qué fueron semejantes Rut y Booz a Jesucristo?
Véase también “Be Still, My Soul”, Hymns, nro. 124.
Tal vez hayas sufrido una gran pérdida, tal como les sucedió a Rut y a Noemí (véase Rut 1:1–5); o quizás, al igual que Ana, anheles bendiciones que aún no hayas recibido (véase 1 Samuel 1:1–10). ¿Cómo mostraron su fe en Dios esas mujeres? ¿Qué aprendes de sus ejemplos?
Por supuesto, no todas las personas que oran para tener un hijo tienen uno, ni todos los que pierden a su cónyuge se vuelven a casar; pero todo aquel que acude al Salvador recibe Su ayuda y guía. Piensa en la forma en que has “venido [a] refugiar[te] bajo [las] alas” del Señor (Rut 2:12), aun en tiempos que te hayan sido difíciles.
Véase también Amy A. Wright, “Aguantar el día en Cristo”, Liahona, noviembre de 2023, págs. 9–11.
Al parecer, cuando sus enemigos los atacaron, los israelitas pensaron que el simple hecho de poseer el arca del convenio los protegería. Al leer 1 Samuel 4–6, piensa en por qué eso no funcionó (observa también las acciones inicuas de los hijos de Elí, quienes servían como sacerdotes en el tabernáculo, en 1 Samuel 2:12–25). ¿Qué crees que el Señor estaba tratando de enseñar a Su pueblo? ¿Qué aprendes de lo que les sucedió a los filisteos después de capturar el arca? (Véanse los capítulos 5 y 6). ¿Qué aprendes de los esfuerzos de Israel por recuperar la protección del Señor en 1 Samuel 7?
Podrías sentirte inspirado al leer el poema de alabanza de Ana en 1 Samuel 2:1–10. ¿Qué encuentras en sus palabras que podría haber ayudado a los hijos de Elí y al resto de los israelitas?
En ocasiones, puede que te sientas como Samuel, que escuchó la voz del Señor pero no la reconoció. Al igual que todos nosotros, Samuel tuvo que aprender a reconocer la voz del Señor. Al estudiar 1 Samuel 3, ¿qué aprendes de este muchacho en cuanto a escuchar y obedecer la voz del Señor? También podrías examinar estos pasajes adicionales de las Escrituras y hacer una lista de las pautas que pueden ayudar a las personas a reconocer la voz del Señor: 1 Reyes 19:11–12; Lucas 24:15–32; 3 Nefi 11:3–7; Doctrina y Convenios 6:22–23; 8:2–3; 9:7–9.
Otras veces, puede que sientas que los cielos están cerrados y que Dios no quiere comunicarse contigo. El presidente Russell M. Nelson dijo: “¿Quiere Dios realmente hablarles? ¡Sí!” (“Revelación para la Iglesia, revelación para nuestras vidas”, Liahona, mayo de 2018, págs. 93–96). Al estudiar el mensaje del presidente Nelson, ¿qué encuentras que te inspire a escuchar y obedecer la voz del Señor? ¿Qué te invita a hacer el presidente Nelson y qué bendiciones promete? También puedes encontrar invitaciones y bendiciones prometidas sobre la revelación en “Camina en la luz de Dios” (Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones, págs. 16–21). Piensa en alguna cosa que puedas hacer a fin de aumentar tu “capacidad espiritual para recibir revelación”.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
A medida que compartas con los niños el relato de Rut (podrías utilizar “Rut y Noemí” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 100–103), invítalos a levantar la mano cada vez que escuchen un acto de bondad en el relato. También podrían compartir cómo se sienten cuando los demás son bondadosos con ellos, o cuando ellos son bondadosos con los demás. ¿De qué manera ha sido bondadoso el Salvador con nosotros? ¿Cómo podemos seguir Su ejemplo? (Véase “La bondad por mí empieza”, Canciones para los niños, pág. 83).
Las historias de Rut y Ana pueden inspirar a los niños a permanecer fieles durante los tiempos difíciles. Considera ayudarles a crear un cuadro sencillo con los encabezados Pruebas, Acciones, Bendiciones. Podrían leer juntos Rut 1:3–5, 8, 16; 2:1–3, 8–12; 4:13–17; 1 Samuel 1:1–18, y anotar lo que encuentren en esos versículos bajo los encabezados. ¿De qué manera Rut y Ana mostraron fe en el Señor? Luego tú o los niños podrían compartir ejemplos de cómo el Señor los ha bendecido durante los momentos difíciles.
Para aprender acerca de Ana, los niños podrían leer 1 Samuel 1:1–18 o “Ana”, en Relatos del Antiguo Testamento (págs. 104–105) o ver “La fe de Ana” (video), Biblioteca del Evangelio. Podría ser divertido lanzar una pelota a un niño e invitarlo a contar parte de la historia antes de pasarle la pelota a otra persona. ¿Qué aprendemos acerca de la oración gracias al ejemplo de Ana?
Tal vez hacer una dramatización sencilla podría ayudar a los niños a aprender de la experiencia que tuvo Samuel con la revelación. Un niño podría hacer de cuenta que es Samuel y otro podría hacer de cuenta que es Elí mientras tú lees 1 Samuel 3:1–10 (véase también “Samuel el profeta” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 106–109, o el video “Samuel y Elí”, Biblioteca del Evangelio). ¿Qué podemos aprender de Samuel en cuanto a escuchar la voz del Señor? ¿De qué manera demostramos que estamos dispuestos a escuchar al Señor cuando nos habla?
Pregunta a los niños cómo le explicarían a alguien la forma en que el Señor les habla a ellos. Podrías ayudarlos a buscar respuestas en Doctrina y Convenios 6:22–23; 8:2–3; 9:7–9.
Ayuda a los niños a aprender a reconocer el Espíritu. No es fácil discernir entre nuestros propios sentimientos y el Espíritu Santo. Todos tienen dificultades con eso de vez en cuando. Aprovecha cada oportunidad que puedas para ayudar a los niños a reconocer cuando están sintiendo la influencia del Espíritu. Por ejemplo, al leer 1 Samuel 3:1–10 y los versículos sugeridos de Doctrina y Convenios, podrías compartir experiencias en las que el Señor te haya enseñado en la mente y en el corazón.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Beside Still Waters [Por aguas tranquilas], por Simon Dewey
Saúl cuidaba asnos. Aunque era alto y bien parecido, era “pequeño ante [sus] propios ojos” y se sentía cohibido en cuanto a sus circunstancias familiares (véanse 1 Samuel 9:2–3, 21; 15:17). El día en que iba a ser presentado ante Israel como su rey, no concurrió; se hallaba tan nervioso que “est[aba] escondido” (1 Samuel 10:21–22). Al mirar a Saúl, tal vez no habrías pensado que él guiaría a los israelitas a la victoria sobre sus enemigos, o que más adelante se volvería orgulloso y se rebelaría contra Jehová.
David era pastor de ovejas. No llamaba físicamente la atención como sus siete hermanos mayores. El día que Samuel vino a elegir un nuevo rey de Israel, no parecía que valiera la pena incluir a David entre los posibles candidatos, así que lo dejaron en el campo con las ovejas. Al mirar a David, tal vez no habrías imaginado que él tendría la fe y el valor para derrotar a un gigante y convertirse en el rey más exitoso de Israel.
Pero el Señor ve más allá de nuestras etiquetas, de nuestra apariencia física y de nuestras inseguridades. Él, más bien, “mira el corazón” (1 Samuel 16:7). E incluso cuando nuestro corazón no se halle del todo bien, si estamos dispuestos, Él nos “cambi[ará] el corazón” (1 Samuel 10:9).
1 Samuel 8 habla de un acontecimiento que cambiaría para siempre el destino de los israelitas. Para protegerse de sus enemigos, los israelitas querían lo que sus vecinos tenían: un rey que los gobernara. Al leer acerca de su petición y la respuesta del Señor, piensa en a quién recurres por seguridad y guía. Considera lo que significa dejar que el Señor “reine sobre [ti]” (1 Samuel 8:7).
En las próximas semanas, leerás acerca de varios reyes llamados a liderar Israel. A medida que aprendas sobre ellos, considera las siguientes preguntas:
¿Cómo se cumplieron las advertencias del Señor en 1 Samuel 8:10–18?
¿Cómo influyó en los hijos de Israel su decisión de tener un rey terrenal?
¿En qué se diferencia Jesucristo de los reyes terrenales? Considera qué influencias del mundo quizás tengas que eliminar de tu vida para permitir que Cristo sea tu Rey.
Véase también: “A Cristo Rey Jesús”, Himnos, nro. 30.
Lee acerca de cómo Dios escogió a los reyes de Israel en 1 Samuel 9–10 y 16 (véanse especialmente 9:15–17; 10:1–12; 16:1–13). Busca pasajes que te ayuden a entender lo que significa ser “llamado por Dios, por profecía” en la Iglesia del Señor en la actualidad (Artículos de Fe 1:5). Podrías considerar ponerte en el lugar del líder que extiende el llamamiento (Samuel), de la persona a la que se llama (Saúl y David) y del pueblo al que se la llama a servir (los israelitas). ¿Qué aprendes de sus palabras y sus acciones en estos capítulos?
Teniendo en cuenta lo tímido que parecía Saúl en 1 Samuel 10, es sorprendente leer acerca de su “rebelión” y “obstinación” después de convertirse en rey (1 Samuel 15:23). ¿Por qué crees que ocurrió esto? ¿Qué actitudes y conductas ves en 1 Samuel 13:5–14 que condujeron a su caída?
En 1 Samuel 15, leerás acerca de un mandamiento de Jehová que Saúl no obedeció porque pensó que tenía una buena razón. Para aprender de las malas decisiones de Saúl, lee el versículo 22 y reemplaza las palabras “sacrificios” y “grosura de los carneros” por cosas que parecen buenas, pero que no son tan importantes como escuchar y obedecer al Señor. ¿De qué manera has sido bendecido al poner la voluntad del Señor en primer lugar en tu vida?
¿Alguna vez has tomado una decisión respecto a algo o alguien basándote en “lo que est[aba] delante de [tus] ojos” y finalmente descubriste que estabas equivocado? Tal vez comiste algo que no era tan sabroso como parecía, o tal vez juzgaste a alguien injustamente.
Cuando Samuel buscaba un nuevo rey de Israel, Jehová le enseñó una mejor manera de hacerlo. Lee acerca de ello en 1 Samuel 16:6–7 y considera hacer una lista de las formas en que las personas juzgan a los demás por “lo que está delante de sus ojos”. Puedes hallar algunos ejemplos en el mensaje del élder Christophe G. Giraud–Carrier titulado “Somos sus hijos” (Liahona, noviembre de 2023, págs. 114–116). ¿Qué significa mirar “el corazón”, tal como lo hace el Señor? (1 Samuel 16:7). También puedes encontrar ejemplos de esto en el mensaje del élder Giraud–Carrier. Tal vez puedas pensar en otras ocasiones en las que el Salvador miró más allá de la apariencia exterior de una persona (véanse, por ejemplo, Marcos 12:41–44; Lucas 5:1–11; 19:1–9; Juan 4:5–30; Moisés 6:31–36). ¿Qué aprendes de estos ejemplos?
¿Cómo puedes seguir el ejemplo del Salvador en la forma en que ves a los demás y a ti mismo? ¿De qué manera hacer eso influye en tus interacciones con otras personas? Considera contarle a alguien acerca de la bondad que ves en su corazón.
Véase también Ulisses Soares, “Hermanos y hermanas en Cristo”, Liahona, noviembre de 2023, pág. 70–73.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
A medida que leas 1 Samuel 8 con los niños, ayúdalos a encontrar las razones por las que Samuel les dijo a los israelitas que tener un rey era mala idea. ¿Por qué es mejor tener a Jesucristo como nuestro rey? Tal vez podrían hacer juntos una corona de papel, turnarse para ponérsela y compartir algo que podamos hacer para demostrar que queremos que Jesús sea nuestro Rey (véanse también Jeremías 23:5; Doctrina y Convenios 45:59).
1 Samuel 8:6; 9:15–17; 10:1–24; 16:1–13
Los relatos de cuando Dios eligió a Saúl y a David para ser reyes pueden contribuir a que los niños entiendan cómo las personas son llamadas a prestar servicio en la Iglesia en la actualidad por revelación. Para enseñarles esos relatos, podrías escribir los acontecimientos de los relatos en tiras de papel, y los niños podrían ponerlos en el orden correcto mientras leen juntos los pasajes de las Escrituras (véase también “El joven David”, en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 110–111). A continuación, podrías contarles de ocasiones en las que Dios te haya bendecido con poder espiritual para cumplir con una asignación o un llamamiento (véase 1 Samuel 10:9–10).
Este también podría ser un buen momento para enseñar a los niños el quinto Artículo de Fe. Cuéntales cómo recibiste tu llamamiento de la Iglesia. ¿Cómo sabes tú que fuiste llamado por Dios?
Una lección práctica podría ayudar a los niños a entender el principio que se encuentra en 1 Samuel 16:7. Por ejemplo, podrías mostrarles algún alimento o libro que tenga una envoltura o cubierta que no concuerde con su verdadero contenido. ¿Qué indican 1 Samuel 16:7 y esta lección práctica en cuanto a la forma en que debemos vernos a nosotros mismos y a otras personas? Entonen una canción que recalque este principio, tal como “Amad a otros” (Canciones para los niños, pág. 74).
Enseña lecciones prácticas. Cuando los niños tienen algo para ver y tocar relacionado con un principio del Evangelio, es más probable que lo recuerden. Por ejemplo, al leer con ellos 1 Samuel 16:7, podrías permitirles que te ayuden a encontrar ejemplos de ilusiones ópticas que ilustren que debemos tratar de ver como lo hace el Señor, mirando “el corazón”, en lugar de juzgar basándonos en “lo que está delante de [nuestros] ojos”.
Los niños y tú podrían relatarse experiencias en las que hayan aprendido por qué debe “mira[rse] el corazón”, y no solo “lo que está delante de sus ojos” (versículo 7). También podrían turnarse para decirse unos a otros las buenas cualidades que ven en el corazón de los demás.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
1 Samuel 17–18; 24–26; 2 Samuel 5–7
David and Goliath [David y Goliat], por Steve Nethercott
Desde que las tribus de Israel se habían establecido en la tierra prometida, los filisteos habían sido una amenaza constante para su seguridad. El Señor los había liberado numerosas veces en el pasado; sin embargo, ahora los ancianos de Israel exigían: “Habrá rey […] y saldrá delante de nosotros y hará nuestras guerras” (1 Samuel 8:19–20). Por lo tanto, Saúl fue ungido rey. No obstante, cuando el temible gigante Goliat lanzó su desafío a los ejércitos de Israel, Saúl, al igual que el resto del ejército, “tuv[o] gran miedo” (1 Samuel 17:11). Aquel día, no fue el rey Saúl quien salvó a Israel, sino un humilde pastor, un muchacho de nombre David, que no llevaba armadura pero estaba revestido de una fe en el Señor imposible de traspasar. Esa batalla mostró a Israel, y a toda persona que tenga que luchar batallas espirituales, que “Jehová no salva con espada ni con lanza” y que “de Jehová es la batalla” (1 Samuel 17:47).
La historia de David y Goliat es una de las más conocidas de las Escrituras. Por supuesto, solemos centrarnos en David. Pero esta vez, mientras estudias 1 Samuel 17, medita también en las palabras de otras personas que se mencionan en este capítulo (véase la lista a continuación). ¿Qué es lo que aprendes de ellos y sus motivaciones? ¿Qué aprendes sobre David? ¿En qué sentido es diferente él?
Goliat: Versículos 8–10, 43–44
Eliab: Versículo 28
Saúl: Versículo 33
Aunque tu historia no sea tan conocida como la de David, seguramente incluirá desafíos que superar que sean del tamaño de Goliat y oportunidades de ejercer fe en el Señor. ¿Qué te enseña el ejemplo de David sobre cómo afrontar la adversidad en tu propia historia? También podrías leer el mensaje de la presidenta Camille N. Johnson titulado “Inviten a Cristo a ser el autor de su historia” (Liahona, noviembre de 2021, págs. 80–82) teniendo presente uno de tus desafíos. Busca respuestas a preguntas como estas: ¿Cómo desea el Señor que vea mis desafíos?, ¿cómo me ha ayudado anteriormente?, ¿cómo puedo demostrar que confío en Él para escribir mi historia?
Tal vez ya sepas que hay algunos capítulos trágicos más adelante en la historia de David (véase, por ejemplo, 2 Samuel 11). Si tuvieras la oportunidad de aconsejar un poco a David después de su batalla contra Goliat, ¿qué le dirías? ¿Cómo podrías aplicar ese consejo a tu vida?
Véase también “El Señor me librará” (video), Biblioteca del Evangelio.
Además de los desafíos personales, también afrontamos problemas grandes y complejos que afectan a todo el mundo. Cuando las fuerzas del mal están “reuni[das] […]para la guerra” contra las fuerzas del bien (1 Samuel 17:1), podríamos preguntarnos cómo nuestros esfuerzos individuales podrían marcar alguna diferencia. ¿Qué encuentras en el relato de David que te dé esperanza?
Véase también: “Trabajemos hoy en la obra”, Himnos, nro. 158.
Al leer 1 Samuel 18, considera el contraste entre Saúl y su hijo Jonatán (quien podría haber supuesto que sería el siguiente rey, de no haber sido por David). ¿Cómo reaccionaron Saúl y Jonatán ante el éxito de David? ¿Qué puedes aprender de esta experiencia?
¿Qué encuentras en las actitudes y acciones de Jonatán que te recuerden a Jesucristo?
“Compar[ar] todas las Escrituras” (1 Nefi 19:23). Las Escrituras brindan grandes oportunidades de aprender de las motivaciones y acciones de personas como David, Jonatán y Saúl. Descubrirás que nadie en las Escrituras está libre de defectos. De modo que, al leer, por ejemplo, acerca de las decisiones fieles de David, presta atención para aprender también de sus errores. El hacerlo puede ayudarnos a reconocer posibles debilidades en nosotros mismos y a “aprend[er] a ser más sabios de lo que [otros] lo h[an] sido” (Mormón 9:31).
En 1 Samuel 24–26, busca lecciones sobre el orgullo, el perdón y el autocontrol. Como parte de tu estudio, también podrías leer el mensaje del élder Mark A. Bragg titulado “Aplomo semejante al de Cristo” (Liahona, mayo de 2023, págs. 60–63). ¿De qué manera David, Abigail y otras personas demostraron aplomo cristiano (o no lo hicieron) en estos capítulos? ¿Qué oportunidades tienes de mostrar aplomo semejante al de Cristo?
El mensaje de la hermana Kristin M. Yee titulado “Gloria en lugar de ceniza: El camino sanador del perdón” (Liahona, noviembre de 2022, págs. 36–39) puede ayudarte a estudiar 1 Samuel 25. ¿En qué sentido es Abigail como Jesucristo?
Incluso después de que David derrotó a Goliat, sus problemas con los filisteos no habían terminado. Cuando leas 2 Samuel 5:17–25, piensa cómo el ejemplo de David puede ayudarte en los desafíos que afrontas (véanse también 1 Samuel 23:2, 10–11; 30:8; 2 Samuel 2:1). ¿De qué manera se te bendice al actuar de acuerdo con la revelación que recibes?
Cuando David ofreció levantar una casa a Jehová, es decir, un templo (véase 2 Samuel 7:1–3), Jehová respondió que quien lo edificaría sería un hijo de David (véanse los versículos 12–15; véase también 1 Crónicas 17:1–15). El Señor también dijo que Él, a Su vez, levantaría una “casa” a David, refiriéndose a su posteridad, y que su trono perduraría para siempre (véanse 2 Samuel 7:11, 16, 25–29; Salmo 89:3–4, 35–37). Aquella promesa se cumplió en Jesucristo, nuestro Rey Eterno, quien era descendiente de David (véanse Mateo 1:1; Lucas 1:32–33; Juan 18:33–37).
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Si lo deseas, utiliza “David y Goliat” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 112–116, para ayudar a los niños a familiarizarse con lo que sucedió en 1 Samuel 17:20–54. Luego podrías pedirles que vuelvan a contar la historia utilizando las imágenes o los dibujos sencillos de esta reseña. Pregúntales qué creen que el Señor desea que aprendan de este relato.
Los niños y tú también podrían hacer una lista de algunos desafíos difíciles que podrían afrontar durante la vida. Ayúdalos a encontrar cosas que David haya dicho que puedan ayudar con esos desafíos (véase 1 Samuel 17:26, 32, 34–37, 45–47). Comparte con ellos cómo Jesucristo te ha ayudado durante los desafíos.
Los niños podrían marchar como si fueran David que va a ir a pelear contra Goliat mientras entonan una canción que hable de ser valiente, tal como “Voy a ser valiente” (Canciones para los niños, pág. 85).
¿Cómo puedes ayudar a los niños a aprender de la amistad de Jonatán y David? Una manera sería dar a cada niño dos corazones de papel, uno para representar a David y el otro para representar a Jonatán. Lean juntos algunas frases de 1 Samuel 18:1–4 que recalquen el amor que estos dos amigos se tenían. A continuación, los niños podrían escribir o dibujar en sus corazones de papel cómo pueden demostrar amor a un amigo.
En estos capítulos, David llegó a ser el rey de Israel. Podría ser entretenido para los niños hacer de cuenta que son reyes o reinas. ¿Qué leyes propondrían? ¿A quién acudirían en busca de ayuda? Ayuda a los niños a descubrir que cuando David necesitó ayuda, “consultó” a Jehová (oró) en busca de respuestas. Por ejemplo, mientras lees 2 Samuel 5:19, 23, invítalos a prestar atención a fin de detectar la palabra “consultó” y pídeles que crucen los brazos cuando la escuchen. ¿Por qué necesitaba David la ayuda del Señor en su nueva función?
Cuenta a los niños sobre alguna ocasión en la que hayas orado al Padre Celestial pidiéndole ayuda. ¿Qué diferencia marcó el que Él te ayudara?
Todos los reyes sobre los cuales leemos en el Antiguo Testamento tuvieron fallas, y sus reinos llegaron a su fin. Sin embargo, Jesucristo es un Rey perfecto y reinará para siempre. Puedes ayudar a los niños a descubrirlo leyendo juntos lo que el profeta Natán dijo al rey David en 2 Samuel 7:16–17. ¿En qué sentido podría el reino de David ser eterno? Ayuda a los niños a buscar y leer pasajes de las Escrituras que enseñen que Jesucristo, quien era descendiente de David, es nuestro Rey, tales como Lucas 1:32–33; Juan 18:33–37 y Apocalipsis 19:16. ¿En qué se diferencia Jesús de los reyes terrenales? ¿Cómo honramos a Jesucristo como nuestro Rey Eterno?
Para conocer más, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
2 Samuel 11–12; 1 Reyes 3; 6–9; 11
Solomon Dedicates the Temple at Jerusalem [Salomón dedica el Templo de Jerusalén], por James Tissot et al
Saúl, David y Salomón, los tres primeros reyes de Israel, comenzaron de una manera muy prometedora. Humildes, valientes y sabios, cada uno de ellos halló gracia ante el Señor, al menos al principio. Lamentablemente, cada rey también cedió a las debilidades y tentaciones humanas y antepusieron sus propios deseos a los del Señor. Como hemos visto una y otra vez en las Escrituras, y en nuestra propia vida, eso condujo a la tragedia.
Pero algo importante ocurrió durante el reinado de Salomón, lo cual brindó cierta esperanza de estabilidad en la vida del pueblo del convenio. Salomón edificó un templo. Iba a ser una Casa del Señor más permanente de lo que había sido el tabernáculo, y representaría una presencia más permanente del Señor entre Su pueblo. Salomón sabía que el pueblo continuaría enfrentando debilidades y pruebas de diversas clases. Al dedicar la nueva santa casa, Salomón suplicó al Señor: “Si ellos […] se vuelvan a ti de todo su corazón […], escucha tú […] su oración” (1 Reyes 8:47–49). Eso es parte de lo que los convenios del templo hacen por nosotros: crean una conexión con Dios. Aseguran para nosotros la promesa de que, mediante nuestro arrepentimiento y Su misericordia, Él puede “habita[r] en medio de [nosotros]” y nunca abandonarnos (1 Reyes 6:13).
Para consultar una reseña del libro de 1 Reyes, véase “Reyes” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
A veces observamos a personas que parecen fuertes en su fe y suponemos que no les afecta la tentación. Las trágicas decisiones de David que se describen en 2 Samuel 11 muestran claramente que eso no es así. Piensa en las lecciones que puedes aprender de la experiencia de David. Algunas preguntas como las siguientes podrían ayudarte a estudiar 2 Samuel 11–12:
¿Qué decisiones tomó David que lo llevaron por un camino cada vez más pecaminoso? ¿Qué decisiones rectas podría haber tomado en vez de las que tomó? (Véase también el video “Volcar la mirada”, Biblioteca del Evangelio).
Utilizar videos. Los videos pueden ayudarte a visualizar los relatos de las Escrituras y a considerar cómo se aplican a ti. Considera cómo puedes utilizarlos para mejorar la enseñanza y el aprendizaje. Por ejemplo, mientras miras “Volcar la mirada” (Biblioteca del Evangelio), considera pausar el video en varios momentos para meditar en algunas de las preguntas que se sugieren en esta actividad o para analizarlas.
¿De qué manera trata el adversario de llevarte por sendas de pecado? ¿Qué decisiones podrías tomar ahora mismo para volver a estar espiritualmente a salvo?
Fíjate en la reacción de David ante el relato de Natán en 2 Samuel 12:1–6. ¿Qué indica su reacción en cuanto a cómo se veía David a sí mismo? ¿Qué ha hecho el Señor para ayudarte a verte a ti mismo más acertadamente?
¿Cómo resumirías los acontecimientos de 2 Samuel 11–12 en una advertencia de una sola oración?
Leer acerca de las malas decisiones de David podría llevarte a aprender sobre los peligros de la pornografía y del pecado sexual. Un buen recurso para ello es Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones, especialmente las secciones tituladas “Qué hacer en el momento” y “Tu cuerpo es sagrado” (páginas 21–29). Tal vez podrías buscar en ese recurso consejos que hubieran ayudado a David a tomar mejores decisiones; o bien, podrías leer “Jesucristo te ayudará” (páginas 6–9) y buscar algo que hubiera ayudado a David a regresar al Señor.
Considera cantar un himno como “Señor, te necesito” (Himnos, nro. 49) y meditar sobre cómo el Salvador te ha fortalecido cuando has afrontado tentaciones.
Véanse también 2 Nefi 28:20–24; Ulisses Soares, “Buscar a Cristo en todo pensamiento”, Liahona, noviembre de 2020, págs. 82–85; “Uso responsable de la tecnología”, Biblioteca del Evangelio; “Cuida tus pasos” (video), Biblioteca del Evangelio.
Si el Señor te dijera: “Pide lo que quieras que yo te dé” (1 Reyes 3:5), ¿qué pedirías? ¿Qué te llama la atención del pedido de Salomón? Piensa en la razón por la que un “corazón con entendimiento […] para discernir entre lo bueno y lo malo” (versículo 9) es un preciado don. ¿Qué puedes hacer tú para procurar ese don?
Véase también Moroni 7:12–19.
En 1 Reyes 6–7 encontrarás una descripción detallada de la casa sagrada que Salomón construyó para Jehová. Es posible que los detalles no te parezcan tan importantes como lo fueron para los antiguos israelitas. Sin embargo, la lectura de estos capítulos podría darte una idea de lo importante que era para ellos tener una Casa del Señor. ¿Por qué es importante para ti?
Podrías meditar sobre lo que podrían simbolizar las diferentes partes del templo de Salomón. Por ejemplo, piensa en lo que podrían representar los querubines, las palmeras y las flores en 1 Reyes 6:35 (véase también Génesis 3:24).
El capítulo 8 registra la oración de Salomón al terminar el templo (véanse los versículos 22–61). Considera hacer una lista de las bendiciones que Salomón pidió. ¿Qué te llama la atención de esas bendiciones? (Observa también las promesas del Señor que se encuentran en 1 Reyes 6:11–13; 9:1–9.) Si has estado en la Casa del Señor, piensa en tus experiencias al adorar allí. ¿De qué manera el guardar los convenios del templo te ha ayudado a tener acceso a las bendiciones del Señor?
Véanse también Doctrina y Convenios 109; Henry B. Eyring, “Me encanta ver el templo”, Liahona, mayo de 2021, págs. 28–31.
¿Qué significa que “sea […] perfecto [tu] corazón para con Jehová”? (1 Reyes 8:61). ¿Hay diferencia entre eso y que nuestros actos sean perfectos? ¿En qué sentido? Lee 1 Reyes 11:1–11 y fíjate en lo que Jehová dijo acerca del corazón de Salomón. Podrías meditar si hay influencias en tu vida que podrían alejar tu corazón del Señor y dirigirlo hacia “dioses ajenos”.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
“El rey David”, en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 117–120, puede ayudarte a contarle a los niños la historia que se encuentra en 2 Samuel 11. Podrías pedirles que determinen las malas decisiones que tomó David y que ellos sugieran las buenas decisiones que él podría haber tomado en su lugar. ¿Cuáles son algunas cosas que podemos hacer cuando estamos siendo tentados que puedan ayudarnos a escoger lo correcto?
Leer acerca de los trágicos pecados de David podría ser una buena oportunidad para analizar los peligros de la pornografía. El video “¿Qué debo hacer si veo pornografía?” (Biblioteca del Evangelio) podría ser de utilidad. Ayuda a los niños trazar un plan de acción en cuanto a lo que harán al encontrarse ante pornografía.
A medida que los niños y tú aprendan acerca de la dedicación del templo en 1 Reyes 8, podrían ver las imágenes de templos de la reseña de esta semana. Invita a los niños a hablar de los detalles que ven en las imágenes. Podrían hacer hincapié en los versículos 57–58. ¿Qué significa “and[ar] en todos [los] caminos” del Señor? (1 Reyes 8:58). Tal vez los niños podrían dar un paso por cada respuesta que den.
Cuéntales cómo el guardar los convenios que haces en el templo te ayuda a andar por los caminos del Señor. Podrías decirles cuáles son esos convenios (véase Manual General, 27.2, Biblioteca del Evangelio). También podrían cantar juntos alguna canción como “Me encanta ver el templo” (Canciones para los niños, pág. 99).
Leer acerca de la influencia que las esposas de Salomón tuvieron en él podría conducir a una conversación sobre ejemplos de “dioses ajenos”, es decir, cosas que las personas adoran o aman en lugar del Señor. ¿Cómo mostramos que lo amamos a Él más que a cualquier otra cosa en nuestra vida?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Elijah Contends against the Priests of Baal [Elías contiende con los sacerdotes de Baal], por Jerry Harston
La casa de Israel se hallaba desorganizada. El reino se había dividido: diez tribus formaban el Reino del Norte, o Israel, y dos tribus formaban el Reino del Sur, o Judá. Aún peor que su separación el uno del otro era la separación de ambos reinos de sus convenios. Los reyes inicuos alejaron al pueblo de Jehová y muchas personas vacilaron en su fe.
En ese contexto, el Señor llamó a Elías a ser profeta. Su vida demuestra que una persona puede tener gran fe en el Señor incluso en malas circunstancias. En ocasiones, el Señor responde a dicha fe con milagros impresionantes y públicos, tales como el hacer descender fuego del cielo. Sin embargo, también obra milagros silenciosos y privados, como, por ejemplo, alimentar a una viuda fiel y a su hijo. Con mayor frecuencia, los milagros del Señor son tan individuales que solo la persona en cuestión los conoce; por ejemplo, cuando el Señor se revela a ti mediante la “voz apacible y delicada” (1 Reyes 19:12).
Para conocer más acerca de Elías el Profeta, véase “Elías el Profeta”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
¿Cómo describirías el error que cometió el rey Roboam, hijo de Salomón, en 1 Reyes 12:1–14? ¿Qué atributos semejantes a los de Cristo podrían haber ayudado a Roboam a salvar su reino? (Véanse el versículo 7; Mateo 20:25–28; Mosíah 2:10–21). ¿Cómo puedes utilizar esos atributos como líder, ya sea en un llamamiento de la Iglesia o como líder de tu propia vida?
El profeta Elías pidió a una viuda que le diera comida y agua antes de que ella comiera y de que diera de comer a su famélico hijo. ¿Por qué habrá hecho eso? El pedido de Elías el Profeta también podría verse como una bendición para aquella pequeña familia. Ellos necesitaban las bendiciones del Señor y los sacrificios traen bendiciones, incluso la bendición de tener una fe más firme.
Al leer 1 Reyes 17:8–16, imagina que eres esa viuda. ¿Qué te impresiona de ella? También podrías hacer una lista de decisiones que requieran fe en Jesucristo (por ejemplo, véase Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones, 2022). ¿Qué aprendes de la viuda en cuanto a ejercer fe?
¿En qué se parecen las acciones de Eliseo que se mencionan en 1 Reyes 19:19–21 a las de la viuda?
Piensa en los sacrificios que has hecho para seguir al Salvador. ¿Qué te enseñan 1 Reyes 17:8–16; 19:19–21 acerca de esos sacrificios? ¿Cómo te ayuda el conocimiento que tienes del Salvador en los momentos en que Él te pide hacer sacrificios? ¿De qué modo Él te ha bendecido?
Véanse también Mateo 4:18–22; 6:25–33; Lucas 4:24–26; “Elías y la viuda de Sarepta” (video), Biblioteca del Evangelio; “La fe”, Himnos, nro. 68.
Es posible que los israelitas pensaran que tenían buenas razones para adorar a Baal, a quien se conocía como el dios de las tormentas y la lluvia. Después de tres años de sequía, necesitaban lluvia desesperadamente. Además, la adoración de Baal era socialmente aceptada, incluso el rey y la reina la fomentaban. Al leer 1 Reyes 18, piensa en la razón por la que alguien en nuestros días podría estar indeciso en cuanto a seguir al Señor. ¿Qué crees que el Señor trataba de enseñar acerca de Sí mismo en este capítulo? ¿Qué experiencias te han ayudado a comprometerte a seguir al Salvador?
Véase también D. Todd Christofferson, “La elección y el compromiso” (devocional mundial para jóvenes adultos, 12 de enero de 2020), Biblioteca del Evangelio.
Lamentablemente, el milagro en el monte Carmelo no facilitó la misión de Elías el Profeta. De hecho, su vida estaba en peligro y tuvo que esconderse en una cueva en el desierto. Allí, mientras luchaba contra la soledad y el desaliento, tuvo una experiencia con el Señor que fue muy diferente a la experiencia en el monte Carmelo. ¿Qué te enseña la experiencia de Elías que se halla en 1 Reyes 19:1–18 acerca de cómo el Señor se comunica contigo en tus momentos de necesidad?
Medita en las ocasiones en que sientes que el Señor te ha hablado. ¿Cómo describirías la forma en que Él se comunica contigo? ¿Por qué las palabras “apacible” y “delicada” son buenas maneras de describir la voz del Espíritu? ¿Qué otras palabras encuentras en Helamán 5:30; Doctrina y Convenios 6:22–23; 11:12–14? ¿Qué necesitas hacer para recibir la guía del Señor más a menudo?
Véase también Salmo 46:10.
Utiliza varios sentidos para mejorar el aprendizaje. Todos aprendemos sobre el mundo a través de nuestros cinco sentidos. Usarlos también puede mejorar el aprendizaje del Evangelio. Por ejemplo, piensa en imágenes o sonidos que podrías utilizar para ilustrar las palabras “apacible” y “delicada” mientras aprendes o enseñas acerca de la voz del Señor en 1 Reyes 19.
Para ver más ideas, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
A fin de ayudar a los niños a aprender los relatos de fe que se encuentran en 1 Reyes 17, podrías mostrarles imágenes u objetos que ilustren los relatos, tales como pájaros, pan o un niño. A medida que les cuentes estas historias a los niños, invítalos a buscar la imagen o el objeto que corresponda a cada relato. “Elías el Profeta” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 121–124) puede ayudarte a narrar esos relatos. ¿Qué nos enseña cada relato en cuanto a mostrar fe en Jesucristo?
Ayuda a los niños a pensar en maneras en que puedan mostrar su fe en Jesucristo. Canta con ellos una canción que hable de la fe, tal como “I Have Faith in the Lord, Jesus Christ” [Tengo fe en el Señor, Jesucristo] (Biblioteca del Evangelio), y compartan unos con otros lo que aprenden de la canción en cuanto a la fe.
Quizás los niños podrían hacer un dibujo de lo que el Señor le pidió a la viuda que le diera a Elías el Profeta (véase 1 Reyes 17:12–13) y lo que la viuda recibió a cambio (véase 1 Reyes 17:15–16) (véase también la hoja de actividades de esta semana). También podrían buscar fotos de otras personas que hayan renunciado a algo que querían por algo mejor. Invita a los niños a buscar imágenes en el Libro de obras de arte del Evangelio o en Ven, sígueme. ¿Qué nos pide el Señor que sacrifiquemos? ¿De qué manera nos bendice Él?
Mientras leen juntos 1 Reyes 18:17–39, los niños podrían escoger un versículo y hacer un dibujo de lo que describe. Podrían utilizar sus dibujos para relatar la historia con sus propias palabras (véase también “Elías el Profeta y los sacerdotes de Baal”, Relatos del Antiguo Testamento, págs. 125–128).
Ayúdales a pensar en situaciones en las que podrían tener que decidir si seguir o no a Jesucristo. Tal vez podrían dibujarse a sí mismos tomando la decisión correcta. Compartan unos con otros por qué eligen seguir a Jesús.
Al resumir 1 Reyes 19:9–12, invita a los niños a hacer movimientos que representen el fuerte viento, el terremoto y el fuego. Luego pídeles que se sienten en silencio mientras lees con voz suave: “Tras el fuego, una voz apacible y delicada” (versículo 12) (véase también “Jehová habla a Elías el Profeta”, en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 129–131). Cuéntales sobre ocasiones en las que hayas sentido la voz apacible y delicada del Espíritu Santo.
Canten juntos con tono suave alguna canción que hable sobre el Espíritu Santo, tal como “Con voz apacible” (Liahona, abril de 2006, sección para los niños, pág. 13). ¿Qué puede distraernos de reconocer el Espíritu? ¿Qué puede ayudarnos a escucharlo a Él?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
At River’s Edge [Al borde del río], por Annie Henrie Nader
La misión principal de los profetas es enseñar sobre el Salvador Jesucristo y testificar de Él. Sin embargo, los registros que tenemos del profeta Eliseo no contienen mucho acerca de sus enseñanzas ni de su testimonio. Lo que sí contienen son los milagros que Eliseo efectuó, entre ellos, levantar a un niño de los muertos (véase 2 Reyes 4:18–37), alimentar a una multitud con solo un poco de comida (véase 2 Reyes 4:42–44) y sanar a un leproso (véase 2 Reyes 5:1–14). Así que, aunque no tenemos las palabras de Eliseo acerca de Cristo, sí tenemos el ministerio y los milagros de Eliseo, los cuales testifican de Cristo. Son potentes manifestaciones del poder del Señor de dar vida, de nutrir y de sanar. Los milagros ocurren en nuestras vidas más de lo que a veces nos damos cuenta. Para verlos, debemos procurar tener la fe que Eliseo tenía al orar por su joven y temeroso siervo: “Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea” (2 Reyes 6:17).
Para conocer más sobre el libro de 2 Reyes, véase “Reyes”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Los milagros nos muestran el poder de Dios. Pueden ayudarnos a superar las dificultades de la vida terrenal, como tierras estériles que necesitan agua pura (véase 2 Reyes 2:19–22) o un hacha perdida que hay que recuperar (véase 2 Reyes 6:4–7). Pero lo más importante es que los milagros pueden volvernos al Señor. Al leer 2 Reyes 2–6, considera hacer una lista de los milagros que encuentres y medita en las lecciones espirituales que aprendes de cada uno.
Podrías comparar los milagros que efectuó Eliseo con algunos de los que efectuó Jesucristo (véanse 2 Reyes 4:8–37 y Lucas 7:11–16; 2 Reyes 4:42–44 y Juan 6:1–13; 2 Reyes 5:1–15 y Lucas 17:11–19). ¿Qué te enseñan esos milagros acerca del Salvador y Sus profetas?
Véanse también 2 Nefi 26:12–13; 27:23; Moroni 7:35–37 y la sección “Procuren y esperen milagros” de Russell M. Nelson, “El poder del ímpetu espiritual”, Liahona, mayo de 2022, págs. 99–100.
El Señor inspiró a Eliseo para que profetizara de cosas venideras, por lo general, cosas que parecía poco probable que ocurrieran. Al leer 2 Reyes 4:8–17; 7:1–16, piensa en el modo en que respondes a la palabra que el Señor revela mediante Sus profetas hoy en día. ¿Qué enseñanzas, profecías o promesas has escuchado pronunciar a los profetas vivientes? ¿Qué haces para actuar con fe de conformidad con esas palabras?
Véanse también 3 Nefi 29:6; Doctrina y Convenios 1:37–38 y la serie “Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia”, Biblioteca del Evangelio.
Mientras lees 2 Reyes 5, podrías comparar la lepra de Naamán con algún desafío espiritual que estés afrontando.
¿Hay alguien como la “muchacha” en tu vida, que te alienta a buscar la guía de los profetas del Señor en cuanto a tu desafío? (Véanse los versículos 2–3, 13).
¿Qué te está invitando el Señor a hacer que pueda parecer demasiado simple, como “Lávate, y serás limpio”? (Versículo 13). ¿Qué podría estar impidiéndote aceptar Sus invitaciones sencillas?
¿Cómo puedes mostrar humildad tal como lo hizo Naamán?
Observa el efecto que la experiencia de Naamán tuvo en su fe en el Dios de Israel (véase el versículo 15). ¿Qué podemos aprender de esto?
Véanse también Lucas 4:27; 1 Pedro 5:5–7; Alma 37:3–7; Éter 12:27; L. Whitney Clayton, “Haced todo lo que Él os diga”, Liahona, mayo de 2017, págs. 97–99; “Naamán y Eliseo” (video), Biblioteca del Evangelio.
Compara las Escrituras a tu vida. A veces, es más fácil encontrar un significado personal en las Escrituras cuando comparas los elementos físicos de los relatos con elementos espirituales de tu vida. Por ejemplo, mientras estudias 2 Reyes 2–7, podrías comparar situaciones de tu vida con cosas como la lepra, un hacha prestada, el río Jordán o un gran ejército invasor. ¿Qué lecciones tiene el Señor para ti en estos relatos?
Al tratar de seguir a Cristo, ¿alguna vez te has sentido como el joven siervo de Eliseo, sobrepasado en número y temeroso? Imagínate que estás en su lugar mientras lees 2 Reyes 6:8–23. ¿De qué manera cambia este relato la forma en que piensas y te sientes en cuanto a tus pruebas, tus responsabilidades o tus esfuerzos por vivir el Evangelio?
Al meditar al respecto, considera las palabras del presidente Henry B. Eyring: “Al igual que ese criado de Eliseo, hay más con ustedes que los que ven que se les oponen. Algunos que están con ustedes serán invisibles a sus ojos mortales. El Señor los sostendrá y en ocasiones lo hará llamando a otros para que estén a su lado” (“Oh vosotros que os embarcáis”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 58).
Considera hacer una lista de “los que están [contigo]” (versículo 16), es decir, de personas que Dios haya puesto en tu vida para apoyarte. Podrías pedirle a Él que te ayude a reconocerlos abriéndote los ojos espirituales. Es probable que también te haya puesto a ti en la vida de otras personas para ayudarlas. ¿Cómo pueden obtener fortaleza y apoyo el uno del otro?
¿En qué ocasiones has sentido el sostén que el Señor describe en Doctrina y Convenios 84:88?
También podrías estudiar el mensaje de la hermana Michelle D. Craig titulado “Ojos para ver” (Liahona, noviembre de 2020, págs. 15–17). Pregúntate: “¿Qué quiere Dios que vea?”.
Refiriéndose al relato que está en 2 Reyes 6:8–23, el élder Ronald A. Rasband dijo: “Podemos o no tener carros de fuego enviados para disipar nuestros temores y conquistar nuestros demonios, pero la lección es clara. El Señor está con nosotros, cuidándonos y bendiciéndonos de maneras en las que solo Él puede hacerlo. La oración puede invocar la fortaleza y la revelación que necesitamos para centrar nuestro pensamiento en Jesucristo y Su sacrificio expiatorio. El Señor sabía que a veces sentiríamos temor. Yo lo he sentido y ustedes también […]. En esta Iglesia quizás seamos pocos en número, según la forma en la que el mundo considera la influencia, pero cuando abrimos nuestros ojos espirituales, ‘son más los que están con nosotros que los que están con ellos’ [2 Reyes 6:16]” (“No os turbéis”, Liahona, noviembre de 2018, págs. 18, 19). ¿Cómo usarías esas palabras para ayudar a alguien que sienta ansiedad o temor?
Véase también “Caros niños, Dios os ama”, Himnos, nro. 47.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Después de ayudar a tus hijos a entender lo que es un milagro, invítalos a enumerar tantos ejemplos de milagros como puedan. Las imágenes del Libro de obras de arte del Evangelio o de Ven, sígueme pueden ayudar. Luego, podrían buscar milagros en 2 Reyes 4:1–7, 14–17, 32–35, 38–44. ¿Qué enseñan estos milagros acerca del Padre Celestial?
Los niños y tú podrían hablar sobre la forma en que Dios ha mostrado Su amor por medio de milagros, También podrían cantar juntos alguna canción como “Dios me da Su gracia” (Biblioteca del Evangelio).
Ayuda a los niños a conocer el relato que se encuentra en 2 Reyes 5:1–3, 9–14. Podrías utilizar “Eliseo sana a Naamán” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 134–137) o la imagen de Naamán que se encuentra en la reseña de esta semana. ¿Por qué Naamán no se quería lavar en el río Jordán, aun cuando Eliseo le había dicho que eso lo sanaría de su enfermedad? ¿De qué modo se bendijo a Naamán cuando siguió las instrucciones de Eliseo? Podrían compartir experiencias en las que hayan obedecido al Señor, aun cuando no estaban seguros de querer hacerlo.
También podrías hacer hincapié en 2 Reyes 5:13, donde los siervos de Naamán le ayudaron a decidir obedecer al profeta Eliseo. Los niños podrían hablar sobre las formas en que pueden ayudar a sus amigos o familiares a escuchar y obedecer al profeta.
Los niños y tú podrían imaginar que están rodeados por un ejército con espadas, caballos y carros. ¿Cómo se sentirían en esas circunstancias? ¿Qué harían? Pide a los niños que cierren los ojos mientras les lees 2 Reyes 6:16–17 (véase también “Eliseo y el ejército de Jehová”, en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 138–139, o la imagen al final de esta reseña). Cuando llegues a la parte que dice “que abras sus ojos” (versículo 17), pide a los niños que abran los ojos. Hablen de lo que el siervo vio. Menciona a los niños algunas maneras en que hayas sentido que el Señor estuvo contigo durante tus desafíos, incluso cuando parecía que estabas solo.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
“Por Cristo reunido será Israel”
En el desierto del Sinaí, Moisés reunió a los hijos de Israel al pie de cierto monte. Allí, Jehová declaró que quería convertir a aquel grupo de esclavos recién liberados en un pueblo poderoso. “Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y un pueblo santo”, les dijo (Éxodo 19:6). Prometió que progresarían y prosperarían, aunque estarían rodeados de enemigos más numerosos y poderosos.
Todo aquello no sucedería debido a que los israelitas fueran numerosos, ni fuertes, ni debido a su capacidad. Jehová explicó que sucedería “si da[ban] oído a [Su] voz y guard[aban] [Su] convenio” (Éxodo 19:5). Sería el poder de Dios y no el de ellos lo que los haría poderosos.
Sin embargo, los israelitas no siempre obedecieron la voz de Dios y, con el tiempo, dejaron de guardar Su convenio. Muchos adoraron dioses ajenos y adoptaron las costumbres de las culturas que los rodeaban. Rechazaron aquello que les hacía ser una nación diferente: su relación por convenio con el Señor. Sin la protección del poder de Dios, no había nada que detuviera a sus enemigos.
En varias ocasiones, entre aproximadamente el año 735 y el 720 a. C., los asirios invadieron el Reino del Norte (o Israel), donde habitaban diez de las doce tribus, y se llevaron cautivos a miles de israelitas a diversas partes del Imperio Asirio. A aquellos israelitas se les llegó a conocer como “las tribus perdidas”, en parte porque se les retiró de su tierra natal y se les esparció en otras naciones; pero también estaban perdidas en otro sentido más profundo: con el tiempo perdieron su sentido de identidad como pueblo del convenio de Dios.
Muchas personas del Reino del Sur (o Judá) también se apartaron con el tiempo del Señor. Los asirios también atacaron y conquistaron la mayor parte de ese reino; solo Jerusalén fue preservada de forma milagrosa. Más tarde, entre el año 597 y el 580 a. C., los babilonios destruyeron Jerusalén, incluso el templo, y se llevaron cautivas a muchas personas. Aproximadamente unos setenta años después, se le permitió a un remanente de Judá regresar a Jerusalén y reconstruir el templo. Sin embargo, muchos se quedaron en Babilonia.
Conforme transcurrieron las generaciones, los israelitas de todas las tribus fueron “esparc[idos] con torbellino por todas las naciones que ellos no conocían” (Zacarías 7:14). A algunos el Señor los llevó a otras tierras; mientras que otros abandonaron Israel para escapar de la captura, o por razones políticas o económicas.
A esos acontecimientos los llamamos el esparcimiento [o dispersión] de Israel, y es importante saber al respecto por varias razones. En primer lugar, es uno de los temas principales del Antiguo Testamento: muchos profetas del Antiguo Testamento fueron testigos de la caída espiritual que llevó al esparcimiento. Lo previeron y advirtieron al respecto, algunos de ellos incluso lo vivieron. Es importante que recuerdes eso al leer los libros de Isaías, Jeremías, Amós y muchos otros de la última parte del Antiguo Testamento. Ten presente ese contexto cuando leas sus profecías en cuanto a Asiria y Babilonia, la idolatría y el cautiverio, la destrucción y la posterior restauración, y sabrás a qué se refieren.
Comprender la dispersión de Israel te ayudará a entender mejor el Libro de Mormón, ya que este es un registro de una rama del Israel disperso. Ese registro comienza cuando la familia de Lehi escapa de Jerusalén alrededor del año 600 a. C., justo antes del ataque de los babilonios. Lehi fue uno de los profetas que profetizó sobre la dispersión de Israel. Su familia contribuyó a cumplir dicha profecía, al llevar su rama de Israel e injertarla en el otro extremo del mundo, en el continente americano.
Sin embargo, el esparcimiento [o dispersión] de Israel es solo la mitad de la historia. El Señor no olvida a los de Su pueblo ni los abandona por completo, aun cuando ellos lo hayan abandonado a Él. A las numerosas profecías de que Dios esparciría a Israel, las acompañaban muchas promesas de que Él algún día lo recogería o congregaría.
Ese día es hoy, en nuestra época. El recogimiento ya ha comenzado. En 1836, miles de años después de que Moisés reuniera a los hijos de Israel al pie del monte Sinaí, Moisés se apareció en el Templo de Kirtland para entregar a José Smith “las llaves del recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra” (Doctrina y Convenios 110:11). Ahora, bajo la dirección de las personas que poseen dichas llaves, se está recogiendo a las tribus de Israel de cada nación a la que los siervos del Señor pueden ir.
El presidente Russell M. Nelson ha llamado a tal recogimiento “lo más importante que se está llevando a cabo hoy en la tierra. Nada se le compara en magnitud, nada se le compara en importancia, nada se le compara en majestad. Y si eligen hacerlo, si lo desean, pueden formar gran parte de él”.
¿Cómo podemos ayudar? ¿Qué significa recoger a Israel? ¿Significa restaurar a las doce tribus de nuevo a la tierra en la que antes vivían? De hecho, significa algo mucho mayor y mucho más eterno. Tal como explicó el presidente Nelson:
“Cuando hablamos del recogimiento, simplemente estamos diciendo esta verdad fundamental: cada uno de los hijos de nuestro Padre Celestial, a ambos lados del velo, merece escuchar el mensaje del Evangelio restaurado de Jesucristo […].
“Cada vez que hacen algo que ayuda a cualquiera, a ambos lados del velo, a dar un paso hacia hacer convenios con Dios y recibir sus ordenanzas esenciales del bautismo y del templo, están ayudando a recoger a Israel. Es así de sencillo”.
Aquello sucede, como dijo Isaías, “uno por uno” (Isaías 27:12) o bien, como lo predijo Jeremías, “uno de cada ciudad y dos de cada familia” (Jeremías 3:14).
Recoger a Israel significa llevar a los hijos de Dios de regreso a Él; significa restaurarlos a su relación por convenio con Él; significa restablecer el “pueblo santo” que Él propuso establecer hace tanto tiempo (Éxodo 19:6).
Como alguien que ha hecho convenio con Dios, eres parte de la casa de Israel. Tú has sido recogido y a su vez recoges. La historia épica de siglos de duración del pueblo del convenio está avanzando hacia su punto culminante, y tú tienes una función clave a desempeñar. Ahora es el momento en que “por Cristo reunido será Israel”.
Este es el mensaje de quienes recogen: Vuelve a casa, al convenio. Vuelve a casa, a Sion. Vuelve a casa, a Jesucristo, el Santo de Israel; y Él te llevará de regreso a casa, a Dios, tu Padre.
The Flight of the Prisoners [La huida de los prisioneros], por James Joseph Tissot et al
A pesar del poderoso ministerio del profeta Eliseo, el pueblo del Reino del Norte de Israel, no se arrepintió. Con el tiempo, el Imperio Asirio conquistó y dispersó a las diez tribus de Israel. Mientras tanto, el Reino del Sur de Judá no obraba mucho mejor que ellos; allí también se hallaba generalizada la idolatría.
En medio de toda aquella decadencia espiritual, las Escrituras mencionan dos reyes de Judá que, durante algún tiempo, hicieron que el pueblo se volviera a Jehová. Uno de ellos era Ezequías. Durante su reinado, los asirios conquistaron gran parte de Judá. Sin embargo, Ezequías y su pueblo mostraron fe en el Señor, quien salvó Jerusalén de manera milagrosa. Más adelante, después de otro período de apostasía, Josías fue nombrado rey. Inspirado en parte por el redescubrimiento del libro de la ley de Moisés, Josías realizó reformas que volvieron a avivar la vida religiosa de su pueblo.
Al igual que Israel y Judá, todos tomamos decisiones buenas y decisiones malas. Cuando percibamos que nuestra vida necesita algunos cambios, podemos recibir aliento de estos dos momentos de luz en los años oscuros de la historia de Judá. Quizás los ejemplos de Ezequías y Josías puedan inspirarnos a “confia[r] en Jehová nuestro Dios” (2 Reyes 18:22).
Todos tenemos experiencias que son un desafío para nuestra fe. Para Ezequías y su pueblo, uno de esos desafíos se presentó cuando el ejército asirio se acercó a Jerusalén. Al leer 2 Reyes 18–19, imagina vivir en Jerusalén durante aquel tiempo. ¿Cómo te hubieras sentido, por ejemplo, al oír las provocaciones de los asirios que están en 2 Reyes 18:28–37 y en 19:10–13? ¿Qué habrías hecho tú? Compara los motivos que daban los asirios para que los israelitas no confiaran en Jehová con los motivos que Satanás nos da para que dudemos de nuestra fe en la actualidad. También podrías contrastar los motivos que daban los asirios con los motivos por los que tú sí confías en el Señor.
¿Qué aprendes de lo que Ezequías hizo en esta situación? (Véase 2 Reyes 19:1–7, 14–19). ¿Cómo respondió el Señor? (Véase 2 Reyes 19:35–37). ¿Por qué crees que Ezequías permaneció fiel? (Véase 2 Reyes 18:5–7). Medita en el modo en que el Señor te ha sostenido durante tiempos difíciles. ¿Qué te sientes inspirado a hacer para aumentar tu confianza en Él?
El mensaje del presidente Jeffrey R. Holland “No temas; cree solamente” (Liahona, mayo de 2022, págs. 34–36) contiene consejos útiles para los momentos de temor o duda. Un himno como “Trabajemos hoy en la obra” (Himnos, nro. 158) también podría contener mensajes alentadores. ¿Qué encuentras en estos recursos que sea de ayuda para ti?
Véanse también 2 Crónicas 31–32; 3 Nefi 3–4; Jörg Klebingat, “Un discipulado valiente en los últimos días”, Liahona, mayo de 2022, págs. 107–110.
Utilizar las ayudas para el estudio de las Escrituras. La Iglesia proporciona muchos recursos para ayudarte a comprender las Escrituras. Por ejemplo, en la Biblioteca del Evangelio puedes encontrar la Guía para el Estudio de las Escrituras, Temas y preguntas y las revistas de la Iglesia. Además, al leer el Antiguo Testamento, puedes encontrar contexto y reflexiones de provecho en los artículos “Ideas a tener presentes” de Ven, sígueme. El artículo titulado “Por Cristo reunido será Israel” podría ayudarte a estudiar 2 Reyes 16–25.
Senaquerib, el rey de Asiria, tenía buenas razones para creer que su ejército conquistaría Jerusalén (véanse 2 Reyes 17; 18:33–34; 19:11–13); pero el Señor tenía un mensaje con respecto a Senaquerib, dado por medio del profeta Isaías. Está registrado en 2 Reyes 19:20–34. ¿Qué verdades hallas en el mensaje del Señor que te ayuden a tener fe en Él y en Su plan?
¿Alguna vez has sentido que te faltaba algo en el aspecto espiritual? Quizás hayas sentido que tu relación con Dios podía ser más fuerte. ¿Qué te ayudó a volverte a Él? Medita en esas preguntas mientras lees 2 Reyes 21–23, que describe cómo los del Reino de Judá se apartaron del Señor bajo el reinado de Manasés (véase 2 Reyes 21), y cómo el rey Josías ayudó al pueblo a tornarse de nuevo a Él (véase 2 Reyes 22–23). ¿Cómo y por qué cambiaron Josías y su pueblo? (Véanse 2 Reyes 22:8–11; 23:1–6, 21, 24).
El presidente Spencer W. Kimball llamó a la historia del rey Josías “uno de los mejores relatos de las Escrituras” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 71). Lee las palabras del presidente Kimball sobre el rey Josías (páginas 71–72). Tal vez puedas pensar en alguna experiencia en la que un pasaje de las Escrituras haya tenido una “fuerte influencia” en ti. ¿Qué podrías hacer para tener más experiencias como esa?
Véanse también Alma 31:5; “Josías y el libro de la ley” (video), Biblioteca del Evangelio.
¿Qué te llama la atención del convenio que hizo Josías en 2 Reyes 23:3? Al continuar leyendo el capítulo 23, fíjate en lo que hizo Josías para mostrar su compromiso con el Señor (véase también la imagen al final de esta reseña). ¿De qué manera puedes demostrarle a Él tu compromiso?
Para ver más ideas, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
En 2 Reyes 18:3, 5–6, ayuda a los niños a descubrir lo que hizo que Ezequías fuera un buen rey. Luego, al leer juntos 2 Reyes 19:14–19, podrían ver cómo demostró él que confiaba en el Señor. Podrían observar una imagen de Jesús y hablar de por qué podemos confiar en Él. ¿Cómo podemos demostrar que confiamos en el Señor?
En 2 Reyes 22:1, ayuda a los niños a descubrir la edad que tenía Josías cuando llegó a ser rey. ¿Qué aprendemos sobre Josías en el versículo 2? Considera alguna actividad que pueda ilustrar seguir al Señor y no apartarse “ni a la derecha ni a la izquierda”.
A los obreros que se describen en 2 Reyes 22:3–7 se les había confiado el manejo del dinero para reconstruir el templo “porque ellos proced[ían] con honradez” (versículo 7). Después de leer esos versículos, los niños y tú podrían hablar de cosas que se les han confiado. ¿De qué modo podemos ser dignos de confianza como los obreros que se mencionan en esos versículos?
Para presentar el relato del rey Josías en 2 Reyes 22–23, podrías esconder un ejemplar de las Escrituras en algún lugar de la sala e invitar a los niños a buscarlo. Luego podrías compartir lo que sucedió cuando uno de los sacerdotes de Josías encontró las Escrituras en el templo (véase 2 Reyes 22:8–11; véase también “El rey Josías” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 148–149). ¿Qué podría sucedernos a nosotros si no tuviéramos las Escrituras? Hablen entre ustedes sobre por qué se alegran de que tengamos las Escrituras en la actualidad.
Después de leer 2 Reyes 23:2–3, los niños y tú podrían hablar sobre pasajes de las Escrituras que les hayan inspirado a “i[r] en pos de Jehová” (versículo 3). También podrían cantar una canción que hable de las Escrituras, tal como “Escudriñar, meditar y orar” (Canciones para los niños, pág. 66).
Cuando Josías y su pueblo aprendieron los mandamientos de Dios, hicieron convenio de vivirlos. Lee sobre esto con los niños en 2 Reyes 23:1–3 y ayúdalos a encontrar palabras o frases que muestren lo que las personas sentían en cuanto a los mandamientos del Señor. Quizás podrían ponerse de pie y hablar sobre lo que significa “confirm[ar] el pacto”. Podrían caminar en su lugar y hablar de lo que significa “i[r] en pos de Jehová”. A continuación, podrían poner las manos sobre su corazón y sugerir maneras en que podemos guardar nuestros convenios “con todo [nuestro] corazón”.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
King Jehoshaphat’s Prayer [La oración del rey Josafat], por Keeley Rae
El reino de Judá estaba rodeado. Los ejércitos de tres poderosas naciones enemigas avanzaban al mismo tiempo, preparados para la batalla. En ese momento desesperado de necesidad, Josafat, rey de Judá, acudió al Rey del cielo y de la tierra. Reunió a su pueblo en el templo y oró. Reconoció sus debilidades humanas y suplicó liberación. En respuesta, el Señor prometió Su protección: “No temáis ni desmayéis” (2 Crónicas 20:17).
Tal vez no tengamos un ejército invasor a nuestras puertas amenazando con destruirnos, pero a veces nos sentimos rodeados de adversidad y maldad. Nuestro camino a la liberación es el mismo que buscó Josafat, y nuestra oración también puede ser como la suya: “¡Oh Dios nuestro!, […] nosotros no tenemos fuerza para enfrentar a esta multitud tan grande que viene contra nosotros; no sabemos lo que hemos de hacer, mas a ti volvemos nuestros ojos” (2 Crónicas 20:12).
En 2 Crónicas 14–30, leerás acerca de Josafat y otros reyes de Judá. Al hacerlo, considera cómo las reformas impulsadas por su fe, sus victorias y sus desafíos pueden aplicarse a tu vida.
Para consultar una reseña del libro 2 Crónicas, véase “Crónicas” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Cuando Asa era rey de Judá, afrontó muchos desafíos, igual que todos nosotros en la actualidad. A medida que leas acerca de las pruebas que afrontó, fíjate en dónde puso su confianza y cómo eso fue cambiando con el tiempo.
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Referencia |
Desafíos a los que se enfrentó Asa |
Dónde Asa depositó su confianza |
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¿Por qué a veces dejamos de confiar en el Señor? ¿Qué más aprendes de la vida de Asa?
Véase también D. Todd Christofferson, “Nuestra relación con Dios”, Liahona, mayo de 2022, págs. 78–80.
El profeta Micaías debe haber sentido mucha presión para predecir el éxito de los reyes Josafat y Acab en su guerra contra Siria. Busca evidencias de esa presión en 2 Crónicas 18:1–12. ¿Qué evidencia encuentras de la valentía y la integridad de Micaías en los versículos 13–27? (En el versículo 14, Micaías da una respuesta sarcástica; su verdadera respuesta está en el versículo 16). ¿Cómo se cumplen las palabras de Micaías en los versículos 28–34?
¿Cuáles son algunas situaciones en las que podrías enfrentarte a una presión como la que enfrentó Micaías? ¿Qué te da valor para defender al Señor y Sus enseñanzas?
Al leer 2 Crónicas 20:1–12, busca lo que hizo el rey Josafat cuando varias naciones vinieron a atacar a Judá. ¿Cómo podrías poner en práctica las acciones que él realizó en las circunstancias difíciles que afrontas?
La respuesta de Jehová a la oración de Josafat se encuentra en los versículos 14–17. ¿Qué frases encuentras allí que podrían consolarte a ti o a alguien que conozcas durante los momentos difíciles?
Al día siguiente, el pueblo de Jerusalén salió al encuentro del ejército enemigo. Al leer 2 Crónicas 20:20, busca el mensaje que Josafat dio al pueblo de Jerusalén. ¿Cómo se cumplieron sus palabras? (Véanse los versículos 22–23). ¿De qué manera te ha bendecido Dios por creer en Él y seguir a Sus profetas?
El presidente Russell M. Nelson dijo: “Por mi experiencia, una vez que dejamos de poner signos de interrogación tras las declaraciones del profeta y, en vez de ello, ponemos signos de exclamación y lo hacemos, las bendiciones simplemente fluyen. Nunca me pregunto: ‘¿Cuándo habla el profeta como profeta y cuándo no?’. Lo que me interesa ha sido: ‘¿Cómo puedo ser más como él?’”. (en Lane Johnson, “Russell M. Nelson: A Study in Obedience”, Ensign, agosto de 1982, pág. 24).
Véanse también Doctrina y Convenios 21:4–6; “Un ancla segura” (video), Biblioteca del Evangelio; “Toma decisiones inspiradas”, Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones, 2022, págs. 4–5.
Reconocer los enunciados de verdades sencillos. El élder Neal A. Maxwell enseñó: “Las Escrituras nos ofrecen muchos diamantes doctrinales y cuando la luz del Espíritu se refleja en sus múltiples facetas ellas brillan con un destello celestial e iluminan el sendero que debemos seguir” (“Según nuestros deseos”, Liahona, enero de 1997, pág. 21). A medida que estudies las Escrituras, considera dedicar tiempo a reconocer y marcar mensajes breves pero poderosos, y a meditar en ellos. Algunos ejemplos se encuentran en 2 Crónicas 14:11; 15:7; 18:13; 20:15; Mateo 26:5. ¿Qué otros “diamantes doctrinales” puedes hallar?
Al igual que con muchos otros reyes de Judá, el reinado de Uzías comenzó con grandes logros, pero terminó con una tragedia. Busca ese patrón en 2 Crónicas 26: ¿Cuál dirías que fue el punto de inflexión en la vida de Uzías?
Al leer los versículos 16–23, ten en cuenta que en esa época solo a los sacerdotes se les permitía quemar incienso en el templo. ¿Por qué crees que el rey Uzías desobedeció a Dios? ¿Qué aprendes de esta trágica experiencia?
Véase también: “Sé humilde”, Himnos, nro. 70.
En 2 Crónicas 30, Ezequías era el rey de Judá. Él invitó al reino rival de Israel a congregarse en Jerusalén para celebrar la Pascua judía, algo que los israelitas no habían podido hacer durante muchos años (véanse los versículos 1–12). ¿Qué te impresiona acerca de la invitación y cómo fue recibida, tanto por los invitados israelitas como por sus anfitriones en Judá?
Debido a que había pasado tanto tiempo, algunos visitantes de Jerusalén no estaban familiarizados con los detalles de cómo participar de la Pascua judía. Al leer 2 Crónicas 30:18–27, ¿qué aprendes de la respuesta de Ezequías y de las consecuencias de su respuesta?
Véase también Russell M. Nelson, “Se necesitan pacificadores”, Liahona, mayo de 2023, págs. 98–101.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Para presentar la idea de confiar en el Señor, podrías mostrarles a los niños algo en lo que confíes para mantenerte seco cuando llueve, como un paraguas o una chaqueta. Permite que hablen de por qué podemos confiar en esas cosas y ayúdalos a compararlo con nuestra confianza en el Señor. ¿Por qué confiamos en que Él nos mantendrá a salvo espiritualmente?
Podrías ayudar a los niños a descubrir la forma en que el rey Asa y el rey Josafat respondieron a los desafíos confiando en Jehová (véanse 2 Crónicas 14:11; 20:3–5, 12). Compartan unos con otros maneras en que pueden mostrarle al Señor que confían en Él.
La hoja de actividades de esta semana puede ayudar a los niños a entender el relato de la oración de Josafat y la respuesta del Señor. Los niños y tú podrían hablar de ocasiones en las que Dios escuchó y contestó sus oraciones. Considera incluir ocasiones en las que las respuestas llegaron de maneras inesperadas o en momentos inesperados. Alguna canción sobre la oración, tal como “Oro con fe” (Liahona, marzo de 1991, sección para los niños, pág. 5), podría ayudar a edificar la fe de los niños.
Para aprender acerca de los peligros del orgullo, los niños podrían construir una torre con bloques de juguete o vasos pequeños. A medida que coloquen cada bloque o vaso en la torre, ayúdalos a identificar alguno de los logros de Uzías en 2 Crónicas 26:3–15. Después de que terminen la torre, analiza con los niños cómo Uzías podría mantenerla alta y firme. ¿Qué podría hacer que cayera? Luego, al leer el versículo 16, podrían hablar de lo que significa que nuestro corazón “se enalte[zca] para [nuestra] ruina”. Comparte con los niños lo que le sucedió a Uzías en los versículos 16–23. Deja que derriben la torre y hablen acerca de lo que podemos hacer para mantenernos humildes.
La imagen anterior ilustra cuando Ezequías invitó a los del pueblo vecino de Judá, el Reino de Israel, a celebrar la Pascua judía con ellos. Podrían observar la imagen con los niños y leer 2 Crónicas 30:18–19, donde se explica que algunos de los invitados no se habían lavado de acuerdo con la ley de Moisés. ¿Qué hizo Ezequías? ¿Cómo habrá hecho sentir eso a los invitados? Ayuda a los niños a pensar en cómo pueden ser como Ezequías en la forma en que tratan a los demás.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Esdras 1; 3–7; Nehemías 2; 4–6; 8
El pueblo judío había estado cautivo en Babilonia durante unos setenta años. Habían perdido Jerusalén y el templo, y muchos habían olvidado su compromiso para con la ley de Dios; no obstante, Dios no los había olvidado a ellos. De hecho, Él había declarado mediante Su profeta: “yo os visitaré y os cumpliré mi buena palabra de haceros volver” (Jeremías 29:10). Fiel a esa profecía, el Señor preparó el camino para que Su pueblo regresara tanto a Jerusalén como, lo que es más importante, a sus convenios. Levantó siervos que realizaron “una gran obra” (Nehemías 6:3): un gobernante llamado Zorobabel supervisó la reconstrucción de la casa de Jehová; Esdras, un sacerdote y escriba, ayudó al pueblo a volver su corazón a la ley de Jehová; y Nehemías dirigió la reconstrucción de los muros protectores alrededor de Jerusalén. Afrontaron oposición, pero también recibieron ayuda de fuentes inesperadas. Las experiencias de ellos pueden formar e inspirar las nuestras, ya que nosotros también estamos ocupados en una gran obra. Y al igual que la obra de ellos, la nuestra tiene mucho que ver con la Casa del Señor, la ley del Señor y la protección espiritual que hallamos en Él.
Para consultar las reseñas de los libros de Esdras y Nehemías, véanse “Esdras” y “Nehemías”, respectivamente, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Después de que Persia hubo conquistado Babilonia, Jehová inspiró a Ciro, rey de Persia, a enviar a un grupo de judíos a Jerusalén para reconstruir el templo. Al leer Esdras 1, observa lo que Ciro hizo para apoyar a los judíos en aquella importante labor. ¿De qué modo ves obrar al Señor a través de los hombres y mujeres que te rodean, incluso aquellos que no son miembros de Su Iglesia? ¿Qué te indica eso en cuanto al Señor y Su obra?
Véase también Isaías 44:24–28.
Cuando los babilonios invadieron Jerusalén, saquearon el templo y lo quemaron hasta los cimientos (véanse 2 Reyes 25:1–10; 2 Crónicas 36:17–19). ¿Cómo crees que te habrías sentido si hubieras estado entre los judíos que presenciaron aquello? (Véase Salmo 137). Observa cómo se sintieron los judíos, décadas después, cuando se les permitió regresar y reconstruir el templo (véase Esdras 3:8–13; 6:16–22). Aquello podría inspirarte a meditar en tus propios sentimientos en cuanto al Señor y Su casa. ¿Por qué la construcción de un templo es motivo para celebrar?
Esdras 4–7; Nehemías 2; 4; 6
La obra del Señor rara vez está exenta de oposición, la cual también existió ante los esfuerzos dirigidos por Zorobabel y Nehemías. A continuación, se presenta un método sencillo que puede ayudarte a aprender de estos relatos y a considerar cómo puedes llevar a cabo la obra del Señor a pesar de la oposición:
La obra de Dios para Zorobabel (Esdras 4:3):
La obra de Dios para Nehemías (Nehemías 2:17–18):
La obra de Dios para mí:
La oposición a la que se enfrentó Zorobabel (Esdras 4:4–24):
La oposición a la que se enfrentó Nehemías (Nehemías 2:19; 4:1–3, 7–8; 6:1–13):
La oposición a la que yo me enfrento:
Cómo respondió Zorobabel (Esdras 5:1–2):
Cómo respondió Nehemías (Nehemías 2:20; 4:6, 9; 6:3–15):
Cómo puedo responder yo:
Para ayudarte a comparar la experiencia de Nehemías con tu vida, podrías estudiar el mensaje del presidente Dieter F. Uchtdorf “Estamos haciendo una gran obra y no podemos ir” (Liahona, mayo de 2009, págs. 59–62), en particular las últimas dos secciones. Al pensar en la obra que Dios te ha encomendado, podrías estudiar el “Lema de las Mujeres Jóvenes” o el “Lema de los cuórums del Sacerdocio Aarónico” (Biblioteca del Evangelio); o bien, podrías consultar un himno como “Sirvamos unidas” (Himnos, nro. 205) o “Oh élderes de Israel” (Himnos, nro. 209).
¿Qué crees que significa tener “ánimo para trabajar” en el servicio del Salvador? (Nehemías 4:6). ¿Qué podría significar tener “la bondadosa mano de Dios […] sobre [ti]” mientras haces Su obra? (Nehemías 2:8; véanse también Nehemías 2:18; Esdras 7:6, 9, 27–28). ¿De qué manera has visto Su mano en tus esfuerzos por servirle?
Durante generaciones de cautiverio, los judíos tuvieron acceso limitado al “libro de la ley de Moisés” (Nehemías 8:1). En Nehemías 8, Esdras leyó la ley al pueblo. ¿Qué encuentras en este capítulo que muestre lo que Esdras y su pueblo sentían en cuanto a Dios y Su palabra? (Véanse especialmente los versículos 1–12). ¿Qué cosas o aspectos de tu vida demuestran lo que sientes por Dios y Su palabra?
Véase también Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Ezra Taft Benson, 2014, págs. 125–136.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Para enseñar a los niños sobre el gozo que sintieron los judíos cuando se reconstruyó su templo, podrías mostrarles una imagen como la que se encuentra a continuación. Hablen acerca de por qué esas personas podrían alegrarse de estar en la Casa del Señor; también podrías contarles por qué el templo es un lugar de gozo para ti. ¿En qué forma te ha ayudado el templo a sentirte más cerca del Padre Celestial y del Salvador?
Mientras lees Esdras 3:10–13 con los niños, ayúdalos a buscar palabras que muestren cómo se sintieron los judíos cuando se estaba reconstruyendo el templo. Cuando lleguen al final del versículo 13, tal vez podrían dar gritos de alegría juntos. Ayuda a los niños a pensar en razones para alegrarse de que el Señor nos haya dado templos. ¿Cómo podemos mostrar ese gozo?
Considera cantar con los niños una canción sobre el templo, tal como la segunda estrofa de “Soy bienvenido a Su hogar” (Biblioteca del Evangelio). Después de cada estrofa, podrías hacer una pausa para pedir a un niño que comparta algo que le encante en cuanto al templo. También podrían mirar imágenes de templos mientras cantan.
Comparte con los niños el relato de Nehemías (véanse Nehemías 2:17–20; 6:1–9; o “Nehemías” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 173–174). Al leer Nehemías 2:20, tú y los niños podrían “levantar[se]” y hacer de cuenta que ayudan a edificar los muros de Jerusalén; o bien, los niños podrían disfrutar de construir un muro con bloques u otros objetos. A medida que lo hagan, podrías ayudarlos a pensar en cosas importantes que el Padre Celestial desea que hagamos.
Mientras lees Nehemías 6:9, invita a los niños a levantar las manos cuando leas “fortalece, pues, oh Dios, mis manos”. Háblales sobre alguna ocasión en la que hayas sentido que Dios fortaleció tus manos para llevar a cabo Su obra.
Lee en voz alta algunas frases de Nehemías 8:2–3, 5–6, 8–9, 12 que describan lo que el pueblo hizo cuando escuchó a Esdras leer las Escrituras. A medida que leas, los niños podrían hacer una dramatización de esas frases. Luego podrían compartir unos con otros cómo se sienten cuando leen o escuchan las Escrituras.
A medida que lean juntos Nehemías 8:8, podrías preguntar a los niños qué les ayuda a entender las Escrituras. Muéstrales cómo utilizar las ayudas para el estudio de las Escrituras, tales como la Guía para el Estudio de las Escrituras y Temas y preguntas (Biblioteca del Evangelio). Invítalos a compartir algo que hayan aprendido en cuanto al Salvador en las Escrituras.
Busca verdades eternas en las Escrituras. “Las Escrituras […] están colmadas de verdades del Evangelio, pero a veces se requiere un esfuerzo concienzudo para encontrarlas. Al aprender juntos de las Escrituras, deténgase y pregunte a las personas a quienes enseña qué verdades del Evangelio encuentran. Ayúdeles a reconocer cómo se relacionan esas verdades con el plan de salvación del Padre Celestial. A veces las verdades eternas se declaran en las Escrituras, y otras veces se ilustran en los relatos y en la vida de las personas sobre las que leemos. También puede ser útil explorar juntos el contexto histórico de los versículos que están leyendo, así como el significado de los versículos y cómo se aplican a nosotros en la actualidad” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 22).
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Queen Esther Saves Jehovah’s People [La reina Ester salva al pueblo de Jehová], por Sam Lawlor
Muchos de los acontecimientos del libro de Ester podrían parecer suerte o coincidencias. ¿De qué otro modo explicarías cómo una joven judía huérfana llegó a ser la reina de Persia en el momento justo para salvar a los de su pueblo de que se les matase? ¿Qué probabilidades había de que Mardoqueo, primo de Ester, oyera el complot para asesinar al rey? ¿Fueron coincidencias o parte de un plan divino? El élder Ronald A. Rasband ha indicado: “Lo que podría parecer una oportunidad al azar está, de hecho, dirigido por un amoroso Padre Celestial […]. El Señor se ocupa de los pequeños detalles de nuestra vida” (“Por designio divino”, Liahona, noviembre de 2017, pág. 56). Es posible que no siempre reconozcamos la influencia del Señor en estos “pequeños detalles”. Sin embargo, gracias a la experiencia de Ester, aprendemos que Él puede guiar nuestro camino y prepararnos “para es[a] hora” (véase Ester 4:14) en que podamos ser instrumentos en Sus manos para cumplir Sus propósitos.
Para consultar una reseña del libro de Ester, véase “Ester”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
El presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó que cada uno de nosotros “se halla en una posición única y tiene una importante tarea que solo [nosotros podemos] llevar a cabo […]. El Señor les dio esas responsabilidades por una razón. Es posible que haya personas y corazones a los cuales solo ustedes puedan llegar y conmover, y que nadie más pueda hacerlo de la misma manera” (“Impulsen desde donde estén”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 56).
Al leer la historia de Ester, medita en el modo en que esas palabras se aplican a ella. Busca las maneras en las que el Señor hizo posible que salvara a los judíos (véanse, por ejemplo, Ester 2:21–23; 3:10–14; 4:14–16). Luego medita en cómo Él te ha dado oportunidades de bendecir a otras personas. ¿Cuáles son algunas de las circunstancias o relaciones a las que Él te ha guiado “para esta hora”? (Ester 4:14). Si ha recibido la bendición patriarcal, y si así lo deseas, léela a fin de aprender más sobre la obra que el Señor tiene para ti. ¿Qué puedes hacer para lograr esa obra?
Véase también “Para este tiempo” (video), LaIglesiadeJesucristo.org.
Aprendemos más haciendo que escuchando. El élder David A. Bednar aconsejó a los maestros: “Nuestro objetivo no ha de ser: ‘¿Qué les digo?’. Más bien las preguntas que debemos hacernos son: ‘¿Qué invitación a actuar puedo hacerles? ¿Qué preguntas inspiradas puedo hacer que, si ellos están dispuestos a responder, comenzarán a invitar al Espíritu Santo a sus vidas?’” (en Enseñar a la Manera del Salvador, pág. 25). Si estás enseñando a tu familia o a una clase acerca de Ester, ¿qué podrías pedirles que hicieran para ayudarles a aprender?
En el libro de Ester, aprendemos de la fidelidad de Ester y de Mardoqueo, pero también aprendemos del orgullo y de la ira de Amán. Al leer Ester 3; 5:9–14, observa los sentimientos, las palabras y las acciones de Amán. ¿Qué nos revelan acerca de él y de sus motivaciones? ¿Qué consecuencias tuvo que afrontar? (Véase Ester 7). Es probable que el leer sobre Amán te inspire a evaluar cuáles son las motivaciones de tus sentimientos y acciones. ¿Te sientes inspirado a efectuar algún cambio? ¿Cómo puedes acudir al Padre Celestial para pedir Su ayuda?
Véanse también Proverbios 16:32; Alma 5:28.
Observa las razones que llevaron a Ester y al resto de los judíos a ayunar (véanse Ester 3:13; 4:1–3, 10–17). ¿De qué manera los bendijo el ayuno? (Véanse Ester 5:2–3; 8:11–12). ¿Por qué el Señor nos pide que ayunemos? (Véase Temas y Preguntas, “Ayuno y ofrendas de ayuno”, Biblioteca del Evangelio). Piensa en lo que puedes hacer para que el ayuno sea una mayor bendición en tu vida.
Véanse también Isaías 58:6–12; “Fasting: Young Single Adult Ward, Amanda” (video), LaIglesiadeJesucristo.org.
Ester 3:1–11; 4:10–17; 5:1–4; 9:17–19
Cuando Mardoqueo y Ester se mantuvieron firmes en sus creencias y las de su pueblo, pusieron su vida en riesgo. Nuestras decisiones pueden tener consecuencias menos graves, pero hacer lo correcto aún puede requerir valor. ¿Qué aprendes en Ester 3:1–4; 4:10–17 sobre tener el valor para hacer lo correcto? Observa las diferentes consecuencias que experimentaron Mardoqueo y Ester tras mostrar valentía (véanse Ester 3:5–11; 5:1–4). ¿Qué necesitaban saber Ester y Mardoqueo acerca de Dios para tomar las decisiones que tomaron?
Piensa en situaciones en las que necesites valor para defender lo correcto. ¿Qué aprendes de Ester y Mardoqueo que pueda ayudarte a encontrar valor en el Señor?
El valor de Ester condujo a “un día de […] regocijo” (véase Ester 9:17–19). ¿De qué manera el valor semejante al de Cristo te ha brindado “un día de […] regocijo”?
Véanse también “Atrévete a lo correcto aunque solo estés” (video), Biblioteca del Evangelio; “Firmes creced en la fe”, Himnos, nro. 166.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Podrías sentirte inspirado a utilizar Ester 2:7 para enseñar a los niños acerca de ayudar a los miembros de la familia necesitados, tal como Mardoqueo lo hizo con Ester. Podrían leer juntos el versículo o resumirlo con sus propias palabras. Luego, tú y los niños podrían pensar en miembros de la familia que podrían necesitar su ayuda. Planifiquen cómo ayudarlos.
Los ejemplos de Ester y Mardoqueo pueden ayudar a los niños a entender que ser valiente significa hacer lo correcto, aun cuando se tenga temor. Podrías escribir las frases Mardoqueo fue valiente cuando…y Ester fue valiente cuando…. A medida que aprendan juntos la historia de Ester, los niños podrían sugerir maneras de completar las oraciones. Podrían leer Ester 3:1–11; 4:10–17 o “La reina Ester” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 166–170) o ver las ilustraciones de esta reseña. Luego, escribe Demostraré valor al… e invítalos a mencionar cosas que el Padre Celestial desea que hagan que requieran valor. Una canción sobre el valor, tal como “Muestra valor” (Canciones para los niños, pág. 80), podría ayudar.
También podrían aprender sobre ocasiones en las que Jesucristo fue valiente; por ejemplo, cuando sufrió por nuestros pecados, tanto en Getsemaní como en la cruz (véanse Mateo 26:36–39; 27:33–35). Pide a los niños que hablen de alguna ocasión en la que hayan sido valientes, y comparte también tus propias experiencias.
Leer Ester 4:1–3, 10–17 podría ayudarte a enseñar a los niños acerca del ayuno. ¿Por qué ayunaron Ester y los judíos? Di a los niños por qué ayunas. También podrías preguntarles cómo explicarían el ayuno a un amigo que nunca haya ayunado. ¿Cómo podríamos ayudar a nuestros amigos a entender las bendiciones que se reciben por ayunar?
Anima a los niños a pensar en algo en lo que podrían necesitar la ayuda del Señor. Sugiéreles que lo hagan parte de su ayuno durante el próximo domingo de ayuno.
Ayuda a los niños a entender que cuando Ester tuvo temor, Mardoqueo la animó explicándole que el Señor la había ayudado a llegar a ser reina “para esta hora” (Ester 4:14). ¿Qué quiso decir Mardoqueo con eso? Hablen sobre cómo Ester fue un instrumento del Señor. ¿Cómo podemos ser instrumentos del Señor?
¿Cómo podrías ayudar a los niños a entender lo que es un instrumento? Tal vez podrías invitar a alguien a tocar una canción en un instrumento musical o mostrar una imagen de alguien que usa alguna herramienta. Luego, podrían hablar de lo que significa ser un instrumento en las manos de Dios.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
La lectura de poesía en el Antiguo Testamento
En los libros del Antiguo Testamento desde Génesis hasta Ester, hallamos mayormente relatos: narraciones que describen acontecimientos históricos desde una perspectiva espiritual. Noé construyó el arca, Moisés liberó a Israel, Ana oró para tener un hijo, etcétera. A partir de Job, encontramos un estilo de escritura diferente, pues los escritores del Antiguo Testamento recurren al lenguaje poético para expresar sentimientos profundos o profecías extraordinarias de un modo inolvidable.
Ya hemos visto algunos ejemplos de poesía aquí y allá a lo largo de los libros históricos del Antiguo Testamento. Desde el libro de Job en adelante, veremos muchos más. Los libros de Job, Salmos y Proverbios están compuestos de poesías casi en su totalidad, así como ocurre con ciertas partes de libros proféticos como Isaías, Jeremías y Amós. Ya que leer poesía es diferente de leer narraciones, con frecuencia se requieren métodos distintos a fin de comprenderla. Las siguientes son algunas ideas que podrían ayudarte a encontrar más significado en la poesía del Antiguo Testamento.
En primer lugar, quizá te resulte de ayuda recordar que la poesía hebrea del Antiguo Testamento no se basa en la rima, como algunas otras clases de poesía. Aunque el ritmo, los juegos de palabras y las aliteraciones son características comunes de la poesía hebrea antigua, por lo general estas se han perdido al traducirse. Sin embargo, una de las características que notarás es la repetición de pensamientos o ideas, a la que a veces se denomina “paralelismo”. Este es un ejemplo sencillo de Isaías:
¡Vístete de tu poder, oh Sion!
¡Vístete de tus ropas hermosas, oh Jerusalén […]! (Isaías 52:1).
El Salmo 29 tiene muchas líneas paralelas, por ejemplo:
Voz de Jehová con poder;
voz de Jehová con majestuosidad (Salmo 29:4).
En el siguiente caso, el saber que el segundo verso es paralelo al primero facilita la comprensión del pasaje:
Yo también os hice estar a diente limpio en todas vuestras ciudades,
y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos (Amós 4:6).
En estos ejemplos, el poeta repetía una idea con ligeras diferencias. Esta técnica recalca la idea que se reitera, al mismo tiempo en que se utilizan las diferencias para describirla mejor o desarrollarla.
En otros casos, las dos expresiones paralelas usan un lenguaje similar a fin de transmitir ideas contrastantes, como en este ejemplo:
La blanda respuesta quita la ira,
mas la palabra áspera hace subir el furor (Proverbios 15:1).
Este tipo de paralelismo no es casualidad; los escritores lo empleaban de modo intencional. Les ayudaba a expresar sentimientos o verdades espirituales con elocuencia y belleza. De modo que, cuando notes paralelismos en el Antiguo Testamento, pregúntate de qué forma te ayudan a entender el mensaje del escritor. Por ejemplo, ¿que habrá intentado decir Isaías al relacionar “poder” con “ropas hermosas”, y “Sion” con “Jerusalén”? (Isaías 52:1). ¿Qué podemos inferir sobre la frase “blanda respuesta”, si sabemos que “palabra áspera” es lo opuesto? (Proverbios 15:1).
Algunas personas comparan la lectura de poesía con conocer a una persona nueva. Leer la poesía del Antiguo Testamento podría ser, entonces, como conocer a alguien de un país lejano y de una cultura extranjera que habla un idioma diferente al nuestro, y que tiene más de dos mil años de edad. Es probable que la persona dijera cosas que al principio nosotros no entenderíamos, pero eso no significa que no tenga nada valioso que decirnos. Solo debemos pasar algo de tiempo juntos, tratando de ver las cosas desde su punto de vista. Es posible que incluso hallemos que, de hecho, en nuestros corazones, nos entendemos muy bien el uno al otro. Si mostramos paciencia y compasión, nuestro nuevo conocido puede llegar a convertirse en un querido amigo.
Así que, cuando leas un pasaje de Isaías, por ejemplo, piensa que estás conociendo a alguien por primera vez. Pregúntate: “¿Cuál es mi impresión general?”. ¿Cómo te hace sentir el pasaje, aun cuando no entiendas todas las palabras? Luego vuelve a leerlo; varias veces, si es posible. Considera leerlo en voz alta; algunas personas encuentran un significado adicional de esa manera. Observa cuáles son las palabras específicas que ha escogido Isaías, en especial, las que te ayuden a formarte una imagen mental. ¿Qué te hacen sentir esas imágenes mentales? ¿Qué sugieren en cuanto a los sentimientos de Isaías? Cuanto más estudies las palabras de estos escritores del Antiguo Testamento, tanto más verás que escogieron intencionalmente sus palabras y técnicas para expresar profundos mensajes espirituales.
Los poemas pueden ser un magnífico aliado, pues nos ayudan a comprender lo que sentimos y experimentamos. Los poemas del Antiguo Testamento son especialmente preciados, ya que nos ayudan a entender nuestros sentimientos y experiencias más importantes: aquellos que conciernen a nuestra relación con Dios.
Conforme estudies la poesía del Antiguo Testamento, recuerda que el estudio de las Escrituras es de mayor provecho cuando nos conduce a Jesucristo. Busca símbolos, metáforas y verdades que edifiquen tu fe en Él; presta atención a la inspiración del Espíritu Santo mientras estudias.
Libros sapienciales o morales
Una de las categorías de la poesía del Antiguo Testamento es lo que los eruditos llaman “libros sapienciales”. Job, Proverbios y Eclesiastés pertenecen a esa categoría. Aunque los Salmos expresan sentimientos de alabanza, pesar y adoración, la literatura sapiencial se centra en consejos útiles en cualquier tiempo, o bien en cuestiones profundas y filosóficas. Por ejemplo, el libro de Job estudia la justicia de Dios y las razones subyacentes al sufrimiento humano; Proverbios ofrece consejos en cuanto a cómo vivir bien e incluye refranes sabios reunidos y transmitidos desde generaciones anteriores; y en Eclesiastés se analiza el propósito de la vida misma: cuando todo parece fugaz y al azar, ¿dónde hallamos verdadero sentido? Los libros sapienciales podrían verse como conversaciones reflexivas con inspirados consejeros que quieren compartir algunas observaciones sobre Dios y el mundo que Él ha creado, y quizá también ayudarte a comprender estas cosas algo mejor de lo que las comprendías antes.
Job 1–3; 12–14; 19; 21–24; 38–40; 42
The Judgments of Job [Los juicios de Job], por Joseph Brickey
Es natural preguntarse por qué les suceden cosas malas a las personas buenas o, siguiendo ese razonamiento, por qué les suceden cosas buenas a las personas malas. ¿Por qué Dios, que es justo, habría de permitir que ocurra eso? El libro de Job analiza preguntas como esas. Job era una de esas buenas personas a las que le sucedieron muchas cosas malas. Debido a las pruebas de Job, sus amigos se preguntaban si él en verdad era bueno después de todo. Job afirmaba que era recto y se preguntaba si Dios en verdad es justo después de todo. No obstante, a pesar de su sufrimiento y de plantearse cuestionamientos, Job retuvo su integridad y su fe en Jesucristo. En el libro de Job, se cuestiona y se pone a prueba la fe, pero jamás se la abandona por completo. Eso no significa que se respondan todas las preguntas. Sin embargo, el libro de Job enseña que, hasta que se les dé respuesta, las preguntas pueden coexistir con la fe. Independientemente de lo que suceda mientras tanto, podemos decir de nuestro Señor: “En él confiaré” (Job 13:15).
Para consultar una reseña del libro de Job, véase “Job” en la Guía para el Estudio de las Escrituras (Biblioteca del Evangelio).
Los primeros capítulos de Job destacan, de manera poética, el papel de Satanás como nuestro adversario o acusador; no describen una interacción real entre Dios y Satanás. Al leer lo que Satanás dijo acerca de Job (véanse Job 1:9–11; 2:4–5), podrías preguntarte: “¿Por qué permanezco fiel a Dios?” ¿Por qué sería peligroso obedecer al Señor únicamente por los motivos que mencionó Satanás?
¿Qué te llama la atención de la respuesta de Job ante sus pruebas? (Véanse Job 1:20–22; 2:9–10).
Los amigos de Job señalaron que Dios lo estaba castigando (véanse Job 4–5; 8; 11). ¿Qué problemas adviertes en esta idea? Lee la respuesta de Job en los capítulos 12–13. ¿Qué sabía Job acerca de Dios que le permitió seguir confiando? ¿Qué sabes tú en cuanto a Dios que te ayuda a afrontar los desafíos?
A veces aprendemos las verdades más importantes durante nuestros momentos más difíciles. Medita en las pruebas de Job que se describen en Job 19:1–22 y en las verdades que proclamó en los versículos 23–27. ¿Cómo sabes que tu Redentor vive? ¿Qué diferencia marca en tu vida este conocimiento?
Considera cantar o escuchar un himno que hable de Jesucristo, tal como “Yo sé que vive mi Señor” (Himnos, nro. 73). ¿Qué palabras de ese himno expresan tus sentimientos por Él?
Véanse también Doctrina y Convenios 121:1–12; 122.
En Job 21–24, leerás un debate entre Job y sus amigos. En el centro de esta discusión había una pregunta que muchas personas se han hecho: ¿Por qué a veces sufren las personas justas?
Aunque no tenemos todas las respuestas, en el Evangelio restaurado de Jesucristo tenemos algunas verdades que pueden ayudarnos a entender la adversidad y el sufrimiento. A continuación se encuentran pasajes de las Escrituras de los últimos días que contienen algunas de estas verdades. ¿Qué te enseñan esos pasajes de las Escrituras sobre el Padre Celestial y Su plan?
También podrías leer las enseñanzas del presidente Spencer W. Kimball sobre la adversidad en “¿Tragedia o destino?” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2011, págs. 13–24).
Basándote en lo que has estudiado, ¿cómo responderías una pregunta como: “¿Por qué permite Dios que las personas justas sufran?”.
Frustrado por las acusaciones de sus amigos (véanse Job 16:1–5; 19:1–3), Job preguntó repetidamente a Dios por qué tenía que sufrir tanto (véanse Job 19:6–7; 23:1–9; 31). El Señor no dio ninguna razón clara en el libro de Job, pero sí enseñó un mensaje importante en los capítulos 38–40. ¿Cómo resumirías ese mensaje? Por ejemplo, ¿qué aprendes de las preguntas de Jehová que se encuentran en Job 38:1–7, 18–24?
Notarás que Jehová le habló a Job acerca de algunas de Sus creaciones y otras obras poderosas (véase Job 38–39). Podrías contemplar algunas de esas creaciones (o imágenes de ellas). ¿De qué modo te ayudan esas cosas a pensar de manera diferente acerca de Dios? ¿Y acerca de tus pruebas? ¿De qué modo cambiaron la perspectiva de Job? (Véase Job 42:1–6; véase también Moisés 1:8–10).
Estos son dos mensajes de la conferencia general que pueden ayudarnos a cambiar nuestra perspectiva: Tamara W. Runia, “Ver a la familia de Dios a través de un lente de perspectiva” (Liahona, noviembre de 2023, págs. 62–69); Russell M. Nelson, “¡Piensen de manera celestial!” (Liahona, noviembre de 2023, págs. 117–120). En ese discurso, busca algo que quieras recordar la próxima vez que tus pruebas parezcan abrumadoras. ¿Cómo te recordarás a ti mismo lo que aprendiste?
Sé creativo. El aprendizaje no tiene que consistir solamente en leer, pensar y hablar. A veces, el aprendizaje más memorable se logra de maneras físicamente activas. Por ejemplo, cuando leas acerca de cómo Jehová cambió la perspectiva de Job en Job 38–40, podrías dar un paseo y observar algunas de las creaciones de Jehová, grandes y pequeñas. O bien, podrías mirar un objeto desde diferentes perspectivas: desde arriba, desde abajo, de cerca, de lejos, etc.
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Anima a los niños a que te cuenten lo que sepan acerca de Job. Si necesitan ayuda, podrías señalarles Job 1:1, 13–22; 2:7–10 o “Job” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 145–147). ¿Cómo respondió Job ante los desafíos? (Véase Job 1:21; 2:10).
Job fue fiel en sus desafíos debido a lo que sabía acerca del Señor. Tal vez los niños y tú podrían ver imágenes de Jesucristo en las que interactúe con otras personas (como la que se encuentra a continuación, o bien láminas del Libro de obras de arte del Evangelio). Hablen de lo que sepan de Él y de cómo es. Estos son algunos versículos que muestran lo que Job sabía acerca de Jehová: Job 12:10, 13, 16; 19:25–27. ¿Por qué es valioso saber estas cosas de Él?
Job hizo una pregunta importante en Job 14:14. Tal vez los niños y tú podrían turnarse para compartir cómo responderían a Job. Podrías buscar ideas en Alma 11:42–44, en el video “#GraciasaÉl – Un mensaje de esperanza y triunfo en la Pascua de Resurrección” (Biblioteca del Evangelio) o en una canción sobre la Resurrección, tal como “¿Vivió Jesús una vez más?” (Canciones para los niños, pág. 45).
Cuando Job estaba pasando por dificultades, sus amigos dijeron que Dios lo estaba castigando porque había pecado (véase Job 22:5). Si fuéramos amigos de Job, ¿cómo trataríamos de ayudarlo? ¿Cómo pueden ayudar nuestras palabras a otras personas cuando están tristes? (Véase Job 16:5). Considera mostrar una o más de las imágenes de esta reseña mientras analizan estas preguntas.
Si lo deseas, pide a los niños que mencionen algunas cualidades de un buen amigo y que nombren a un amigo que tenga esas cualidades. Luego podrían mirar una ilustración de Jesucristo. ¿De qué maneras es Jesús un buen amigo para cada uno de nosotros? Podrían pensar en alguien que esté pasando por un momento difícil. Piensen cómo serán un amigo semejante a Cristo para esa persona.
Después de leer Job 19:23–27, tú y los niños podrían hablar sobre cómo saben que nuestro Redentor vive. Entre todos, podrían escribir sus testimonios (o algunos dibujos del Salvador) en un “libro” (véase el versículo 23).
También podrían cantar juntos una canción que testifique de Jesucristo, tal como “Yo sé que vive mi Señor” (Himnos, nro. 73). Compartan frases del himno que fortalezcan su fe en Él. ¿Por qué es importante saber que Jesucristo vive?
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Salmos 1–2; 8; 19–33; 40; 46
The Lord Is My Shepherd [Jehová es mi pastor], por Yongsung Kim. Imagen por cortesía de havenlight.com
No sabemos con seguridad quién escribió los Salmos. Algunos se le han atribuido al rey David, pero los autores de la mayoría de ellos siguen siendo anónimos. Sin embargo, después de leer los Salmos, es probable que sintamos como si conociéramos el corazón de los salmistas, aunque no conozcamos sus nombres. Lo que sí sabemos es que los Salmos eran una parte importante de la adoración entre los israelitas; y sabemos que el Salvador los citaba con frecuencia. A través de los Salmos se nos abre una ventana al alma del antiguo pueblo de Dios. Vemos cómo se sentían en cuanto a Dios, qué les preocupaba y cómo hallaban la paz. Nosotros, como creyentes en la actualidad y de todo el mundo, aún usamos esas palabras en nuestra adoración a Dios. Es casi como si los escritores de los Salmos tuvieran una ventana a nuestras almas, porque expresaron lo que sentimos por Dios, lo que nos preocupa y cómo encontramos paz.
Para consultar una reseña del libro de Salmos, véase “Salmo” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Al leer los Salmos, podrías notar con cuánta frecuencia los autores expresan temor, pesar o ansiedad. Tales sentimientos son normales, aun para las personas de fe. No obstante, lo que hace que los Salmos sean inspiradores son las soluciones que ofrecen, entre ellas, una confianza total en el Señor. Al leer Salmos 1; 23; 26–28; 46, escribe:
Las invitaciones a confiar en Jehová.
Las palabras que lo describan a Él.
Las palabras que describan la paz, la fortaleza y las demás bendiciones que Él brinda.
Las palabras que describan a quienes confían en Él.
También presta atención a las vívidas metáforas y símbolos que los Salmos utilizan para enseñar acerca del Salvador. Por ejemplo, en el Salmo 23, ¿qué te viene a la mente al leer frases como “en lugares de delicados pastos me hará descansar” o “aguas de reposo” (versículo 2)? ¿Qué podrían simbolizar la “vara” y el “cayado” que infunden aliento (versículo 4)? ¿Qué podría significar que nuestra “copa” rebose (versículo 5)?
Hay varios Salmos que hacen referencia a la vida terrenal de Jesucristo. Los cristianos de la época del Nuevo Testamento también vieron esas conexiones. Podrías leer las siguientes referencias de las Escrituras. Busca conexiones entre las palabras de estos salmos y la vida del Salvador:
¿Qué aprendes al estudiar estas conexiones? ¿Qué profecías y promesas de las Escrituras aún no se han cumplido? ¿Qué encuentras en esos versículos que te ayude a tener esperanza en el futuro?
Al leer los Salmos 8; 19; y 33, podrías sentirte inspirado a contemplar las numerosas y magníficas creaciones del Señor. Al hacerlo, presta atención a tus sentimientos. Si lo deseas, también podrías cantar o meditar en la letra de alguna canción relacionada con esos salmos, tal como “¡Grande eres Tú!” (Himnos, nro. 41). ¿De qué modo las creaciones del Señor te “cuentan la gloria de Dios”? (Salmo 19:1).
Estos son algunos otros himnos inspirados en los Salmos:
Salmo 23: “Jehová mi Pastor es”, (Himnos, nro. 56)
Salmos 23:6; 150: “Praise to the Lord, the Almighty” (Hymns, nro. 72)
Salmo 26:8: “Tu casa amamos, Dios” (Himnos, nro. 160)
Salmo 27:1: “Jesús es mi luz” (Himnos, nro. 42)
Salmos 33:1–6; 95:1–6: “Por la belleza terrenal” (Himnos, nro. 43)
Salmo 37:3–9: “Be Still, My Soul” (Hymns, nro. 124)
Salmo 148: “Oh, creaciones del Señor” (Himnos, nro. 31)
Utilice la música. El presidente Dallin H. Oaks dijo: “El canto de himnos es una de las mejores maneras de ponernos en armonía con el Espíritu del Señor […]. La música sagrada tiene la capacidad única de expresar nuestros sentimientos de amor por el Señor; ese tipo de comunicación es una maravillosa adición al acto de adorar […]. Nuestros himnos contienen enseñanzas doctrinales incomparables, cuyo efecto poético y veracidad solo pueden verse sobrepasados por las Escrituras” (“Adoremos por medio de la música”, Liahona, enero de 1995, págs. 10, 11, 12). ¿Qué himnos relacionados con los Salmos podrías escuchar o cantar esta semana para aumentar tu adoración?
En los Salmos, términos tales como testimonio, preceptos, mandamiento y decretos, por ejemplo, pueden hacer referencia a la palabra del Señor; tenlo presente al leer Salmo 19:7–11. ¿Qué te indican esos versículos sobre la palabra del Señor? ¿Qué te enseña el Salmo 29 acerca de la voz de Jehová? Según tu experiencia, ¿en qué se asemeja la palabra o la voz del Señor a esas descripciones?
Puesto que el templo de Jerusalén estaba edificado en una colina, la expresión el “monte de Jehová” (Salmo 24:3) puede hacer referencia al templo o a la presencia de Dios. ¿Cómo se amplía tu comprensión del Salmo 24 al saber eso? ¿Qué significa para ti el ser “limpio de manos y puro de corazón”? (Versículo 4). Al leer Salmos 26–27, ¿qué más aprendes acerca de la Casa del Señor?
En ocasiones, puede que nos desanimemos al escuchar que tenemos que ser puros para entrar en la presencia de Dios. Después de todo, todos fallamos aunque nos esforcemos y ninguno de nosotros es perfecto. ¿Qué esperanza encuentras en el mensaje del élder David A. Bednar titulado “Limpios de manos y puros de corazón”? (Liahona, noviembre de 2007, págs. 80–83). ¿Cómo podrías utilizar su mensaje para ayudar a alguien que se sienta abrumado por querer ser perfecto? Considera cómo puedes recibir la ayuda del Salvador en tus esfuerzos por ser “limpio de manos y puro de corazón”.
Véase también Bradley R. Wilcox, “La dignidad no significa estar libre de mancha”, Liahona, noviembre de 2021, págs. 61–68.
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Podrías escribir El Señor es…, e invitar a los niños a buscar maneras de completar esa oración utilizando pasajes de las Escrituras como los siguientes: Salmos 23:1; 27:1; 28:1; 28:7; 32:7; 46:1. ¿Qué nos enseñan esos pasajes de las Escrituras acerca de la forma en que el Salvador puede ayudarnos?
Podrías analizar con los niños lo que necesita un cordero para estar protegido y saludable. Luego, mientras leen juntos el Salmo 23, ayúdalos a comparar lo que un pastor hace por un cordero con lo que Jesús hace por nosotros. ¿Qué necesitamos para estar espiritualmente protegidos y sanos? Entonen juntos alguna canción que pudiera darles ideas, tal como “Siento el amor de mi Salvador” (Canciones para los niños, págs. 42–43).
Mientras leen el Salmo 24:3 juntos, los niños podrían buscar palabras que les recuerden el templo. También podrían ver alguna imagen de un templo. Luego, podrían leer juntos el versículo 4 para saber quién puede entrar al templo. Podrían hablar sobre cómo se ensucian las manos y cómo las limpiamos. ¿Cómo podemos nos ensuciamos espiritualmente? ¿Cómo nos ayuda el Salvador a limpiarnos espiritualmente?
Si tienes niños pequeños, podrías invitarlos a hacer de cuenta que están llorando mientras lees “por la noche durará el llanto”, en Salmo 30:5. Luego pídeles que muestren alegría mientras lees “y a la mañana vendrá la alegría”. Repitan esta frase algunas veces.
Muestra una imagen del Salvador y cuéntales algunas de las cosas que Él ha hecho por ti que te brindan alegría. Si quieres, que cada niño se turne para sostener la imagen y decir lo que Jesús ha hecho que le brinda alegría.
Ayuda a los niños a memorizar la primera línea de Salmo 46:10: “Quedaos tranquilos, y sabed que yo soy Dios”. ¿Qué significa “queda[rse] tranquilos”? Tal vez podrían dedicar algún tiempo a practicar cómo estar tranquilo y en silencio. También podrían compartir unos con otros experiencias en las que el estar “tranquilos” fortaleció su relación con Dios. Ayuda a los niños a pensar en momentos durante el día en los que puedan “queda[rse] tranquilos” para sentirse cerca del Padre Celestial.
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Salmos 49–51; 61–66; 69–72; 77–78; 85–86
Saving That Which Is Lost [Salvar lo que se había perdido], por Michael Malm
Los escritores de los Salmos compartieron profundos sentimientos personales a través de su poesía. Escribieron en cuanto a sentirse desanimados, temerosos y con remordimientos; en ocasiones, incluso se sintieron abandonados por Dios, y algunos salmos expresan frustración o desesperación. Si alguna vez te has sentido así, la lectura de los Salmos puede ayudarte a saber que no eres el único; pero además, encontrarás salmos que te alentarán al experimentar esos sentimientos, pues los salmistas también alababan al Señor por Su bondad, se maravillaban ante Su poder y se regocijaban en Su misericordia. Sabían que aunque nos agobien la iniquidad y el pecado, el Señor es “bueno y perdonador” (Salmo 86:5). Entendían que tener fe en el Señor no significa que jamás tengamos que luchar con la inquietud, el pecado o el temor; más bien, significa que sabemos a Quién acudir cuando los afrontamos.
El Salmo 49 tiene un mensaje que es “tanto [para] los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente” (versículo 2). ¿Cuál dirías que es el mensaje? ¿Qué piensas que se añade a dicho mensaje en Salmo 62:5–12?
Es probable que el leer estos salmos te inspire a reflexionar sobre cómo nos vemos tentados a depositar nuestra confianza en algo que no sea Dios para recibir la redención (véase Salmo 49:6–7). ¿De qué modo influye en tu vida el testimonio que tienes de que “Dios redimirá [tu] alma del poder del Seol” [la tumba]? (Salmo 49:15).
El rey David escribió el Salmo 51 después de reconocer su desesperada necesidad de perdón, que es algo que todos necesitamos. ¿Qué versículos describen sentimientos que hayas tenido? ¿Qué encuentras en este salmo que te dé esperanzas de perdón?
También puedes buscar algunos elementos en el Salmo 51 sobre lo que significa arrepentirse. Elabora una lista de lo que descubras. Podrías agregar otros elementos al estudiar el mensaje del presidente Russell M. Nelson, “Podemos actuar mejor y ser mejores” (Liahona, mayo de 2019, págs. 67–69).
¿Cómo describirías lo que se siente al recibir el perdón por medio de Cristo? Si necesitas ayuda para describir tus sentimientos, podrías consultar Salmos 51:1–2, 7–12; 85:2–9. A algunas personas les gusta dibujar o buscar imágenes para expresar sus sentimientos; podrías intentarlo. También podrías cantar o escuchar un himno sobre el Salvador, tal como “Asombro me da” (Himnos, nro. 118).
A fin de arrepentirnos, necesitamos tener fe no solo en que Jesucristo puede purificarnos, sino también en que Él lo hará. ¿Qué encuentras en Salmo 86:5, 13, 15 que te ayude a saber que el Salvador no solo puede perdonar, sino que además está dispuesto a hacerlo?
Véanse también Alma 36; Peter F. Meurs, “¡Él podía sanarme a mí!”, Liahona, mayo de 2023, págs. 39–41.
Salmos 51:13–15; 66:5–20; 71:15–24
Reflexiona sobre cómo obtuviste tu testimonio de Jesucristo y de Su poder expiatorio. Luego, al estudiar los Salmos 51:13–15; 66:5–20; 71:15–24, piensa en la manera en que puedes invitar a otras personas a “veni[r] y ve[r] las obras de Dios” (Salmo 66:5). Si tuvieras que “conta[r] lo que [el Señor] ha hecho por [tu] alma” (Salmo 66:16), ¿qué dirías?
¿Qué significa para ti “habla[r] […] de [Su] justicia todo el día”? (Salmo 71:24).
Véase también Alma 26.
Varios salmos describen lo que es sentirse alejado de Dios y necesitar desesperadamente Su ayuda (véanse Salmos 63:1, 8; 69:1–8, 18–21; 77:1–9). ¿Qué hallas en Salmos 63; 69; 77–78 que haya brindado consuelo y confianza a esos salmistas?
Cuando estás angustiado, ¿de qué modo te ayuda “acordar[te] de las obras de [Jehová]” y “de [Sus] maravillas antiguas”? (Salmo 77:11). Algunas de esas maravillas se describen en el Salmo 78. Al leer sobre ellas, piensa en lo que te ayuda a “pon[er] en Dios [tu] confianza” (versículo 7).
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Debido a que este domingo es el quinto domingo del mes, se alienta a los maestros de la Primaria a que utilicen las actividades de aprendizaje del “Apéndice B: Cómo preparar a los niños para toda una vida en la senda de los convenios de Dios”.
Para ayudar a los niños a descubrir verdades sobre el arrepentimiento en el Salmo 51, podrías dibujar un corazón grande y ayudarles a escribir en su interior las cosas malas que Satanás nos tienta a hacer. ¿Cómo sacamos estas cosas de nuestro corazón? Pide a los niños que encuentren la palabra “corazón” en Salmo 51:10, 17. Hablen acerca de lo que esos versículos enseñan acerca del arrepentimiento. Permite que los niños borren las palabras que están dentro del corazón y escriban nuevas palabras que describan las maneras en que Jesús puede cambiarnos cuando nos arrepentimos.
Si lo deseas, puedes ayudar a los niños a aprender lo que significa tener un “corazón quebrantado y contrito” (Salmo 51:17). Podrían turnarse para abrir algo que tenga una cáscara dura, tal como un huevo o una nuez. Podrías ayudarlos a comparar la cáscara con las cosas que nos impiden sentir el amor del Padre Celestial. ¿Cómo podemos abrir nuestro corazón a Él?
También podrían mirar juntos una imagen del Salvador y podrías preguntarles qué palabras usarían para describirlo. Invítalos a buscar palabras que lo describan en el Salmo 86:5, 13, 15. ¿Por qué es importante saber estas cosas de Él?
A los niños les podría gustar dibujar los símbolos que se encuentran en Salmo 61:2–3. ¿En qué sentido es Jesucristo como una “peña” alta (versículo 2), “un refugio” y una “torre fuerte”? (Versículo 3).
Pide a los niños que compartan algunos de sus relatos favoritos de las Escrituras (las imágenes del Libro de obras de arte del Evangelio podrían ser útiles). ¿Qué nos enseñan sobre el Señor? Podrían leer juntos Salmo 66:16 y turnarse para responder la pregunta: “¿Qué ha hecho Jehová por mi alma?”.
Al leer juntos Salmos 77:11; 78:6–7, podrían compartir unos con otros cómo tratan de “acordar[se] de las obras de Jah” (Salmo 77:11), incluso de Sus obras en la vida de ustedes. ¿Cómo nos ayuda la Santa Cena a “recordarle siempre”? (Moroni 4:3; 5:2).
Después de leer el Salmo 71:8 con los niños, invítalos a dibujar una boca grande. Pídeles que te ayuden a “llenar” la boca con imágenes o palabras que representen lo que podemos decir a los demás sobre Jesucristo.
Podrían pasarse una imagen de Jesucristo, y quien sostenga la lámina podría decir alguna cosa que sepa acerca de Él. ¿De qué manera podemos ayudar a los demás a hacer esas cosas?
Los niños tienen mucho que compartir. “Cada vez que los niños aprenden algo nuevo, lo más natural es que deseen compartirlo con los demás. Estimule ese deseo dándoles oportunidades de enseñarse mutuamente los principios del Evangelio y de enseñárselos a sus familiares y amigos. Pídales también que compartan con usted sus ideas, sentimientos y experiencias relacionadas con los principios que les esté enseñando. Se dará cuenta de que sus contribuciones son sencillas, puras y poderosas” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 32).
Muchos de los salmos son como oraciones a Dios. Al leer Salmos con los niños, podrías mostrarles cosas que podemos usar para comunicarnos con personas que están lejos, como un teléfono o una carta. Luego lean el Salmo 86:7. ¿Cómo “invoca[mos]” al Padre Celestial? ¿Cómo nos responde Él?
Podrían entonar juntos una canción que hable de la oración, tal como “Oración de un niño” (Canciones para los niños, págs. 6–7; véase también Susan H. Porter, “Oren, Él está ahí”, Liahona, mayo de 2024, págs. 77–79). Cuéntense acerca de alguna ocasión en la que Dios les contestó sus oraciones.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Salmos 102–103; 110; 116–119; 127–128; 135–139; 146–150
Reverential Return [El regreso reverencial], por Kelsy y Jesse Lightweave
El nombre judío tradicional del libro de Salmos es Tehillim, una palabra hebrea que significa “alabanzas”. Está relacionada con la exclamación aleluya (que significa “alabad a Jehová” o “alabad al Señor”). Si tuviéramos que elegir una palabra para resumir el mensaje principal de los Salmos, alabar sería una buena palabra para hacerlo. Algunos de los Salmos contienen la invitación directa a “alaba[r] a Jehová” (véanse especialmente los Salmos 146–150), en tanto que todos inspiran adoración y alabanza. Los Salmos nos invitan a reconocer el poder del Señor, Su misericordia y las grandes cosas que Él ha hecho. Aunque jamás podremos pagarle por nada de ello, sí podemos alabarlo. Tal alabanza puede expresarse de forma diferente en cada persona; quizás implique cantar, orar o dar testimonio. Con frecuencia, nos conduce a asumir un mayor compromiso con el Señor y a seguir Sus enseñanzas. Independientemente de lo que “alabad al Señor” signifique en tu vida, hallarás más inspiración para hacerlo al leer y meditar los Salmos.
Observa cómo Salmo 102:1–11 describe los sentimientos de inquietud y soledad que a menudo sobrevienen durante los desafíos. Tal vez tú u otras personas que conozcas hayan experimentado esos sentimientos. Al leer Salmos 102:12–28; 103; 116, busca las expresiones que te den la confianza de que puedes “invoca[r] el nombre de Jehová” durante tus pruebas (Salmo 116:13). Tal vez desees marcar, memorizar o compartir con otras personas las frases que te brindan esperanza en Él.
Véanse también Isaías 25:8; Hebreos 2:17–18; Alma 7:11–13; Camille N. Johnson, “Jesucristo es [nuestro] socorro”, Liahona, mayo de 2023, págs. 81–84; “¿Dónde hallo el solaz?” (Himnos, nro. 69).
Los Salmos contienen pasajes que hacen referencia a la vida y al ministerio de Jesucristo. Aquí hay algunos ejemplos:
Salmo 110:1–4 (véanse Mateo 22:41–45; Hebreos 5:4–10; 6:20)
Salmo 118:22 (véanse Mateo 21:42; Hechos 4:10–11; 1 Pedro 2:7)
Salmo 118:25–26 (véase Mateo 21:9)
¿Qué te enseñan esos versículos acerca de Jesucristo? ¿Por qué es importante saber esto sobre Él?
El Salmo 119 contiene muchas frases que comparan nuestra vida con un viaje de regreso al Padre Celestial. Mientras lees, presta atención a palabras como “andan”, “senda”, “camino”, “pies” y “desvíe”. Reflexiona sobre el trayecto de tu propia vida: dónde has estado, dónde estás ahora y en qué dirección te diriges. ¿Qué aprendes en este salmo sobre tu viaje de regreso a casa? ¿Qué has aprendido al observar la senda de otras personas? Según este salmo, ¿qué te ha proporcionado Dios para ayudarte a mantenerte en Su senda?
Piensa en alguna ocasión en la que seguir un camino o un mapa te haya ayudado a viajar a algún lugar con éxito. ¿Qué te enseña esa experiencia en cuanto a seguir la senda de Dios?
En muchos otros pasajes de las Escrituras, el Señor y Sus profetas hablan sobre una senda. A continuación se dan algunos ejemplos. Podrías examinar estos versículos, y escribir o compartir con otras personas lo que aprendas.
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Pasaje de las Escrituras |
Lo que aprendo sobre la senda hacia Dios |
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¿Cómo pueden ayudarte esas verdades a permanecer en la senda de Dios?
¿Qué ideas adicionales puedes aprender del siguiente consejo del presidente Russell M. Nelson?
“Si nuestra jornada por la vida ha de tener éxito, debemos seguir la dirección divina. El Señor dijo: ‘Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis’ [Doctrina y Convenios 6:36]. Y el salmista escribió: ‘Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz a mi camino’ [Salmo 119:105] […].
“En su jornada por esta vida, ustedes encuentran muchos obstáculos y cometen algunos errores. La guía de las Escrituras les ayuda a reconocer el error y efectuar la corrección necesaria, lo cual les impide seguir en la dirección equivocada. Ustedes hacen un estudio cuidadoso del mapa de las Escrituras y luego siguen adelante con el arrepentimiento y la restitución necesaria para hallarse en el ‘estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna’ [2 Nefi 31:18]” (“El vivir mediante la guía de las Escrituras”, Liahona, enero de 2001, pág. 20).
Véase también Dieter F. Uchtdorf, “El hijo pródigo y el camino que conduce a casa”, Liahona, noviembre de 2023, págs. 86–89.
Observa por qué es insensato confiar en los dioses falsos, según Salmo 135:15–18. ¿En qué podrías verte tentado a confiar que sea similar a un ídolo? Si quieres, haz una lista de las cosas que el Señor puede hacer, como lo hicieron los salmistas en Salmos 134–136. ¿Qué cosas poderosas ha hecho el Señor por ti?
¿Qué hallas en el Salmo 139 que te ayude a entender que el Señor te tiene presente a ti; a tus pensamientos y a tus acciones, a tus fortalezas y a tus debilidades? ¿De qué modo influye esta verdad en tu vida y en tus decisiones?
Al leer estos últimos salmos de alabanza, piensa en las razones que tienes para alabar al Señor. ¿Por qué es importante alabarlo? ¿De qué maneras puede alabarlo?
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Tú o uno de tus niños podrían leer Salmo 102:1–2 y buscar la forma en que el Señor nos ayuda durante nuestras dificultades. ¿Cómo podemos buscar Su ayuda? También podrían hablar sobre momentos en los que hayan necesitado ayuda y hayan sentido que Dios escuchó sus oraciones.
A los niños podría gustarles hablar sobre cómo es estar en la oscuridad, o podrían analizar qué cosas son difíciles de hacer en la oscuridad. Podrías invitarlos a hacer algo con los ojos cerrados, como un dibujo, por ejemplo. ¿Qué aprendemos en el Salmo 119:105 sobre la luz y la palabra de Dios?
Busca algo que el Padre Celestial nos ha dado para ayudarnos a permanecer en Su senda en los siguientes versículos: Salmo 119:47–48; 119:105; 1 Nefi 11:25; 2 Nefi 31:20. ¿Qué podemos hacer para mantenernos en la senda de Dios?
A los niños podría gustarles ver imágenes de las cosas que se mencionan en el Salmo 119:105. Podrías mostrar las imágenes en orden a medida que lean el versículo. También podrían entonar juntos alguna canción relacionada, tal como “Hazme andar en la luz” (Canciones para los niños, pág. 70) o “Andaré con Cristo” (Biblioteca del Evangelio).
Considera elaborar listas cortas de lo que sepas sobre cada niño. Conforme leas las listas una a la vez, pide a los niños que adivinen a quién estás describiendo. Luego, después de leer juntos el Salmo 139:1–3, podrían hacer una lista de lo que el Padre Celestial y Jesús saben acerca de nosotros.
Escribe las palabras del Salmo 139:23–24 en una hoja de papel o en una pizarra. Invita a los niños a subrayar las palabras que describen lo que Dios puede hacer por nosotros. ¿Por qué queremos que Dios haga esas cosas?
Invita a los niños a compartir experiencias en las que alguien los haya elogiado o les haya dicho que hicieron un buen trabajo. Comparte algunas de las cosas buenas que el Señor ha hecho que figuran en el Salmo 146:6–9 (ayuda a los niños a entender las palabras que desconozcan). Invítalos a hablar de otras cosas que Él hace por nosotros. ¿Cómo podemos alabarlo por esas cosas?
Aprender en casa; compartir con otras personas. El presidente Russell M. Nelson ha enseñado que el hogar debe estar “centr[ado] en el aprendizaje del Evangelio” (“Cómo ser Santos de los Últimos Días ejemplares”, Liahona, noviembre de 2018, pág. 13). ¿Qué puedes hacer esta semana para profundizar tu estudio personal o familiar de los Salmos? Después de estudiar, considera compartir con los demás lo que aprendiste y sentiste; ya sea en una conversación, por medio de mensajes de texto o redes sociales, o en la Iglesia.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Proverbios 1–4; 15–16; 22; 31; Eclesiastés 1–3; 11–12
Podrías ver al libro de Proverbios como una colección de sabios consejos de padres amorosos (véase Proverbios 1:8). Su mensaje principal es que si buscas sabiduría, especialmente la sabiduría de Dios, la vida irá bien. No obstante, al libro de Proverbios le sigue el de Eclesiastés, que parece decirnos: “No es tan sencillo”. El Predicador que se cita en Eclesiastés explica que, aunque “dedi[có] [su] corazón a conocer la sabiduría”, aun así halló “aflicción de espíritu” y “mucha angustia” (Eclesiastés 1:17–18). De diversas maneras, el libro plantea: “¿Hay verdadero sentido en un mundo en el que todo parece ser vano, temporal e incierto?”.
Sin embargo, aunque en los dos libros se ve la vida desde diferentes perspectivas, ambos enseñan verdades similares. Eclesiastés declara: “El fin de todo este asunto que has oído es este: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12:13). Se trata del mismo principio que se encuentra a lo largo de todo Proverbios: “Confía en Jehová con todo tu corazón” (Proverbios 3:5; véase también el versículo 7). Aunque no siempre sea perfecta, la vida siempre es mejor cuando confiamos en el Señor Jesucristo y lo seguimos.
Para consultar las reseñas de estos libros, véanse “Proverbio” y “Eclesiastés”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Proverbios 1–4; 15–16; Eclesiastés 1–3; 11–12
Los libros de Proverbios y Eclesiastés rebosan de reflexiones en cuanto a la sabiduría. Si lo deseas, marca la palabra “sabiduría” y otras palabras relacionadas con ella, como, por ejemplo, “conocimiento”, “prudencia” y “entendimiento”, a medida que las encuentres en Proverbios 1–4; 15–16; Eclesiastés 1–3; 11–12. ¿En qué cambia tu modo de ver el concepto de la sabiduría al leer estos capítulos? Basándote en lo que lees, ¿cómo describirías la sabiduría que “Jehová da”? (Proverbios 2:6). ¿Qué bendiciones se reciben gracias a la sabiduría de Dios?
Véanse también Mateo 7:24–27; 25:1–13.
Ayuda a los alumnos a compartir lo que están aprendiendo. “[Dé] a los alumnos oportunidades de compartir entre ellos lo que están aprendiendo acerca del Salvador y Su evangelio. Eso les ayudará a incorporar y a expresar las verdades que se les enseñen. También les ayudará a ganar confianza en su capacidad de compartir verdades en otras situaciones” (Enseñar a la manera del Salvador, págs. 26–27) Por ejemplo, podrías invitar a los alumnos a escribir algunas referencias de Proverbios o Eclesiastés en las que hayan encontrado ideas sobre la sabiduría de Dios. Luego pídeles que hablen sobre lo que aprendieron.
Proverbios 1:7; 2:5; 3:7; 15:33; 16:6; 31:30; Eclesiastés 12:13
Otro tema que se encuentra a lo largo de Proverbios y Eclesiastés es “el temor de Jehová”. Presta atención a esta frase al leerla. ¿Qué crees que signifique temer a Jehová? Busca ideas en el mensaje del élder David A. Bednar titulado “Por tanto, calmaron sus temores” (Liahona, mayo de 2015, págs. 46–49). ¿De qué manera es distinto el temor al Señor a temores de otro tipo?
Véase también Proverbios 8:13.
¿Cómo tratarías de persuadir a alguien de que es mejor “conf[iar] en Jehová” que “apoy[arnos] en [nuestra] propia prudencia”? (Proverbios 3:5). ¿Qué comparaciones o lecciones prácticas utilizarías? Al meditar en Proverbios 3:5–7, piensa en maneras en las que podrías completar oraciones como estas: Confiar en Jehová es como…, Apoyarnos en nuestra propia prudencia es como…
¿Por qué es una imprudencia apoyarnos en nuestro propio entendimiento? ¿Cómo has descubierto que el Señor es digno de confianza?
Aun así, a veces podría resultarnos difícil confiar en el Señor. ¿Por qué motivo? El élder Gerrit W. Gong menciona algunas razones, junto con consejos útiles, en “Volver a confiar” (Liahona, noviembre de 2021, págs. 97–99). ¿Qué relatos o enseñanzas encuentras en este mensaje que podrían ayudar a alguien a recuperar su confianza en el Señor?
Tanto Proverbios 3:6 como Proverbios 4 comparan la vida con una “vereda” o un “camino” o “senda”. ¿Qué crees que signifique dejar que el Señor “endere[ce] tus veredas”? (Proverbios 3:6). ¿Qué encuentras en el capítulo 4 que te ayude a “examina[r] la senda de tus pies”? (versículo 26). Por ejemplo, ¿qué enseñan los versículos 11–12 y 18–19 sobre las bendiciones de seguir el camino correcto? ¿Qué significan para ti los versículos 26 y 27?
Véanse también 2 Nefi 31:18–21; “Señor, yo te seguiré”, Himnos, nro. 138.
Algunas de las ideas en Proverbios 15–16 tal vez te inspiren a mejorar la forma en que te comunicas con los demás, en especial con tus seres queridos. Por ejemplo, piensa en ocasiones específicas en las que la “blanda respuesta” ayudó a “quit[ar] la ira” (Proverbios 15:1).
También podrías pensar en ocasiones en las que el Salvador ejemplificó las enseñanzas de Proverbios 15:1–4, 18 (véanse Marcos 12:13–17; Juan 8:1–11). ¿De qué modo puedes seguir Su ejemplo al interactuar con los demás?
¿Cómo podría el consejo de Proverbios 15; 16:24–32 aplicarse a la comunicación digital actual? Intenta hallar un versículo en estos capítulos que puedas reformular con otras palabras como un consejo sobre cómo interactuar en las redes sociales o por medio de mensajes de texto.
Véanse también Neil L. Andersen, “Seguir a Jesús: ser pacificadores”, Liahona, mayo de 2022, págs. 17–21; Ronald A. Rasband, “Las palabras importan”, Liahona, mayo de 2024, págs. 70–77; Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones, 2022, págs. 11–12.
En Proverbios 31:10–31 se describe a la “mujer virtuosa”, es decir, a una mujer de gran fortaleza, capacidad e influencia espirituales. Podrías intentar resumir con tus propias palabras lo que cada uno de esos versículos dice acerca de ella. ¿Cuál de estos rasgos puedes emular?
¿Por qué crees que pueda serte de provecho recordar que muchas cosas de este mundo son “vanidad” (es decir, temporales y a menudo sin importancia), tal como se afirma en Eclesiastés 1–2? ¿Qué ves en Eclesiastés 12 que le otorga valor eterno a la vida?
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Proverbios 1:7; 2:5; 15:33; 16:6; Eclesiastés 12:13
A fin de ayudar a los niños a entender los pasajes sobre temer a Dios, podrías sustituir la palabra “temor” por palabras como reverencia, amor u obediencia (véase también Hebreos 12:28). ¿En qué cambia aquello la manera en que vemos esos versículos? ¿Cómo podemos mostrar que somos temerosos del Señor?
Los niños y tú podrían idear movimientos que concuerden con Proverbios 3:5–7, como hacer un corazón con las manos, apoyarse en algo, caminar en el lugar y apartarse a un lado. ¿Cómo podemos mostrar que confiamos en Jesucristo con todo el corazón?
Para mostrar lo que significa “no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5), considera invitar a los niños a apoyarse en algo firme y estable, como una pared. Luego pídeles que intenten apoyarse en algo que no sea firme, como por ejemplo, una escoba; o bien, podrían intentar apoyar un palo o un lápiz contra objetos más y menos firmes, como un libro o una hoja de papel. ¿Por qué es importante “conf[iar] en Jehová” (versículo 5) y no en nuestra “propia prudencia”?
Tal vez tú y los niños puedan pensar en situaciones en las que tú o ellos podrían sentirse enojados. Lean juntos Proverbios 15:1 y ayúdales a aplicar ese versículo a las situaciones que se les ocurrieron. Tal vez podrían practicar algunas respuestas “blandas”. Alguna canción sobre la bondad, tal como “Allí donde hay amor” (Canciones para los niños, págs. 102–103), podría recalcar ese principio.
A fin de ayudar a los niños a entender lo que significa “tarda[r] en airarse” (Proverbios 15:18), tú y los niños podrían contar alguna experiencia propia (o de alguien a quien conozcan) en la que hayan sentido enojo, pero hubieran decidido ser amables. Ayuda a los niños a pensar en cosas en las que podemos ser rápidos si “tarda[mos] en airar[nos]”. Por ejemplo, podemos ser rápidos para pensar en Jesús, pedir ayuda al Padre Celestial, pensar en una canción de la Primaria o, si es posible, alejarnos de la situación.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Los profetas y la profecía
En la división cristiana tradicional del Antiguo Testamento, la última sección (de Isaías a Malaquías) se llama “Los Profetas”. Esa sección, que conforma cerca de la cuarta parte del Antiguo Testamento, contiene las palabras de los siervos de Dios autorizados, quienes hablaban con el Señor y luego hablaban en Su nombre, y compartían Su mensaje con el pueblo entre el año 900 y el 500 a. C..
Los profetas y las profecías desempeñan una función primordial a lo largo del Antiguo Testamento. Abraham, Isaac y Jacob tuvieron visiones y hablaron con mensajeros celestiales; Moisés hablaba con Dios cara a cara y comunicaba Su voluntad a los hijos de Israel; los libros de Primer y Segundo Reyes narran las memorables obras y mensajes de los profetas Elías y Eliseo; el Antiguo Testamento también habla de profetisas como María y Débora, así como de otras mujeres bendecidas con el espíritu de profecía, tales como Rebeca y Ana; y aunque los Salmos no fueron escritos por profetas propiamente dichos, sus autores también rebosaban del espíritu de profecía, en especial, al anticiparse anhelosamente a la venida del Mesías.
Esto no es de sorprender para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, pues, ciertamente, el Evangelio restaurado de Jesucristo nos enseña que los profetas no son solo personajes históricos interesantes, sino que son una parte esencial del plan de Dios. Aunque algunas personas podrían considerar que los profetas son algo exclusivo de la época del Antiguo Testamento, nosotros los vemos como algo que tenemos en común con dicha época.
A pesar de ello, leer los capítulos de Isaías o de Ezequiel puede ser distinto a leer los mensajes de la conferencia general que ofrece el Presidente de la Iglesia actual. En ocasiones, es difícil darnos cuenta de que los profetas de la antigüedad tenían mensajes importantes para nosotros; después de todo, el mundo en el que vivimos hoy en día es muy diferente de aquel mundo en el que ellos predicaban y profetizaban. Y el hecho de que nosotros ciertamente tenemos un profeta viviente podría plantear una pregunta: ¿Por qué vale la pena el esfuerzo (pues sí que requiere esfuerzo) leer las palabras de los profetas de la antigüedad?
Mayormente, las personas de la actualidad no son la audiencia principal a la que se dirigen los profetas del Antiguo Testamento. Aquellos profetas tenían que abordar problemas apremiantes en esos tiempos, que eran propios de su época y lugar, tal como nuestros profetas de los últimos días atienden hoy los problemas que urgen en estos tiempos.
Al mismo tiempo, los profetas también pueden ver más allá de los problemas inmediatos; enseñan verdades eternas, relevantes para cualquier tiempo y lugar; y, al ser bendecidos con la revelación, tienen un panorama más amplio de la obra de Dios. Por ejemplo, Isaías advirtió a las personas de su época acerca de sus pecados; también escribió acerca de la liberación de los israelitas que vivirían doscientos años después; y, al mismo tiempo, enseñó acerca de la liberación que todo el pueblo de Dios busca. Además, escribió profecías que, incluso hoy, aguardan ser cumplidas: por ejemplo, la promesa de una “nueva tierra” (Isaías 65:17) que “estará llena del conocimiento de Jehová” (Isaías 11:9), en la cual las tribus perdidas de Israel habrán sido recogidas y en la que “las naciones […] [no] se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4). Parte de la dicha y la inspiración que provienen de la lectura de las palabras de los profetas del Antiguo Testamento como Isaías es darnos cuenta de que nosotros tendremos una función que cumplir en aquel glorioso día que ellos pudieron vislumbrar.
De modo que, cuando leas profecías antiguas, puede serte útil aprender sobre el contexto en el que se escribieron, pero también deberías verte a ti en ellas, o compararlas a ti mismo (1 Nefi 19:24; véase también el versículo 23). A veces, eso significa ver a Babilonia como símbolo del pecado y del orgullo, y no solo como una ciudad de la antigüedad; o entender a Israel como el pueblo de Dios en cualquier tiempo y lugar; o ver a Sion como la causa de los últimos días que el pueblo de Dios abraza, en lugar de verla simplemente como otra palabra para referirse a Jerusalén.
Podemos aplicar las Escrituras a nuestras vidas, pues comprendemos que una determinada profecía puede cumplirse de varias maneras. Un buen ejemplo de ello es la profecía que se encuentra en Isaías 40:3: “Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino de Jehová”. Para los judíos cautivos en Babilonia, tal declaración quizás haya hecho referencia a que Jehová proveería la vía para salir del cautiverio y regresar a Jerusalén. Para Mateo, Marcos y Lucas, dicha profecía hablaba de Juan el Bautista, quien preparó el camino para el ministerio terrenal del Salvador. A su vez, José Smith recibió revelación de que esa profecía aún se está cumpliendo en los últimos días en preparación para el ministerio milenario de Cristo. Los profetas de antaño ciertamente nos han hablado a nosotros y de formas que aún estamos empezando a comprender. Además, nos han enseñado muchas verdades preciosas y eternas que son tan relevantes para nosotros como lo eran para el antiguo Israel.
Quizás más importante que vernos a nosotros mismos en las profecías del Antiguo Testamento es que veamos a Jesucristo en ellas. Si lo buscas, lo hallarás, aunque no se lo mencione por Su nombre. Tal vez te resulte de ayuda recordar que el Dios del Antiguo Testamento —Jehová el Señor— es Jesucristo. Cada vez que los profetas describen lo que Jehová hizo o hará, se refieren al Salvador.
También encontrarás referencias a un Ungido, un Redentor y un futuro Rey del linaje de David; todas esas referencias son profecías sobre Jesucristo. Ya en un sentido más general, leerás acerca de liberación, perdón, redención y restauración; si tienes presente al Salvador en la mente y el corazón, dichas profecías te señalarán naturalmente en dirección al Hijo de Dios. Después de todo, la mejor manera de entender las profecías es tener “el espíritu de profecía”, que Juan nos dice que es “el testimonio de Jesús” (Apocalipsis 19:10).
The Prophet Isaiah Foretells Christ’s Birth [El profeta Isaías predice el nacimiento de Cristo], por Harry Anderson
Aun cuando esta fuera la primera vez que lees el libro de Isaías, es posible que halles pasajes que te parezcan familiares. Eso se debe a que, de todos los profetas del Antiguo Testamento, Isaías es el que se cita más a menudo en otros libros de Escrituras, e incluso el que el Salvador más citaba. Las palabras de Isaías también aparecen con frecuencia en los himnos y en otra música sacra.
¿Por qué se cita a Isaías con tanta frecuencia? Sin duda, una razón es que Isaías tenía el don de expresar la palabra de Dios en un lenguaje vívido y memorable; no obstante, hay más razones. Isaías ha inspirado a los profetas durante generaciones, pues las verdades que enseñó trascendieron a su propia generación (entre el año 740 y el 701 a. C.). Él escribió sobre la gran obra de redención de Dios, que es mucho mayor que una nación o un período de tiempo. Nefi aprendió de Isaías que él y su pueblo, aunque estaban separados del resto de Israel, aún eran parte del pueblo del convenio de Dios. En Isaías, los escritores del Nuevo Testamento hallaron profecías sobre el Mesías que se cumplieron ante sus ojos. También en Isaías, José Smith encontró inspiración para la obra de los últimos días de recoger a Israel y edificar Sion. ¿Qué hallarás tú al leer Isaías?
Para conocer más sobre Isaías y sus escritos, véase “Isaías”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras. Para ver información sobre la época en la que Isaías vivió, véanse 2 Reyes 15–20 y 2 Crónicas 26–32.
El Salvador enseñó que “todas las cosas que habló [Isaías] se han cumplido, y se cumplirán, de conformidad con las palabras que habló” (3 Nefi 23:3). A medida que estudies el libro de Isaías, considera hacer un cuadro de profecías con encabezados como estos: Época de Isaías, Ministerio terrenal del Salvador y Los últimos días. Ten en cuenta que muchas de las profecías de Isaías se cumplen en más de una forma (véase la Guía para el Estudio de las Escrituras, “Isaías”).
El Presidente Dallin H. Oaks enseñó: “El libro de Isaías contiene muchas profecías que parecen tener varios cumplimientos. Un cumplimiento parece involucrar a las personas de los días de Isaías o las circunstancias de la siguiente generación. Otro significado, con frecuencia simbólico, parece referirse a los acontecimientos del meridiano de los tiempos, cuando Jerusalén fue destruida y su pueblo dispersado después de la Crucifixión del Hijo de Dios. Hay incluso otro significado o cumplimiento de la misma profecía que parece relacionarse con los sucesos pertinentes a la Segunda Venida del Salvador. El hecho de que muchas de esas profecías puedan tener varios significados resalta la importancia de que busquemos obtener revelación del Espíritu Santo que nos ayude a interpretarlas” (“Scripture Reading and Revelation”, Ensign, enero de 1995, pág. 8).
Entender a Isaías. El Salvador dijo: “escudriñ[ad] estas cosas diligentemente, porque grandes son las palabras de Isaías” (3 Nefi 23:1; véanse también los versículos 2–3). Sin embargo, para muchas personas, Isaías puede ser difícil de entender. Las siguientes ideas pueden serte útiles:
Medita sobre los símbolos y metáforas que utilizaba Isaías.
Pregúntate: “¿Qué estoy aprendiendo acerca de Jesucristo?” (Véase 1 Nefi 19:23).
Busca temas que te parezcan relevantes para nuestra época.
Utiliza ayudas para el estudio tales como diccionarios, las notas al pie de página, los encabezamientos de los capítulos y la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Al igual que los profetas de todas las épocas, Isaías advirtió continuamente al pueblo en cuanto a su condición espiritual. Al leer Isaías 1; 3; 5, busca frases que describan cómo estaba el pueblo espiritualmente (véanse, por ejemplo, Isaías 1:2–4, 21–23; 3:9, 16–17; 5:11–12, 20–23). ¿Qué problemas similares ves en nuestra época? También podrías buscar versículos que adviertan sobre las consecuencias de la condición espiritual de los israelitas (tales como Isaías 1:7; 3:17–26; 5:5–7, 13–15).
Además de las amonestaciones, Isaías comunicó mensajes de esperanza de redención por medio del Salvador (véanse, por ejemplo, Isaías 1:16–19, 25–27; 3:10; 4). ¿Qué aprendes sobre el Señor en esos mensajes? ¿En qué se diferencia el mensaje que Jehová nos da en esos versículos de lo que Satanás quiere que creamos?
Al igual que Isaías, los profetas actuales nos advierten sobre el pecado y sus consecuencias, y proporcionan mensajes de esperanza por medio de Jesucristo. ¿Qué ejemplos se te ocurren? Si lo deseas, repasa un mensaje de alguna conferencia general en busca de tales advertencias y promesas.
Muchas de las profecías de Isaías tienen un significado específico para nuestra época. Para encontrarlas, busca verbos en futuro (tales como “será”, “estará” “irá”, etc.). Por ejemplo, busca los verbos en tiempo futuro mientras lees Isaías 2; 4; 11–12. Incluso podrías intentar reemplazarlos por verbos en tiempo presente (como es o está, etc.). ¿Qué profecías te resultan especialmente inspiradoras? ¿Qué aprendes de esas profecías acerca de Sion, la edificación de templos y el recogimiento de Israel?
Isaías 2:2–3 es especialmente relevante para los Santos de los Últimos Días. ¿De qué forma se están cumpliendo estas profecías en la actualidad? ¿Qué aprendes acerca de los “caminos” y las “sendas” del Señor en Su casa? (Versículo 3).
Véanse también Isaías 5:26; “Bandera de Sion”, Himnos, nro. 4.
En Isaías 6, Isaías narra cómo se le llamó a ser profeta. Al leer el capítulo, ¿qué te ha llamado la atención sobre la experiencia de Isaías? ¿Cómo influye dicho capítulo en el modo en que ves al Señor, a Sus profetas y la obra que son llamados a hacer?
Durante el ministerio de Isaías, Israel formó una alianza con Siria para defenderse de Asiria. Israel y Siria querían forzar a Acaz, rey de Judá, a unírseles, pero Isaías profetizó que la alianza fracasaría y aconsejó a Acaz que confiara en Jehová (Isaías 7:7–9, 8:12–13).
Al aconsejar a Acaz, Isaías pronunció varias profecías bien conocidas, como las que se encuentran en Isaías 7:14; 8:13–14; y 9:2, 6–7. Aunque estas profecías estaban destinadas a Acaz, es evidente que se refieren a Jesucristo (véanse también Mateo 1:21–23; 4:16; 21:44; Lucas 1:31–33). ¿Por qué es “Emanuel” un buen título para el Salvador? (Véase Mateo 1:23). ¿En qué forma ha sido Él un “Consejero” o un “Príncipe de paz” para ti? (Isaías 9:6). ¿Qué más aprendes en cuanto al Salvador en esos versículos?
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
En Isaías 1:2–4, tú y los niños podrían buscar las razones por las que el Señor no estaba contento con el pueblo. Fíjense en la comparación con los animales en el versículo 3: ¿quién es nuestro “señor”? ¿Cómo demostramos que lo conocemos?
Para visualizar Isaías 1:16–18, los niños y tú podrían observar algo rojo brillante y algo completamente blanco; o tal vez podrían lavar algo juntos. ¿Cómo nos volvemos sucios espiritualmente? ¿Cómo nos ayuda Jesucristo a llegar a estar limpios? ¿Qué aprendemos acerca del Salvador en esos versículos? Comparte con los niños lo que sientes por Él y lo que Él ha hecho por ti.
Isaías previó un tiempo en el que “el monte de la casa de Jehová”, atraería a personas de “todas las naciones” (Isaías 2:2). ¿Cómo puedes ayudar a los niños a sentirse entusiasmados por ir a la Casa del Señor? Podrías proponerles hacer un dibujo de su hogar. Luego, lean juntos Isaías 2:2 e invítalos a hacer un dibujo de “la casa de Jehová”, que es un templo. Lean juntos Isaías 2:3. Invítalos a agregar a su dibujo muchas personas que van al templo; entre ellas, su familia.
También podrían leer juntos Isaías 2:2–3 y buscar algo que los inspire a ti y a los niños a ir al templo. Luego, después de leer juntos Isaías 2:4, podrían analizar la forma en que el templo les brinda paz. Si lo deseas, canten alguna canción sobre el templo, tal como “Me encanta ver el templo” (Canciones para los niños, pág. 99). Ayuda a los niños a buscar palabras en la letra de la canción que enseñen lo que es el templo y lo que hacemos allí.
Para presentar las profecías de Isaías sobre Cristo, los niños y tú podrían hablar sobre los títulos de las personas, como presidente, obispo o maestro. ¿Qué nos dicen esas palabras en cuanto a esas personas? Ayuda a los niños a encontrar títulos de Jesucristo en Isaías 7:14 y 9:6–7 (véase también la hoja de actividades de esta semana). ¿Qué enseña cada uno de esos títulos en cuanto a Él? ¿Qué más aprendemos acerca de Jesucristo en esos versículos?
También podrías compartir con los niños “Isaías el profeta” (en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 150–151). Haz pausas periódicamente para preguntarles sobre lo que Isaías sabía en cuanto a Jesucristo muchos años antes de que Él naciera. Luego, puedes utilizar Mateo 1:21–23; Lucas 1:31–33 para hablar de cómo se cumplieron las profecías de Isaías que se hallan en Isaías 7:14; 9:6–7.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Isaías 13–14; 22; 24–30; 35
Sacred Grove [La Arboleda Sagrada], por Brent Borup
Una de las cosas que el Señor pide a los profetas que hagan es advertir en cuanto a las consecuencias del pecado. Para los profetas del Antiguo Testamento, esto a menudo significaba decir a los gobernantes de reinos poderosos que debían arrepentirse. Era una labor peligrosa, pero Isaías fue valiente, y sus amonestaciones a los reinos de su época —entre ellos Israel, Judá y las naciones circundantes— fueron valerosas (véase Isaías 13–23).
Sin embargo, Isaías también ofrecía un mensaje de esperanza; aunque a aquellos reinos con el tiempo les sobrevinieron las destrucciones profetizadas, Isaías previó una oportunidad de restauración y renovación: Jehová invitaría a Su pueblo a regresar a Él. Él haría que “el lugar reseco se conv[irtiera] en ciénaga y el sequedal en manantiales de aguas” (Isaías 35:7). Realizaría “una obra maravillosa y un prodigio” (Isaías 29:14) al restaurar a Israel las bendiciones que les había prometido. Ni Isaías ni ninguna otra persona de aquel entonces vivieron para ver dicha obra maravillosa, pero nosotros la estamos viendo hoy en día. De hecho, somos parte de ella.
Isaías 13:1–11, 19–22; 14:1–20
En los días de Isaías, Babilonia era un reino poderoso con un gobernante poderoso, pero ahora Babilonia es historia antigua; entonces, ¿por qué es importante hoy en día el mensaje sobre Babilonia que se halla en Isaías 13–14? Porque Babilonia simboliza el orgullo, la codicia y el pecado, cosas que aún nos rodean actualmente. Piensa en ese simbolismo conforme leas Isaías 13:1–11, 19–22; 14:1–20. Podrías considerar preguntas como las siguientes:
¿Qué semejanzas ves entre el orgullo del rey de Babilonia y el orgullo de Satanás? (Véanse Isaías 14:4–20; Moisés 4:1–4). ¿Qué advertencias que te sean útiles a ti hallas en estos versículos?
¿De qué modo el Salvador brinda “reposo [del] dolor, y [del] temor”? (Isaías 14:3).
Isaías 22:22–23; 24:21–23; 25:6–8; 26:19; 28:16
Con frecuencia, las enseñanzas de Isaías hacen referencia a la misión del Salvador, incluso a Su sacrificio expiatorio, Su Resurrección y Su Segunda Venida. ¿Qué aspectos de Su misión te acuden a la mente al leer estos versículos: Isaías 22:22–23; 24:21–23; 25:6–8; 26:19; 28:16? ¿Qué otros pasajes has hallado que te recuerden al Salvador?
Brinde a los alumnos oportunidades de dar testimonio de Jesucristo. “Ser maestro del Evangelio de Jesucristo significa ayudar a los demás a entender y confiar en Sus enseñanzas, en Su poder redentor y en Su amor perfecto” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 8). Una manera sencilla de hacerlo cada vez que enseñes es hacer una pregunta como: “¿Qué encontraron en las Escrituras esta semana que les haya enseñado algo acerca del Salvador?”. Luego, permite que los alumnos compartan sus experiencias y se fortalezcan la fe el uno al otro.
Isaías 24:1–12; 28:1–8; 29:7–13; 30:8–14
En Su misericordia, el Señor envió a Isaías para advertir al pueblo del convenio que se estaba descarriando lejos de Él. Intenta encontrar las señales de advertencia espirituales de ello en Isaías 24:5; 29:13; 30:8–12. ¿Por qué esas actitudes y acciones son espiritualmente peligrosas?
Para advertir sobre las consecuencias de alejarse del Señor, Isaías utilizó algunas comparaciones memorables. A medida que las estudies, pregúntate en qué se parece lo siguiente a apartarse del Señor:
Una tierra triste y desolada (Isaías 24:1–12).
La embriaguez (Isaías 28:7–8).
El hambre y la sed (Isaías 29:7–10).
Un muro o un vaso quebrados (Isaías 30:13–14).
¿Por qué es importante para ti mantenerte cerca del Señor?
¿Alguna vez has perdido algo que pensabas que nunca volverías a encontrar? O tal vez algo se rompió algo y te preocupaba que nunca pudiera repararse. Cuando nos alejamos del Señor, Satanás quiere que pensemos que nunca podremos regresar ni ser sanados. Sin embargo, Isaías describió algunas de las cosas maravillosas que el Señor hará para ayudarnos a volver a Él. ¿Qué puedes aprender en Isaías 29:13–24; 30:18–26; 35 acerca del Señor, de Su amor y de Su poder? Tal vez podrías buscar alguna frase en estos pasajes que te dé esperanza cuando necesites sanación. También podrías consultar el mensaje de la hermana Amy A. Wright titulado “Cristo sana lo que está roto” (Liahona, mayo de 2022, págs. 81–84).
Una manera en la que el Señor manifiesta Su poder y Su misericordia es por medio de la restauración de Su Evangelio. Isaías 29 contiene varios pasajes que tienen paralelismos con los acontecimientos de la Restauración. Por ejemplo:
Compara Isaías 29:11–12 con 2 Nefi 27:6–26 y José Smith—Historia 1:63–65.
Compara Isaías 29:13–14 con Doctrina y Convenios 4 y José Smith—Historia 1:17–19.
Compara Isaías 29:18–24 con la Portada del Libro de Mormón.
En tu opinión, ¿por qué “maravillosa” y “prodigio” (Isaías 29:14) son palabras adecuadas para describir la restauración del Evangelio por parte del Señor? ¿Cómo puedes ayudar a que se cumplan las profecías sobre la Restauración? Para obtener ideas, consulta el mensaje del élder Gerrit W. Gong, “Todas las naciones, tribus y lenguas” (Liahona, noviembre de 2020, págs. 38–42).
Véase también “La restauración de la plenitud del Evangelio de Jesucristo: Una proclamación para el mundo en el bicentenario”, (Biblioteca del Evangelio); “Ya rompe el alba”, Himnos, nro. 1.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
¿Cómo ayudarás a los niños a ver al Salvador en los escritos de Isaías? Podrías ayudarlos a encontrar frases que les recuerden a Él en Isaías 14:3; 25:8; o 28:16. También podrían comparar esos versículos de Isaías con otros versículos que enseñen acerca del Salvador, tales como Mateo 11:28–30; 1 Corintios 15:53–57; Helamán 5:12. ¿Qué grandes cosas ha hecho el Señor por nosotros?
Después de leer juntos Isaías 25:8–9, podrían ver imágenes del Salvador en Getsemaní, en la cruz y después de Su Resurrección. Permite que los niños hablen sobre lo que está sucediendo en las imágenes, de por qué aman a Jesús y se “alegr[an] en su salvación” (versículo 9).
Podrías escoger hablar con los niños sobre la tristeza que sentiste cuando falleció un ser querido y testificarles del consuelo que recibes gracias a Jesucristo. Tal vez los niños podrían dibujar una cara llorando y luego borrar las lágrimas mientras leen juntos Isaías 25:8.
Tú o los niños, ¿han experimentado la bendición de contar con un refugio seguro durante una tormenta, o de tener alguna fuente de sombra en un día caluroso de verano?, ¿o han disfrutado de una buena comida cuando tenían hambre? Hablen acerca de esas experiencias al leer Isaías 25:4–6. ¿En qué sentido se asemeja Jesús a esas cosas?
A medida que los niños y tú lean Isaías 29:14, comparte con ellos otras palabras que signifiquen lo mismo que “maravillosa” y “prodigio”. Permíteles que te ayuden a buscar objetos o imágenes que representen algunas de las obras maravillosas del Señor durante los últimos días. Estas podrían incluir un ejemplar del Libro de Mormón, una imagen de un templo o una imagen de la Primera Visión (hay una al comienzo de esta reseña). Invita a los niños a escoger uno de estos elementos y a expresar por qué es maravilloso para ellos.
Algún himno sobre la restauración del Evangelio podría ser un buen complemento de Isaías 29, tal como “En la primavera” (Canciones para los niños, pág. 57); y quizás alguna experiencia personal pueda ayudar a los niños a entender lo que significa la palabra restauración. Por ejemplo, tú y los niños podrían hablar sobre algo que hayan perdido y cómo lo encontraron. Ayúdales a comparar eso con la restauración del Evangelio. Según Isaías 29:13–15, ¿por qué necesitamos la Restauración? ¿Qué obras maravillosas está llevando a cabo el Señor para restaurar Su Evangelio? (Véase la hoja de actividades de esta semana).
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Healing the Blind Man [Se sana al ciego], por Carl Heinrich Bloch, en el Museo Nacional de Historia de Dinamarca, Frederiksborg
“Consolad” es la primera palabra del capítulo 40 de Isaías. Marca el comienzo de un tono diferente; un énfasis diferente en el mensaje del profeta. Los escritos anteriores de Isaías advertían a Israel y a Judá acerca de la destrucción y el cautiverio que sobrevendrían a causa de sus pecados. Pero esas profecías posteriores tenían como fin consolar al pueblo judío durante los siguientes 150 años, luego de que Jerusalén y el templo hubiesen sido destruidos, y Babilonia hubiera llevado cautivo al pueblo. No obstante, estas profecías se extienden aún más adelante en el futuro, y no solo a esos israelitas derrotados y descorazonados. Nos hablan a nosotros, quienes a veces también nos sentimos derrotados, descorazonados e incluso perdidos.
El mensaje de Isaías para su pueblo y para nosotros es sencillo: “No temas” (Isaías 43:1); no todo está perdido. El Señor no te ha olvidado y Él tiene poder sobre las situaciones que parecen estar fuera de tu control. ¿No es el Señor, el “Creador de los cielos” (Isaías 42:5), más poderoso que Babilonia, que el pecado, que cualquier cosa que te tenga cautivo? Él nos ruega: “Vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Isaías 44:22). Él puede sanar, restaurar, fortalecer, perdonar y consolar; Él puede hacer cualquier cosa que sea necesaria para que tú, en tu caso en particular, seas redimido.
Cuando los israelitas estaban cautivos en Babilonia, es posible que muchos de ellos se hayan preguntado si acaso habían perdido para siempre su lugar como el pueblo escogido y del convenio de Dios. Al leer Isaías 40–49, busca los pasajes que podrían haberles brindado consuelo y esperanza. En cada pasaje que encuentres, medita y escribe lo que Jehová podría decirte a ti en esos versículos. Los siguientes son algunos con los que podrías comenzar:
¿Qué crees que el Señor desea que sepas sobre Él?
Quizás observes que el himno “Qué firmes cimientos” (Himnos, nro. 40) se basa en las palabras de Isaías que se encuentran en Isaías 41:10; 43:2–5; 46:4. Considera cantar o escuchar este himno, buscando paralelismos entre la letra y estos versículos de Isaías. ¿De qué manera ha cumplido el Señor las promesas que se hallan en estos versículos en tu vida?
Véase también Patrick Kearon, “Ha nacido con sanidad en sus alas: Podemos ser más que vencedores”, Liahona, mayo de 2022, págs. 37–40.
Utiliza pasajes de las Escrituras adicionales. A veces podemos entender mejor el Antiguo Testamento si complementamos nuestro estudio con versículos del Libro de Mormón. Por ejemplo, Nefi y Jacob, los profetas del Libro de Mormón, tuvieron acceso a los escritos de Isaías en las planchas de bronce (véase 1 Nefi 19:22–23) y utilizaron esas profecías para enseñar acerca del Salvador. Para conocer cómo Nefi y Jacob aplicaron Isaías 48–49 a su pueblo, véanse 1 Nefi 22. Eso podría ayudarte a aplicar estos capítulos a tu propia vida.
A lo largo de Isaías 40–49, Jehová habla de Su “siervo” y Sus “testigos”. Dichas palabras pueden referirse a Jesucristo (véase Isaías 42:1–7), a la Casa de Israel (véase Isaías 45:4), y al rey Ciro, quien permitió que los judíos regresaran a Jerusalén y reconstruyeran el templo (véase Isaías 44:26–28; 45:1–4). Igualmente puedes considerar el modo en que tales pasajes se aplican a ti como siervo y como testigo del Señor. Por ejemplo, medita en preguntas como las siguientes:
Isaías 40:1–3, 9–11; 43:1–12. ¿En qué sentido eres testigo de Jesucristo? ¿Cuáles son las “buenas nuevas” que puedes compartir como testigo de Él? Podrías imaginarte que se te ha llamado al estrado de los testigos en un juicio ante un tribunal. En ese juicio, se ha acusado a Jesucristo de declarar lo que se encuentra en Isaías 43:11. ¿Qué testimonio podrías dar para respaldar la afirmación de Jesús? ¿Qué evidencia de tu vida presentarías?
Isaías 41:8–13; 42:6; 44:21. ¿Qué te ha llamado a hacer el Señor? Ten en cuenta los llamamientos formales de la Iglesia, así como otras responsabilidades de servirle. ¿Cómo te ha “form[ado]” o preparado Él para que llegues a ser Su siervo? ¿Y cómo te sostiene Él cuando lo sirves?
Isaías 49:1–9. ¿Qué mensajes encuentras en estos versículos que puedan ayudarte cuando tus esfuerzos y tu servicio parezcan ser “en vano y sin provecho”? (Versículo 4).
Isaías 40:3–8, 15–23; 42:15–16; 47:7–11
Isaías recordaba reiteradamente a su pueblo en cuanto al poder de Dios, que era inigualable, incluso cuando se lo comparaba con el poder opresivo del mundo que los rodeaba. Busca este mensaje al leer Isaías 40:3–8, 15–23; 42:15–16; y 47:7–11 (nótese que el capítulo 47 está dirigido a Babilonia, el captor de Israel). ¿Qué te enseñan esos pasajes sobre las cosas del mundo? ¿Qué te enseñan sobre Dios? Medita en el motivo por el que ese mensaje pudo haber sido de valor para los judíos en el cautiverio. ¿Por qué es de valor para ti?
Al leer Isaías 48:10, medita en tu propio “horno de la aflicción”. ¿Cómo te está “purific[ando]” el Señor? ¿De qué manera te ayuda Isaías 49:13–16 cuando sufres aflicción?
Véase también “El fuego purificador” (video), Biblioteca del Evangelio.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Piensa en algunas maneras de ilustrar lo que podría significar ”prepara[r] el camino de Jehová”, tal como se describe en Isaías 40:3–5. Por ejemplo, tú y los niños podrían enderezar algo que esté torcido, despejar un piso desordenado o demarcar bien algún sendero en un terreno pedregoso. También podrían ver láminas de Juan el Bautista y de José Smith (véanse Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 35 y 87). ¿Cómo prepararon ellos el camino para la venida del Señor? (Véanse Lucas 3:2–18; Doctrina y Convenios 135:3). ¿Cómo podemos ayudar? Esta podría ser una oportunidad para hablar sobre cómo los poseedores del Sacerdocio Aarónico ayudan a preparar el camino del Señor (véase Doctrina y Convenios 84:26–28).
Después de leer juntos Isaías 43:10, podrían hablar sobre lo que significa ser testigos. Compartan entre sí cosas que hayan experimentado de las que puedan ser “testigos”: por ejemplo, un alimento que hayan probado, un lugar que hayan visitado o una persona que conozcan. ¿Qué significa ser testigo del Señor? ¿Qué podemos decir a otras personas acerca de Él?
Después de leer esos versículos, los niños podrían regar alguna planta mientras hablan sobre las bendiciones que el Señor ha derramado sobre ellos. ¿Qué les sucede a las plantas cuando las regamos? ¿Cómo nos han ayudado a crecer las bendiciones del Señor?
Algunas imágenes o videos de ríos y olas del mar podrían ayudar a los niños a visualizar Isaías 48:18 (por ejemplo, las imágenes de esta reseña). Quizás a los niños les resulte entretenido mover las manos y los brazos como un río y las olas del mar. ¿De qué modo la paz es como un río? ¿De qué modo la justicia [o la rectitud] puede ser como las olas? Habla sobre cómo el guardar los mandamientos de Dios te ha ayudado a sentir paz como la de un río o fuerza como la de una ola.
Entonen juntos una canción que hable sobre los mandamientos, tal como “Siempre obedece los mandamientos” (Canciones para los niños, págs. 68–69). ¿Qué nos enseña esa canción en cuanto a la razón por la que debemos guardar los mandamientos de Dios?
Isaías 49:14–16 puede ser un gran consuelo para los niños en los años venideros. Al leer el versículo 14, podrían hablar sobre lo que podría hacer que las personas se sintieran olvidadas o desamparadas. ¿Cómo sabemos que el Señor no nos ha olvidado?
Para presentar los versículos 15–16, podrías preguntar a los niños acerca de alguien a quien nunca olvidarán, como un familiar o un amigo. De acuerdo con Isaías 49:15–16, ¿por qué nunca nos olvidará el Señor? Luego podrían compartir unos con otros sus sentimientos acerca de Jesucristo.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
The Mocking of Christ [Burlándose de Cristo], por Carl Heinrich Bloch
Durante todo su ministerio, Isaías habló sobre un poderoso Libertador. Esas profecías deben haber sido especialmente preciadas para los israelitas siglos después, cuando se hallaban en cautiverio en Babilonia. Alguien que pudiera derribar los muros de Babilonia sería un poderoso conquistador, sin duda. No obstante, esa no es la clase de Mesías que Isaías describe en los capítulos 52–53: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores y experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro […]; y nosotros le tuvimos por azotado, herido por Dios y afligido” (Isaías 53:3–4).
Al enviar a un Libertador tan inesperado, Dios nos ha enseñado acerca de la verdadera liberación. A fin de salvarnos de la opresión y la aflicción, Dios envió a Aquel que “fue oprimido y afligido”; aunque algunos esperaban un león, Él envió un cordero (véase Isaías 53:7). Ciertamente, los caminos de Dios no son nuestros caminos (véase Isaías 55:8–9). Jesucristo nos libera no solo abriendo la cárcel, sino al ocupar nuestro lugar en ella; nos rescata de nuestras cadenas de enfermedades y dolores al llevarlas Él mismo (véase Isaías 53:4–5, 12). No nos salva a la distancia; Él sufre con nosotros en un acto de “misericordia eterna” que “no se quitará de ti” (Isaías 54:8, 10).
Aunque los israelitas pasaron muchos años en el cautiverio —y aunque tal cautiverio fue consecuencia de sus malas decisiones—, Jehová quería que vieran el futuro con esperanza. ¿Qué lees en el mensaje de Isaías que te da esperanza? Un cuadro como el que se muestra a continuación puede ayudarte a estudiar:
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Lo que aprendo acerca de Dios (véanse, por ejemplo, Isaías 50:2, 5–9; 51:3–8, 15–16; 52:3, 9–10) |
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Los mensajes de esperanza (véanse, por ejemplo, Isaías 50:9; 51:3–5, 11–12, 22–23; 52:9–10) |
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Lo que puedo hacer para que la esperanza sea una realidad (véanse, por ejemplo, Isaías 50:10; 51:1–2, 6–9; 52:1–3, 9–11) |
Véanse también Mosíah 12:20–24; 15:13–18; 3 Nefi 20:29–46; Doctrina y Convenios 113:7–10; Russell M. Nelson, “Acoger el futuro con fe”, Liahona, noviembre de 2020, págs. 73–76.
Ayudar a los alumnos a venir a Jesucristo “Nada de lo que haga como maestro bendecirá más a los alumnos que ayudarles a conocer al Padre Celestial y a Jesucristo y a sentir Su amor” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 8). Al prepararte para enseñar Isaías 50–57 a otras personas, considera cómo puedes ayudarles a ver la relación entre los desafíos de Israel, las profecías de Isaías acerca de Cristo y el recibir ayuda divina para sus propias dificultades.
Pocos capítulos de las Escrituras describen la misión redentora de Jesucristo de manera más hermosa que Isaías 53. Considera actividades como las siguientes para comprender y aplicar mejor estas poderosas enseñanzas:
Medita o analiza cómo los relatos y las películas suelen representar héroes que rescatan a personas. Compara esas representaciones con las descripciones del Salvador que se encuentran en Isaías 53.
Luego de leer cada versículo, detente a contemplar lo que el Salvador sufrió —las “enfermedades”, los “dolores” y las “transgresiones” que cargó sobre Sí— por todas las personas, pero por ti específicamente. Si lo deseas, al leer, cambia las palabras como “nosotros” y “nuestros” por “yo” y “mis”. ¿Qué sentimientos o pensamientos te inspiran esos versículos?
Considera mirar el video “Mi reino no es de este mundo” (Biblioteca del Evangelio) y meditar en cómo se cumplieron las profecías de Isaías 53. ¿Cuáles son algunas de las enfermedades y dolores que el Salvador lleva por ti?
Busca imágenes de acontecimientos relacionados con la Expiación de Jesucristo (véase Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 56–60). Después, podrías buscar frases en Isaías 53 que describan los acontecimientos representados en las imágenes. ¿Qué te inspiran a hacer esas enseñanzas?
Véase también “Cristo, el Redentor, murió”, Himnos, nro. 114.
Todos experimentamos ocasiones en las que nos sentimos distantes del Señor debido a nuestros pecados o debilidades. Algunas personas incluso han llegado a abandonar toda esperanza de que Él las perdone. Isaías 54 y 57 son magníficos capítulos a leer para recibir seguridad y aliento en tales momentos. En particular, en Isaías 54:4–10; 57:15–19, ¿qué palabras te enseñan sobre lo que el Salvador Él siente por ti? ¿Qué diferencia marca en tu vida el saber esas cosas acerca de Él?
El presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó lo siguiente:
“No importa qué tan completamente arruinada parezca estar nuestra vida. No importa lo escarlata de nuestros pecados, lo profundo de nuestro resentimiento, lo solitario, abandonado o destrozado que parezca estar nuestro corazón. Aun aquellos que no tengan esperanza, que estén desesperados, que hayan traicionado la confianza, que hayan renunciado a su integridad o que se hayan alejado de Dios pueden ser restablecidos […].
“Las gozosas nuevas del Evangelio son estas: gracias al plan eterno de felicidad proporcionado por nuestro amoroso Padre Celestial y por medio del sacrificio infinito de Jesús el Cristo, no solo podemos ser redimidos de nuestro estado caído y restablecidos a la pureza, sino que también podemos trascender la imaginación terrenal y llegar a ser herederos de la vida eterna y partícipes de la gloria indescriptible de Dios” (“Él los colocará en Sus hombros y los llevará a casa”, Liahona, mayo de 2016, pág. 102).
Véase también Patrick Kearon, “La intención de Dios es llevarlos a casa”, Liahona, mayo de 2024, págs. 87–89.
Durante generaciones, se había llamado a Israel el pueblo del convenio de Dios. Sin embargo, el plan de Dios siempre ha abarcado más que una sola nación, porque a todos “los sedientos” se les invita: “¡Venid a las aguas!” (Isaías 55:1). Tenlo presente al leer Isaías 55 y 56, y medita en lo que significa ser el pueblo de Dios. ¿Cuál es el mensaje de Dios para quienes se sienten “aparta[dos] totalmente” de Él? (Isaías 56:3). Si lo deseas, marca los versículos que describan las actitudes y las acciones de aquellos que “se aferr[an] a [Su] convenio” (véase Isaías 56:4–7).
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Podría ser divertido para los niños descubrir frases como “despierta”, “levántate” y “vístete de tu poder” en Isaías 51:9, 17; 52:1–2, 9 y luego representar esas frases. Después de hacerlo, podrían hablar sobre lo que significa despertarse, levantarse y vestirse de poder espiritualmente. En esos versículos, ¿qué nos está pidiendo el Señor que hagamos?
Los niños podrían leer también Isaías 51:1, 4, 7 y determinar a quiénes está hablando Jehová y lo que desea que hagan. ¿Qué significa “oír” al Señor? ¿De qué manera podemos demostrar al Señor que lo oímos?
Tú y los niños podrían mirar imágenes que representen el padecimiento y la muerte de Jesucristo (véanse, por ejemplo, Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 56, 57, 58). Luego podrían leer juntos Isaías 53:3–6, 9 y buscar palabras que describan lo que está sucediendo en las imágenes. Ayuda a los niños a entender que Isaías compartió esas verdades cientos de años antes de que ocurrieran. ¿Por qué sería importante que las personas supieran esas cosas con tantos años de anticipación? (Véase Alma 39:15–19).
Después de leer en Isaías 53:4: “Llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores”, los niños podrían tratar de levantar un objeto pesado (o hacer de cuenta que lo levantan). Conversen sobre cómo las “enfermedades” y los “dolores” (o la tristeza) pueden ser pesados y difíciles de llevar. ¿Por qué llevó Jesús nuestras “enfermedades”, “dolores”, e “iniquidades” o pecados? (Véase también Alma 7:11–12).
Para enseñar a los niños acerca de Isaías 55:6, podrías esconder una imagen de Jesús en algún lugar del salón e invitarlos a encontrar la imagen y a nombrar una manera en la que pueden “busca[r] a Jehová mientras pueda ser hallado”. Alguna canción como “Buscaré al Señor” (Canciones para los niños, pág. 67) podría darles algunas ideas. Luego podrías permitir que uno de los niños esconda la imagen y repetir la actividad.
Después de leer Isaías 55:9, podría ser divertido para los niños pararse en un taburete bajo y hablar sobre cómo las cosas se ven diferentes cuando están “más altos”; o bien, podrían hacer un dibujo de lo que Isaías 55:9 significa para ellos. Luego, podrían analizar algunos de los caminos o maneras del Señor que son más altos que los nuestros. Por ejemplo, ¿cuál es Su manera de tratar a los pecadores? (Véase Marcos 2:15–17). ¿Cuál es Su manera de guiar a los demás? (Véase Mateo 20:25–28). Cuéntales a los niños sobre la forma en que has aprendido a confiar en los caminos y pensamientos más altos del Señor.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Jesus in the Synagogue at Nazareth [Jesús en la sinagoga de Nazaret], por Greg Olsen
A comienzos de Su ministerio, Jesucristo visitó una sinagoga de Nazaret, donde se había criado. Se puso de pie para leer las Escrituras, abrió el libro de Isaías y leyó lo que ahora conocemos como Isaías 61:1–2. Luego declaró: “Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos”. Aquella fue una de las declaraciones más directas del Salvador de que Él era el Ungido, quien “sanar[ía] a los quebrantados de corazón” y “pregonar[ía] libertad a los cautivos” (véase Lucas 4:16–21). Efectivamente, ese pasaje de las Escrituras se cumplió aquel día y, al igual que muchas otras profecías de Isaías, también está cumpliéndose en nuestros días. El Salvador sigue sanando a los quebrantados de corazón que vienen a Él; y aún hay muchos cautivos que necesitan la libertad. Además, hay un glorioso futuro para el cual prepararse: una época en la que el Señor “crear[á] nuevos cielos y nueva tierra” (Isaías 65:17), y “hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones” (Isaías 61:11). La lectura de Isaías nos abre el entendimiento a lo que el Señor ya ha hecho, a lo que está haciendo y a lo que hará por Su pueblo.
¿Por qué alguien se abstendría de comer voluntariamente aunque tuviera comida? Al estudiar Isaías 58:3–12, podrías pensar en las razones que tú tienes para ayunar, así como en las razones que el Señor tiene para dar esta ley. A continuación, se encuentran otras preguntas para meditar:
¿Por qué a veces el ayuno puede percibirse más como una carga que como una bendición? (Véase Isaías 58:3–5). ¿De qué manera las enseñanzas del Señor en este capítulo cambian esa percepción para ti?
¿Cuál podría ser el significado de “desatar las ligaduras de la maldad […] y romper todo yugo”? (Isaías 58:6). ¿Cómo puede bendecir a los demás el ayuno? (Véase el versículo 7).
¿En qué forma el ayuno te ha brindado las bendiciones que se describen en Isaías 58:8–12?
En su mensaje “¿No es [este] más bien el ayuno que yo escogí?” (Liahona, mayo de 2015, págs. 22–25), el presidente Henry B. Eyring comparte varios ejemplos de la manera en que las personas han sido bendecidas mediante el ayuno y las ofrendas de ayuno. ¿En qué ocasiones has visto bendiciones semejantes en tu vida?
Véanse también “Bless Our Fast, We Pray”, Hymns, nro. 138; Temas y preguntas, “Ayuno y ofrendas de ayuno”, Biblioteca del Evangelio.
Conoce a las personas a las que enseñas. “Ser maestros semejantes a Cristo implica llegar a conocer a las personas a quienes enseñamos y esforzarnos por entender lo que hay en sus corazones […]; descubrir el modo en que aprenden mejor; hacer preguntas, escuchar atentamente y observar; y, sobre todo, puede orar para pedir el entendimiento que solo el Espíritu puede dar. Cuanto mejor conozca a la persona, más capacitado estará para ayudarla a encontrar significado personal y poder en el Evangelio de Jesucristo. Una vez que comprenda cuál es la ‘sed’ de la persona, el Espíritu le enseñará cómo ayudar a saciarla con el agua viva del Salvador.” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 13).
¿Es el día de reposo “una delicia” para ti? A medida que estudies Isaías 58:13–14, piensa en cómo podrías hallar más deleite en el día del Señor. Por ejemplo, ¿qué podría significar retraerte “de hacer tu voluntad en [Su] día santo”? ¿Cuál es la diferencia entre “deleitar[te] en Jehová” y “anda[r] en tus propios caminos”?
Véase también “El día de reposo es una delicia”, de Russell M. Nelson, Liahona, mayo de 2015, pág. 129–132.
Isaías 59:9–21; 61:1–3; 63:7–9
Isaías 58–66 contiene múltiples referencias a la misión expiatoria de Jesucristo. Búscalas mientras estudias. En particular, fíjate en los títulos y las palabras que se utilizan para describir al Salvador. Por ejemplo:
¿Qué te llama la atención de la descripción de “quien interced[e]” en Isaías 59:16–21? ¿Cómo vence el Salvador las condiciones descritas en los versículos 9–15?
Cuando Jesucristo anunció al pueblo de Nazaret que Él era el Mesías, citó Isaías 61:1–3 (véase Lucas 4:16–21; véase también el video “Jesús declara que Él es el Mesías”, Biblioteca del Evangelio). ¿Cómo te ha bendecido a ti y a otras personas Jesucristo del modo que se describe en estos versículos? ¿En qué forma te ha dado Él gloria en lugar de ceniza?
¿De qué “misericordias de Jehová” puedes “hacer memoria”? (Véase Isaías 63:7–9).
¿Qué otras referencias al Salvador encuentras en Isaías 58–66?
Véanse también Mosíah 3:7; Doctrina y Convenios 133:46–53.
En Isaías 60 y 62 se habla de luz y de tinieblas, y de los ojos y de ver, a fin de enseñar sobre el modo en que el Evangelio de Jesucristo bendecirá al mundo en los últimos días. Busca esos conceptos especialmente en Isaías 60:1–5, 19–20; 62:1–2. Al leer esos capítulos, medita en la forma en que Dios está recogiendo a Sus hijos de las tinieblas a Su luz. ¿Cuál es tu función en esa labor?
Véanse también 1 Nefi 22:3–12; 3 Nefi 18:24; Doctrina y Convenios 14:9; Bonnie H. Cordon, “De modo que vean”, Liahona, mayo de 2020, págs. 78–80.
Isaías habló sobre días en que “las angustias primeras han sido olvidadas” (Isaías 65:16). Si bien esta profecía tiene varios cumplimientos, en su sentido más pleno, ese día aún está por llegar: el día en que Jesucristo regresará. Isaías describió esa época futura en Isaías 64:1–5; 65:17–25; 66. Observa con cuánta frecuencia emplea palabras como “alegría”, “regocijo” y “regocijarse”, por ejemplo. ¿Por qué el regreso del Salvador será un momento de alegría para ti? ¿Qué puedes hacer a fin de prepararte para Su venida?
Véanse también Artículos de Fe 1:10; Russell M. Nelson, “El futuro de la Iglesia: Preparar al mundo para la Segunda Venida del Salvador”, Liahona, abril de 2020, págs. 7–11.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Tal vez la mejor manera de alentar a los niños a ayunar —cuando estén listos— sea ayudándolos a entender los propósitos del Señor para esta ley. Considera leer juntos Isaías 58:6–11 para buscar respuesta a estas preguntas: ¿Por qué ayunamos? ¿Cómo ayunamos? También podrías consultar “Ayunar, ayuno” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Si has tenido una experiencia significativa con el ayuno, compártela con los niños. También podrías preguntarles cómo le explicarían a un amigo por qué el Señor nos dio esa ley.
Después de leer Isaías 58:13–14, podrías señalar los días de la semana en un calendario e invitar a los niños a decir los días contigo; cuando llegues al día de reposo, pídeles que llamen a ese día “delicia”. Cuéntales por qué el día de reposo es una delicia para ti.
Compartan unos con otros maneras en que pueden “deleita[rse] en Jehová” en el día de reposo. Tal vez los niños podrían dibujar sus ideas y ponerlas en una “caja de delicias del día de reposo”. Luego, cuando necesiten ideas sobre cosas que hacer en el día de reposo, podrían tomar una idea de la caja.
Podrías invitar a los niños a cerrar los ojos mientras lees Isaías 60:1–3. Pídeles que abran los ojos cuando escuchen la palabra “luz” y que los cierren cuando escuchen las palabras “tinieblas” u “oscuridad”. Explica que Jesucristo y Su Evangelio son como una luz que nos ayuda a ver el camino de regreso al Padre Celestial.
En Isaías 65:17–25, se describe cómo será la tierra cuando el Salvador venga de nuevo. A medida que leas estos versículos con los niños, ayúdalos a determinar cómo será diferente la vida en la “nueva tierra” que describió Isaías. ¿Por qué será una época para “goza[rnos] y regocija[rnos] para siempre”? (Versículo 18).
También podrían entonar juntos una canción que hable sobre la Segunda Venida, tal como “Cuando vuelva el Salvador” (Biblioteca del Evangelio). Compartan unos con otros lo que esperan con anhelo del regreso del Salvador. ¿Qué podemos hacer para prepararnos para ese día?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Jeremías 1–3; 7; 16–18; 20
Jeremiah [Jeremías], por Walter Rane
Al principio, Jeremías no creía que podría ser un buen profeta. “He aquí, no sé hablar”, replicó (Jeremías 1:6). Sin embargo, el Señor lo tranquilizó y le afirmó: “He aquí, he puesto mis palabras en tu boca” (versículo 9). Jeremías sentía que era un “niño” sin experiencia (versículo 6), pero Jehová le explicó que, de hecho, estaba más preparado de lo que él comprendía: había sido ordenado a aquel llamamiento aun antes de nacer (véase el versículo 5). De modo que Jeremías dejó de lado sus temores y aceptó el llamamiento; y advirtió a los reyes y sacerdotes de Jerusalén que su simulada santidad no los salvaría. El “niño” que pensaba que no sabía hablar llegó a sentir la palabra de Dios “en [su] corazón como un fuego ardiente” y no podía permanecer callado (Jeremías 20:9).
La historia de Jeremías también es tu historia. Dios también te conocía antes de nacer y te preparó para tu misión en la vida. Entre otras cosas, dicha misión incluye algo que Jeremías previó: recoger a los del pueblo de Dios, uno por uno, para “llevar[los] a Sion” (Jeremías 3:14); y aunque no sepas exactamente qué hacer o qué decir, puedes “no tem[er] […], porque yo estoy contigo, dice Jehová” (Jeremías 1:8, 19).
Para consultar una reseña del libro de Jeremías, véase “Jeremías” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Jeremías 1:4–19; 7:1–7; 20:8–9
Imagina que estás hablando con un amigo que nunca ha oído hablar de los profetas y decides explicar el concepto utilizando el llamamiento de Jeremías como profeta que está en Jeremías 1:4–19. ¿Qué encuentras en estos versículos que enseñe algo acerca de los profetas de Dios? También podrías buscar en Jeremías 7:1–7; 20:8–9 y en un himno como, por ejemplo, “Cuando oímos al profeta” (Liahona, octubre de 2000, sección Amigos, pág. 7).
Si lo deseas, también podrías enseñarle acerca del profeta viviente actual. ¿Hay algo en esos versículos que podría serte útil? Por ejemplo, ¿qué “arranca[n]” o “destru[yen]” [abaten] los profetas en la actualidad? ¿Qué “edifica[n]” y “planta[n]”? (Jeremías 1:10). ¿Cómo has llegado a saber que nuestro profeta viviente es llamado por Dios?
Véanse también Artículos de Fe 1:6, 9; “¿Por qué necesitamos profetas?” (video), LaIglesiadeJesucristo.org.
¿Qué aprendió Jeremías acerca de sí mismo en Jeremías 1:5? Como profeta recién llamado, ¿por qué era importante que supiera eso?
Mucho de lo que Jeremías aprendió sobre sí mismo en Jeremías 1:5 también es verdad sobre ti. Dios también te conocía antes de nacer y te preparó para responsabilidades específicas. Para aprender más acerca de tu vida antes de nacer, lee Alma 13:1–4; Doctrina y Convenios 138:53–56; y Abraham 3:22–23. Podrías hacer una lista de las verdades que descubras. ¿Por qué es importante para ti saber eso?
Para aprender cómo esas verdades influyeron en la vida del élder Ahmad S. Corbitt, estudia su mensaje “¡Ustedes pueden recoger a Israel!”, (Liahona, mayo de 2021, págs. 61–64). ¿Cómo puede influir el saber sobre tu vida preterrenal en la forma en que vives en la tierra?
Esto es lo que el presidente Russell M. Nelson dijo acerca de tu vida preterrenal:
“Su Padre Celestial los ha conocido por mucho tiempo. Ustedes, como Sus hijos o hijas, fueron escogidos por Él para venir a la tierra precisamente en esta época, para ser líderes en Su gran obra sobre la tierra. Se los escogió, no por sus características corporales, sino por sus atributos espirituales, tales como la valentía, la intrepidez, la integridad de corazón, la sed de la verdad, el hambre de sabiduría y el deseo de servir a los demás.
“Ustedes cultivaron algunos de esos atributos en la vida premortal. Los demás los pueden cultivar aquí en la tierra a medida que los procuren con persistencia” (“Decisiones para la eternidad”, Liahona, noviembre de 2013, pág. 107).
Piensa en algunas situaciones que podrías afrontar en las que sería importante recordar estas verdades acerca de tu vida preterrenal. ¿Qué puedes hacer para recordar esas verdades?
Véanse también Russell M. Nelson, “Decisiones para la eternidad”, Liahona, mayo de 2013, págs. 106–109; Temas y preguntas, “Preordenación”, “Vida preterrenal”, Biblioteca del Evangelio.
En la árida región en donde los israelitas vivían, la gente almacenaba el agua, que era muy preciada, en reservorios subterráneos llamados “cisternas”. ¿Qué crees que podrían simbolizar las “cisternas rotas” que se mencionan en Jeremías 2:13? ¿Por qué sería mejor recibir el agua de una fuente [o manantial] que depender de una cisterna? ¿Qué significa abandonar la “fuente de aguas vivas”? A medida que leas Jeremías 2 y 7, observa cómo el pueblo estaba abandonando las aguas vivas del Señor (véanse, por ejemplo, Jeremías 2:26–28; 7:2–11). ¿Por qué las “aguas vivas” son un buen símbolo de lo que el Salvador te ofrece? Piensa de qué modo estás recibiendo tú las aguas vivas.
Jeremías 7 se dirige a las personas que entraban en “la casa de Jehová […] para adorar a Jehová”, pero sus acciones no concordaban con su aparente devoción (véanse los versículos 2–11). ¿Qué mensajes crees que el Señor podría tener para ti en los versículos 21–23?
Enseña lecciones prácticas. Los profetas del Señor a menudo comparan las verdades espirituales con objetos conocidos. Considera hacer lo mismo a medida que aprendas y enseñes el Evangelio. Por ejemplo, para visualizar Jeremías 2:13, podrías poner agua en un recipiente agrietado o roto, o beber de un bebedero. ¿En qué sentido Jesús se asemeja a una “fuente de aguas vivas”? (Jeremías 2:13). ¿De qué modo bebemos Sus aguas vivas?
En Jeremías 16:14–15, Jeremías comparó el recogimiento de Israel en los últimos días con el éxodo de Israel de Egipto. En tu opinión, ¿por qué el recogimiento sería aún más importante para el pueblo de Dios que el Éxodo?
¿Qué indican Jeremías 3:14–18; 16:14–21 sobre cómo se lleva a cabo el recogimiento?
En su mensaje “Juventud de Israel”, el Presidente Russell M. Nelson, al igual que Jeremías, enseñó que el recogimiento de Israel “es lo más importante que se está llevando a cabo hoy en la tierra” (devocional mundial para los jóvenes, 3 de junio de 2018, Biblioteca del Evangelio). Lee o escucha su mensaje y ve si puedes descubrir (a) cómo define el presidente Nelson el recogimiento de Israel, (b) cómo describe su importancia y (c) cómo puedes ser parte del recogimiento.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Para explicar la importante verdad que se enseña en Jeremías 1:5, podrías mostrar a los niños alguna imagen de un bebé (o, si es posible, podrían mirar imágenes de los niños cuando eran bebés). Pregunta a los niños si saben dónde vivían antes de nacer. También podrían entonar juntos alguna canción que enseñe acerca de nuestra vida preterrenal, tal como “Viví en los cielos” (Canciones para los niños, pág. 148).
Si los niños desean aprender más, podrías ayudarlos a buscar “Vida preterrenal” en la Guía para el Estudio de las Escrituras. Podrían buscar respuestas a preguntas sobre “quién”, “cuándo” y “qué” acerca de la vida preterrenal.
Considera mostrar imágenes del profeta viviente o de profetas de las Escrituras (puedes encontrar algunas en las revistas de la Iglesia, en el Libro de obras de arte del Evangelio y en Ven, sígueme). Pregunta a los niños qué saben acerca de estos profetas.
Para enseñar lo que hacen los profetas, podrías seleccionar algunos versículos útiles de Jeremías 1, tales como los versículos 5, 7, 10 y 19. Los niños podrían escoger uno de los versículos, leerlo y compartir algo que hayan aprendido sobre los profetas.
Mientras lees Jeremías 16:16, los niños podrían hacer de cuenta que “pescan” o “cazan” objetos por el salón. El presidente Russell M. Nelson ha comparado a los pescadores y cazadores de este versículo con los misioneros (véase “El recogimiento del Israel disperso”, Liahona, noviembre de 2006, pág. 81). ¿Qué hacen los misioneros? ¿Cómo podemos ayudar a “pescar” y “cazar” al Israel disperso? (Véase “Un mensaje del presidente Russell M. Nelson para los niños” [video], LaIglesiadeJesucristo.org).
Para examinar estos versículos, podrías analizar o mostrar cómo se realiza la alfarería (véase la ilustración al final de esta reseña). ¿Qué mensaje tiene el Señor para nosotros en Jeremías 18:1–6? ¿Qué significa ser barro [arcilla] en las manos del Señor? (Véase también Isaías 64:8). Para leer otro relato que nos compara con el barro del alfarero, véase el mensaje del élder Richard J. Maynes titulado “El gozo de vivir una vida centrada en Cristo” (Liahona, noviembre de 2015, págs. 27–30).
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Jeremías 31–33; 36–39; Lamentaciones 1; 3
Jeremiah Lamenting the Destruction of Jerusalem [Jeremías lamenta la destrucción de Jerusalén], por Rembrandt van Rijn
Cuando Jehová llamó inicialmente a Jeremías a ser profeta, le dijo que su misión sería “arrancar y […] destruir” (Jeremías 1:10); y en Jerusalén había gran cantidad de iniquidades que arrancar y destruir. Sin embargo, aquello era solo una parte de la misión de Jeremías: también se le llamaba a “edificar y […] plantar” (Jeremías 1:10). ¿Qué podría edificarse o plantarse en las ruinas desoladas que había dejado la rebelión del pueblo del convenio? En otras palabras, si el pecado o la adversidad dejaran en ruinas nuestra vida, ¿cómo podríamos volver a edificar y plantar? La respuesta se encuentra en el “Renuevo de justicia” (Jeremías 33:15), que es el Mesías prometido. Él trae “un nuevo convenio” (Jeremías 31:31), el cual requiere más que la apariencia de ser dedicados. Su “ley [debe estar] en [nuestra] mente y […] escri[ta] en [nuestros] corazones”; eso es lo que significa que el Señor “se[a] [nuestro] Dios” y que nosotros “se[amos] [Su] pueblo” (Jeremías 31:33). Se trata de un proceso que lleva toda la vida, por consiguiente, seguiremos cometiendo errores y teniendo motivos para lamentarnos de cuando en cuando; no obstante, cuando lo hagamos, el Señor promete: “Cambiaré su duelo en gozo” (Jeremías 31:13).
Para consultar una reseña del libro de Lamentaciones, véase “Lamentaciones, libro de” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
En Jeremías 31; 33, Jehová reconoce el “llanto y lloro amargo” (Jeremías 31:15) que los israelitas experimentarían durante su cautiverio; sin embargo, también ofrece palabras de consuelo y esperanza. Búscalas a medida que leas estos capítulos. ¿Qué promesas encuentras que se apliquen a ti?
Aunque los israelitas habían quebrantado sus convenios, Jeremías profetizó que el Señor establecería otra vez un “nuevo convenio”, un “convenio sempiterno” con ellos (Jeremías 31:31; 32:40). ¿Cuál es ese convenio? Considera buscar información en la Guía para el Estudio de las Escrituras, “Nuevo y sempiterno convenio”, Biblioteca del Evangelio.
Al leer Jeremías 31:31–34; 32:37–42, medita sobre lo siguiente:
Lo que significa para ti el ser parte del pueblo del convenio de Dios.
Lo que significa tener Su ley escrita en el corazón.
Lo que el Señor promete cuando haces convenios con Él.
De qué modo te cambia a ti tu relación por convenio con el Señor.
¿Qué promesas has hecho a Dios al participar en ordenanzas sagradas? ¿De qué manera está cumpliendo Él las promesas que te ha hecho?
Véase también David A. Bednar, “Permanec[e] en mí, y yo en ti; por tanto, anda conmigo”, Liahona, mayo de 2023, págs. 123–126.
Según Jeremías 36:2–3, ¿por qué mandó Jehová a Jeremías que registrara sus profecías? Cuando leas Jeremías 36, observa cómo se sintieron las siguientes personas en cuanto a tales profecías:
Jehová (véanse los versículos 1–3, 27–31)
Jeremías (véanse los versículos 4–7, 32)
Baruc (véanse los versículos 4, 8–10, 14–18)
Jehudí y el rey Joacim (véanse los versículos 20–26)
Elnatán, Delaía y Gemarías (véase el versículo 25)
Reflexiona acerca de cómo te sientes con respecto a las Escrituras. ¿De qué manera te han ayudado a apartarte del mal?
En Jeremías 37:1–3, 15–21; 38:1–6, 14–28, ¿qué evidencia ves de que el rey Sedequías creía que Jeremías era el verdadero profeta del Señor? ¿Qué evidencia ves de que Sedequías no creía? ¿Qué aprendes de esa comparación? Al leer Jeremías 39, medita en la diferencia que habría marcado el que Sedequías y su pueblo hubieran seguido al profeta y guardado los mandamientos de Jehová (compara lo que le sucedió a Sedequías con lo que le sucedió a la familia de Lehi en 1 Nefi 1–2).
Los funcionarios del rey creían que las profecías de Jeremías hacían que los soldados estuvieran menos dispuestos a luchar, así que arrojaron a Jeremías a una cisterna con cieno (véase Jeremías 38:1–4). En Jeremías 38:6–13, ¿qué te llama la atención de la respuesta de Ebed–melec, el etíope? Fíjate también en la bendición del Señor a Ebed–melec, en Jeremías 39:15–18.
¿Cómo podrías seguir el ejemplo de Ebed–melec?
El libro de Lamentaciones es un conjunto de poemas escritos después de la destrucción de Jerusalén y de su templo. ¿Por qué crees que es importante que se halla preservado? Piensa en lo que las metáforas que están en Lamentaciones 1 y 3 te ayudan a comprender sobre el gran pesar que sentía Israel. ¿Qué mensajes de esperanza en Cristo encuentras? (Véase especialmente Lamentaciones 3:20–33; véanse también Mateo 5:4; Santiago 4:8–10; Alma 36:17–20).
El presidente M. Russell Ballard mencionó algunas situaciones que podrían causar que perdamos la esperanza y ofreció consejos en cuanto a dónde hallarla:
“Algunos encontraremos nuestra vida abrumada por las frustraciones, las desilusiones y el dolor. Muchos se sienten incapaces de enfrentar el caos que parece dominar al mundo; otros se lamentan por familiares que han sido arrastrados por la corriente de la destrucción, debido a la degeneración de los valores y las normas morales […]. Algunas personas se han resignado a aceptar como irreparable la iniquidad y la crueldad del mundo, y han perdido las esperanzas […].
“Entre nosotros hay quienes la han perdido completamente debido al pecado y a la transgresión. Una persona puede dejarse absorber tanto por las vías del mundo que no ve la salida y pierde la esperanza. Mi ruego a todos los que hayan caído en esta trampa del adversario es que nunca se rindan. No obstante lo desesperada que parezca la situación o cuánto empeore, ruego que me crean: siempre hay esperanza. Siempre” (“El gozo de la esperanza hecha realidad”, Liahona, enero de 1993, págs. 36, 37).
Véase también “¡Oh Jesús, mi gran amor!”, Himnos, nro. 53.
Ayuda a otras personas a asumir la responsabilidad de su propio aprendizaje. A veces parece que la manera más fácil de enseñar es simplemente decir a los alumnos lo que creemos que deben saber. Sin embargo, la manera más fácil no siempre es la mejor. El élder David A. Bednar aconsejó: “Nuestro objetivo no ha de ser: ‘¿Qué les digo?’. Más bien las preguntas que debemos hacernos son: ‘¿Qué invitación a actuar puedo hacerles? ¿Qué preguntas inspiradas puedo hacer que, si ellos están dispuestos a responder, comenzarán a invitar al Espíritu Santo a sus vidas?’” (Una velada con una Autoridad General, 7 de febrero de 2020, broadcasts.ChurchofJesusChrist.org; véase también Enseñar a la manera del Salvador, pág. 25). Hay muchas maneras de ayudar a los alumnos a asumir la responsabilidad de su aprendizaje. Por ejemplo, en esta reseña se invita a los alumnos a escudriñar, meditar, hacer listas, observar imágenes, participar en lecciones prácticas, dibujar, compartir y poner en práctica lo que aprendan.
Mientras lees Jeremías 31:3 con los niños, ellos podrían ayudarte a buscar objetos (o imágenes de objetos) que duren mucho tiempo, como una moneda de metal, y algunos que no, como una fruta. Podrían hablar sobre lo que significa “eterno” y compartir unos con otros cómo han sentido el “amor eterno” del Padre Celestial. También podrían cantar alguna canción como “God Is Watching Over All” (Children’s Songbook, pág. 229).
A los niños podría gustarles dibujar un corazón en una hoja de papel y luego escribir en él las cosas que aprendan de Jeremías 31:31–34 en cuanto a hacer convenios con Dios. Si lo deseas, repasen el convenio que hacen al bautizarse (véase Mosíah 18:10, 13) y analicen lo que significa tener esas promesas escritas en el corazón.
La hoja de actividades de esta semana podría ayudar a los niños a aprender sobre Jeremías, Baruc y el rey (véase Jeremías 36). También podrían hacer movimientos que concuerden con el texto de Jeremías 36:4–10, tales como escribir en un libro (véase el versículo 4) y leer las Escrituras al pueblo (véanse los versículos 8, 10).
Tú y los niños podrían ver algún libro para niños y un ejemplar de las Escrituras y hablar sobre las diferencias entre esos libros. ¿Qué hace que las Escrituras sean especiales? Podría ser inspirador compartir unos con otros algunos pasajes de las Escrituras que sean especiales para ustedes.
Podrías utilizar la imagen que aparece al final de la reseña para ayudar a los niños a visualizar el relato de Ebed–melec que se halla en Jeremías 38:6–13. Tal vez podrías ayudarlos a buscar un versículo en el que Ebed–melec haya hecho algo valiente para ayudar al profeta del Señor. ¿Qué podemos hacer para demostrar que sabemos que nuestro profeta actual es llamado por Dios?
Lamentaciones 1:1–2, 16; 3:22–26
Para presentar Lamentaciones, si lo deseas, explica a los niños que, debido a que los israelitas no se habían arrepentido, Jerusalén y el templo fueron destruidos. Podrían hablar unos con otros de cómo se habrían sentido si hubieran vivido allí en ese momento (véase Lamentaciones 1:1–2, 16). ¿Cómo podría haberles brindado esperanza el mensaje que se encuentra en Lamentaciones 3:22–26?
También podrían hablar unos con otros sobre las ocasiones en que se sintieron tristes por alguna mala decisión que tomaron. ¿Qué encontramos en Lamentaciones 3:22–26 que nos ayude a entender el perdón que ofrece Jesucristo?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Ezequiel 1–3; 33–34; 36–37; 47
Ezequiel fue un profeta en el exilio. Junto con otros israelitas, había sido capturado y enviado a Babilonia. En Jerusalén, Ezequiel habría sido uno de los sacerdotes que servían en el templo; en cambio, en Babilonia, estuvo entre “los cautivos” y “se sentó donde ellos estaban sentados” (Ezequiel 3:15), a cientos de kilómetros de la amada Casa de Dios y con pocas esperanzas de regresar a ella. Pero cierto día, Ezequiel tuvo una visión; vio “la gloria de Jehová” (Ezequiel 1:28), pero no en el templo de Jerusalén, sino en Babilonia, entre los exiliados. Se enteró de que la iniquidad que había en Jerusalén se había tornado tan grave que la presencia de Dios ya no estaba allí (véanse Ezequiel 8–11; 33:21).
Sin embargo, hay algo esperanzador en el mensaje de Ezequiel. A pesar de lo mucho que había caído el pueblo del convenio, Dios no lo había abandonado totalmente. Si aceptaban la invitación de “oí[r] la palabra de Jehová” (Ezequiel 37:4), lo que había muerto podría revivir; su “corazón de piedra” podría reemplazarse por “un corazón nuevo” (Ezequiel 36:26). Y en el futuro, Jehová establecería un templo nuevo y una nueva Jerusalén, “[y] el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-sama” [Jehová está allí] (Ezequiel 48:35).
Para ver una reseña del libro de Ezequiel, véase “Ezequiel” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
En Ezequiel 3 y 34, el Señor se refiere a los líderes de Su pueblo como atalayas y pastores. Al leer estos capítulos, considera lo que sugieren esos títulos en cuanto a lo que significa ser líderes.
¿Quiénes son las “ovejas” que el Señor quiere que apacientes? ¿Qué encuentras en Ezequiel 34 que podría ayudar a alguien que se esté preparando para servir en una misión, criar hijos o cumplir con una asignación de ministración? ¿De qué modo puedes seguir el ejemplo del Salvador como nuestro pastor? (Véanse los versículos 11–31).
También podrías meditar en el simbolismo que encuentres en este capítulo. ¿Que podrían representar los “buenos pastos” y el “buen redil” que se mencionan en el versículo 14? ¿Cuál es la diferencia que hay entre una “oveja perdida” y una “descarriada”? (Versículo 16). ¿Qué otros símbolos encuentras?
Véanse también Juan 21:15–17; Gerrit W. Gong, “La ministración”, Liahona, mayo de 2023, págs. 16–19.
Los israelitas cautivos se preguntaban: “nuestros pecados están sobre nosotros […], ¿cómo, pues, viviremos?” (Ezequiel 33:10). Como respuesta, el Señor les enseñó en cuanto al arrepentimiento y al perdón. Estas preguntas podrían ayudarte a meditar en lo que Él enseñó:
¿Qué crees que signifique estar “confiado[s] en [nuestra] justicia”? (Véase Ezequiel 33:12–13).
¿Qué le dirías a alguien que opinara que las personas que se describen en Ezequiel 33:12–19 no están siendo tratadas de manera justa? (Véanse también Mateo 21:28–31; Lucas 18:9–14).
¿Qué encuentras en esos versículos que te ayude a entender lo que significa arrepentirse? ¿Qué otras ideas al respecto puedes hallar en Ezequiel 36:26–27 y Alma 7:14–16?
En Ezequiel 37, se representa el recogimiento de Israel mediante dos símbolos. Al leer sobre el primer simbolismo —huesos de muertos que son restaurados a la vida (véanse los versículos 1–14)—, medita en lo que te indica en cuanto a recoger a Israel a ambos lados del velo (véase también Ezequiel 36:24–30). Considera preguntas como estas:
¿Qué está tratando de lograr el Señor por medio del recogimiento de Israel?
¿Cómo lo está llevando a cabo?
Podrías hacerte estas mismas preguntas mientras lees acerca del segundo simbolismo, en los versículos 15–28. Este simbolismo implica dos palos, que muchos eruditos interpretan como tablillas de escritura de madera unidas por una bisagra. El palo de Judá puede representar la Biblia, ya que gran parte de la Biblia fue escrita por los descendientes de Judá, y el palo de José puede representar el Libro de Mormón, ya que la familia de Lehi descendía de José de Egipto. Considerando eso, ¿qué aprendes en esos versículos sobre la función de las Escrituras en el recogimiento de Israel?
Piensa en cómo la Biblia y el Libro de Mormón han obrado juntos en tu vida, en particular, para ayudarte a venir a Cristo. ¿Qué pasajes han sido especialmente significativos para ti?
Véanse también 2 Nefi 3:11–13; 29:14; “Israel, Jesús os llama”, Himnos, nro. 6; Temas y preguntas, “Biblia”, “Libro de Mormón”, Biblioteca del Evangelio; “El Libro de Mormón recoge al Israel disperso” (video), Biblioteca del Evangelio.
Al leer Ezequiel 47:1–12, podría ser de utilidad saber que el mar Muerto es tan salado que en él no pueden sobrevivir peces ni plantas. ¿Qué te llama la atención de las aguas que se describen en los versículos 1–12? (Véase también Apocalipsis 22:1). ¿Qué podrían simbolizar esas aguas? ¿Qué podrían representar los árboles que se describen en el versículo 12?
¿Qué más te ayuda a entender al respecto el mensaje del élder Dale G. Renlund, “La obra del templo y de historia familiar: Sellamiento y sanación”? (Véase Liahona, mayo de 2018, págs. 47–48). Medita en cómo has encontrado vida y sanación espirituales gracias al templo.
A los niños pequeños podría gustarles hacer movimientos relacionados con Ezequiel 3:17. Por ejemplo, podrían señalarse los ojos, las orejas y la boca cuando lea las palabras “atalaya” [vigía], “oirás” y “boca”, respectivamente. También podría gustarles hacer una caminata al aire libre o simplemente por la habitación. Mientras caminan, adviérteles de cosas en el camino, como ríos que saltar, ramas bajo las cuales deban agacharse o animales que tengan que evitar (reales o imaginarios). Esto podría conducir a una conversación sobre cómo el profeta del Señor nos advierte de peligros que no podemos ver.
Esta es otra manera de ilustrar Ezequiel 3:17; 33:1–5. Uno de los niños podría hacer de cuenta que es un “atalaya” mirando por una ventana y contando a los demás lo que suceda afuera. También podrían ver el video “Los atalayas en la torre” LaIglesiadeJesucristo.org. ¿De qué manera nuestro profeta viviente es como un atalaya para nosotros?
Después de leer juntos Ezequiel 37:15–23, los niños y tú podrían buscar dos palos y escribir en uno Para Judá (Biblia) y en el otro Para José (Libro de Mormón). Luego, podrían compartir relatos o pasajes de las Escrituras de la Biblia y del Libro de Mormón que los ayuden a sentirse más cerca del Salvador y a llegar a ser “[Su] pueblo” (versículo 23). ¿Por qué es bueno tener estos dos libros de Escrituras?
No trates de usar todo el material. Es posible que no puedas hablar con los niños sobre todas las verdades que hay en Ezequiel. Considera con espíritu de oración lo que necesitan entender y busca guía espiritual para determinar en qué centrarte (véase Enseñar a la manera del Salvador, pág. 17).
En Ezequiel 47, se describe la visión de Ezequiel en la que fluye agua desde el templo que sana el mar Muerto, que es un mar tan salado que ni los peces ni las plantas pueden vivir en él. Tal vez los niños podrían dibujar uno o dos objetos de la visión, como un templo, un río, un desierto, el mar Muerto, una multitud de peces o un árbol cargado de fruto. Luego, mientras leen juntos los versículos 1–12, podrían compartir su dibujo cuando se mencione ese objeto. ¿Qué bendiciones proceden del río en esta visión? Ayuda a los niños a darse cuenta de que esas bendiciones son como las que el Padre Celestial y el Salvador ofrecen a quienes guardan sus convenios del templo. El video “Y el río aumentará” (Biblioteca del Evangelio) puede ser de utilidad.
También, podrían entonar juntos una canción que describa las bendiciones del templo, tal como “Las familias pueden ser eternas” (Canciones para los niños, pág. 98). ¿Qué enseña esa canción acerca de la forma en que el Señor nos bendice en Su santa casa?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Daniel Interprets Nebuchadnezzar’s Dream [Daniel interpreta el sueño de Nabucodonosor], por Grant Romney Clawson
Lo más probable es que nadie te amenace con arrojarte a un horno ardiente o a un foso de leones por causa de tu fe en Jesucristo. No obstante, ninguno de nosotros pasa por la vida sin alguna prueba de fe. Todos podemos sacar provecho del ejemplo de personas como Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que fueron llevados cautivos por el poderoso Imperio Babilónico cuando eran muchachos (véase 2 Reyes 24:10–16). Se hallaban rodeados por una cultura desconocida que tenía valores diferentes, y afrontaban grandes tentaciones a abandonar sus creencias y sus tradiciones rectas. Sin embargo, se mantuvieron leales a sus convenios. ¿Cómo lo hicieron? Hicieron las cosas pequeñas y sencillas que Dios nos ha pedido a todos que hagamos: orar, ayunar, elegir buenos amigos, confiar en Él y ser una luz para los demás. Tal como José en Egipto y Ester en Persia, en Babilonia, Daniel y sus amigos conservaron su fe en Dios y Él obró milagros que todavía inspiran a los creyentes hasta el día de hoy.
Para consultar una reseña del libro de Daniel, véase “Daniel” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
En cierto sentido, todos vivimos en Babilonia. A menudo enfrentamos tentaciones de transgredir nuestras normas y apartarnos de la fe en Cristo. Al leer Daniel 1, 3 y 6, observa las formas en que Daniel, Sadrac, Mesac y Abed-nego sufrían presiones para hacer cosas que sabían que estaban mal. ¿Cómo reaccionaron ante esas situaciones? (Véanse Daniel 1:10–13; 3:15–18; 6:10). ¿Cuáles fueron los resultados de su fe? ¿Qué aprendes de estas experiencias que puedan ayudarte a confiar en el Señor al afrontar oposición? También ten en cuenta las siguientes preguntas:
¿En qué ocasiones te has sentido presionado a hacer algo que sabías que estaba mal? ¿De qué modo te ha bendecido el Señor por guardar Sus mandamientos?
¿Qué sucede si tu fe no conduce a los milagros que buscas? (Véase, por ejemplo, Alma 14:8–13). Basándote en lo que has leído en Daniel 3:13–18, ¿cómo crees que Sadrac, Mesac y Abed-nego habrían contestado esa pregunta? ¿Cómo puede influir el ejemplo de ellos en la forma en que has de abordar las pruebas?
¿Cómo pueden tus decisiones rectas conducir a los demás a una mayor fe en el Señor? (Véanse Daniel 2:47; 3:28–29). Medita sobre los efectos que tus decisiones podrían estar teniendo en los demás.
Véase también Dieter F. Uchtdorf, “No temas, cree solamente”, Liahona, noviembre de 2015, págs. 76–79.
Trata de incluir a todos. El Salvador “invita a todos […] a que vengan a él y participen de su bondad” (2 Nefi 26:33). Si estás enseñando a tu familia o a una clase, medita sobre las maneras en que puedes dar a todos la oportunidad de participar de alguna manera. Por ejemplo, podrías dar a cada persona un pasaje de las Escrituras, una sección de un mensaje de la conferencia o una estrofa de un himno para meditar y comentar. No presiones a nadie para que participe, pero dales oportunidades de hacerlo.
Por medio de la revelación, Daniel vio que el sueño de Nabucodonosor predecía algunos futuros reinos del mundo, así como el futuro Reino de Dios, que “no será jamás destruido” (Daniel 2:44). “La Iglesia es ese reino profetizado para los últimos días”, enseñó el élder D. Todd Christofferson, “no creado por el hombre sino establecido por el Dios del cielo, el que rodará como una piedra cortada de la montaña, no con mano, a fin de llenar la tierra” (“El porqué de la Iglesia”, Liahona, noviembre de 2015, pág. 111). Piensa en el Reino de Dios en los últimos días mientras lees las descripciones de la piedra que están en Daniel 2:34–35, 44–45. ¿Cuál es tu función en ayudar a que esa profecía se cumpla?
Véanse también “La luz de la verdad”, Himnos, nro. 171; “Dios les dio conocimiento” (video), LaIglesiadeJesucristo.org.
Al repasar Daniel 2:1–15, piensa en cómo te sentirías si te encontraras en el lugar de Daniel. ¿Qué hizo Daniel? (Véase Daniel 2:16–18). ¿Qué aprendes en Daniel 1:17 en cuanto a la forma en que Dios preparó a Daniel? ¿Qué puedes aprender de las palabras y los actos de Daniel después de recibir la ayuda del Señor? (Véase Daniel 2:19–30).
Durante el ministerio terrenal del Salvador, muchos judíos consideraban que el título “Hijo del Hombre”, que se encuentra en Daniel 7:13, se refería al Mesías que vendría. ¿Qué aprendes sobre el Mesías en Daniel 7:13–14? (Véase también Moisés 6:57).
El Salvador a menudo se refería a sí mismo como “el Hijo del Hombre”. Considera repasar algunos ejemplos: Mateo 25:31; Marcos 9:31; 10:45. ¿Qué enseña Él acerca de Sí mismo en esos versículos? En Marcos 14:61–64, Jesús utilizó ese título en el último día de Su vida terrenal. Fíjate en la reacción de las personas que escucharon Su declaración. ¿De qué manera la profecía de Daniel acerca del Hijo del Hombre influye en tus sentimientos en cuanto a lo que le sucedió a Él en Marcos 15?
Así como se odiaba a Jesús por declarar que era el “Hijo del Hombre”, tú también podrías enfrentar persecución por declarar la verdad. Compara la profecía de Daniel 7:13–14 con las promesas de Doctrina y Convenios 121:29, 46.
Véanse también Doctrina y Convenios 49:6; Guía para el Estudio de las Escrituras, “Hijo del Hombre”, Biblioteca del Evangelio.
Para ayudar a los niños a aprender de los relatos inspiradores del libro de Daniel, podrías encontrar imágenes de los acontecimientos que se encuentran en Daniel 1, 3 y 6 (véanse la hoja de actividades de esta semana o el Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 23, 25, 26). Luego, podrías colocar las imágenes boca abajo e invitar a un niño a dar vuelta una de ellas y hablar sobre la historia que representa (si necesitas ayuda, véanse “Daniel y sus amigos”, “Sadrac, Mesac y Abed-nego” y “Daniel y el foso de los leones” en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 154–56, 160–162, 163–165).
Ayuda a los niños a pensar en situaciones en las que podrían sentirse presionados a tomar una mala decisión, como les sucedió a Daniel y a sus amigos en Daniel 1, 3 y 6. Indiquen cómo han sido bendecidos por tomar la decisión correcta, aun cuando fue difícil. Podrían cantar juntos alguna canción que se relacione con este tema, tal como “Haz el bien” (Himnos, nro. 155).
Leer el relato de cuando Daniel y sus amigos rechazaron la comida y el vino del rey podría inspirar una conversación sobre la ley de salud que el Padre Celestial nos ha dado en la actualidad (véase Doctrina y Convenios 89). Tal vez podrías buscar las bendiciones que Daniel y sus amigos recibieron y compararlas con las bendiciones prometidas en la Palabra de Sabiduría (véanse Daniel 1:15–17 y Doctrina y Convenios 89:18–21).
Mientras lees Daniel 2:31–35, 44–45 con los niños, podrías invitarlos a hacer un dibujo del sueño de Nabucodonosor. Ayúdales a entender que la piedra del sueño representa a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. ¿Qué aprendemos acerca de la Iglesia en ese sueño? Los niños podrían mencionar algunas cosas que el Padre Celestial hizo para establecer Su Iglesia en los últimos días. Si necesitan ayuda, podrías mostrarles imágenes de acontecimientos de la restauración de la Iglesia (véanse Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 90–95).
¿Por qué orar al Padre Celestial era tan importante para Daniel? Tal vez los niños y tú podrían hablar sobre esa pregunta mientras leen juntos Daniel 6. Luego, podrían explicarse mutuamente por qué orar es importante para ustedes. A los niños podría gustarles hacer dibujos de sí mismos orando en diversas situaciones. Podrían utilizar sus dibujos para enseñarse unos a otros que podemos orar al Padre Celestial sin importar dónde estemos o lo que necesitemos.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
El convenio de Israel con Jehová había de ser tan hondo y significativo que Jehová lo comparó con el matrimonio. El convenio, al igual que los matrimonios, incluía un compromiso eterno, el compartir experiencias, el construir una vida juntos, la estricta fidelidad y, sobre todo, amar con todo el corazón. Lamentablemente, los israelitas no fueron fieles a su convenio; sin embargo, el mensaje del Señor para ellos no fue “te rechazaré para siempre”, sino, más bien, “te invitaré a regresar” (véase Oseas 2:14–15). “Te desposaré conmigo en justicia”, declaró Él por medio del profeta Oseas (Oseas 2:19); “Yo los sanaré de su rebelión; los amaré por mi propia voluntad” (Oseas 14:4). Es el mismo mensaje que Él nos ofrece hoy en día conforme nosotros procuramos vivir nuestros convenios con amor y devoción.
Y Joel compartió un mensaje similar: “Volveos a Jehová vuestro Dios, porque es misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia” (Joel 2:13). Leer las palabras de estos profetas puede inspirarte a meditar en tu propia relación con el Señor, a pensar en cómo Su fidelidad hacia ti te inspira a serle fiel a Él.
Para consultar las reseñas de los libros de Oseas y Joel, véanse “Oseas, El libro de Oseas” y “Joel, El libro de Joel”, respectivamente, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
La esposa de Oseas, Gomer, le fue infiel, y Dios hizo referencia a aquel triste hecho para enseñar a los israelitas cómo se sentía en cuanto a ellos y a los convenios que habían concertado con Él. Al leer Oseas 1–3, reflexiona sobre cómo ve el Señor Su relación con Su pueblo del convenio. ¿De qué forma hacer un convenio con el Señor es semejante a contraer matrimonio? ¿De qué manera el no guardar ese convenio es semejante a serle infiel al cónyuge? (Véase Oseas 2:5–7, 13). ¿Qué aprendemos en Oseas 2:14–23 sobre el amor y la misericordia del Señor? ¿De qué manera le demuestras tu amor y tu lealtad a Él?
En Oseas 14, busca las muchas promesas hermosas que el Señor hace a quienes regresan a Él. ¿Qué significa para ti las palabras “los amaré por mi propia voluntad”? (Versículo 4). ¿Qué te enseñan las metáforas sobre plantas que se encuentran en los versículos 5–8 en cuanto a las bendiciones del Señor, incluyendo las bendiciones del arrepentimiento? Como parte de tu estudio, considera cantar o escuchar algún himno sobre la misericordia del Salvador, tal como “Venid a Cristo” (Himnos, nro. 60).
El pueblo de la época de Oseas ofrecía sacrificios de animales, pero quebrantaba mandamientos más importantes. ¿Qué crees que signifique que el Señor “misericordia quier[e] y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos”? (Oseas 6:6). ¿Qué piensas que signifique que la piedad [rectitud] sea como una nube o como el rocío? (Véase Oseas 6:4). ¿Cómo debería ser nuestra rectitud? (Véanse Isaías 48:18; 1 Nefi 2:9–10).
También podrías leer Mateo 9:10–13; 12:1–8 para ver cómo empleó el Salvador Oseas 6:6 durante Su ministerio. ¿De qué modo esos pasajes te ayudan a entender las palabras de Oseas?
Cuando leas Joel 2:12–13, quizás te sea útil saber que, según la tradición, rasgarse la propia ropa era una manifestación externa de duelo o remordimiento. ¿En qué se diferencia el rasgarse el corazón del rasgarse la ropa?
¿Qué semejanzas ves entre nuestros días y los días que Joel previó? (Véase especialmente Joel 2:1–2, 11, 18–32). ¿Qué te llama la atención de las bendiciones que el Señor promete en los versículos 18–32? ¿Por qué podrían ser de especial valor esas bendiciones en la actualidad?
Podría resultar interesante leer lo que Moroni dijo acerca de Joel 2 cuando visitó a José Smith en 1823 (véase José Smith—Historia 1:41). ¿De qué manera crees que las profecías de Joel 2:28–32 se están cumpliendo en nuestros días? (Véase también Hechos 2:1–21). ¿Qué crees que signifique que Jehová “derramar[ía] [Su] Espíritu sobre toda carne”? (Joel 2:28).
Podrías meditar en estas palabras del presidente Russell M. Nelson, quien enseñó que “en los días futuros, no será posible sobrevivir espiritualmente sin la influencia guiadora, orientadora, consoladora y constante del Espíritu Santo” (“Revelación para la Iglesia, revelación para nuestras vidas”, Liahona, mayo de 2018, pág. 96). ¿Por qué la revelación es tan esencial para tu supervivencia espiritual?
¿Qué puedes hacer si no sientes que estás recibiendo ese derramamiento del Espíritu? Los siguientes ejemplos podrían ayudar. ¿Qué hicieron las personas en estos pasajes para que se derramara el Espíritu del Señor sobre ellas?
Al leer estas palabras del élder David A. Bednar, medita en lo que significa para ti sentir el derramamiento del Espíritu Santo en tu vida diaria:
“A menudo nosotros mismos nos complicamos el recibir revelación personal. Lo que quiero decir con esto es que una de las promesas del convenio es que al honrar nuestros convenios, podemos tener siempre al Espíritu Santo como nuestro compañero constante. Pero nosotros hablamos de ello y nos referimos a esto como si el escuchar la voz del Señor por medio de Su Espíritu fuese un evento ocasional […]. [El Espíritu] debería estar con nosotros todo el tiempo; no en cada nanosegundo, pero si una persona está haciendo su mejor esfuerzo —no tienen que ser perfectos—, pero si ustedes y yo estamos dando nuestro mejor esfuerzo, y no cometemos transgresiones graves, entonces, podemos contar con que el Espíritu Santo estará guiándonos […].
““Parece que creemos que las manifestaciones del Espíritu Santo son espectaculares, enormes y repentinas, cuando en realidad son apacibles, delicadas y progresivas en el tiempo” (“Análisis por el élder David A. Bednar”, Una velada con una Autoridad General, 7 de febrero de 2020, broadcasts.ChurchofJesusChrist.org).
Véanse también Gary E. Stevenson, “Las impresiones del Espíritu”, Liahona, noviembre de 2023, págs. 42–45; “Territorio enemigo” (video), Biblioteca del Evangelio.
Crea un entorno espiritual. “¿Qué cosas ha observado que contribuyen a generar un ambiente espiritual para el aprendizaje del Evangelio? ¿Qué cosas van en menoscabo de ello? […] Piense en el entorno donde suele enseñar [o aprender]. ¿Cómo se siente cuando está allí? ¿De qué modo puede invitar más eficazmente al Espíritu a estar presente en ese lugar?” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 7).
En el libro de Oseas, Jehová comparó Sus convenios con Su pueblo a un matrimonio. Para aprender de esa comparación, tú y los niños podrían ver alguna imagen de una novia y un novio, y hablar sobre cómo el Padre Celestial quiere que el esposo y la esposa se traten el uno al otro. Ayuda a los niños a buscar palabras en Oseas 2:19–20 que describan lo que el Señor siente por nosotros. ¿De qué manera podemos demostrarle al Señor que lo amamos y que le seremos fieles?
En Oseas 10:12, se utilizan metáforas sobre la siembra, la siega, el tiempo y la lluvia para invitarnos a buscar al Señor. A medida que leas ese versículo, ¿qué ideas creativas te acuden a la mente que pudieran inspirar a los niños a buscarlo? Por ejemplo, tal vez los niños podrían dibujar un reloj y anotar maneras en que pueden buscar al Señor en diferentes momentos del día. Una canción como “En cualquier ocasión” (Biblioteca del Evangelio) podría ayudarte a enseñar que siempre es un buen momento para buscar al Señor.
O bien, los niños podrían hacer movimientos sencillos que correspondan con el versículo, tales como hacer de cuenta que plantan semillas, cosechan verduras o están parados bajo la lluvia. Ayuda a los niños a comparar el plantar una semilla y cosechar buenos alimentos con el vivir en rectitud y recibir las bendiciones del Señor. Luego, podrían contarse unos a otros acerca de las bendiciones que el Señor ha hecho llover sobre ustedes conforme han tratado de buscarlo a Él.
Para recalcar la verdad que se encuentra en Oseas 13:4 de que no hay más Salvador que Jesucristo, podrías mostrar a los niños imágenes de varias personas, entre ellas, de Jesús. Ellos podrían turnarse para señalar a la persona que tiene el poder de salvarnos del pecado y de la muerte. Comparte tu testimonio de Jesucristo y Su Expiación.
Los niños podrían buscar palabras en Oseas 13:4, 14 que describan a Jesucristo. ¿Qué nos enseñan esas palabras en cuanto a Él? Considera ayudar a los niños a utilizar la Guía para el Estudio de las Escrituras para buscar otros pasajes que enseñen que Jesús es nuestro Salvador y Redentor. Compartan unos con otros lo que sienten por Jesucristo.
Tal vez podrías ayudar a los niños a entender Joel 2:28–29 al permitirles verter un líquido y luego compararlo con usar un gotero o un chorrito. ¿Qué podría significar que se derrame el Espíritu sobre nosotros?
Mientras leen juntos Joel 2:28–29, podrías invitar a los niños a insertar los nombres de los demás en lugar de las palabras “vuestros hijos” y “vuestras hijas”. Luego, ayúdalos a examinar pasajes de las Escrituras como Juan 14:16; Moroni 10:5; y Doctrina y Convenios 42:17 para averiguar cómo puede ayudarlos el Espíritu.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Jonah on the Beach at Nineveh [Jonás en la playa de Nínive], por Daniel Lewis
Jonás estaba en un barco que se dirigía a Tarsis. No había nada malo en navegar hacia Tarsis, excepto que está lejos de Nínive, donde se suponía que Jonás debía ir para comunicar el mensaje de Dios. Cuando el barco afrontó una gran tempestad, Jonás supo que aquello se debía a su desobediencia. Ante la insistencia de Jonás, sus compañeros de viaje lo echaron a las profundidades del mar a fin de detener la tormenta. Aquello parecía ser el final de Jonás y de su ministerio, pero el Señor no se había dado por vencido con Jonás, como tampoco se había por vencido con el pueblo de Nínive ni con la casa de Israel, ni se da por vencido con ninguno de nosotros.
Es así que sigue enviando profetas —como Jonás, Amós, Abdías y nuestros profetas actuales— con el mensaje de que si nos arrepentimos, no seremos desechados para siempre. De todos los “secretos” que Dios revela (véase Amós 3:7), este es uno de los más preciados: que, gracias a Jesucristo, no es demasiado tarde para cambiar. Él sigue queriendo ayudarnos a vivir a la altura de los convenios que hicimos con Él, y está dispuesto a ofrecernos otra oportunidad.
Para conocer más sobre estos libros, véanse “Amós”, “Abdías” y “Jonás” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
En Amós 3:3–6, el profeta Amós presentó ejemplos de conclusiones que podemos sacar de las señales que escuchamos o vemos: cuando el león ruge, debe haber capturado a su presa; si el ave queda atrapada, la trampa debe haber tenido cebo. En los versículos 7–8, Amós aplica esa misma lógica a los profetas. ¿Qué conclusiones podemos sacar cuando un profeta profetiza? ¿Qué más aprendes sobre los profetas al leer Amós 7:10–15?
¿Qué te ha revelado el Señor por medio de Sus profetas?
El élder Ulisses Soares dijo que “tener profetas es una señal del amor de Dios” (“Los profetas hablan por el poder del Santo Espíritu”, Liahona, mayo de 2018, pág. 99). Piensa en cómo completarías esta oración: “Sé que Dios me ama, porque envía profetas que…”. Estos son algunos pasajes de las Escrituras que pueden ayudarte: Deuteronomio 18:18; Ezequiel 3:16–17; Efesios 4:11–14; 1 Nefi 22:2; Doctrina y Convenios 21:4–6; 84:36–38; 107:91–92.
¿Qué le dirías a alguien que piensa que los profetas no son necesarios en la actualidad?
Véase también Temas y preguntas, “Profetas”, Biblioteca del Evangelio.
Según Amós 4:6–13, ¿qué esperaba el Señor que sucediera después de que los israelitas pasaran por pruebas? (Véase también Helamán 12:3). Aunque es posible que a tus pruebas no las haya enviado Dios, ¿de qué manera te han dado oportunidades de acudir a Él?
Al leer Amós 5:4, 14–15, medita en la forma en que el Señor ha sido misericordioso contigo. ¿De qué manera el buscarlo a Él te ha dado vida?
Al leer Amós 8:11–12, piensa en por qué una hambruna es un buen ejemplo de cómo es vivir sin la palabra de Dios (véanse también Juan 6:26–35; 2 Nefi 9:50–51; 32:3; Enós 1:4–8). ¿Cómo te das cuenta cuando tienes hambre espiritual?
Esos versículos también podrían aplicarse a la Gran Apostasía (véase Temas y preguntas, “Apostasía”, Biblioteca del Evangelio). ¿Cómo ha afectado ese “hambre” espiritual a los hijos de Dios? ¿De qué modo ha saciado la Restauración tu hambre espiritual?
Véase también “La Gran Apostasía” (video), Biblioteca del Evangelio.
Refiriéndose a Abdías 1:21, el presidente Gordon B. Hinckley explicó que llegamos a ser salvadores en el monte Sion cuando recibimos las ordenanzas a favor de los muertos en el templo (véase “Comentarios finales”, Liahona, noviembre de 2004, pág. 105). ¿En qué se parece esa obra —aunque sea en pequeña medida— a lo que el Salvador hizo por nosotros? ¿De qué manera el participar en esta obra te ha ayudado a sentirte más cerca de Jesucristo?
Véase también “Santos templos de Sion”, Himnos, nro. 183.
Nínive era un enemigo de Israel conocido por su violencia y su crueldad. A Jonás le parecía improbable que estuvieran preparados para arrepentirse. Quizás resulte interesante comparar la actitud de Jonás (véanse Jonás 1; 3–4) con los sentimientos de Alma y los hijos de Mosíah (véanse Mosíah 28:1–5; Alma 17:23–25). ¿Qué aprendes en Jonás 3 que te inspire a compartir el Evangelio aun con aquellos que tal vez no parezcan estar listos para cambiar?
Al leer Jonás, busca algunos ejemplos de la misericordia del Señor. ¿Por qué crees que Jonás sintió “desagrad[o]” y “enoj[o]” (Jonás 4:1) cuando el Señor extendió misericordia al pueblo de Nínive? ¿Qué crees que el Señor trataba de enseñarle en el capítulo 4? Reflexiona sobre cómo has experimentado Su misericordia en tu vida. ¿Qué aprendes de Jonás que pueda ayudarte a ser más misericordioso?
Debido a que este domingo es el quinto domingo del mes, se alienta a los maestros de la Primaria a que utilicen las actividades de aprendizaje del “Apéndice B: Cómo preparar a los niños para toda una vida en la senda de los convenios de Dios”.
A fin de ayudar a los niños a entender Amós 3:7, podrías susurrarle un mensaje sencillo a uno de ellos y pedirle que lo comparta con los otros niños. ¿En qué se parece el mensajero de esta actividad a un profeta? ¿Por qué el Señor nos envía profetas?
Para aprender más sobre lo que hacen los profetas, tú y los niños podrían repasar mensajes recientes del actual Presidente de la Iglesia. Podrían entonar juntos una canción tal como “Sigue al Profeta” (Canciones para los niños, págs. 58–59). Compartan el uno con el otro por qué eligen seguir al profeta de Dios.
Ayuda a los niños a memorizar pasajes de las Escrituras. El élder Richard G. Scott compartió: “El memorizar un pasaje es como crear una nueva amistad. Es como descubrir a una persona nueva que puede ayudarnos en tiempos de necesidad, darnos inspiración y consuelo, y ser la fuente de motivación para lograr un cambio necesario” (“El poder de las Escrituras”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 6). Para ayudar a los niños a memorizar todo Amós 3:7 o parte de él, podrías escribirlo para que lo repitan juntos. Luego podrías borrar o cubrir algunas palabras por vez hasta que los niños puedan repetir todo el versículo de memoria.
Invita a los niños a hacer de cuenta que tienen hambre mientras lees Amós 8:11–12. ¿Qué se siente cuando tenemos hambre de la palabra de Dios? Tal vez los niños podrían hacer de cuenta que están comiendo mientras comparten unos con otros algunos de sus pasajes favoritos de las Escrituras.
Podrías utilizar la Guía para el Estudio de las Escrituras, “Apostasía” (Biblioteca del Evangelio), o “Después del Nuevo Testamento” (en Relatos del Nuevo Testamento, págs. 167–170) para ayudar a los niños a entender el “hambre” que surgió como consecuencia de la Gran Apostasía y cómo terminó con la Restauración. Compartan unos con otros las razones por las que están agradecidos de que el Señor haya restaurado Su Evangelio en nuestros días.
Para ayudar a los niños a aprender la historia de Jonás, podrías repasar “Jonás el profeta” en Relatos del Antiguo Testamento; véase también la hoja de actividades de esta semana). Luego, podrías preguntar:
¿Qué sucedió cuando Jonás no obedeció a Jehová? (Véase Jonás 1:4–17).
¿Qué hizo Jonás para arrepentirse? (Véanse Jonás 1:10–12; 2:1–4, 9; 3:1–4).
¿Qué ocurrió cuando Jonás sí obedeció? (Véase Jonás 3:5).
Quizás a los niños les resulte entretenido volver a contar la historia de Jonás o hacer una dramatización de ella. Compartan unos con otros experiencias en las que el Señor haya querido que hicieran algo que fuera difícil para ustedes. ¿Cómo los ayudó Él a obedecerle?
Tal vez los niños podrían hacer de cuenta que están entrevistando a Jonás sobre su experiencia. ¿Qué preguntas le harían? Anímalos a hacer preguntas para averiguar lo que Jonás aprendió acerca del Señor. ¿Qué diría Jonás, por ejemplo, acerca de la misericordia del Señor? (Véanse, por ejemplo, Jonás 2:7–10; 3:10; 4:2).
Ayuda a los niños a pensar en ejemplos en los que el Salvador demostró misericordia a los demás, tales como los que se encuentran en Marcos 2:3–12; Lucas 23:33–34 y Juan 8:1–11. Los niños y tú podrían buscar imágenes de esos ejemplos. ¿Qué oportunidades tenemos de ser misericordiosos con otras personas?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Miqueas; Nahúm; Habacuc; Sofonías
In the Beginning Was the Word [En el principio era el Verbo], por Eva Timothy
La lectura del Antiguo Testamento a menudo implica leer profecías sobre destrucción. Con frecuencia, el Señor llamaba profetas para advertir a los inicuos sobre Sus juicios, y los ministerios de Nahúm, Habacuc y Sofonías son buenos ejemplos de aquello. Dichos profetas predijeron con sobrecogedores detalles la caída de ciudades que, en ese momento, parecían fuertes y poderosas: Nínive, Babilonia y Jerusalén. Sin embargo, aquello fue hace miles de años. ¿Por qué es de provecho leer esas profecías hoy en día?
Aunque esas ciudades orgullosas e inicuas fueron destruidas, el orgullo y la iniquidad persisten, e incluso podríamos detectar algo de ellos en nuestro corazón. Los profetas del Antiguo Testamento revelan cómo podemos apartarnos de esos males. Tal vez esa sea una de las razones por las que todavía leemos sus palabras hoy en día. No fueron profetas que predijeron solo desgracias; fueron profetas que predijeron la liberación. A las destrucciones que se describen las atenúan las invitaciones a venir a Cristo y a recibir Su perdón. Como Miqueas lo describió, el Señor no se deleita en condenarnos, sino que “se deleita en la misericordia” (Miqueas 7:18). Esas eran las vías del Señor en la antigüedad y son Sus vías actualmente. “Sus caminos son eternos” (Habacuc 3:6).
Para consultar las reseñas de estos libros, véanse “Miqueas,” “Nahúm,” “Habacuc,” y “Sofonías” respectivamente, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Miqueas nos invita a imaginar cómo sería “presentar[nos] ante Jehová y adora[r] al Dios Altísimo” (Miqueas 6:6). ¿Qué te indican los versículos 6–8 sobre lo que es importante para el Señor cuando Él evalúa nuestra vida?
Véase también Dale G. Renlund, “Haz justicia, ama la misericordia y humíllate para andar con Dios”, Liahona, noviembre de 2020, págs. 109–112.
La misión de Nahúm era predecir la destrucción de Nínive, la capital del violento Imperio Asirio, que había dispersado a Israel y de quien Judá había padecido su brutalidad. Nahúm comenzó describiendo la ira de Dios y su incomparable poder, pero también habló acerca de la misericordia y la bondad de Dios. Si lo deseas, busca los versículos del capítulo 1 que te ayuden a entender cada uno de esos atributos, así como otros atributos de Dios que puedas observar. ¿Por qué crees que es importante saber cada una de esas cosas en cuanto al Señor?
Incluso los profetas a veces tienen preguntas sobre las vías del Señor. Habacuc, que vivía en una época de iniquidad generalizada en Judá, comienza su registro con ciertas preguntas a Jehová (véase Habacuc 1:1–4). ¿Cómo resumirías las inquietudes de Habacuc? ¿Qué preguntas similares hace la gente sobre Dios en la actualidad? ¿Alguna vez te has sentido de manera similar? También podrías comparar las preguntas de Habacuc con otras que se encuentran en las Escrituras, como las que están en Marcos 4:37–38 y Doctrina y Convenios 121:1–6.
Jehová respondió a las preguntas de Habacuc diciendo que enviaría a los caldeos (los babilonios) a castigar a Judá (véase Habacuc 1:5–11). Sin embargo, Habacuc conservaba su inquietud, pues le parecía injusto que el Señor no interviniera “cuando el malvado [Babilonia] destruye al que es más justo que él [Judá]” (véanse los versículos 12–17). ¿Qué encuentras en Habacuc 2:1–4 que te inspire a confiar en el Señor cuando tengas preguntas sin responder? (Véanse también Marcos 4:39–40; Doctrina y Convenios 121:7–8; “God Will Lift Us Up [Dios nos levantará]” [video], Biblioteca del Evangelio).
El capítulo 3 es una oración de alabanza y fe de Habacuc. ¿En qué se diferencia el tono de Habacuc en el capítulo 3 al del capítulo 1? Esta idea te ayudará a meditar sobre los versículos 17–19: Haz una lista de las bendiciones temporales y espirituales que Dios te ha dado. Luego imagina que perdiste las bendiciones temporales. ¿Cómo te haría sentir eso respecto de las otras bendiciones? ¿Por qué podría ser difícil “alegra[rse] en Jehová” (versículo 18) durante dificultades como las que se describen en el versículo 17? Medita en cómo puedes cultivar una mayor fe en Dios, aun cuando la vida parezca injusta.
Véanse también Gerrit W. Gong, “Todas las cosas para nuestro bien”, Liahona, mayo de 2024, págs. 41–45; “Divina luz”, Himnos, nro. 48; Temas y preguntas, “Cómo buscar respuestas a sus preguntas”, Biblioteca del Evangelio.
Sé paciente. A veces queremos la respuesta a nuestras preguntas de inmediato, pero el entendimiento espiritual requiere tiempo y no puede forzarse. Como Jehová le dijo a Habacuc: “espérala, porque sin duda vendrá” (Habacuc 2:3).
Al leer las profecías de Sofonías, observa las actitudes y conductas que condujeron a Judá y a otros grupos a la destrucción: véanse especialmente Sofonías 1:4–6, 12; 2:8, 10, 15; 3:1–4. Luego, busca las características del pueblo que Dios preservaría: véanse Sofonías 2:1–3; 3:12–13, 18–19. ¿Qué mensaje crees que el Señor tiene para ti en esos versículos?
Después de leer Sofonías 3:14–20, fíjate de cuántas maneras puedes completar esta oración: “Alégrate y regocíjate de todo corazón porque…”. ¿Por qué es importante que conozcas esas razones para regocijarte? Si lo deseas, compara esos versículos con las experiencias que se describen en 3 Nefi 17 y medita en lo que Jesucristo siente por Su pueblo, e incluso por ti.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Es posible que los niños no sepan que fue una profecía de Miqueas la que ayudó a los magos a encontrar al Niño Jesús en Belén. Utilizando Miqueas 5:2 y Mateo 2:1–6, tal vez los niños podrían hacer una dramatización de aquella experiencia. Luego, podrían hablar de por qué el nacimiento de Jesús fue tan importante que los profetas lo supieron muchos años antes de que Él naciera.
Después de leer Nahúm 1:7, los niños podrían construir o dibujar una “fortaleza” sencilla (en esta reseña hay una imagen de una). ¿Cuáles son algunas razones por las que alguien pudiera necesitar una fortaleza? ¿Por qué nuestra época es un “día de […] angustia”? ¿En qué sentido Jesucristo es como una fortaleza para nosotros?
Para presentar Habacuc 2:3, los niños y tú podrían hablar de cosas que son buenas, pero solo después de esperar, como la fruta, que necesita madurar, o la masa, que necesita hornearse. ¿Qué sucedería si tratáramos de comer la fruta o la masa antes de que estuvieran listas? Luego, podrían hablar sobre el profeta Habacuc, quien deseaba saber cuándo el Señor pondría fin a la iniquidad en el mundo. Lean la respuesta del Señor, que se encuentra en Habacuc 2:3. Podrías ayudar a los niños a pensar en cosas que Dios ha prometido; con cada ejemplo, podrían decir juntos: “Espérala; porque sin duda vendrá”.
Para ilustrar Habacuc 2:14, los niños y tú podrían llenar un frasco u otro recipiente con imágenes o palabras que representen lo que Jesús hizo o enseñó. ¿Cómo podemos ayudar a llenar el mundo del conocimiento del Señor?
Muestra a los niños un mapa del mundo (véase Mapas de lugares históricos de la Iglesia, nro. 7, “Mapa del mundo”). Ayúdalos a encontrar el lugar en el que viven y lugares en que hayan servido algunos misioneros a los que conocen. También podrían entonar juntos una canción sobre compartir el Evangelio, tal como “Llevaremos Su verdad al mundo” (Canciones para los niños, págs. 92–93). ¿Qué podemos decir a los demás en cuanto a Jesucristo?
En Sofonías 3:14–20, los niños podrían buscar algo que los haga querer “canta[r], […] alegra[rnos] y regoc[ijarnos] de todo corazón”. Tal vez podrían cantar juntos algunos himnos o canciones alegres y hablar sobre el gozo que se encuentra en el Evangelio de Jesucristo.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Templo de Laie, Hawái
Después de décadas de cautiverio, se permitió que un grupo de israelitas, entre los que probablemente estaban los profetas Hageo y Zacarías, regresaran a Jerusalén. Algunas personas que integraban ese grupo recordaban cómo era el templo antes de ser destruido. A los que se preguntaban si el templo alguna vez volvería a parecerse en algo a la “casa [del Señor] en su gloria primera” (Hageo 2:3), el profeta Hageo pronunció estas palabras de aliento de Jehová: “cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy con vosotros […], no temáis”. “Llenaré de gloria esta casa […] y daré paz en este lugar” (Hageo 2:4–5, 7, 9).
No obstante, no era solo el santo templo lo que había que reconstruir; en muchos aspectos, el pueblo de Dios se hallaba en ruinas en el sentido espiritual, y para reconstruir un pueblo santo, se requiere mucho más que labrar piedras y colocarlas, como cuando se erige una casa santa. Significa que la inscripción “Santidad a Jehová” debe grabarse no solo en el muro del templo, y en “los cascabeles de los caballos” y “en toda olla de Jerusalén” (Zacarías 14:20–21); también debe estar grabada en cada corazón.
Para consultar las reseñas de los libros de Hageo y Zacarías, véanse “Hageo” y “Zacarías (Antiguo Testamento)”, respectivamente, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
Había que hacer muchas cosas importantes para reconstruir Jerusalén. Sin embargo, después de que hubieron transcurrido unos quince años del regreso de los israelitas, Jehová se hallaba descontento de que no se hubiese dado la máxima prioridad a la reconstrucción del templo (véase Hageo 1:2–5, véase también Esdras 4:24). Al leer Hageo 1; 2:1–9, considera preguntas como estas:
¿Qué consecuencias afrontaban los israelitas por no haber terminado el templo?
¿Qué bendiciones prometía el Señor si terminaban de edificar Su casa?
¿Cuál es el mensaje que el Señor tiene para ti en Hageo 1:5–7? ¿De qué manera puedes alinear tus prioridades con las del Señor? ¿En qué ocasión has sido bendecido por poner a Dios en primer lugar en tu vida?
Los primeros Santos de los Últimos Días afrontaron una situación similar a la de los israelitas en la época de Hageo (véase Doctrina y Convenios 95). ¿Qué aprendes de estos dos ejemplos acerca de los sentimientos del Señor en cuanto a los templos?
Véanse también Dale G. Renlund, “Jesucristo es el tesoro”, Liahona, noviembre de 2023, págs. 96–99; Terence M. Vinson, “Verdaderos discípulos del Salvador”, Liahona, noviembre de 2019, págs. 9–11; “Tu casa amamos, Dios”, Himnos, nro. 160; “Provo City Center Temple Completed [Templo del Centro de la Ciudad de Provo finalizado]” (video), LaIglesiadeJesucristo.org.
En tu opinión, ¿cuál es el provecho de tener la frase “Santidad a Jehová” grabada en objetos cotidianos como los que se mencionan en Zacarías 14:20? (Véase también Éxodo 28:36–38). ¿Cuál es el provecho de tenerla grabada en los templos hoy en día? ¿Qué significado tiene para ti esta frase? ¿Cómo puedes hacer que la santidad sea parte de tu vida diaria? Medita esas preguntas a medida que leas las invitaciones del Señor a Su pueblo de llegar a ser más santos en Zacarías 1:1–6; 3:1–7; 7:8–10; 8:16–17.
También podrías leer en Zacarías 2:10–11; 8:1–8; 14:9–11, 20–21, para conocer cómo será la vida en el futuro, cuando todos moremos con el Señor en un estado de santidad. ¿Qué te llama la atención de la visión de Zacarías sobre el futuro de Jerusalén? ¿Qué hallas en ella que te gustaría ver en tu comunidad? ¿Cómo puedes prepararte para vivir en las condiciones que describió Zacarías?
Zacarías 9:9–11; 11:12–13; 12:10; 13:6–7; 14:1–9
Varios de los escritos de Zacarías hacen referencia al ministerio terrenal de Jesucristo y también a Su futura Segunda Venida. A continuación, se encuentran algunas de las profecías de Zacarías, junto con pasajes de las Escrituras sobre su cumplimiento. Conforme los estudies, pregúntate: ¿Qué me enseña esto sobre el Salvador?
Zacarías 9:9–11 (véanse Mateo 21:1–11; 1 Pedro 3:18–19)
Zacarías 11:12–13 (véanse Mateo 26:14–16; 27:1–7)
Zacarías 12:10 (véanse Juan 19:37; Apocalipsis 1:7)
Zacarías 13:6–7; 14:1–9 (véanse Mateo 26:31; Doctrina y Convenios 45:47–53)
¿Cómo crees que debe haber sido estar entre las personas que dieron la bienvenida a Jesús a Jerusalén, tal como se describe en Zacarías 9:9–11? ¿Cómo puedes darle la bienvenida a Él en tu vida, en tu hogar y en tu comunidad?
Véanse también la Guía para el Estudio de las Escrituras, “Mesías”, Biblioteca del Evangelio; “La entrada triunfal del Señor en Jerusalén” (video), Biblioteca del Evangelio; Ronald A. Rasband, “Hosanna al Más Alto Dios”, Liahona, mayo de 2023, págs. 108–112.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
A medida que leas partes de Hageo 1:2–5 con los niños, ayúdales a descubrir por qué el Señor no estaba complacido con el pueblo. Quizás podrían escoger una frase del versículo 6 y hacer un dibujo de ella. Podrían mostrárselo el uno al otro y adivinar a qué frase corresponde cada dibujo. Cuando dedicamos tiempo a cosas que no son las que el Señor quiere, ¿en qué se asemeja eso a comer pero no quedar satisfechos? Podrían conversar sobre cómo pueden dedicar tiempo a las cosas que son importantes para el Señor.
También podrías leer el versículo 8 a los niños e invitarlos a hacer de cuenta que “sub[en] al monte”, “trae[n] madera” y “reedifica[n] la casa [de Jehová]”. Cada niño podría hacer una lista de las cosas que hacen en un día corriente, incluso las que el Señor nos ha pedido que hagamos. Pídeles que “medit[en] bien sobre [sus] caminos” mientras encierran en un círculo las cosas que el Señor diría que son las más importantes de sus listas.
La enseñanza centrada en el hogar. El presidente Russell M. Nelson ha enseñado que el hogar debe ser el centro del aprendizaje del Evangelio (véase “Cómo ser Santos de los Últimos Días ejemplares”, Liahona, noviembre de 2018, pág. 113). A medida que tu familia estudie el consejo de Hageo de “medita[r] bien sobre [sus] caminos”, podrían hablar sobre cómo poner a Dios en primer lugar en su vida familiar.
En una visión, Zacarías vio a un sumo sacerdote que estaba “vestido con vestimentas sucias” (Zacarías 3:3). Un ángel le daba ropa limpia. Para ayudar a los niños a descubrir verdades importantes, podrían leer juntos Zacarías 3:1–7 y hablar sobre lo que podrían representar la ropa sucia y la ropa limpia. ¿Cómo llegamos a ser limpios de nuestros pecados, incluso después de ser bautizados? ¿En qué forma nos ayudan nuestros convenios bautismales a “and[ar] por [los] caminos [de Jehová]”?
Los niños y tú podrían ver una ilustración de un bautismo, como la que se muestra en esta reseña. ¿Por qué nos vestimos de blanco para nuestro bautismo? También podrían cantar una canción sobre el bautismo, tal como “Cuando me bautice” (Canciones para los niños, pág. 53); ¿Qué enseña la canción sobre la razón por la que el Señor desea que seamos bautizados?
Zacarías 9:9–11; 11:12; 13:6–7
A los niños podría gustarles visualizar el acontecimiento predicho en Zacarías 9:9, cuando Jesús entró en Jerusalén durante la última semana de Su vida terrenal. Para ayudar con esto, muéstrales una imagen del acontecimiento, como la que se encuentra en esta reseña; también podrías compartir con ellos “El Salvador va a Jerusalén” (en Relatos del Nuevo Testamento, págs. 110–112). Los niños podrían señalar a las personas de las imágenes que estén “al[egrándose] mucho”. ¿Quién es el rey en Zacarías 9:9? ¿Por qué estamos agradecidos por Él?
Considera ayudar a los niños a comparar las profecías de Zacarías con los versículos del Nuevo Testamento que describen su cumplimiento. Estos son algunos ejemplos: Zacarías 9:9 y Mateo 21:5–9; Zacarías 9:11 y 1 Pedro 3:18–19; Zacarías 11:12 y Mateo 26:14–16; Zacarías 13:7 y Mateo 26:31. ¿Qué aprendemos acerca del Salvador en esos versículos?
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
“Yo os he amado”, dijo el Señor a Su pueblo por medio del profeta Malaquías. No obstante, los israelitas, que habían padecido aflicción y cautividad durante generaciones, preguntaron: “¿En qué nos has amado?” (Malaquías 1:2). Después de todo lo que Israel había atravesado, es posible que hayan dudado de si su historia era en verdad la historia del amor de Dios por Su pueblo del convenio. De alguna manera, es más fácil verlo como una historia de debilidad y rebelión humanas; sin embargo, a pesar de todo ello, Dios jamás dejó de tenderles la mano con amor. Incluso cuando los hijos de Jacob maltrataron a su hermano José, el Señor preparó la vía para salvarlos del hambre (véase Génesis 45:4–8). Cuando Israel murmuró en el desierto, Dios los alimentó con el maná (véase Éxodo 16:1–4). Aun cuando Israel se volvió en pos de otros dioses y fue esparcido, Dios les prometió que si se arrepentían, Él los recogería y redimiría “con grandes misericordias” (véase Isaías 54:7). Ciertamente, el Antiguo Testamento es la historia del paciente y perseverante amor de Dios y dicha historia continúa hoy en día. Jesucristo, “el Sol de justicia”, como lo llamó Malaquías, “en sus alas [ha traído] sanidad” (Malaquías 4:2). Él es la mayor evidencia del amor de Dios por el antiguo Israel y por todos nosotros.
Para consultar una reseña del libro de Malaquías, véase “Malaquías, El libro de Malaquías”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.
En la época de Malaquías, los israelitas ya habían reconstruido el Templo de Jerusalén, pero todavía debían reconstruir su relación con el Señor como pueblo. A medida que estudies Malaquías, busca las preguntas que Jehová hace a los israelitas o que ellos le hacen a Él. Considera hacerte preguntas similares (a continuación se sugieren algunos ejemplos) para evaluar mejor tu relación con el Señor y acercarte más a Él.
¿De qué modo he sentido el amor del Señor por mí? (Véase Malaquías 1:2).
Mis ofrendas al Señor, ¿en verdad lo honran? (Véase Malaquías 1:6–11).
¿De qué maneras tengo que “volve[r]” al Señor? (Véase Malaquías 3:7).
¿Estoy robando a Dios de algún modo? (Véase Malaquías 3:8–11).
¿De qué modo la actitud que tengo durante los momentos difíciles refleja mis sentimientos por el Señor? (Véase Malaquías 3:13–15; véase también 2:17).
Al leer acerca de las ofrendas que se describen en Malaquías 1, ¿qué observas acerca de los sacrificios que ofrecían los sacerdotes? ¿Qué nos dicen tales sacrificios sobre los sentimientos de los sacerdotes hacia el Señor? (Véase Malaquías 1:13). Podrías hacer una lista de ofrendas, o sacrificios, que haces por el Señor. Por cada elemento de la lista, medita qué podría causar que esa ofrenda fuese “inmund[a]” o que fuese “limpia” (Malaquías 1:7, 11).
Imagina que tienes un amigo que acaba de enterarse de que pagas el diezmo. “¿Por qué haces eso?”, pregunta tu amigo. Piensa en ello al leer Malaquías 3:8–12. ¿Qué encuentras allí que pueda ayudarte a responder la pregunta de tu amigo? ¿Qué más querrías que tu amigo entendiera sobre el diezmo? Para obtener más ayuda, podrías examinar el mensaje del élder Neil L. Andersen “El diezmo: abriendo las ventanas de los cielos” (Liahona, noviembre de 2023, págs. 32–35) en busca de respuesta a preguntas como estas:
¿Por qué desea el Señor que paguemos el diezmo?
¿Qué podría dificultar a alguien pagar el diezmo y cómo podemos superar esos obstáculos?
¿En qué forma el pagar el diezmo fortalece tu fe en el Padre Celestial y en Jesucristo?
También podrías compartir con tu amigo cómo te ha bendecido el Señor cuando pagas el diezmo. Podrías hallar ideas en la sección “Lección N.º 1 — Bendiciones significativas pero sutiles”, del discurso del élder David A. Bednar titulado “Las ventanas de los cielos” (Liahona, noviembre de 2013, págs. 17–18). ¿Qué clase de personas llegamos a ser cuando pagamos el diezmo?
¿Qué crees que podría significar la frase “os abriré las ventanas de los cielos” (versículo 10)? Tal vez podrías mirar por una ventana y pensar en el propósito de las ventanas. ¿Por qué “ventanas de los cielos” es una buena manera de representar la forma en que el Señor nos bendice cuando pagamos el diezmo?
Cuando Moroni citó Malaquías 4:5–6 a José Smith, lo hizo “variando un poco de la forma en que se halla en [la] Biblia” (véase José Smith—Historia 1:36–39). ¿Qué agrega la variación de Moroni a nuestro entendimiento de esa profecía? En particular, medita en preguntas como las siguientes:
¿Quiénes son “[los] padres”? (Véase Deuteronomio 29:13). ¿Qué promesas se les han hecho? (Véase Abraham 2:9–11). ¿Cómo ayudas tú a cumplir esas promesas?
¿Qué experiencias has tenido que te hayan ayudado a volver el corazón hacia tus antepasados? ¿Por qué es tan importante en el plan de Dios?
Para aprender más acerca de la venida de Elías el Profeta y cómo esa profecía se está cumpliendo hoy en día, véanse Doctrina y Convenios 110:13–16 y D. Todd Christofferson, “El poder para sellar” (Liahona, noviembre de 2023, págs. 19–22). ¿Por qué te sientes agradecido de que Elías el Profeta haya venido?
Véanse también Gerrit W. Gong, “Cada uno de nosotros tiene una historia”, Liahona, mayo de 2022, págs. 43–46; “Volved vuestro corazón”, Himnos, nro. 186; “El poder para sellar,” video, LaIglesiadeJesucristo.org.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
¿Cómo responderían tú y los niños la pregunta que se encuentra en Malaquías 1:2: “¿En qué nos h[a] amado [el Señor]?”? Compartan entre sí las razones por las que saben que Él los ama. Tal vez los niños podrían hacer dibujos que les recuerden Su amor.
Haz participar a los niños en los análisis del Evangelio. Si enseñas a niños pequeños, tal vez tengas que pensar en maneras creativas de hacerlos participar en los análisis del Evangelio. Por ejemplo, los niños podrían pasarse una pelota; cuando sea su turno de sostener la pelota, podrían compartir alguna razón por la que saben que Jesús los ama.
¿Cómo ayudarás a los niños a aprender acerca del diezmo? Podrías pedirles que cuenten diez objetos pequeños, tal como las monedas de la hoja de actividades de esta semana; luego, podrían separar uno de los objetos del resto: esto es lo que le damos al Señor como diezmo. Según Malaquías 3:8–12, ¿por qué desea el Señor que paguemos el diezmo? (Véanse también “Malaquías el profeta”, en Relatos del Antiguo Testamento, págs. 171–172; “¡Lo primero es lo primero!” [video], Biblioteca del Evangelio).
Mientras leen juntos Malaquías 3:10, podrías invitar a los niños a ponerse de pie junto a una ventana mientras lees la frase “las ventanas de los cielos”; o bien, podrías verter agua en un vaso hasta que rebose para ilustrar la frase “hasta que sobreabunde”. Cuéntales sobre las bendiciones que Dios te ha dado al pagar el diezmo. Los niños podrían hacer dibujos que representen esas bendiciones y colgarlos en una ventana de la casa o cerca de ella.
En Malaquías 4:5–6, los niños podrían buscar respuestas a las siguientes preguntas sobre la profecía de Malaquías: ¿A quién prometió enviar Jehová? ¿Cuándo dijo que esa persona vendría? ¿Qué dijo que esa persona haría? ¿Por qué sería necesario que esa persona viniera? ¿Dónde se cumplió esa profecía? (Véase Doctrina y Convenios 110:13–16).
Para averiguar cómo se cumplió la promesa de Malaquías 4:5, también puedes repasar “José y Oliver reciben llaves del sacerdocio” en Relatos de Doctrina y Convenios, págs. 26–30. Una canción puede ayudar a los niños a aprender por qué fue tan importante que Elías el Profeta viniera. También podrías consultar FamilySearch.org/discovery, la aplicación Árbol Familiar de FamilySearch o el cuadernillo Mi familiapara encontrar actividades que puedan ayudarte a ti y a los niños a volver el corazón hacia sus antepasados.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Navidad
For unto Us a Child Is Born [Porque un niño nos es nacido], por Simon Dewey
El Antiguo Testamento transmite un espíritu de anhelosa expectativa; en ese sentido, se asemeja a la época navideña. Desde Adán y Eva, los patriarcas, profetas, poetas y personas del Antiguo Testamento esperaron anhelosamente que llegaran tiempos mejores, colmados de esperanza por la renovación y la liberación que haría el Mesías. Y los israelitas con frecuencia necesitaban tal esperanza, ya fuera que estuvieran en la servidumbre en Egipto o en Babilonia, o en la servidumbre de sus propios pecados o rebeliones. En toda circunstancia, los profetas les recordaban que vendría un Mesías, un Libertador, “a proclamar libertad a los cautivos” (Isaías 61:1).
Dicha esperanza comenzó a concretarse cuando Jesucristo nació en Belén. El poderoso Libertador de Israel nació en un establo, y se lo recostó en un pesebre (véase Lucas 2:7), pero no se trataba del Libertador de los antiguos israelitas solamente; Él vino a liberarte a ti, a llevar tus enfermedades, a sufrir tus dolores, a ser molido por tus iniquidades, para que por Sus heridas tú seas sanado (véase Isaías 53:4–5). Es por eso que la Navidad se espera tan anhelosa y alegremente, incluso hoy en día. El Mesías vino hace más de dos mil años, pero sigue viniendo a nuestra vida cada vez que lo buscamos.
La Navidad es una temporada de dicha debido al gozo que Jesucristo brinda al mundo. Siglos antes de que naciera el Salvador, los profetas del Antiguo Testamento también sentían gozo al hablar del Mesías que vendría. Lee algunos de los siguientes pasajes y piensa por qué habrán sido valiosos para quienes esperaban anhelosamente la misión del Salvador: Salmo 35:9; Isaías 25:8–9; 44:21–24; 51:11; Sofonías 3:14–20; Moisés 5:5–11. ¿Por qué son valiosos para ti esos pasajes? ¿Qué razones dan esos pasajes de las Escrituras para sentirnos gozosos?
Véase también Dallin H. Oaks, “Buenas nuevas de gran gozo”, devocional de Navidad de la Primera Presidencia, 4 de diciembre de 2022, Biblioteca del Evangelio; “¡Regocijad! Jesús nació”, Himnos, nro. 123.
Muchas de las tradiciones relacionadas con la Navidad tienen significados simbólicos que hacen referencia a Cristo. Al estudiar el Antiguo Testamento este año, tal vez hayas notado muchos símbolos del Salvador. A continuación se enumeran algunos de ellos. Si lo deseas, estúdialos y escribe lo que estos te enseñan en cuanto a Él.
La estrella (Números 24:17; Mateo 2:2; Apocalipsis 22:16).
El pastor (Salmo 23; Lucas 15:4–7; Juan 10:11).
El Cordero (Génesis 22:8; Éxodo 12:5; 1 Pedro 1:18–20).
El agua (Éxodo 17:1–6; Jeremías 2:13; Ezequiel 47:1–12; Juan 4:7–14).
La Roca (1 Samuel 2:2; 2 Samuel 22:2–3; Salmo 118:22–23; Isaías 28:16; Efesios 2:20).
El Vástago o Renuevo (Isaías 11:1–2; Jeremías 23:5; 33:15).
La luz (Salmo 27:1; Isaías 9:2; 60:19; Miqueas 7:8; Juan 8:12).
¿Qué otros símbolos, pasajes y relatos que testifiquen de Jesucristo has encontrado en las Escrituras?
Véanse también 2 Nefi 11:4; Mosíah 3:14–15; Moisés 6:63; “Jesucristo”, ambos en la Guía para el Estudio de las Escrituras (Biblioteca del Evangelio).
A Jesucristo se lo menciona por medio de muchos nombres y títulos diferentes. Busca títulos en los siguientes versículos: Salmos 23:1; 83:18; Isaías 7:14; 9:6; 12:2; 63:16; Amós 4:13; Zacarías 14:16; Moisés 7:53. ¿Qué otros títulos recuerdas? Tal vez desees enumerar los títulos de Jesucristo que puedas hallar en los himnos navideños. ¿De qué modo influye cada uno de los títulos en cómo piensas en Él?
Considera elegir un título o función del Salvador que te ayude a recordarlo durante el próximo año.
Véase también Quentin L. Cook, “La paz personal en tiempos difíciles”, Liahona, noviembre de 2021, pág. 89–92. “Escuchad el son triunfal”, Himnos, nro. 130.
Para conocer más, consulta los ejemplares de este mes de las revistas Liahona y Para la Fortaleza de la Juventud.
Tú y los niños podrían tener algunas decoraciones navideñas que puedan utilizar para iniciar una conversación sobre Jesucristo. Tal vez podrían hablar sobre cómo una estrella de Navidad, las luces o algún regalo nos recuerdan al Salvador. Luego podrías buscar en uno o más de los siguientes pasajes de las Escrituras algo que pudiera simbolizar a Jesucristo: Génesis 22:8; Números 24:17; Salmos 23:1; 27:1. Tal vez los niños podrían sostener en alto una ilustración o decoración que concuerde con cada versículo mientras lo leen. ¿En qué sentido Jesús es como un cordero, una estrella, un pastor o una luz? Consideren cantar juntos una canción de Navidad, tal como “La Nochebuena” (Canciones para los niños, pág. 24).
Los niños también podrían mirar la ilustración que se encuentra al final de esta reseña mientras les lees Isaías 9:6. Pídeles que señalen al Niño Jesús cuando escuchen la frase “un niño nos es nacido”. Expresa tu testimonio de que los profetas del Antiguo Testamento sabían que Jesús nacería.
Al prepararte para estudiar la vida de Jesucristo el año próximo en el Nuevo Testamento, considera repasar con los niños lo que hayan aprendido sobre Él este año en el Antiguo Testamento. Podrían repasar las reseñas que contiene este material, así como las notas de estudio personales que les ayuden a recordar lo que han aprendido. A los niños pequeños podría serles útil hojear Relatos del Antiguo Testamento o las ilustraciones que se hallan en Ven, Sígueme. ¿Qué profecías o relatos les llamaron la atención? ¿Qué hemos aprendido sobre el Salvador?
Las familias israelitas tenían tradiciones tales como la Pascua Judía y otras festividades, las cuales tenían el objetivo de orientarles el corazón y la mente en dirección al Señor (véase Éxodo 12). ¿Qué tradiciones tienen tú y los niños que les ayudan a centrarse en Jesucristo en la época navideña? ¿Qué tradiciones conocen que provengan de sus antepasados? Podrían analizar con los niños algunas tradiciones que les gustaría comenzar. Algunas ideas podrían ser prestar servicio a alguien necesitado, escoger algo que ofrecerán como “regalo” al Salvador, invitar a algún amigo a ver con ustedes el Devocional de Navidad de la Primera Presidencia (broadcasts.ChurchofJesusChrist.org), escribir sus propios villancicos navideños, o buscar alguna forma creativa de compartir el mensaje del nacimiento de Cristo.
En el hogar, el aprender y el vivir van de la mano. “En el hogar, el Evangelio cobra relevancia inmediata. Allí las personas con las que está aprendiendo el Evangelio son las personas con quienes lo vivirá todos los días. De hecho, vivir el Evangelio es el modo en que aprendemos el Evangelio la mayor parte del tiempo. Así que, a medida que aprenda y enseñe el Evangelio en el hogar, busque maneras de relacionar lo que está aprendiendo con lo que está haciendo. Permita que, en su hogar, el Evangelio sea algo que se esfuerzan por vivir, no solo algo de lo que habla” (Enseñar a la manera del Salvador, pág. 31).
¿Cómo puedes ayudar a los niños a sentir reverencia y gozo por el nacimiento de Cristo? Podrían ver el video “El Niño Jesús: Un relato de la Natividad” (Biblioteca del Evangelio), o leer juntos Mateo 1:18–25; 2:1–12; Lucas 1:26–38; 2:1–20. Cada niño podría escoger algún personaje del video o del relato de las Escrituras y narrar lo que dicha persona sentía por el Salvador. Luego, podrían compartir sus propios sentimientos acerca de Él.
Tal vez tú y los niños podrían hablar sobre regalos que hayan dado o recibido a lo largo de los años que les hayan brindado gozo. Luego podrían leer juntos Isaías 25:9 y hablar de por qué se regocijan de que el Padre Celestial nos haya enviado un Salvador. A fin de ayudar a los niños a entender mejor la función de Jesucristo como nuestro Salvador, invítelos a leer Isaías 25:8–9; 53:3–5 y Oseas 13:14. ¿Qué nos enseñan esos pasajes de las Escrituras acerca de la forma en que el Señor nos salva?
También podrían cantar juntos alguna canción de Navidad, tal como “Jesús en pesebre” (Canciones para los niños, págs. 26–27) u “Oh, pueblecito de Belén” (Himnos, nro. 129). Ayuda a los niños a buscar frases en la canción que les ayuden a saber que el Padre Celestial y Jesucristo los aman.
Para ver más ideas, consulta el ejemplar de este mes de la revista El Amigo.
Para los padres: Cómo preparar a los hijos para toda una vida en la senda de los convenios de Dios
Debido a que Él te ama, confía en ti y conoce tu potencial, el Padre Celestial te ha brindado la oportunidad de ayudar a tus hijos para que entren en Su senda de los convenios y progresen en ella, pues es la senda hacia la vida eterna (véase Doctrina y Convenios 68:25–28). Eso incluye ayudarlos a prepararse para hacer y guardar convenios sagrados, tales como el convenio del bautismo y los convenios que se hacen en el templo. Mediante esos convenios, tus hijos podrán ligarse en unión con gozo al Salvador, Jesucristo.
Hay muchas maneras de preparar a tus hijos para ese trayecto por la senda de los convenios, y el Padre Celestial te ayudará a descubrir la mejor manera de ayudarlos. Al procurar inspiración, ten en cuenta que no todo el aprendizaje ocurre durante lecciones programadas. De hecho, parte de lo que hace que el aprendizaje en casa tenga tanto poder es la oportunidad de aprender por medio del ejemplo y por medio de ocasiones de enseñar pequeñas y sencillas, es decir, la clase de ocasiones que surgen de manera natural en el curso de la vida cotidiana. Así como seguir la senda de los convenios es un proceso constante y de toda la vida, lo mismo sucede con el aprendizaje en cuanto a dicha senda (véase “El hogar y la familia”, Enseñar a la manera del Salvador, 2022, págs. 30–31).
A continuación, se ofrecen algunas ideas que podrían dar pie a más inspiración. Encontrarás más ideas para enseñar a los niños en edad de la Primaria en “Apéndice B: Para la Primaria: Cómo preparar a los niños para toda una vida en la senda de los convenios de Dios”.
Nefi enseñó que “la puerta por la cual deb[emos] entrar” en la senda de los convenios “es el arrepentimiento y el bautismo en el agua” (2 Nefi 31:17). Tus esfuerzos por ayudar a tus hijos a prepararse para el bautismo y la confirmación pueden hacer que ellos planten los pies firmemente en dicha senda. Tales esfuerzos comienzan al enseñar en cuanto a la fe en Jesucristo y el arrepentimiento. También incluyen enseñar sobre la manera en que renovamos nuestros convenios bautismales al tomar la Santa Cena cada semana.
Algunos recursos que podrían ayudarte son: 2 Nefi 31; la edición especial sobre el bautismo de la revista El Amigo; Temas y preguntas, “Bautismo”, Biblioteca del Evangelio.
Cada vez que tengas alguna experiencia que fortalezca tu fe en el Padre Celestial y en Jesucristo, compártela con tu hijo. Ayúdalo a entender que la fe es algo que puede ir fortaleciéndose más y más a lo largo de la vida. ¿Qué cosas podría hacer tu hijo para desarrollar una fe más firme en Cristo antes de ser bautizado?
Cuando tu hijo tome alguna mala decisión, habla con gozo en cuanto al don del arrepentimiento. Y cuando tú tomes alguna mala decisión, expresa el gozo que recibes cuando te arrepientes de tus pecados cada día. Testifica que, gracias a que Jesucristo padeció y murió por nuestros pecados, nosotros podemos arrepentirnos a diario, ser perdonados y recibir el poder de cambiar. Cuando tu hijo busque tu perdón, perdónalo sin reservas y con gozo.
Háblale a tu hijo sobre tu bautismo; muéstrale fotos y comparte los recuerdos que tengas. Habla de lo que sentiste, de la forma en que el guardar tus convenios bautismales te ha ayudado a llegar a conocer mejor a Jesucristo y del modo en que tus convenios siguen bendiciendo tu vida. Alienta a tu hijo a hacer preguntas.
Cuando haya algún bautismo en la familia o en el barrio, lleva a tu hijo para que lo vea. Luego conversen sobre lo que vieron y sintieron. Si es posible, hablen con la persona que será bautizada y háganle preguntas como las siguientes: “¿Cómo tomaste esta decisión? ¿Cómo te preparaste?”.
Siempre que notes que tu hijo hace algo que ha prometido hacer, elógialo con sinceridad. Señala que cumplir con los compromisos que hacemos nos ayuda a prepararnos para guardar los convenios que hacemos al ser bautizados. ¿Qué prometemos a Dios al ser bautizados? ¿Qué nos promete Él? (Véase Mosíah 18:8–10, 13).
Habla sobre cómo te ha bendecido el ser confirmado y convertirte en miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Por ejemplo, ¿de qué manera te has acercado más al Padre Celestial y a Jesucristo conforme has servido a otras personas y otras personas te han servido a ti? Ayuda a tu hijo a pensar en las formas en que puede servir y fortalecer a otras personas como miembro de la Iglesia. También ayúdalo a sentir y reconocer el gozo que se recibe al prestar servicio.
Cuando tú y tu hijo tengan alguna experiencia sagrada juntos (como, por ejemplo, en la Iglesia, al leer las Escrituras o al prestar servicio a alguien), exprésale los sentimientos o las impresiones espirituales que tengas. Invítalo a decirte cómo se siente. Menciona los diversos modos en que el Espíritu habla a las personas, incluyendo las maneras en que te habla a ti en particular. Ayuda a tu hijo a reconocer y a compartir contigo los momentos en que podría estar sintiendo la influencia del Espíritu Santo.
Vean juntos algunos de los videos de la colección de la Biblioteca del Evangelio titulada “¡Escúchalo!”. Hablen de las distintas formas en que los siervos del Señor escuchan Su voz. Invita a tu hijo a hacer un dibujo o grabar un video sobre la manera en que él o ella escucha la voz del Salvador.
Haz que la Santa Cena sea un acontecimiento sagrado y gozoso para la familia. Habla con tu hijo en cuanto a cómo te centras en Jesucristo durante la Santa Cena. Ayúdalo a hacer un plan de cómo mostrar que la Santa Cena es sagrada para él; por ejemplo, el escuchar las palabras de las oraciones sacramentales puede recordarnos nuestros convenios bautismales.
Muchos ejemplares de la revista El Amigo contienen artículos, relatos y actividades que ayudan a los niños a prepararse para el bautismo y la confirmación. Permite que tu hijo escoja algunos de ellos para leerlos y disfrutarlos contigo (véase también la colección “Prepararse para el bautismo”, en la sección para niños de la Biblioteca del Evangelio).
El sacerdocio es la autoridad y el poder de Dios por medio de los cuales Él bendice a Sus hijos. En la actualidad, el sacerdocio de Dios se encuentra en la tierra en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. “Todos los miembros de la Iglesia que guarden sus convenios —mujeres, hombres y niños— son bendecidos con el poder del sacerdocio de Dios en sus hogares para fortalecerse a sí mismos y a sus familias” (Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 3.6, Biblioteca del Evangelio). Ese poder ayudará a los miembros a llevar a cabo la obra de salvación y exaltación en su propia vida y en sus familias (véase Manual General, 2.2).
Cuando los hombres y las mujeres sirven en llamamientos de la Iglesia, lo hacen con autoridad del sacerdocio, bajo la dirección de aquellos que poseen las llaves de este. Todos los hijos del Padre Celestial —Sus hijos y Sus hijas— serán bendecidos a medida que lleguen a entender mejor Su sacerdocio.
Recibimos las ordenanzas por la autoridad del sacerdocio. “Los miembros de la Iglesia varones que son dignos reciben la autoridad del sacerdocio al conferírseles el sacerdocio y al ser ordenados a oficios en el sacerdocio” (Manual General, 3.4). Las personas que posean oficios del sacerdocio pueden recibir la autorización de alguien que tenga llaves del sacerdocio para efectuar ordenanzas del sacerdocio.
Para conocer más sobre el sacerdocio, véanse Russell M. Nelson, “Tesoros espirituales”, Liahona, noviembre de 2019, págs. 76–79; Russell M. Nelson, “El precio del poder del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2016, págs. 66–69; “Los principios del sacerdocio”, capítulo 3 del Manual General.
Haz que las ordenanzas del sacerdocio sean una parte constante de la vida familiar. Por ejemplo, ayuda a tu hijo a prepararse espiritualmente para la Santa Cena cada semana. Aliéntalo a pedir bendiciones del sacerdocio cuando se encuentre enfermo, o necesite consuelo o guía. Adquiere el hábito de señalar las maneras en que el Señor bendice a tu familia por medio de Su poder.
Al leer las Escrituras juntos, presta atención a las oportunidades de analizar la forma en que Dios bendice a las personas a través de Su poder. Cuenta tus experiencias de ocasiones en que Dios te haya bendecido mediante Su sacerdocio. Para ver ejemplos de las bendiciones que recibimos de Dios por medio del sacerdocio, véase Manual General, 3.2, 3.5.
Enseña a tu hijo que, después del bautismo, puede recibir el poder de Dios al guardar el convenio bautismal. Repasen juntos el mensaje del presidente Russell M. Nelson titulado “Tesoros espirituales” (Liahona, noviembre de 2019, págs. 76–79). Coméntale a tu hijo la forma en que las ordenanzas del sacerdocio han traído el poder de Dios a tu vida. Para consultar una lista de las maneras en que somos bendecidos por el poder de Dios, véase Manual General, 3.5.
Analicen la pregunta: “¿Cómo es un siervo del Señor?”. Lean juntos Doctrina y Convenios 121:36–42 y busquen respuestas. Cada vez que observes que tu hijo (u otra persona) pone en práctica alguno de los principios o atributos mencionados en esos versículos, hazlo notar.
Cuando tú o tu hijo utilicen llaves para abrir alguna puerta o poner en marcha un automóvil, dedica un momento a comparar esas llaves con las llaves que poseen los líderes del sacerdocio (para ver la definición de las llaves del sacerdocio, véase el Manual General, 3.4.1). ¿Qué “abren” o “ponen en marcha” las llaves del sacerdocio en nuestro favor? Véanse también Gary E. Stevenson, “¿Dónde están las llaves y la autoridad del sacerdocio?”, Liahona, mayo de 2016, págs. 29–32; “Where Are the Keys?” (video), Biblioteca del Evangelio.
Los templos son parte del plan que el Padre Celestial tiene para Sus hijos. En la Casa del Señor, hacemos convenios sagrados con el Padre Celestial al participar en ordenanzas sagradas, todas las cuales señalan hacia Jesucristo. El Padre Celestial ha proporcionado la manera para que todos Sus hijos hagan convenios y participen en ordenanzas, incluso aquellos que no las recibieron en esta vida. Desde el comienzo del año en que tus hijos cumplan doce años, tendrán la edad suficiente para ser bautizados y confirmados en el templo en favor de sus antepasados fallecidos (véase también 1 Corintios 15:29).
Vayan a la Casa del Señor tan a menudo como lo permitan las circunstancias. Dile a tu hijo por qué van y cómo el templo te ayuda a sentirte más cerca del Padre Celestial y de Jesucristo.
Repasen y analicen juntos las preguntas de la recomendación para el templo. Puedes hallarlas en las páginas 36–37 de Para la Fortaleza de la Juventud: Una guía para tomar decisiones. Háblale de lo que sucede en la entrevista para la recomendación para el templo. Dile por qué el tener la recomendación para el templo es importante para ti.
Lean juntos Malaquías 4:6. Hablen de la manera en que su corazón puede volverse hacia sus antepasados. Para averiguar más sobre sus antepasados, examinen juntos su historia familiar en FamilySearch.org. Busquen a los antepasados que necesiten ser bautizados y confirmados. Los consultores de templo e historia familiar del barrio pueden ayudarles.
Repasen juntos algunos de los materiales que se hallan en “Temple” [Templo], en la sección para los niños de la Biblioteca del Evangelio (véase también “Cómo preparar a su hijo o hija para hacer bautismos y confirmaciones en el templo” en LaIglesiadeJesucristo.org).
La bendición patriarcal puede ser una fuente de guía, consuelo e inspiración. Contiene consejos personales del Padre Celestial para nosotros y nos ayuda a entender nuestra identidad y propósito eternos. Ayuda a tu hijo a prepararse para recibir la bendición patriarcal al enseñarle la importancia y la naturaleza sagrada de las bendiciones patriarcales.
Para averiguar más sobre el tema, véase Temas y preguntas, “Bendiciones patriarcales”, Biblioteca del Evangelio.
Cuéntale a tu hijo sobre tu experiencia al recibir la bendición patriarcal. Podrías mencionar cosas como la manera en que te preparaste para recibirla, la forma en que te ha ayudado a acercarte más a Dios y el modo en que Dios sigue guiándote por medio de esa bendición. También podrías invitarlo a hablar con otros familiares que hayan recibido la bendición patriarcal.
Repasen juntos el mensaje del élder Randall K. Bennett, “La bendición patriarcal: Dirección inspirada del Padre Celestial”; y el del élder Kazuhiko Yamashita, “Cuándo debe recibir su bendición patriarcal” (Liahona, mayo de 2023, págs. 42–44, 88–90). Hablen sobre lo que cada uno aprendió de esos mensajes en cuanto a por qué el Padre Celestial quiere que recibamos la bendición patriarcal. Para averiguar el proceso que se sigue para recibir la bendición patriarcal, véase el Manual General, 18.17.
Si tienen antepasados que hayan recibido la bendición patriarcal, podría ser inspirador leer algunas de ellas con tu hijo. Para solicitar las bendiciones de antepasados que hayan fallecido, inicia sesión en LaIglesiadeJesucristo.org, haz clic en el ícono Recursos, en la esquina superior derecha de la pantalla, y selecciona Bendición patriarcal.
Después de que tu hijo haya recibido la bendición patriarcal, invita a los familiares que hayan estado presentes a escribir lo que sintieron y a compartirlo con tu hijo.
Dios desea investir, es decir, bendecir, a todos Sus hijos con “poder de lo alto” (Doctrina y Convenios 95:8). Vamos al templo para recibir nuestra propia investidura solamente una vez, pero los convenios que hacemos con Dios y el poder espiritual que Él nos da como parte de la investidura pueden bendecirnos cada día de la vida.
Pon alguna lámina del templo a la vista en tu casa. Habla con tu hijo sobre lo que vives en la Casa del Señor. Habla a menudo sobre el amor que sientes por el Señor y Su casa, y sobre los convenios que has hecho allí. Busca oportunidades para ir al templo con tu hijo a efectuar bautismos y confirmaciones en favor de sus antepasados.
Examinen juntos Templos.LaIglesiadeJesucristo.org. Lean juntos artículos como “Sobre la investidura del templo” y “Prepararse para ir al templo”. Permite que tu hijo te haga todas las preguntas que tenga respecto al templo. Para recibir guía en cuanto a lo que puedes decir fuera del templo, consulta el mensaje del élder David A. Bednar titulado “Preparados para recibir cuanto fuere necesario” (Liahona, mayo de 2019, págs. 101–104; presta particular atención a la sección “El aprendizaje centrado en el hogar y apoyado por la Iglesia y la preparación para el templo”).
Cuando tú y tu hijo participen o presencien otras ordenanzas (como la Santa Cena o una bendición de salud), dediquen un momento a analizar el simbolismo que la ordenanza conlleva. ¿Qué representan los símbolos? ¿De qué forma testifican de Jesucristo? Eso puede ayudar a tu hijo a prepararse para meditar en cuanto al significado simbólico de las ordenanzas del templo, que también testifican de Jesucristo.
Ayuda a tu hijo a prestar atención al modo en que está guardando el convenio bautismal que se describe en Mosíah 18:10, 13 (véanse también los versículos 8–9, que describen los frutos de ese convenio). También ayúdalo a ver la forma en que el Señor lo está bendiciendo. Fomenta la confianza de tu hijo en su capacidad de guardar los convenios.
Habla de manera franca y frecuente en cuanto al modo en que los convenios del templo guían tus decisiones y te ayudan a acercarte más a Jesucristo. Podrías valerte del Manual General, 27.2, para repasar los convenios que hacemos en el templo. Si has recibido la investidura, cuéntale cómo el gárment del templo te ayuda a recordar tus convenios con Jesucristo (véase “La ropa sagrada del templo” [video], Biblioteca del Evangelio; J. Anette Dennis, “Vestíos del Señor Jesucristo”, Liahona, mayo de 2024, págs. 10–13).
El élder David A. Bednar enseñó: “Lo más importante que pueden hacer para prepararse para el llamamiento a servir es llegar a ser misioneros antes de ir a la misión […]. La cuestión no es ir a la misión; más bien, es llegar a ser misioneros y servir a lo largo de nuestra vida con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza […]. Se están preparando para toda una vida de obra misional” (“Llegar a ser misioneros”, Liahona, noviembre de 2005, págs. 45–46). Las experiencias que tu hijo tenga en el proceso de llegar a ser misionero lo bendecirán por la eternidad, y no solamente durante el período que pueda servir en la misión.
Para conocer más en cuanto al tema, véanse Russell M. Nelson, “Predicar el Evangelio de paz”, Liahona, mayo de 2022, págs. 6–7; Gary E. Stevenson, “Amar, compartir, invitar”, Liahona, mayo de 2022, págs. 84–87; Preparación misional: Adaptarse a la vida misional, Biblioteca del Evangelio.
Sé un ejemplo de cómo compartir el Evangelio de maneras naturales. Presta atención siempre a las oportunidades de compartir con los demás tus sentimientos sobre el Padre Celestial y el Salvador, así como sobre las bendiciones que recibes del Evangelio restaurado del Salvador y como miembro de Su Iglesia. Invita a otras personas a acompañar a tu familia en actividades relacionadas con la Iglesia o con la familia.
Busca oportunidades de que la familia interactúe con los misioneros. Invítalos a enseñar a tus amigos u ofréceles que enseñen en tu casa. Pregunta a los misioneros en cuanto a experiencias que estén teniendo y a la forma en que el servicio misional les ayuda a acercarse más a Jesucristo. También pregúntales qué hicieron (o desearían haber hecho) a fin de prepararse para ser misioneros.
Si serviste en una misión, habla de forma franca y frecuente sobre las experiencias que tuviste. O bien, invita a amigos o familiares que hayan servido en una misión para que hablen al respecto. También podrías hablar de maneras en las que hayas compartido el Evangelio con los demás a lo largo de tu vida. Ayuda a tu hijo a pensar en las formas en que podría compartir el Evangelio.
Bríndale oportunidades de enseñar a la familia los principios del Evangelio; además, podría practicar cómo compartir sus creencias con otras personas. Por ejemplo, podrían analizar preguntas como “¿Cómo explicaríamos el Libro de Mormón a alguien que nunca haya escuchado de él?”, o “¿Cómo describiríamos la necesidad de un Salvador a alguien que no sea cristiano?” (véase Ahmad S. Corbitt, “¿Sabe por qué yo, como cristiano, creo en Cristo?”, Liahona, mayo de 2023, págs. 119–122).
Ayuda a tu hijo a sentirse cómodo al hablar con la gente. ¿Cuáles son algunas buenas formas de comenzar una conversación? Alienta a tu hijo a aprender a escuchar lo que otras personas dicen, a entender lo que estas tengan en el corazón y a compartir verdades del Evangelio que puedan bendecirles la vida.
Busca oportunidades de que tu hijo aprenda sobre otras culturas y religiones. Ayúdalo a reconocer y a respetar los principios buenos y verdaderos que hay en las creencias de los demás.
En el templo, el esposo y la esposa se pueden casar por la eternidad, lo cual sucede en una ordenanza llamada “sellamiento en el templo”. Aunque dicha ordenanza esté a muchos años de distancia para tus hijos, las cosas pequeñas, sencillas y constantes que ustedes hagan juntos durante esos años los ayudarán a ellos a prepararse para esa maravillosa bendición.
Lean juntos “La Familia: Una Proclamación para el Mundo” (Biblioteca del Evangelio). ¿Qué enseña la proclamación sobre la felicidad en la vida familiar y sobre los matrimonios que logran tener éxito? Con tu hijo, elijan uno de los principios que se mencionan en la proclamación a fin de estudiarlo. Podrían buscar pasajes de las Escrituras relacionados con ese principio en la Guía para el Estudio de las Escrituras. También podrían ponerse metas con el fin de poner en práctica dicho principio de forma más plena en la familia. Conforme trabajen en las metas, analicen juntos el efecto que el vivir tal principio tiene en la vida familiar.
Lee con tu hijo el mensaje del presidente Dieter F. Uchtdorf titulado “Un elogio a los que salvan” (Liahona, mayo de 2016, págs. 77–80). Al llegar a la sección “Una sociedad de artículos desechables”, podrían buscar en casa cosas que sean desechables y otras que no lo sean. Hablen de cómo tratamos las cosas de manera distinta cuando queremos que duren mucho tiempo. ¿Qué nos indica eso en cuanto a cómo debemos tratar las relaciones interpersonales en el matrimonio y en la familia? ¿Qué más aprendemos del mensaje del presidente Uchtdorf en cuanto a la forma en que el Salvador puede ayudarnos a edificar matrimonios y familias fuertes?
Sé franco con tu hijo sobre las cosas que tú y tu cónyuge estén aprendiendo en cuanto a tener un matrimonio eterno centrado en Cristo y sobre la manera en que tratan de mejorar. Si tú y tu cónyuge se han sellado en el templo, muestra a tu hijo mediante el ejemplo el modo en que te esfuerzas por guardar tus convenios con el Señor. Háblale sobre cómo te esfuerzas por hacer que el Padre Celestial y el Salvador sean el centro de tu relación con tu cónyuge, y sobre cómo Ellos te ayudan (véase también Ulisses Soares, “En colaboración con el Señor”, Liahona, noviembre de 2022, págs. 42–45).
Cuando haya que tomar decisiones sobre la familia, tengan consejos familiares y conversaciones en familia. Asegúrate de que se escuchen y valoren las opiniones de todos los miembros de la familia. Usa esas conversaciones como una oportunidad de mostrar por el ejemplo lo que son la comunicación sana y la bondad en las relaciones familiares, aunque no todos vean las cosas del mismo modo (véase M. Russell Ballard, “Consejos familiares”, Liahona, mayo de 2016, págs. 63–65).
Cuando haya desacuerdos o conflictos en la familia, muestra paciencia y compasión. Ayuda a que tu hijo vea cómo el tratar los conflictos a la manera de Cristo puede ayudarlo a prepararse para tener un matrimonio feliz. Lean juntos Doctrina y Convenios 121:41–42 y hablen de la manera en que los principios mencionados en esos versículos se pueden poner en práctica en el matrimonio.
Para la Primaria: Cómo preparar a los niños para toda una vida en la senda de los convenios de Dios
En los meses que tengan cinco domingos, se alienta a los maestros de la Primaria a reemplazar la reseña programada de Ven, sígueme del quinto domingo por una o más de estas actividades de aprendizaje.
Cuando Jesucristo se apareció al pueblo de las Américas, les enseñó Su doctrina. Dijo que podemos entrar en el Reino de Dios si tenemos fe, nos arrepentimos, somos bautizados, recibimos el Espíritu Santo y perseveramos hasta el fin (véase 3 Nefi 11:31–40; véase también Doctrina y Convenios 20:29). Las actividades que figuran a continuación pueden ayudarte a enseñar a los niños que estos principios y ordenanzas nos ayudarán a acercarnos más al Salvador a lo largo de nuestra vida.
Para aprender más en cuanto a la doctrina de Cristo, véase 2 Nefi 31.
Entrega a los niños láminas que representen la fe en Jesucristo, el arrepentimiento, el bautismo y la confirmación (véase Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 1, 111, 103 y 105). Lee o recita con los niños el cuarto Artículo de Fe y pídeles que sostengan en alto las láminas cuando se mencione el principio u ordenanza que estas ilustren. Ayúdalos a entender la forma en que cada uno de esos principios y ordenanzas nos ayudan a llegar a ser más como el Padre Celestial y Jesucristo.
¿De qué manera puedes ayudar a los niños a entender que la fe, el arrepentimiento, el bautismo y la confirmación no son acontecimientos que vivimos una sola vez, sino que influyen en nuestro crecimiento espiritual a lo largo de la vida? Podrías mostrarles alguna ilustración de una semilla y un árbol grande (o bien dibujarlos en la pizarra). Invítalos a pensar en cosas que ayudan a la semilla a crecer hasta convertirse en un gran árbol, tales como el agua, la tierra y la luz del sol. Ayúdales a darse cuenta de que esas son cosas como las que hacemos para acercarnos más a Dios a lo largo de la vida: edificar nuestra fe en Jesucristo, arrepentirnos cada día, vivir nuestro convenio bautismal, tomar la Santa Cena y recibir al Espíritu Santo.
Comparte con los niños el relato sobre el cohete [petardo] que se encuentra en el mensaje del élder Dale G. Renlund titulado “¿Cómo puede el arrepentimiento ayudarme a sentirme feliz?”, (Liahona, diciembre de 2017, págs. 70–71; véase también el video “El arrepentimiento: Una gozosa elección”, Biblioteca del Evangelio). En diversos momentos durante el relato, invítalos a pensar en cómo se habrá sentido el élder Renlund. ¿Por qué sentimos gozo cuando nos arrepentimos? Expresa a los niños el gozo y el amor que has sentido cuando le has pedido al Padre Celestial que te perdone.
Aun cuando Jesús no cometió ningún pecado, fue bautizado para dar el ejemplo perfecto de obediencia al Padre Celestial (véase 2 Nefi 31:6–10).
Para aprender más en cuanto al bautismo, véanse Doctrina y Convenios 20:37; Temas y preguntas, “Bautismo”, Biblioteca del Evangelio.
Muestra una lámina del bautismo del Salvador y del bautismo de otra persona (o bien, véanse Libro de obras de arte del Evangelio, nro. 35, y ya sea el nro. 103 o bien el nro. 104). Pide a los niños que expresen cuáles son las diferencias y las semejanzas entre las dos láminas. Lean juntos Mateo 3:13–17 o “Capítulo 10: El bautismo de Jesús” en Relatos del Nuevo Testamento, págs. 26–29. Permite que los niños señalen en las imágenes aquello que escuchen en esos relatos. Háblales sobre el amor que tienes por el Salvador y el deseo que tienes de seguirlo.
Escuchen o entonen alguna canción que hable del bautismo, tal como “Cuando Jesús se bautizó” (Liahona, febrero de 2015, pág. 73). ¿Qué aprendemos acerca del bautismo en la canción? Lee 2 Nefi 31:9–10 e invita a los niños a prestar atención a fin de descubrir por qué Jesucristo fue bautizado. Invítalos a hacer un dibujo de ellos mismos en el día de su bautismo.
Prepararse para el bautismo significa mucho más que prepararse para un acontecimiento que ocurre una vez. Significa prepararse para hacer un convenio y luego guardarlo durante toda la vida. Medita sobre cómo puedes ayudar a los niños a entender el convenio que harán con el Padre Celestial cuando sean bautizados, el cual incluye las promesas que Él les hace a ellos y las que ellos le hacen a Él.
Explica que un convenio es una promesa entre una persona y el Padre Celestial. Dios promete bendecirnos, conforme nos esforcemos por guardar las promesas que le hemos hecho. Anota en la pizarra Mis promesas a Dios y Las promesas que Dios me hace a mí. Lean juntos Mosíah 18:10, 13 y Doctrina y Convenios 20:37, y ayuda a los niños a hacer una lista de las promesas que encuentren debajo del encabezamiento correspondiente (véase también Dallin H. Oaks, “Tu convenio bautismal”, Amigos, febrero de 2021, págs. 2–3). Habla con los niños de la manera en que el Padre Celestial te ha bendecido a medida que te has esforzado por guardar tu convenio bautismal.
Muestra a los niños ilustraciones de las cosas que Jesucristo hizo durante Su ministerio terrenal (para ver algunos ejemplos, véase Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 33–49). Permíteles que hablen sobre lo que Jesús está haciendo en cada ilustración. Lee Mosíah 18:8–10, 13 e invita a los niños a prestar atención a las maneras en que pueden guardar el convenio del bautismo (véase también “El convenio bautismal”Liahona, febrero de 2019, sección Amigos, pág. A3). ¿Cómo puede influir el convenio bautismal en nuestras acciones diarias? Invita a los niños a hacer un dibujo de sí mismos ayudando a alguien de la manera en que Jesús lo haría.
Llegar a ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días trae consigo muchas bendiciones, incluso oportunidades para que los niños sean participantes activos en la obra de Dios.
Invita a alguien que haya sido bautizado y confirmado recientemente a venir a la clase y compartir cómo fue la experiencia de ser confirmado. Pídele a la persona que hable sobre lo que significa para ella convertirse en miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Ayuda a los niños a pensar en las formas en que pueden guardar su convenio bautismal como miembros de la Iglesia. Expresa cómo el hacer esas cosas te ha ayudado a sentir el gozo de ser miembro de la Iglesia de Cristo.
Muestra una lámina del pueblo junto a las aguas de Mormón (véase el Libro de obras de arte del Evangelio, nro. 76) y pide a los niños que describan lo que ven en la ilustración. Narra el relato de cuando Alma y su pueblo fueron bautizados allí (véanse Mosíah 18:1–17; “Alma en las aguas de Mormón”, en Historias del Libro de Mormón). Repasa Mosíah 18:8–9 e invita a los niños a hacer movimientos que les ayuden a recordar lo que las personas estuvieron dispuestas a hacer como miembros de la Iglesia de Cristo. Comparte alguna experiencia en la que hayas sido testigo de cómo los miembros de la Iglesia prestan servicio de esas maneras.
Cuando somos bautizados y confirmados, el Padre Celestial promete que “siempre p[odemos] tener su Espíritu [con nosotros]” (Doctrina y Convenios 20:77). Ese maravilloso don de Dios se llama el don del Espíritu Santo.
Para aprender más sobre el don del Espíritu Santo, véanse Gary E. Stevenson, “Las impresiones del Espíritu”, Liahona, noviembre de 2023, págs. 42–45; Temas y preguntas, “Don del Espíritu Santo”, Biblioteca del Evangelio.
Lee Doctrina y Convenios 33:15 y pide a los niños que presten atención a fin de determinar cuál es el don especial que el Padre Celestial nos da cuando somos bautizados y confirmados. A fin de contribuir a que aprendan más en cuanto a la forma en que el don del Espíritu Santo los ayudará, repasen juntos Juan 14:26; Gálatas 5:22–23; 2 Nefi 32:5; 3 Nefi 27:20. También podrían repasar el artículo “Un don especial” (El Amigo, agosto de 2023, págs. 18–19).
Antes de la clase, pide a los padres de uno o más de los niños que compartan de qué modo han sido bendecidos gracias a que tienen el don del Espíritu Santo. ¿Cómo les ayuda el Espíritu? ¿Cómo escuchan Su voz?
Entonen juntos una canción que hable sobre el Espíritu Santo, tal como “El Espíritu Santo” (Canciones para los niños, pág. 56). Ayuda a los niños a entender lo que la canción enseña sobre cómo el Espíritu Santo nos puede ayudar.
Los niños que sepan reconocer la voz del Espíritu estarán preparados para recibir revelación personal que los guíe a lo largo de su vida. Ayúdalos a entender que hay muchas maneras en que el Espíritu Santo puede hablarnos.
Ayuda a los niños a pensar en diferentes maneras en que podríamos hablar con un amigo que vive lejos, tales como escribir una carta, enviar un correo electrónico o hablar por teléfono. Enséñales que el Padre Celestial puede hablarnos de diferentes maneras por medio del Espíritu Santo. Utiliza el mensaje del presidente Dallin H. Oaks titulado “¿De qué manera nos habla el Padre Celestial?” para ayudar a los niños a entender las diferentes maneras en que el Espíritu Santo puede hablarnos a la mente y al corazón (Amigos, marzo de 2020, págs. A2–A3).
Comparte una experiencia en la que el Espíritu Santo se haya comunicado contigo, ya sea mediante pensamientos en la mente o por medio de un sentimiento en el corazón (véase Doctrina y Convenios 6:22–23; 8:2–3; véase también Henry B. Eyring, “Abre el corazón al Espíritu Santo”, Amigos, agosto de 2019, págs. A2–A3). Testifica a los niños que el Espíritu Santo puede ayudarlos de maneras similares.
Ayuda a los niños a reconocer los momentos en que sienten el Espíritu; por ejemplo, al cantar una canción que habla del Salvador o al hacer algo bondadoso por los demás. Ayúdalos a reconocer los sentimientos espirituales que nos brinda el Espíritu Santo, en especial, Sus susurros para invitarnos a hacer algo. ¿Por qué creen que el Espíritu Santo nos inspira esos sentimientos? Ayuda a los niños a pensar en lo que tenemos que hacer para escuchar al Espíritu Santo cuando nos habla. Comenta lo que tú haces para escuchar más claramente al Espíritu.
Cuando tomamos la Santa Cena, hacemos el convenio de recordar siempre al Salvador, tomar Su nombre sobre nosotros y guardar Sus mandamientos.
Para aprender más, véanse Mateo 26:26–30; 3 Nefi 18:1–12; Doctrina y Convenios 20:77, 79.
Invita a los niños a colorear “Jesús instituye la Santa Cena entre los nefitas” en Libro para colorear de relatos de las Escrituras: Libro de Mormón, 2019, pág. 26. Pídeles que señalen con el dedo lo que las personas están pensando en la ilustración. Lee a los niños partes de 3 Nefi 18:1–12 o “Jesús comparte la Santa Cena”, en Historias del Libro de Mormón. ¿Qué podemos hacer para recordar a Jesucristo durante la Santa Cena?
Pide a los niños que te digan algunas cosas que siempre deben recordar hacer, tales como amarrarse los zapatos o lavarse las manos antes de comer. ¿Por qué es importante recordar esas cosas? Léeles Moroni 4:3 e invítalos a prestar atención a fin de determinar lo que prometemos que siempre recordaremos cuando tomamos la Santa Cena. ¿Por qué es importante recordar a Jesucristo? Ayuda a los niños a entender cómo el pan y el agua de la Santa Cena nos ayudan a recordar lo que Jesús ha hecho por nosotros (véanse Moroni 4:3; 5:2).
Escribe en la pizarra: “Prometo…” y lee a los niños las oraciones sacramentales (véase Doctrina y Convenios 20:77, 79). Cuando escuchen alguna promesa que le hacemos a Dios, haz una pausa y ayúdalos a completar la oración de la pizarra con la promesa que han escuchado.
¿Qué significa tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo? Para ayudar a los niños a responder esa pregunta, da un ejemplo de algo en lo que pongamos nuestro nombre. ¿Por qué ponemos nuestro nombre en esas cosas? ¿Por qué querría Jesucristo poner Su nombre en nosotros? Considera compartir esta explicación del presidente Russell M. Nelson: “Tomar sobre nosotros el nombre del Salvador incluye declarar y testificar a otras personas —mediante nuestras acciones y nuestras palabras— que Jesús es el Cristo” (“El nombre correcto de la Iglesia”, Liahona, noviembre de 2018, pág. 88).
Todos los hijos de Dios —hombres y mujeres, jóvenes y mayores— reciben el poder de Dios conforme guardan los convenios que han hecho con Él. Hacemos esos convenios cuando recibimos ordenanzas del sacerdocio tales como el bautismo (véase el Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 3.5, 3.6, Biblioteca del Evangelio). Para aprender más al respecto, véanse Russell M. Nelson, “Tesoros espirituales”, Liahona, noviembre de 2019, págs. 76–79; “Los principios del sacerdocio”, capítulo 3 del Manual General.
Ayuda a los niños a ser conscientes de las bendiciones que reciben gracias al sacerdocio. Para darles algunas ideas, podrían ver el video “Las bendiciones del sacerdocio” (Biblioteca del Evangelio). Podrías hacer una lista de esas bendiciones en la pizarra. ¿Por qué son importantes para nosotros esas bendiciones? Testifica que recibimos esas bendiciones gracias a Jesucristo y a Su poder del sacerdocio.
Ayuda a los niños a buscar láminas que ilustren la forma en que Dios usa Su poder para bendecirnos. Por ejemplo, podrían buscar alguna ilustración del mundo que Él creó para nosotros, ejemplos de cuando sanó a los enfermos o ejemplos de las sagradas ordenanzas que nos ha proporcionado (véase el Libro de obras de arte del Evangelio, nros. 3, 46, 104, 105, 107, 120). Expresa por qué te sientes agradecido por el sacerdocio y las bendiciones que brinda. Ayuda a los niños a pensar en las ocasiones en que hayan sido bendecidos por el poder del sacerdocio de Dios.
Una de las principales maneras en que recibimos las bendiciones del poder de Dios en nuestra vida es mediante las ordenanzas del sacerdocio (véase Doctrina y Convenios 84:20). Para ayudar a los niños a aprender esa verdad, podrías escribir los siguientes pasajes de las Escrituras en la pizarra: 3 Nefi 11:21–26, 33 (bautismo); Moroni 2 (confirmación); Moroni 4–5 (Santa Cena). Cada niño podría escoger uno de los pasajes y determinar qué ordenanza describe. Invita a los niños a compartir la manera en que han sido bendecidos en lo individual al recibir las ordenanzas del sacerdocio.
Ayuda a los niños a entender que recibirán poder de Dios conforme sean bautizados y guarden su convenio bautismal. Pregúntales de qué manera ese poder podría ayudarles.
Además, cuando se aparta a una persona para algún llamamiento o cuando se le da alguna asignación de ayudar en la obra de Dios, esta puede ejercer la autoridad del sacerdocio que le es delegada. Además, a los varones que sean miembros dignos de la Iglesia se les puede conferir el sacerdocio y ordenarlos a un oficio del sacerdocio. El uso de toda autoridad del sacerdocio en la Iglesia es dirigido por líderes que poseen llaves del sacerdocio, tales como el presidente de estaca, el obispo y los presidentes de cuórums. Las llaves del sacerdocio son la autoridad para dirigir el uso del sacerdocio al llevar a cabo la obra del Señor.
Lee junto con los niños Marcos 3:14–15 y muéstrales alguna ilustración del acontecimiento que allí se describe (tal como la ilustración nro. 38 del Libro de obras de arte del Evangelio). Pregunta a los niños si alguna vez han visto a alguien ser ordenado a algún oficio del sacerdocio o ser apartado para algún llamamiento (o cuéntales tus experiencias al respecto). ¿En qué sentido se asemeja a lo que el Salvador hizo con Sus apóstoles? Ayuda a los niños a escribir en la pizarra varios llamamientos u oficios del sacerdocio que los miembros de la Iglesia pueden recibir, tales como maestro o líder de alguna organización. Junto a cada oficio o llamamiento, podrías anotar lo que la persona que tenga ese oficio o llamamiento tiene autoridad para hacer. Explica a los niños de qué modo te ha ayudado a prestar servicio el haber sido apartado por alguien bajo la dirección de las llaves del sacerdocio.
Invita a los niños a pensar en algo para lo que se necesite una llave, tal como un auto o una puerta. ¿Qué sucede si no tenemos la llave? Lean juntos Doctrina y Convenios 65:2 y expresa tu testimonio sobre la importancia de tener las llaves del sacerdocio. También podrían ver el video “¿Dónde están las llaves?” (Biblioteca del Evangelio) y prestar atención a lo que el élder Stevenson enseña sobre las llaves del sacerdocio.
Los templos son parte del plan que el Padre Celestial tiene para Sus hijos. En los templos hacemos convenios sagrados con Él, somos investidos con poder del sacerdocio, recibimos revelación, llevamos a cabo ordenanzas por nuestros antepasados fallecidos y somos sellados a nuestra familia por la eternidad. Todo ello es posible gracias a Jesucristo y Su sacrificio expiatorio.
¿De qué manera puedes contribuir a que los niños a quienes enseñas reconozcan el carácter sagrado de la Casa del Señor y se preparen para ser dignos de participar en las ordenanzas del templo? Considera repasar estos materiales: Russell M. Nelson, “El templo y el cimiento espiritual de ustedes”, Liahona, noviembre de 2021, págs. 93–96; “Por qué los Santos de los Últimos Días construyen templos”, Templos.LaIglesiadeJesucristo.org.
Pon a la vista una o más láminas de templos y pregunta a los niños qué es lo que hace que el templo sea un lugar especial. Señala que en cada templo se encuentra esta inscripción: “Santidad al Señor: La Casa del Señor”. Pregúntales qué piensan que signifique “Santidad al Señor”. ¿Por qué al templo se le llama la Casa del Señor? ¿Qué nos enseña eso acerca del templo? Si algunos de los niños han ido a algún templo, también podrían expresar cómo se sintieron cuando estuvieron allí. Si has estado en el templo, comparte de qué manera has sentido allí la presencia del Señor y habla sobre la razón por la que el templo es un lugar sagrado para ti.
Lean juntos Doctrina y Convenios 97:15–17. Pide a los niños que descubran qué espera el Señor de los que entran en Su santa casa. ¿Por qué debemos ser dignos para entrar en Su casa? Como parte de esta conversación, habla con los niños sobre las recomendaciones para el templo, incluyendo cómo se reciben. Podrías invitar a un miembro del obispado a que les explique cómo es la entrevista para obtener la recomendación para el templo y las preguntas que se hacen en ella.
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “Jesucristo nos invita a seguir la senda de los convenios de regreso a casa con nuestros Padres Celestiales y con aquellos a quienes amamos” (“Ven, sígueme”, Liahona, mayo de 2019, pág. 91). Ayuda a los niños a entender que la senda de los convenios incluye el bautismo, la confirmación, y la investidura y el sellamiento del templo.
Pide a los niños que te ayuden a repasar el convenio que hacemos con Dios cuando somos bautizados y cuando tomamos la Santa Cena (véanse Mosíah 18:10, 13; Doctrina y Convenios 20:77, 79). Muestra una lámina de algún templo y explica que el Padre Celestial tiene más bendiciones, las cuales quiere darnos en el templo.
Dibuja una puerta que conduzca a una senda. Pregunta a los niños por qué piensan que nos ayuda el tener una senda por la cual caminar. Lean juntos 2 Nefi 31:17–20, donde Nefi compara el convenio del bautismo con una puerta y nos invita a continuar en la senda después del bautismo. Hay más convenios que hacer después del bautismo, entre ellos, los convenios que se hacen en el templo. Explica que el presidente Nelson ha llamado a esa senda la “senda de los convenios”.
El Evangelio de Jesucristo hace posible que todos los hijos de Dios regresen a vivir con Él, aun cuando mueran sin conocer el Evangelio. En el templo, podemos ser bautizados y confirmados por ellos.
Habla sobre alguna ocasión en la que alguien haya hecho algo por ti que tú no podrías haber hecho por ti mismo. Invita a los niños a relatar experiencias similares. Explica que cuando vamos al templo, podemos recibir ordenanzas sagradas como el bautismo en favor de otras personas que han fallecido. ¿En qué sentido somos como Jesús cuando estamos llevando a cabo la obra por los muertos? ¿Qué ha hecho Él por nosotros que no podíamos hacer por nosotros mismos?
Invita a uno o más jóvenes que hayan sido bautizados en favor de sus antepasados a compartir sus experiencias al respecto. Pregúntales cómo fue su experiencia en el templo y aliéntalos a compartir cómo se sintieron al realizar esa obra en favor de sus antepasados.
Dibuja un árbol en la pizarra, incluyendo las raíces y las ramas. Pide a los niños que piensen en qué sentido la familia es como un árbol. Rotula las raíces Antepasados, las ramas Descendientes y el tronco del árbol Tú. Lean juntos esta oración de Doctrina y Convenios 128:18: “Pues sin ellos [nuestros antepasados] nosotros no podemos perfeccionarnos, ni ellos pueden perfeccionarse sin nosotros”. Haz preguntas como las siguientes: “¿Por qué necesitamos a nuestros antepasados? ¿Por qué nos necesitan nuestros antepasados? ¿De qué manera nos han ayudado nuestros padres, abuelos y otros antepasados?”. Invita a los niños a buscar en el resto de Doctrina y Convenios 128:18 alguna frase que describa cómo podemos ayudar a nuestros antepasados.
Considera colaborar con los padres de cada niño para buscar el nombre de algún antepasado que necesite las ordenanzas del templo (véase FamilySearch.org).
Para la Primaria: Instrucciones para el Tiempo para cantar y para la Presentación de los niños en la reunión sacramental
La música sagrada es una herramienta poderosa para ayudar a los niños a aprender sobre el plan de felicidad del Padre Celestial y las verdades fundamentales del Evangelio de Jesucristo. A medida que los niños canten sobre los principios del Evangelio, el Espíritu Santo les testificará de su veracidad. La letra y la música permanecerán en la mente y el corazón de los niños a lo largo de su vida.
Procura la ayuda del Espíritu a medida que te prepares para enseñar el Evangelio por medio de la música. Comparte tu testimonio acerca de las verdades sobre las que canten; ayuda a los niños a ver cómo la música se relaciona con lo que están aprendiendo y experimentando en casa y en las clases de la Primaria.
Bajo la dirección del obispo, la presentación de los niños en la reunión sacramental se lleva a cabo, por lo general, durante el cuarto trimestre del año. Como presidencia de la Primaria y en conjunto con el líder de música, trabajen con el consejero del obispado asignado a la Primaria para planificar la presentación.
La presentación debe permitir que los niños presenten lo que ellos y su familia hayan aprendido del Antiguo Testamento en el hogar y en la Primaria, incluso las canciones de la Primaria que hayan cantado durante el año. Conforme planifiquen la presentación, piensen en maneras en que esta pueda ayudar a la congregación a centrarse en el Salvador y en Sus enseñanzas.
Las unidades que tengan poca cantidad de niños podrían considerar diversas maneras en que los integrantes de la familia pueden participar con sus hijos. Un miembro del obispado puede concluir la reunión con unas breves palabras.
Al preparar la presentación, recuerden las pautas que figuran a continuación:
Los ensayos no deben requerir innecesariamente tiempo de las clases de la Primaria ni de la familia.
Las ayudas visuales, los disfraces y las presentaciones multimedia no son apropiados para la reunión sacramental.
Véase el Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 12.2.1.2, Biblioteca del Evangelio.
5 minutos (presidencia de la Primaria): Primera oración, pasaje de las Escrituras o Artículo de Fe, y un discurso
20 minutos (líder de música): Tiempo para cantar
La presidencia de la Primaria y el(la) líder de música seleccionan canciones para cada mes que reafirmen los principios que los niños estén aprendiendo en sus clases y en el hogar. En esta guía se incluye una lista de canciones que reafirman esos principios.
A medida que enseñes las canciones a los niños, invítalos a compartir lo que hayan aprendido sobre los relatos y los principios doctrinales que enseñan las canciones. Invítalos a compartir lo que piensan y lo que sienten sobre las verdades que se encuentran en las canciones.
El libro Canciones para los niños es el recurso básico para la música en la Primaria; los himnos del himnario y las canciones de la revista El Amigo también son apropiados. También puedes utilizar canciones de Himnos: Para el hogar y la Iglesia. El uso de cualquier otra música en la Primaria lo debe aprobar el obispado (véase el Manual General, 12.3.4).
“Mi Padre Celestial me ama”, Canciones para los niños, págs. 16–17
“El plan de Dios puedo seguir”, Canciones para los niños, págs. 86–87
“Sigue al Profeta”, Canciones para los niños, págs. 58–59
“Oración de un niño”, Canciones para los niños, págs. 6–7
“La bondad por mí empieza”, Canciones para los niños, pág. 83
“Señor, te necesito”, Himnos, nro. 49
“Getsemaní”, Biblioteca del Evangelio
“Siempre obedece los mandamientos”, Canciones para los niños, págs. 68–69
“Lugares santos”, Biblioteca del Evangelio
“Al leer las Escrituras”, Himnos, nro. 180
“Voy a ser valiente”, Canciones para los niños, pág. 85
“Amad a otros”, Canciones para los niños, pág. 74
“Escudriñar, meditar y orar”, Canciones para los niños, pág. 66
“Oro con fe”, Liahona, marzo de 1991
“Muestra valor”, Canciones para los niños, pág. 80
“Siento el amor de mi Salvador”, Canciones para los niños, págs. 42–43
“Hazme andar en la luz”, Canciones para los niños, págs. 70–71
“Allí donde hay amor”, Canciones para los niños, págs. 102–103
“Buscaré al Señor”, Canciones para los niños, pág. 67
“Viví en los cielos”, Canciones para los niños, nro. 148.
“Las familias pueden ser eternas”, Canciones para los niños, pág. 98
“Haz el bien”, Himnos, nro. 155
“Llevaremos Su verdad al mundo”, Canciones para los niños, págs. 92–93
“The Hearts of the Children”, Children’s Songbook, págs. 92–93.
El Tiempo para cantar tiene como objeto ayudar a los niños a aprender las verdades del Evangelio. Las siguientes ideas podrían inspirarte al planificar maneras de enseñar los principios del Evangelio que se encuentran en los himnos y en las canciones de la Primaria.
Leer pasajes de las Escrituras relacionados con el tema. Muchas de las canciones del libro Canciones para los niños y del himnario contienen referencias de pasajes de las Escrituras que se relacionan con el tema. Ayuda a los niños a leer algunos de esos pasajes y hablen sobre cómo se relacionan con la canción. También podrías anotar en la pizarra algunas referencias de las Escrituras e invitar a los niños a unir cada referencia con alguna canción o con la estrofa de alguna canción.
Llenar el espacio en blanco. Escribe una estrofa de la canción en la pizarra dejando espacios en blanco en el lugar de varias palabras clave; luego, pide a los niños que entonen la canción y que presten atención para encontrar las palabras que faltan en los espacios en blanco. A medida que llenen cada espacio en blanco, analicen qué principios del Evangelio aprenden de las palabras que faltaban.
Testificar. Expresa un breve testimonio a los niños de las verdades del Evangelio que se encuentran en la canción de la Primaria. Ayuda a los niños a entender que cantar es una forma en la que pueden dar testimonio y sentir el Espíritu.
Ser testigos. Invita a los niños a turnarse para ponerse de pie y compartir lo que aprenden de la canción que estén cantando o lo que sienten en cuanto a las verdades que se enseñan en la canción. Pregúntales cómo se sienten cuando cantan la canción y ayúdalos a reconocer la influencia del Espíritu Santo.
Utilizar imágenes o dibujos. Pide a los niños que te ayuden a crear dibujos o a encontrar láminas o ilustraciones que se relacionen con las palabras o frases importantes de la canción. Invítalos a expresar de qué forma se relacionan las ilustraciones o los dibujos con la canción y con lo que esta enseña. Por ejemplo, si enseñas la canción “Cuando venga Jesús” (Canciones para los niños, págs. 46–47), podrías colocar por todo el salón ilustraciones que representen palabras importantes de la canción (tales como ángeles, época invernal y estrella). Pide a los niños que junten las ilustraciones o los dibujos y que los sostengan en el orden correcto al entonar juntos la canción.
Enseñar lecciones prácticas. Podrías utilizar un objeto para inspirar el análisis de una canción. Por ejemplo, cuando canten “Mi Padre Celestial me ama” (Canciones para los niños, pág. 16–17), puedes mostrar a los niños una ilustración de cosas tales como un ave, la lluvia o flores. Esto podría conducir a un análisis sobre cómo podemos encontrar señales del amor del Padre Celestial a nuestro alrededor.
Invitar a que compartan experiencias personales. Ayuda a los niños a relacionar los principios que se enseñan en la canción con experiencias que hayan tenido con esos principios. Por ejemplo, antes de cantar “Me encanta ver el templo” (Canciones para los niños, pág. 99), podrías pedir a los niños que levanten la mano si han visto un templo. Invítalos a que, mientras canten, piensen en cómo se sienten cuando ven el templo.
Hacer preguntas. Hay muchas preguntas que podrías hacer mientras entonan las canciones. Por ejemplo, puedes preguntar a los niños lo que aprenden de cada estrofa de la canción; o puedes pedirles que piensen a qué preguntas brinda respuestas esa canción. El hacerlo puede dar pie a un análisis sobre las verdades que se enseñan en ella.
Utilizar movimientos sencillos con las manos. Invita a los niños a pensar en movimientos sencillos con las manos que les ayuden a recordar la letra y los mensajes de la canción. Por ejemplo, cuando canten “Escudriñar, meditar y orar” (Canciones para los niños, pág. 66), puedes invitar a los niños a señalarse los ojos mientras cantan sobre escudriñar las Escrituras, a señalarse la cabeza mientras cantan sobre meditar, y a cruzar los brazos mientras cantan sobre orar.
Para los cuórums del Sacerdocio Aarónico y las clases de las Mujeres Jóvenes: Agenda de reunión
Fecha de la reunión:
Dirige (un miembro de la presidencia de la clase o del cuórum):
Himno (opcional):
Oración:
Repetir el Lema de las Mujeres Jóvenes o el Lema de los cuórums del Sacerdocio Aarónico.
Lo dirige la persona que conduce la reunión, la clase o el cuórum dedica de cinco a diez minutos a deliberar en consejo sobre sus responsabilidades en la obra de Dios de salvación y exaltación. Es una oportunidad para que la presidencia de la clase o del cuórum dé seguimiento a los asuntos que se hablaron en las reuniones de presidencia o en las reuniones del consejo de barrio para la juventud.
La persona que dirige también podría hacer una o más de las siguientes preguntas:
¿Qué experiencias recientes han fortalecido nuestro testimonio de Jesucristo y de Su Evangelio?
¿Qué estamos haciendo para acercarnos más al Salvador? ¿De qué modo estamos procurando ser más semejantes a Él?
¿De qué manera hemos sentido la guía del Señor en nuestra vida?
¿A quién nos hemos sentido inspirados a ayudar o servir? ¿Qué asignaciones hemos recibido para ayudar a alguna persona necesitada?
¿Qué dificultades afrontan los miembros de nuestra clase o cuórum? ¿Cómo podemos apoyarnos unos a otros en las dificultades que atravesamos?
¿Se ha mudado alguien a nuestro barrio o alguien se ha unido a la Iglesia recientemente? ¿Cómo podemos ayudarlos a sentirse bienvenidos?
¿Qué podemos hacer para ayudar a otras personas a sentir el amor de Dios?
¿Qué actividades vamos a tener próximamente a las que podamos invitar a nuestros amigos?
¿Qué planes para compartir el Evangelio se han abordado en las reuniones del consejo de barrio para la juventud? ¿De qué manera puede participar nuestra clase o cuórum?
¿Cuáles son algunas de las formas en que podemos relacionarnos más con nuestros familiares, entre ellos nuestros abuelos y primos?
¿Qué estamos haciendo para buscar los nombres de nuestros antepasados que necesitan las ordenanzas del templo? ¿Qué podemos hacer para ayudar a los demás a buscar los nombres de sus antepasados?
¿Cómo podemos participar más en la obra del templo, de forma individual y como clase o cuórum?
Un líder adulto o un miembro del cuórum o de la clase dirige la enseñanza sobre la lectura de esta semana de Ven, sígueme. Utiliza las ideas para el estudio de Ven, sígueme — Para el hogar y la Iglesia. La idea para el estudio que tiene este ícono concuerda con Seminario y es especialmente relevante para los jóvenes. Sin embargo, se puede utilizar cualquiera de las ideas para el estudio. Esta parte de la reunión por lo general abarca de 35 a 40 minutos.
La persona que dirige la reunión:
Testifica de los principios que se enseñaron.
Analiza cómo los miembros de la clase o el cuórum pondrán en práctica lo que aprendieron, ya sea como grupo o individualmente.
Oración: